{"id":40177,"date":"2016-10-05T23:37:22","date_gmt":"2016-10-06T04:37:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-junio-de-1998-funeral-del-cardenal-agostino-casaroli\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:22","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:22","slug":"12-de-junio-de-1998-funeral-del-cardenal-agostino-casaroli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-junio-de-1998-funeral-del-cardenal-agostino-casaroli\/","title":{"rendered":"12 de junio de 1998, Funeral del cardenal Agostino Casaroli"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp;<font color=\"#663300\">FUNERAL EN SUFRAGIO DEL CARDENAL AGOSTINO CASAROLI<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Bas<\/i><i>&iacute;lica de San Pedro <br \/>Viernes 12 de junio de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.&nbsp;&laquo;Ego resuscitabo eum in novissimo die&raquo;: &laquo;Yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&raquo; (<i>Jn <\/i>6, 54). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras del Se&ntilde;or Jes&uacute;s resuenan con singular elocuencia hoy en la bas&iacute;lica de San Pedro, donde nos hemos reunido, con dolor y esperanza, para celebrar las exequias del venerado hermano cardenal Agostino Casaroli, llamado por el Padre durante la noche del martes pasado. <\/p>\n<p align=\"left\">La divina Providencia quiso que las exequias tengan lugar al d&iacute;a siguiente de la solemnidad del <i>Corpus Christi<\/i>, en la que la Iglesia adora el gran misterio de la Eucarist&iacute;a, sacramento de Cristo muerto y resucitado, pan de vida inmortal. En esta hora de luto, la p&aacute;gina del evangelio de san Juan sobre el &laquo;pan de vida&raquo; es realmente luminosa como un faro. &laquo;Yo soy el pan de vida (&#8230;) y el pan que yo voy a dar es mi carne para la vida del mundo. (&#8230;) Quien coma mi carne y beba mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&raquo; (<i>Jn <\/i>6, 48. 51. 54). <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Qu&eacute; gran alivio nos proporcionan hoy estas palabras, mientras contemplamos el f&eacute;retro del querido secretario de Estado em&eacute;rito! &iexcl;Qu&eacute; &iacute;ntimo consuelo al pensar que fue, y sigue siendo para siempre, sacerdote de Cristo, ministro del pan de la vida! Todos los d&iacute;as se aliment&oacute; de este sacramento, en el que el Se&ntilde;or nos da la prenda de la resurrecci&oacute;n. Y cada d&iacute;a, durante m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, lo distribuy&oacute; al pueblo de Dios. La carne de Cristo se entrega para la vida del mundo, como nos recuerda el evangelista san Juan (cf. <i>Jn <\/i>6, 51), y la misi&oacute;n del sacerdote es precisamente &laquo;en la Iglesia para el mundo&raquo;, como reza el t&iacute;tulo del libro que recoge las homil&iacute;as y los discursos pronunciados por el querido cardenal Casaroli durante su larga y benem&eacute;rita actividad de pastor celoso e ilustre diplom&aacute;tico. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&laquo;Rogate quae ad pacem sunt Ierusalem &raquo;: &laquo;Desead la paz a Jerusal&eacute;n (&#8230;). Por mis hermanos y compa&ntilde;eros, voy a decir: .La paz contigo.&raquo;. &laquo;Pax in te!&raquo; (<i>Sal <\/i>122, 6. 8). <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;La obra de la paz! En este momento me complace recordar a nuestro hermano fallecido como sabio servidor de la paz, que es expresi&oacute;n hist&oacute;rica del don escatol&oacute;gico que Cristo dej&oacute; a su Iglesia. No podemos por menos de reconocerlo y se&ntilde;alarlo como un aut&eacute;ntico &laquo;art&iacute;fice de paz&raquo;, un ejemplo luminoso de los art&iacute;fices del &laquo;<i>opus iustitiae<\/i>&raquo; a los que Jes&uacute;s llama &laquo;bienaventurados (&#8230;) porque ser&aacute;n llamados hijos de Dios&raquo; (<i>Mt <\/i> 5, 9). <\/p>\n<p align=\"left\">Con ocasi&oacute;n de su 70 cumplea&ntilde;os, quiso abrir su coraz&oacute;n y mostrar las l&iacute;neas fundamentales del servicio eclesial que