{"id":40155,"date":"2016-10-05T23:36:55","date_gmt":"2016-10-06T04:36:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-1998-misa-de-beatificacion-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:36:55","modified_gmt":"2016-10-06T04:36:55","slug":"25-de-octubre-de-1998-misa-de-beatificacion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-octubre-de-1998-misa-de-beatificacion-2\/","title":{"rendered":"25 de octubre de 1998, Misa de beatificaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE CUATRO SIERVOS DE DIOS<\/b><br \/><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><font size=\"4\"><br \/> <\/font><br \/>Domingo 25 de octubre de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&nbsp;1.&nbsp;&laquo;Que los humildes escuchen y se alegren&raquo; (<i>Sal <\/i>33, 3). Con estas palabras, la liturgia de hoy nos invita a la alegr&iacute;a, a la vez que damos gracias al Se&ntilde;or por el don de los nuevos beatos. La alegr&iacute;a de la Iglesia se expresa en el canto de alabanza que la asamblea eleva al cielo. S&iacute;, que los humildes escuchen y se alegren, considerando las obras que Dios realiza en la vida de sus siervos fieles. La Iglesia, que es el &laquo;pueblo de los humildes&raquo;, escucha y se alegra, porque en estos miembros suyos, incluidos entre los beatos, ve reflejado el amor misericordioso del Padre celestial. Con la liturgia hacemos nuestras las palabras inspiradas de Jes&uacute;s: &laquo;Bendito seas, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has revelado los secretos del Reino a los peque&ntilde;os&raquo; (<i>Aleluya<\/i>). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">Los &laquo;peque&ntilde;os&raquo;: &iexcl;cu&aacute;n diferente es la l&oacute;gica de los hombres con respecto a la divina! Los &laquo;peque&ntilde;os&raquo;, seg&uacute;n el Evangelio, son las personas que, reconoci&eacute;ndose como criaturas de Dios, huyen de toda presunci&oacute;n: ponen toda su esperanza en el Se&ntilde;or y por eso jam&aacute;s se quedan defraudadas. &Eacute;sta es la actitud fundamental del creyente: la fe y la humildad son inseparables. Lo prueba tambi&eacute;n el testimonio que dieron los nuevos beatos: Ceferino Agostini, Antonio de Santa Ana Galv&atilde;o, Faustino M&iacute;guez y Teodora Guerin. Cuanto m&aacute;s grande es una persona en la fe, tanto m&aacute;s se siente &laquo;peque&ntilde;a&raquo;, a imagen de Cristo Jes&uacute;s, que, &laquo;siendo de condici&oacute;n divina (&#8230;), se despoj&oacute; de s&iacute; mismo&raquo; (<i>Flp <\/i>2, 6-7), y vino a los hombres como su servidor. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Los nuevos beatos son para nosotros ejemplos que debemos imitar y testigos que debemos seguir. Confiaron en Dios. Su existencia demuestra que <i>la fuerza de los peque&ntilde;os es la oraci&oacute;n<\/i>, como pone de relieve la palabra de Dios de este domingo. Los santos, los beatos son, ante todo, hombres y mujeres de oraci&oacute;n: bendicen al Se&ntilde;or en todo momento, en su boca est&aacute; siempre su alabanza; gritan y el Se&ntilde;or los escucha, los libra de sus angustias, como nos ha recordado el Salmo responsorial (cf. <i>Sal <\/i>33, 2. 18). Su oraci&oacute;n atraviesa las nubes, es incesante; no descansan y no cejan, hasta que el Alt&iacute;simo los atiende (cf. <i>Si <\/i>35, 16-18). <\/p>\n<p align=\"left\">La fuerza de la oraci&oacute;n de los hombres y mujeres espirituales va acompa&ntilde;ada siempre por la profunda conciencia de su limitaci&oacute;n y de su indignidad. La fe, y no la presunci&oacute;n, alimenta la valent&iacute;a y la fidelidad de los disc&iacute;pulos de Cristo. Como el ap&oacute;stol Pablo, saben que el Se&ntilde;or reserva la corona de justicia para cuantos esperan con amor su manifestaci&oacute;n (cf. <i>2 Tm <\/i>4, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or me ayud&oacute; y me dio fuerzas&raquo; (<i>2 Tm <\/i>4, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras del Ap&oacute;stol a Timoteo se aplican muy bien a <i> don Ceferino Agostini<\/i>, que, a pesar de numerosas dificultades, jam&aacute;s se desanim&oacute;. Se nos presenta hoy como humilde y