{"id":40175,"date":"2016-10-05T23:37:18","date_gmt":"2016-10-06T04:37:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-austria-misa-en-la-catedral-de-salzburgo-19-de-junio-de-1998\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:18","slug":"viaje-apostolico-a-austria-misa-en-la-catedral-de-salzburgo-19-de-junio-de-1998","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-austria-misa-en-la-catedral-de-salzburgo-19-de-junio-de-1998\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Austria: Misa en la catedral de Salzburgo (19 de junio de 1998)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b>VISITA PASTORAL A AUSTRIA<\/b> <\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/><\/font><\/b><br \/> Catedral de Salzburgo<br \/>Viernes 19 de junio de 1998<\/i><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><span lang=\"es\"><i>&laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta &raquo;<\/i> (<i>Sal <\/i>23, 1). <\/span> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">1.&nbsp;Las palabras que el salmista refiere al Dios de la antigua alianza, podemos hoy dirigirlas al Verbo de Dios encarnado, nuestro pastor: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. Con gratitud contemplamos los m&uacute;ltiples frutos de la fe, que se ha desarrollado en esta regi&oacute;n como &aacute;rbol fuerte y ha hecho historia: &laquo;Al&eacute;grate, Juvavum, porque en las orillas de tus aguas el Se&ntilde;or ha plantado &aacute;rboles que nunca dejar&aacute;n de dar fruto&raquo; (<i>Primera ant&iacute;fona del Oficio de lectura de la fiesta de San Ruperto y San Virgilio<\/i>). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Aqu&iacute; la luz de la fe comenz&oacute; a brillar por primera vez hacia fines del siglo V, cuando lleg&oacute; a esta regi&oacute;n el famoso misionero <i>Severino<\/i>, mientras las antiguas provincias romanas ya se estaban descomponiendo. Deb&iacute;an pasar m&aacute;s de dos siglos antes de que otro buen pastor, procedente de la ciudad de Worms, en el Rhin, encontrara el camino que llevaba a la peque&ntilde;a ciudad sobre el r&iacute;o Salzach, en gran parte destruida: aquel obispo itinerante se llamaba <i>Ruperto<\/i>. Construy&oacute; iglesias y centros estrat&eacute;gicos de espiritualidad. El primer templo fue dedicado al ap&oacute;stol Pedro. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">En el a&ntilde;o 739, <i>san Bonifacio<\/i>, en calidad de legado del Papa para Alemania, erigi&oacute; cuatro di&oacute;cesis: Ratisbona, Passau, Freising y Salzburgo. Hoy se encuentran entre nosotros pastores de estas antiqu&iacute;simas Iglesias. Por eso, saludo en particular al arzobispo Georg Eder, que nos acoge en su di&oacute;cesis; al cardenal Friedrich Wetter de Munich y Freising; a mons. Manfred M&uuml;ller, obispo de Ratisbona, y a mons. Franz Xaver Eder, obispo de Passau. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Esta Iglesia de Salzburgo es antigua e ilustre. Como sab&eacute;is, hace 1200 a&ntilde;os, la primera catedral, consagrada por el santo obispo <i> Virgilio<\/i>, procedente de Irlanda, fue elevada por el Papa Le&oacute;n III a la categor&iacute;a de sede metropolitana. <\/span> <\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Los momentos destacados del pasado <\/span> <span lang=\"es\">nos impulsan hoy, solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, a entonar precisamente el <i>Te Deum <\/i>dando gracias al Se&ntilde;or, buen pastor, que ha llevado sobre sus hombros a Salzburgo a trav&eacute;s de los siglos: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">2.&nbsp;Este d&iacute;a, en que el Sucesor de Pedro tiene la oportunidad de visitar por segunda vez &laquo;la Roma germ&aacute;nica&raquo;, no s&oacute;lo est&aacute; dedicado a evocar el recuerdo de un gran pasado. Quiere suscitar en cada uno el compromiso de <i> una sincera renovaci&oacute;n en la fe y de una generosa coordinaci&oacute;n <\/i>de las fuerzas propias con las de los dem&aacute;s creyentes, con vistas a la nueva evangelizaci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Al decir esto, mi mirada se extiende a lo largo de todo el territorio de la regi&oacute;n de Salzburgo. Saludo al se&ntilde;or Thomas Klestil, presidente de la Rep&uacute;blica de Austria. Doy una cordial bienvenida tambi&eacute;n a los numerosos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio que han venido de Austria y de las naciones lim&iacute;trofes, as&iacute; como al cardenal Christoph Sch&ouml;nborn, arzobispo de Viena, y a mons. Johann Weber, obispo de Graz-Seckau y presidente de la Conferencia episcopal austriaca. