{"id":40157,"date":"2016-10-05T23:36:57","date_gmt":"2016-10-06T04:36:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-octubre-de-1998-vigesimo-aniversario-de-su-eleccion\/"},"modified":"2016-10-05T23:36:57","modified_gmt":"2016-10-06T04:36:57","slug":"18-de-octubre-de-1998-vigesimo-aniversario-de-su-eleccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-octubre-de-1998-vigesimo-aniversario-de-su-eleccion\/","title":{"rendered":"18 de octubre de 1998, Vig\u00e9simo aniversario de su elecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\"><font color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>EN LA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>CON MOTIVO DEL VIG&Eacute;SIMO ANIVERSARIO DE SU ELECCI&Oacute;N<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 18 de octubre de 1998<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;Cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra?&raquo; (<i>Lc <\/i>18, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">Esta pregunta, que Cristo hizo un d&iacute;a a sus disc&iacute;pulos, en el arco de los dos mil a&ntilde;os de la era cristiana ha interpelado muchas veces a los hombres que la divina Providencia ha llamado a desempe&ntilde;ar el ministerio petrino. Pienso en este momento en todos mis predecesores, lejanos y cercanos. Pienso, de manera especial, en m&iacute; mismo y en lo que sucedi&oacute; el 16 de octubre de 1978. Con esta celebraci&oacute;n doy gracias al Se&ntilde;or, junto con todos vosotros, por estos veinte a&ntilde;os de pontificado. <\/p>\n<p align=\"left\">Me viene a la memoria el 26 de agosto de 1978, cuando en la capilla Sixtina resonaron las palabras del cardenal primero en el orden de precedencia, dirigidas a mi inmediato predecesor: &laquo;&iquest;Aceptas tu elecci&oacute;n can&oacute;nica como Sumo Pont&iacute;fice?&raquo;. &laquo;Acepto&raquo;, respondi&oacute; el cardenal Albino Luciani. &laquo;&iquest;C&oacute;mo quieres ser llamado?&raquo;, prosigui&oacute; el cardenal Villot. &laquo;Juan Pablo&raquo;, fue la respuesta. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a pensar entonces que, s&oacute;lo despu&eacute;s de algunas semanas, me dirigir&iacute;an a m&iacute; las mismas preguntas, como su sucesor? A la primera pregunta: &laquo;&iquest;Aceptas?&raquo;, respond&iacute;: &laquo;En la obediencia de la fe ante Cristo, mi Se&ntilde;or, abandon&aacute;ndome a la Madre de Cristo y de la Iglesia, consciente de las grandes dificultades, acepto&raquo;. Y a la pregunta sucesiva: &laquo;&iquest;C&oacute;mo quieres ser llamado?&raquo;, yo tambi&eacute;n dije: &laquo;Juan Pablo&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\">Despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, Cristo pregunt&oacute; tres veces a Pedro: &laquo;&iquest;Me amas?&raquo; (cf. <i>Jn <\/i>21, 15-17). El Ap&oacute;stol, consciente de su debilidad, respondi&oacute;: &laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; lo sabes todo; t&uacute; sabes que te amo&raquo;, y recibi&oacute; de &eacute;l el mandato: &laquo;Apacienta mis ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>21, 17). El Se&ntilde;or confi&oacute; esta misi&oacute;n a Pedro y, en &eacute;l, a todos sus sucesores. Esas mismas palabras las dirigi&oacute; tambi&eacute;n a quien hoy os habla, en el momento en que se le encomendaba la misi&oacute;n de confirmar la fe de sus hermanos. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Cu&aacute;ntas veces he pensando en las palabras de Jes&uacute;s que san Lucas nos ha conservado en su evangelio! Poco antes de afrontar la pasi&oacute;n, Jes&uacute;s dice a Pedro: &laquo;&iexcl;Sim&oacute;n, Sim&oacute;n! Mira que Satan&aacute;s ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y t&uacute;, una vez convertido, <i>confirma a tus hermanos<\/i>&raquo; (<i>Lc <\/i>22, 31-32). &laquo;Confirmar en la fe a los hermanos&raquo; es, por tanto, uno de los aspectos esenciales del servicio pastoral encomendado a Pedro y a sus sucesores. En la liturgia de hoy, Jes&uacute;s hace esta pregunta: &laquo;Cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra?&raquo;. Es una pregunta que interpela a todos, pero especialmente a los sucesores de Pedro. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Cuando venga, encontrar&aacute;&#8230;?&raquo;. Cada a&ntilde;o se acerca su venida. Al celebrar el santo sacrificio de la misa, despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n, repetimos siempre: &laquo;Anunciamos tu muerte; proclamamos tu resurrecci&oacute;n. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&raquo;. Cuando venga, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra? <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Las <i>lecturas lit&uacute;rgicas <\/i>de este domingo pueden sugerir una <i>doble respuesta <\/i>a esta pregunta. <\/p>\n<p align=\"left\">La primera nos la da la exhortaci&oacute;n que san Pablo dirige a su fiel colaborador Timoteo. Escribe el Ap&oacute;stol: &laquo;Ante Dios y ante Cristo Jes&uacute;s, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda comprensi&oacute;n y pedagog&iacute;a&raquo; (<i>2Tm<\/i> 4, 1-2). <\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute; se halla sintetizado un programa preciso de acci&oacute;n. En efecto, el ministerio apost&oacute;lico, y especialmente el ministerio de Pedro, <i> consiste en primer lugar en la ense&ntilde;anza<\/i>. Como escribe tambi&eacute;n el Ap&oacute;stol a Timoteo, quien ense&ntilde;a la verdad divina debe &laquo;permanecer en lo que ha aprendido y se le ha confiado&raquo; (<i>2Tm <\/i>3, 14). <\/p>\n<p align=\"left\">El obispo, y con mayor raz&oacute;n el Papa, debe volver continuamente a las fuentes de la sabidur&iacute;a que llevan a la salvaci&oacute;n. Debe amar la palabra de Dios. Al cabo de veinte a&ntilde;os de servicio en la sede de Pedro, hoy no puedo menos de hacerme algunas preguntas: &iquest;has mantenido todo esto?, &iquest;has sido un maestro diligente y vigilante de la fe de la Iglesia?, &iquest;has tratado de acercar a los hombres de hoy la gran obra del concilio Vaticano II?, &iquest;has procurado responder a las expectativas de los creyentes en la Iglesia y saciar el hambre de verdad que se siente en el mundo, fuera de la Iglesia? <\/p>\n<p align=\"left\">Y resuena en mi coraz&oacute;n la invitaci&oacute;n de san Pablo: &laquo;Ante Dios y ante Cristo Jes&uacute;s, que ha de juzgar a vivos y muertos \u2014y tambi&eacute;n te juzgar&aacute; a ti \u2014, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra&raquo; (<i>2 Tm <\/i>4, 1-2). &iexcl;Proclamar la Palabra! &Eacute;sta es mi misi&oacute;n, haciendo todo lo posible para que, cuando venga el Hijo del hombre, pueda encontrar fe en la tierra. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;La primera lectura b&iacute;blica, tomada del libro del &Eacute;xodo, nos brinda una segunda respuesta. Presenta la imagen significativa de Mois&eacute;s <i>en oraci&oacute;n con las manos levantadas al cielo<\/i>, a la vez que desde una cima sigue la batalla de su pueblo contra los amalecitas. Mientras Mois&eacute;s ten&iacute;a elevadas las manos, Israel prevalec&iacute;a. Dado que a Mois&eacute;s le pesaban los brazos, le pusieron una piedra para que se sentara, al tiempo que Aar&oacute;n y Jur le sosten&iacute;an los brazos, uno a cada lado. &Eacute;l permaneci&oacute; en oraci&oacute;n hasta la puesta del sol, hasta la derrota de Amalec por parte de Josu&eacute; (cf. <i>Ex <\/i> 17, 11-13). <\/p>\n<p align=\"left\">&Eacute;ste es un icono de extraordinaria fuerza expresiva: <i>el icono del pastor orante<\/i>. Es dif&iacute;cil encontrar una referencia m&aacute;s elocuente para todas las situaciones en las que el nuevo Israel, la Iglesia, tiene que combatir contra los diferentes &laquo;amalecitas&raquo;. En cierto sentido, todo depende de las manos de Mois&eacute;s levantadas al cielo. <\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">La oraci&oacute;n del pastor sostiene a la grey. Esto es seguro. Pero tambi&eacute;n es verdad que <i>la oraci&oacute;n