firme testigo del Evangelio, en el fecundo per&iacute;odo de la Iglesia veronesa de fines del siglo XIX. Fue firme su fe, eficaz su acci&oacute;n caritativa y ardiente el esp&iacute;ritu sacerdotal que lo caracteriz&oacute;. <\/p>\n<p align=\"left\">El amor del Se&ntilde;or lo impuls&oacute; en su apostolado dirigido a los m&aacute;s pobres y, en particular, a la educaci&oacute;n cristiana de las muchachas, especialmente las m&aacute;s necesitadas. Hab&iacute;a comprendido muy bien la importancia de la mujer como protagonista de la renovaci&oacute;n de la sociedad, en su papel de educadora en los valores de la libertad, de la honradez y de la caridad. <\/p>\n<p align=\"left\">A las ursulinas, sus hijas espirituales, recomendaba: &laquo;Las muchachas pobres sean el objeto m&aacute;s preciado de vuestra solicitud y de vuestras atenciones. Sensibilizad su mente, educad su coraz&oacute;n en la virtud, y salvad su alma del pest&iacute;fero contacto con el mundo perverso&raquo; (<i>Escritos a las ursulinas<\/i>, 289). Que su ejemplo constituya un aliciente para cuantos hoy lo honran como beato y lo invocan como protector. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or me ayud&oacute; y me dio fuerzas para anunciar &iacute;ntegro el mensaje&raquo; (<i>2&nbsp;Tm <\/i>4, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras de san Pablo a Timoteo reflejan muy bien la vida de <i>fray Antonio de Santa Ana Galv&atilde;o<\/i>, que quiso responder a su consagraci&oacute;n religiosa dedic&aacute;ndose con amor y devoci&oacute;n a los afligidos, a los enfermos y a los esclavos de su &eacute;poca en Brasil. <\/p>\n<p align=\"left\">Demos gracias a Dios por los continuos beneficios otorgados mediante la fuerza evangelizadora que el Esp&iacute;ritu Santo ha infundido hasta hoy en tantas almas, a trav&eacute;s de fray Galv&atilde;o. Su fe genuinamente franciscana, vivida evang&eacute;licamente y gastada apost&oacute;licamente al servicio del pr&oacute;jimo, servir&aacute; de est&iacute;mulo para imitarlo como &laquo;<i>hombre de paz y de caridad<\/i>&raquo;. La misi&oacute;n de fundar los Retiros dedicados a Nuestra Se&ntilde;ora y a la Providencia sigue produciendo frutos sorprendentes: fue fervoroso adorador de la Eucarist&iacute;a, maestro y defensor de la caridad evang&eacute;lica, consejero prudente de la vida espiritual de tantas almas y defensor de los pobres. Que Mar&iacute;a Inmaculada, de quien fray Galv&atilde;o se consideraba &laquo;<i>hijo y esclavo perpetuo<\/i>&raquo;, ilumine el coraz&oacute;n de los fieles y suscite en ellos el hambre de Dios, hasta la entrega al servicio del Reino, mediante su testimonio de vida aut&eacute;nticamente cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;&laquo;El que se humilla ser&aacute; enaltecido&raquo; (<i>Lc <\/i>18, 14). Al elevar a la gloria de los altares al sacerdote escolapio Faustino M&iacute;guez se cumplen estas palabras de Jes&uacute;s que hemos escuchado en el evangelio. El nuevo beato, renunciando a sus propias ambiciones, sigui&oacute; a Jes&uacute;s Maestro y consagr&oacute; su vida a la ense&ntilde;anza de la infancia y la juventud, al estilo de san Jos&eacute; de Calasanz. Como educador, su meta fue la formaci&oacute;n integral de la persona. Como sacerdote, busc&oacute; sin descanso la santidad de las almas. Como cient&iacute;fico, quiso paliar la enfermedad liberando a la humanidad que sufre en el cuerpo. En la escuela y la calle, en el confesionario y el laboratorio, el padre Faustino M&iacute;guez fue siempre transparencia de Cristo, que acoge, perdona y anima. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Hombre del pueblo y para el pueblo &raquo;, nada ni nadie le fue ajeno. Por eso constata la situaci&oacute;n de ignorancia y marginaci&oacute;n en la que vive la mujer, a la que considera el &laquo;alma de la familia y la parte m&aacute;s interesante de la sociedad&raquo;. Con el fin de guiarla desde su infancia por el camino de la promoci&oacute;n humana y cristiana, funda el Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, para la educaci&oacute;n de las ni&ntilde;as en la piedad y las letras. <\/p>\n<p align=\"left\">Su ejemplo luminoso, entretejido de oraci&oacute;n, estudio y apostolado, se prolonga hoy en el testimonio de sus hijas y de tantos educadores que trabajan con denuedo e ilusi&oacute;n para grabar la imagen de Jes&uacute;s en la inteligencia y el coraz&oacute;n de la juventud. <\/p>\n<p align=\"left\">6.