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">A la luz de la actividad misionera de cuantos nos han precedido, tomamos nueva conciencia de que <i>la fe no puede quedar confinada a los templos<\/i>. La debemos llevar a nuestro mundo, peque&ntilde;o y grande. El <i> compromiso misionero <\/i>tiene una larga tradici&oacute;n en esta sede metropolitana. Los obispos de Salzburgo, como buenos pastores, llevaron el mensaje evang&eacute;lico hacia el este, a Bohemia, Moravia y Hungr&iacute;a, y enviaron sus colaboradores como misioneros hasta Maribor, en el Drava, y hasta Bressanone, Lech y el Danubio. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Hoy la di&oacute;cesis madre tiene una extensi&oacute;n m&aacute;s reducida. Pero en las piedras de esta venerable catedral y en la antigua fortaleza ha quedado grabado lo que Salzburgo fue en la historia y lo que deber&aacute; seguir siendo tambi&eacute;n en el futuro: un <i>centro misionero<\/i>, que irradie su influjo m&aacute;s all&aacute; de los confines de la di&oacute;cesis y del pa&iacute;s. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">T&uacute;, Salzburgo, <i>ciudad construida sobre el monte<\/i>, llevas la sal en tu nombre: ojal&aacute; que tus habitantes sigan haciendo suya, en la fe, la sal del Evangelio, confirm&aacute;ndolo con su testimonio. Recuerda la consigna que te transmiti&oacute; la historia: difundir la sal del mensaje salv&iacute;fico en toda la regi&oacute;n circundante. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">T&uacute;, <i>sede del &laquo;Primas Germaniae&raquo;, <\/i>has recibido de la historia una especie de primado misionero: que tus fieles sean siempre conscientes de la responsabilidad que ese privilegio implica. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">T&uacute; tienes una misi&oacute;n que realizar con respecto a los hombres que buscan el camino que lleva &laquo;hacia fuentes tranquilas &raquo;. Ojal&aacute; que, por el testimonio de tus fieles, encuentren a Aquel que sabe guiarlos por el camino recto hasta &laquo;descansar en verdes praderas&raquo; y reparar sus fuerzas (cf. <i>Sal <\/i>23, 2-3). &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">3.&nbsp;&laquo;Aunque camine por ca&ntilde;adas oscuras, nada temo&raquo; (<i>Sal <\/i> 23, 4). Somos conscientes de los peligros que acechan en las ca&ntilde;adas profundas y oscuras. La imagen geogr&aacute;fica refleja pl&aacute;sticamente ciertas situaciones del esp&iacute;ritu. Tambi&eacute;n el alma se halla expuesta al peligro de los abismos llenos de asechanzas. Conocemos las tinieblas oscuras de las desilusiones, de los fracasos, de las dudas en la fe. Los que ponen su confianza en Dios encuentran apoyo y seguridad en la protecci&oacute;n del buen Pastor: &laquo;Tu vara y tu cayado me dan seguridad&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">No podemos menos de ver en estas palabras de la Escritura una alusi&oacute;n <i>a la funci&oacute;n magisterial <\/i>encomendada por Cristo a los pastores de la Iglesia. El Magisterio no es una invenci&oacute;n humana para ejercer dominio sobre las almas. Cristo mismo nos confi&oacute; esta misi&oacute;n para que su palabra divina pueda ser propuesta nuevamente por labios humanos, convirti&eacute;ndose para el hombre en &laquo;vara y cayado&raquo;, orientaci&oacute;n y apoyo. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Queridos hermanos y hermanas, impulsado por la conciencia de las tareas vinculadas con el oficio de Sucesor de Pedro, he venido a Austria para traeros mi palabra de aliento y est&iacute;mulo. Os agradezco vuestra presencia, que pone de manifiesto vuestra adhesi&oacute;n a Cristo. Como el pastor de la par&aacute;bola evang&eacute;lica lleva sobre sus hombres a la oveja, en los meses pasados os he llevado con particular afecto en mi coraz&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">&iexcl;El coraz&oacute;n del Obispo de Roma late por todos vosotros! <\/span> <span lang=\"es\">No abandon&eacute;is el reba&ntilde;o de Cristo, buen pastor. <i>No salg&aacute;is de la Iglesia. <\/i> M&aacute;s bien, entrad en ella, para llevar la buena nueva, capaz de iluminar incluso las tinieblas de nuestra vida: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">4.