prest&oacute; en el centro de la Santa Sede. Entre ellas incluye &laquo;el profundo amor a la causa de la paz y la cooperaci&oacute;n entre las naciones y dentro de ellas, sostenido por la convicci&oacute;n de que se trata de imperativos morales y de una necesidad, sobre todo hoy, para la misma supervivencia de la humanidad&raquo; (Agostino Casaroli, <i> Nella Chiesa per il mondo<\/i>, Mil&aacute;n 1987, p. 494). <\/p>\n<p align=\"left\">Esta paz, como dice el Salmo, siempre la dese&oacute; ante todo &laquo;para Jerusal&eacute;n&raquo;, es decir, <i>para la Iglesia. <\/i>Son innumerables las conversaciones y los encuentros que el cardenal Casaroli tuvo con representantes de Estados y organismos nacionales e internacionales, en calidad de subsecretario y, luego, secretario de la Congregaci&oacute;n para Asuntos eclesi&aacute;sticos extraordinarios, que, m&aacute;s tarde, se convirti&oacute; en la secci&oacute;n para las relaciones con los Estados; y, por &uacute;ltimo, como secretario de Estado. Su preocupaci&oacute;n constante fue <i>la defensa de la libertad de la Iglesia <\/i>en el cumplimiento de la misi&oacute;n que el Redentor le confi&oacute;. En esta perspectiva se deben interpretar los contactos que mantuvo en tiempos dif&iacute;ciles con los reg&iacute;menes del mundo comunista, con el objetivo de asegurar en esos pa&iacute;ses la permanencia de las estructuras eclesiales leg&iacute;timas. El fin supremo que inspir&oacute; siempre su acci&oacute;n fue <i>el bien de las almas<\/i>, en particular del gran n&uacute;mero de cat&oacute;licos que permanecieron fieles a la Iglesia, pero en grave peligro de progresiva descristianizaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">En esas delicadas misiones se mostr&oacute; como un activo y creativo realizador del <i>principio del di&aacute;logo<\/i>, tan apreciado por el siervo de Dios el Papa Pablo VI, de quien fue &iacute;ntimo colaborador, despu&eacute;s de haber trabajado fielmente con los venerados Pont&iacute;fices los siervos de Dios P&iacute;o XII y Juan XXIII. &laquo;Di&aacute;logo .afirma tambi&eacute;n &eacute;l mismo. como camino fundamental y m&eacute;todo soberano, no s&oacute;lo para servir a la paz, sino tambi&eacute;n para incrementar la eficacia y los resultados de la actividad diplom&aacute;tica&raquo;, di&aacute;logo aut&eacute;ntico, es decir, &laquo;firme en la afirmaci&oacute;n de la verdad y en la defensa del derecho, respetando a las personas&raquo; (<i>ib.<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\">Con ese servicio, siempre animado por un fino esp&iacute;ritu eclesial, prest&oacute; una contribuci&oacute;n notable, reconocida por todos, a la causa de la verdad y de la libertad en tiempos dif&iacute;ciles para la Iglesia y para la humanidad. Tuvo la dicha de ver coronados sus sabios y pacientes esfuerzos con la llegada de la nueva fase hist&oacute;rica, marcada por los acontecimientos de 1989. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Pocos meses despu&eacute;s del inicio de mi pontificado, llam&eacute; a monse&ntilde;or Agostino Casaroli a mi lado como secretario de Estado y, algo m&aacute;s tarde, lo cre&eacute; cardenal. Durante muchos a&ntilde;os, hasta que cumpli&oacute; su mandato en diciembre de 1990, pude constatar con admiraci&oacute;n, siendo yo el primer beneficiado, su fidelidad y sus m&uacute;ltiples dotes humanas, pastorales y diplom&aacute;ticas. <\/p>\n<p align=\"left\">Con ocasi&oacute;n de mi visita a la di&oacute;cesis de Piacenza, hace diez a&ntilde;os, quise acudir a Castel San Giovanni, su pueblo natal, y entrar en la iglesia parroquial donde fue bautizado y donde recibi&oacute; la confirmaci&oacute;n y la ordenaci&oacute;n sacerdotal. En este momento, expreso mi sentimiento de profundo p&eacute;same a sus familiares y a los numerosos amigos y conocidos de su tierra de origen. Pero, sobre todo, como hice en aquella feliz circunstancia (cf. <i> L.Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 3 de julio de 1988, p. 18), quisiera elevar mi acci&oacute;n de gracias al Esp&iacute;ritu Santo por haberlo concedido a la Iglesia para el servicio directo de la Sede apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\">Me complace mencionar tambi&eacute;n otro aspecto, menos conocido pero muy edificante, de su personalidad. A pesar de estar ocupado en asuntos de gran importancia para la Iglesia y para las relaciones internacionales, desde 1943 no dej&oacute; de prestar un servicio pastoral en el Centro correccional de menores de Casal del Marmo, en Roma. Hab&iacute;a entablado con esos j&oacute;venes y con sus familias una relaci&oacute;n de confianza rec&iacute;proca: lo llamaban familiarmente &laquo;don Agostino &raquo;. As&iacute;, adem&aacute;s de su arduo trabajo de pastor y diplom&aacute;tico, manten&iacute;a un contacto concreto con las personas, especialmente con estos &laquo;sus&raquo; muchachos, a quienes visit&oacute; por &uacute;ltima vez hace cerca de diez d&iacute;as. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Paz para los que te aman&raquo; (<i>Sal <\/i>122, 6): es consolador, como desea el Salmo responsorial, pensar que la oraci&oacute;n de muchos, a quienes su sacerdocio proporcion&oacute; consuelo y esperanza, se une hoy a la nuestra, y se eleva agradable al Padre celestial en sufragio de su alma. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Confiamos en que Dios, infinitamente bueno y misericordioso, acoger&aacute; en su paz a nuestro venerado hermano, que nos deja el testimonio de sus virtudes humanas, cristianas y sacerdotales, gracias a las cuales permanece inolvidable para nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Aquel que, seg&uacute;n las palabras del ap&oacute;stol Pedro que acabamos de proclamar, &laquo;mediante la Resurrecci&oacute;n de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible &raquo; (<i>1 P <\/i>1, 3-4), seguramente lo introducir&aacute; en el Reino, por el que entreg&oacute; toda su vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Tenemos un signo seguro de esa esperanza en Mar&iacute;a sant&iacute;sima, asociada al misterio del Redentor y elevada a la gloria. A ella, Madre y Reina de los Ap&oacute;stoles, encomendamos el alma del cardenal Agostino Casaroli, para que alcance, con la plenitud de gozo y de paz, la meta de su fe (cf. <i>1 P <\/i>1, 9). <\/p>\n<p align=\"left\">A todos nosotros, que despedimos a este inolvidable hermano nuestro, se dirige la invitaci&oacute;n a mirar a las alturas y a renovar la fe en la resurrecci&oacute;n. En nuestro esp&iacute;ritu resuenan nuevamente las palabras de Dios en el libro del profeta Ezequiel: &laquo;He aqu&iacute; que yo abro vuestras tumbas; os har&eacute; salir de vuestros sepulcros. (&#8230;) Infundir&eacute; mi esp&iacute;ritu en vosotros y vivir&eacute;is; os establecer&eacute; en vuestro suelo, y sabr&eacute;is que yo, el Se&ntilde;or, lo digo y lo hago, or&aacute;culo de Yahveh&raquo; (<i>Ez <\/i>37, 12.&#x80;14). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;FUNERAL EN SUFRAGIO DEL CARDENAL AGOSTINO CASAROLI HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Viernes 12 de junio de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Ego resuscitabo eum in novissimo die&raquo;: &laquo;Yo lo resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a&raquo; (Jn 6, 54). Estas palabras del Se&ntilde;or Jes&uacute;s resuenan con singular elocuencia hoy en la bas&iacute;lica de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-junio-de-1998-funeral-del-cardenal-agostino-casaroli\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de junio de 1998, Funeral del cardenal Agostino Casaroli\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40177","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40177","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40177"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40177\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40177"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40177"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40177"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}