del pueblo sostiene a quien tiene la misi&oacute;n de guiarlo<\/i>. As&iacute; ha sido desde el principio. Cuando Pedro es encarcelado en Jerusal&eacute;n para ser condenado a muerte, como Santiago, despu&eacute;s de las fiestas, toda la Iglesia rezaba por &eacute;l (cf. <i>Hch <\/i>12, 1-5). Los Hechos de los Ap&oacute;stoles narran que fue liberado milagrosamente de la c&aacute;rcel (cf. <i>Hch <\/i>12, 6-11). <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; ha sucedido innumerables veces a lo largo de los siglos. Yo mismo soy testigo de ello por haberlo experimentado personalmente. La oraci&oacute;n de la Iglesia es una gran fuerza. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Quisiera aqu&iacute; dar las gracias a todos los que durante estos d&iacute;as me han expresado su solidaridad. Gracias por los numerosos mensajes de felicitaci&oacute;n que me han enviado; gracias, sobre todo, por su constante recuerdo en la oraci&oacute;n. Pienso de manera especial en los enfermos y en los que sufren, que est&aacute;n cerca de m&iacute; con el ofrecimiento de sus dolores. Pienso en los conventos de clausura y en los numerosos religiosos y religiosas, en los j&oacute;venes y en las familias que elevan incesantemente al Se&ntilde;or su oraci&oacute;n por m&iacute; y por mi ministerio universal. Durante estos d&iacute;as he sentido latir junto a m&iacute; el coraz&oacute;n de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a todos vosotros presentes aqu&iacute;, en la plaza de San Pedro, que hoy os un&iacute;s a mi oraci&oacute;n de alabanza al Se&ntilde;or por mis veinte a&ntilde;os de servicio a la Iglesia y al mundo como Obispo de Roma. Dirijo unas palabra de gratitud en particular al presidente de la Rep&uacute;blica italiana y a cuantos lo han acompa&ntilde;ado esta ma&ntilde;ana para honrarme con su presencia. <\/p>\n<p align=\"left\">Con afecto fraterno doy las gracias tambi&eacute;n al cardenal Camillo Ruini que, al comienzo de la celebraci&oacute;n, se ha hecho int&eacute;rprete de la fidelidad de todos vosotros a Cristo y al Sucesor de Pedro. Estoy conmovido por la presencia tan numerosa de cardenales, arzobispos y obispos y, especialmente, de sacerdotes de la di&oacute;cesis de Roma y de la Curia, que toman parte en esta solemne celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. En este momento quisiera deciros a todos, queridos hermanos, cu&aacute;n valioso ha sido para m&iacute; vuestro apoyo durante estos a&ntilde;os de servicio a la Iglesia en la c&aacute;tedra de Pedro. Quisiera testimoniar mi gratitud por el afecto con que la ciudad de Roma e Italia me han acogido ya desde los primeros d&iacute;as de mi ministerio petrino. Pido al Se&ntilde;or que os recompense generosamente por cuanto hab&eacute;is hecho y hac&eacute;is para facilitar la misi&oacute;n que se me ha confiado. <\/p>\n<p align=\"left\">Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de Roma, de Italia y del mundo, &eacute;ste es el significado de nuestra asamblea de oraci&oacute;n en la plaza de San Pedro: dar gracias a Dios por la providencial solicitud con que gu&iacute;a y sostiene continuamente a su pueblo en camino a lo largo de la historia; renovar, por mi parte, el &laquo;s&iacute;&raquo; que pronunci&eacute; hace veinte a&ntilde;os, confiando en la gracia divina; y ofrecer, por vuestra parte, el compromiso de rezar siempre por este Papa, para que pueda cumplir plenamente su misi&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Renuevo de todo coraz&oacute;n la consagraci&oacute;n de mi vida y de mi ministerio a la Virgen Mar&iacute;a, Madre del Redentor y Madre de la Iglesia. A ella le repito con abandono filial: <i>Totus tuus! <\/i>Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II EN LA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON MOTIVO DEL VIG&Eacute;SIMO ANIVERSARIO DE SU ELECCI&Oacute;N Domingo 18 de octubre de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra?&raquo; (Lc 18, 8). 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