&nbsp;Aprovecho de buen grado esta ocasi&oacute;n para expresar mi estima a todos los que trabajan incansablemente para renovar <i>las comunidades parroquiales<\/i>, pues constituyen &laquo;la Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/i>, 26). Es realmente digno de elogio que, despu&eacute;s del concilio Vaticano II, se haya desarrollado una amplia gama de servicios, a los que dedican mucho tiempo con generosidad numerosos laicos, asumiendo la <i> corresponsabilidad <\/i>que les compete en virtud del bautismo y la confirmaci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">La <i>diversidad de funciones <\/i>hace a veces dif&iacute;cil encontrar el mejor camino para el di&aacute;logo y la cooperaci&oacute;n. En el reba&ntilde;o del buen Pastor, tener igual dignidad no significa igualdad de oficio y de actividades. Las tareas particulares del ministerio episcopal y sacerdotal no pueden simplemente pasar a los laicos. Viceversa, los pastores deben respetar el papel espec&iacute;fico de los laicos. Por consiguiente, los laicos no deben delegar sus tareas a los sacerdotes, a los di&aacute;conos o a las personas llamadas a colaborar. S&oacute;lo si cada uno asume su misi&oacute;n espec&iacute;fica <i>el pastor podr&aacute; avanzar hacia la meta juntamente con su reba&ntilde;o<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Queridos hermanos laicos, deseo expresaros mi profunda estima. <i>Vuestro compromiso no tiene precio, que pueda medirse con dinero<\/i>. Sin vosotros las comunidades parroquiales no s&oacute;lo ser&iacute;an m&aacute;s pobres; tambi&eacute;n les faltar&iacute;a algo esencial. Por tanto, os pido que sig&aacute;is realizando con generosidad vuestro apostolado como lectores o como ministros extraordinarios de la Eucarist&iacute;a, como miembros del coro y de los grupos de oraci&oacute;n, o como catequistas que preparan a los ni&ntilde;os y a los adolescentes para la primera comuni&oacute;n y para la confirmaci&oacute;n. Deseo animar expl&iacute;citamente a los laicos a colaborar &iacute;ntimamente con sus sacerdotes. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Asimismo, quisiera subrayar la importancia de los consejos parroquiales, en los que se examinan y resuelven &laquo;reflexionando en com&uacute;n&raquo; los problemas pastorales (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\"> Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 10). Tened la audacia del di&aacute;logo en vuestros organismos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">No puedo por menos de mencionar los numerosos hombres, y especialmente las numerosas mujeres, que se sacrifican silenciosamente, pero con gran <i>esp&iacute;ritu de abnegaci&oacute;n en el campo de la caridad<\/i>. Se ocupan de las personas ancianas, enfermas y solas. De este modo hacen que precisamente los m&aacute;s desafortunados en la vida puedan comprender lo que significa: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">5.&nbsp;&laquo;Preparas una mesa ante m&iacute;, enfrente de mis enemigos&raquo; (<i>Sal <\/i>23, 5). Incluso cuando no hay persecuciones violentas, la tarea del testimonio de los cristianos no es f&aacute;cil. A menudo, afrontan la indiferencia de la gente, tan dura como la hostilidad. As&iacute; sucede que el sacerdote y sus colaboradores preparan con celo <i>la mesa de la Palabra y de la Eucarist&iacute;a<\/i>, pero luego tienen la desilusi&oacute;n de constatar que el n&uacute;mero de los convidados que aceptan la invitaci&oacute;n es cada vez menor. La <i>mesa del bienestar y del consumismo <\/i>parece m&aacute;s atractiva. Por eso, son muchos los que hoy viven como si Dios no existiera. Se mantienen diversas formas de religiosidad popular, pero les falta el fundamento de una convicci&oacute;n personal. As&iacute;, corren el peligro de agostarse frente a la creciente secularizaci&oacute;n. <\/span> <i> <span lang=\"es\">La indiferencia con respecto a la herencia cristiana es tan peligrosa como el odio abierto. <\/span> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Solamente una <i>nueva evangelizaci&oacute;n <\/i>podr&aacute; asegurar la profundizaci&oacute;n de una fe aut&eacute;ntica, capaz de transformar en fuerzas liberadoras las tradiciones recibidas. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">&iquest;Disponemos a&uacute;n de <i>recursos <\/i>suficientes para poder vivir gracias a ellos? &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n las <i>fuentes <\/i>a las que podemos acudir? Vosotros, cristianos de Austria, sab&eacute;is d&oacute;nde se hallan estas fuentes. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">La vieja Europa, que quiere convertirse en una familia de naciones, parece haberse secado. El continente est&aacute; olvidando el mensaje que recibi&oacute; desde los primeros siglos de la nueva era. Durante m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, en muchos pa&iacute;ses de la Europa central y oriental se impidi&oacute; anunciar el Evangelio. Bajo reg&iacute;menes ateos y dictatoriales, la luz de los tabern&aacute;culos se apag&oacute;. Las iglesias se convirtieron en monumentos de tiempos ya pasados. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Con todo, hoy podemos constatar que esos reg&iacute;menes han fracasado, mientras siguen manando las antiguas fuentes, que mantienen toda su frescura: la <i>sagrada Escritura<\/i>, con su inagotable vena de verdad; <i> los sacramentos de la Iglesia<\/i>, en los que Cristo nos comunica el dinamismo de su presencia; <i>la oraci&oacute;n, <\/i>mediante la cual el alma puede respirar el ox&iacute;geno regenerador de la gracia de Dios. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">6.&nbsp;Estas fuentes est&aacute;n al alcance de todos, y en particular de vosotros, <i>j&oacute;venes<\/i>, que pod&eacute;is acudir a ellas. Sabed que el Papa <i> cuenta con vosotros<\/i>. Aunque a veces os sint&aacute;is un peque&ntilde;o reba&ntilde;o, no os desanim&eacute;is: sois el capital del buen Pastor. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Al inicio, doce hombres afrontaron el mundo. <i>El Papa conf&iacute;a en vosotros, j&oacute;venes, para dar de nuevo un rostro cristiano a la vieja Europa<\/i>. Comprometeos con vuestro testimonio personal. Vosotros sois &laquo;una carta de Cristo&raquo; (<i>2&nbsp;Co <\/i>3, 3), su tarjeta de visita. Quien se encuentre con vosotros debe tener la seguridad de haber encontrado la orientaci&oacute;n correcta. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Cumpliendo mi ministerio pastoral en las diversas regiones de la tierra, he comprobado cada vez mejor la verdad que encierra lo que escrib&iacute; en la enc&iacute;clica <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0040\/__P7.HTM\"> Redemptoris missio<\/a><\/i>: &laquo;El hombre contempor&aacute;neo cree m&aacute;s a los testigos que a los maestros; cree m&aacute;s en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teor&iacute;as&raquo; (n. 42). Al entrar en contacto con vosotros, vuestros coet&aacute;neos deben poder intuir que hay algo en vosotros que no saben explicar, algo que conoc&eacute;is muy bien, algo que el salmo expresa as&iacute;: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">7.&nbsp;A las fuentes inagotables de la gracia han acudido <i>los santos. <\/i>Por eso, son verdaderos misioneros (cf. <i>ib<\/i>., 2). La historia de vuestra patria es, por consiguiente, tambi&eacute;n la historia de vuestros santos: una historia que perdura hasta nuestros tiempos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Hace algunos meses, en Roma fueron beatificados los sacerdotes Otto Neururer y Jakob Gapp. El pr&oacute;ximo domingo, en Viena, elevar&eacute; al honor de los altares a la religiosa Restituta Kafka y a otros dos siervos de Dios. En ellos se manifiesta lo que constituye la cima de toda existencia personal: &laquo;El buen pastor da la vida por las ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 11). Al evocar los cap&iacute;tulos oscuros de la historia, la Iglesia no quiere volver a abrir las antiguas heridas, sino s&oacute;lo <i>purificar la memoria<\/i>. Los autores de la violencia han abandonado la escena; y han entrado los <i>h&eacute;roes de la caridad<\/i>. &Eacute;stos han testimoniado que precisamente en los a&ntilde;os tristes de nuestro siglo, cuando tambi&eacute;n vuestra tierra se hallaba sacudida por el torbellino del mal, se cumpli&oacute; la par&aacute;bola del buen pastor. En su vida y en su muerte resplandece la esperanza: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">8.