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or me ayud&oacute; y me dio fuerzas para anunciar &iacute;ntegro el mensaje&raquo; (<i>2&nbsp;Tm <\/i>4, 17). <\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras dirigidas a Timoteo, san Pablo recuerda los a&ntilde;os de su ministerio apost&oacute;lico y confirma su esperanza en el Se&ntilde;or frente a la adversidad. <\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras del Ap&oacute;stol se grabaron en el coraz&oacute;n de la madre Teodora Guerin cuando, en el a&ntilde;o 1840, con sus cinco compa&ntilde;eras, abandon&oacute; su tierra natal, Francia, para afrontar las incertidumbres y los peligros del territorio fronterizo de Indiana. Su vida y su obra estuvieron guiadas siempre por la mano segura de la Providencia, en la que ten&iacute;a plena confianza. Comprendi&oacute; que deb&iacute;a consagrarse al servicio de Dios, tratando siempre de cumplir su voluntad. A pesar de las dificultades e incomprensiones iniciales y de los sucesivos sufrimientos y aflicciones, sinti&oacute; profundamente que Dios bendec&iacute;a su congregaci&oacute;n de Hermanas de la Providencia, haci&eacute;ndola crecer y creando una uni&oacute;n de corazones entre sus miembros. En las escuelas y los orfanatos de la congregaci&oacute;n, el testimonio de la madre Teodora hizo que numerosos muchachos y muchachas experimentaran en su vida la protecci&oacute;n amorosa de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, sigue ense&ntilde;ando a los cristianos a abandonarse en manos de la providencia de nuestro Padre celestial y a esforzarse con todo empe&ntilde;o por hacer lo que le agrada. La vida de la beata Teodora Guerin testimonia que todo es posible con Dios y por Dios. Que sus hijas espirituales y todos los que han experimentado su carisma vivan ese mismo esp&iacute;ritu hoy. <\/p>\n<p align=\"left\">7.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, que hab&eacute;is venido de diversas partes del mundo para participar en esta solemne celebraci&oacute;n, os saludo cordialmente y os agradezco vuestra presencia. <\/p>\n<p align=\"left\">El testimonio que dieron los nuevos beatos nos aliente a proseguir con generosidad por el camino del Evangelio. Al contemplarlos a ellos, que hallaron gracia ante Dios por su humilde obediencia a su voluntad, nuestro esp&iacute;ritu se sienta impulsado a seguir el Evangelio con paciente y constante generosidad. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Quien sirve a Dios, es aceptado, su plegaria sube hasta las nubes&raquo; (<i>Si<\/i> 35, 16). La gran lecci&oacute;n que nos dan nuestros hermanos es &eacute;sta: honrar, amar y servir a Dios con toda nuestra vida, conscientes siempre de que &laquo;todo el que se enaltece ser&aacute; humillado y el que se humilla ser&aacute; enaltecido&raquo; (<i>Lc<\/i>, 18, 14). <\/p>\n<p align=\"left\">Dios, que &laquo;escucha las s&uacute;plicas del oprimido&raquo; (<i>Si <\/i>35, 13); que &laquo;est&aacute; cerca de los atribulados&raquo; (<i>Sal <\/i>33, 19); que libra a los pobres &laquo;de sus angustias&raquo; (<i>Sal<\/i> 33, 18); y que recompensa a los justos y restablece la justicia (cf. <i>Si <\/i>35, 18), abra a todos con generosidad los tesoros de su misericordia. <\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen Mar&iacute;a, Reina de todos los santos, nos obtenga a nosotros y a todos los creyentes el don de la humildad y de la fidelidad, para que nuestra oraci&oacute;n sea siempre aut&eacute;ntica y agradable al Se&ntilde;or. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp;<\/font><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE CUATRO SIERVOS DE DIOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo 25 de octubre de 1998 &nbsp; &nbsp;1.&nbsp;&laquo;Que los humildes escuchen y se alegren&raquo; (Sal 33, 3). 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