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas, vuestro pastor diocesano, el arzobispo Eder, me ha pedido que corone la estatua de Nuestra Se&ntilde;ora de F&aacute;tima y que consagre la archidi&oacute;cesis de Salzburgo, que ya tiene doce siglos de existencia, a la protecci&oacute;n de la Madre de Dios. He aceptado con gusto su petici&oacute;n. Vuestra antigua e ilustre Iglesia siempre ha tributado un culto sincero y profundo a la Virgen. Estoy seguro de que Mar&iacute;a sant&iacute;sima acoge vuestro deseo de tenerla como patrona y gu&iacute;a en vuestro camino. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">A ella consagro vuestra archidi&oacute;cesis y a cada uno de vosotros. Que os cubra Mar&iacute;a con su manto materno: &laquo;Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oraci&oacute;n de tus hijos necesitados&#8230;&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Bajo la protecci&oacute;n de tu manto, oh Mar&iacute;a, nuestros anhelos y preocupaciones se serenan, y recuperamos la confianza y el valor. Contempl&aacute;ndote, aprendemos a consagrarnos a Dios con confianza y abandono total: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta&raquo;. Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">Palabras del Santo Padre <br \/>a la presidencia del Consejo ecum&eacute;nico de las Iglesias en Austria<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Al final de esta solemne celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica, dedicada al tema de la &laquo;misi&oacute;n&raquo;, quisiera recordar que los cristianos, a pesar de lo que los diferencia a unos de otros, est&aacute;n unidos por el &uacute;nico bautismo y por la adhesi&oacute;n al mismo S&iacute;mbolo apost&oacute;lico. Dirijo un cordial saludo a los miembros de la presidencia del Consejo ecum&eacute;nico de las Iglesias en Austria, es decir, al presidente metropolita Miguel de Austria, al obispo de la Iglesia evang&eacute;lica en Austria, <i>magister<\/i> Herwig Sturm, y a los representantes de la vida ecum&eacute;nica a nivel local.<\/p>\n<p align=\"left\">Les agradezco su participaci&oacute;n en esta celebraci&oacute;n. Expreso mi aprecio a todos los que contribuyeron de forma ejemplar a llevar a buen t&eacute;rmino la segunda Asamblea ecum&eacute;nica europea, que tuvo lugar el a&ntilde;o pasado en Graz. <\/p>\n<p align=\"left\">Espero que se prosiga con todas las fuerzas disponibles el camino arduo de la reconciliaci&oacute;n, para que el testimonio de los cristianos d&eacute; fuerza a todos los hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A AUSTRIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Catedral de SalzburgoViernes 19 de junio de 1998 &nbsp; &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor: nada me falta &raquo; (Sal 23, 1). 1.&nbsp;Las palabras que el salmista refiere al Dios de la antigua alianza, podemos hoy dirigirlas al Verbo de Dios encarnado, nuestro pastor: &laquo;El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-austria-misa-en-la-catedral-de-salzburgo-19-de-junio-de-1998\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Austria: Misa en la catedral de Salzburgo (19 de junio de 1998)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40175","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40175","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40175"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40175\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40175"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40175"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40175"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}