{"id":40180,"date":"2016-10-05T23:37:26","date_gmt":"2016-10-06T04:37:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1998-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:26","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:26","slug":"31-de-mayo-de-1998-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1998-pentecostes\/","title":{"rendered":"31 de mayo de 1998, Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">DOMINGO DE PENTECOST&Eacute;S<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b> <font size=\"4\"> <i> HOMIL&Iacute;A <\/i> <\/font> <\/b><i><b><font size=\"4\">DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><br \/>31 de mayo de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.<i>&nbsp;Credo in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem<\/i>: Creo en el Esp&iacute;ritu Santo, Se&ntilde;or y dador de vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras del S&iacute;mbolo nicenoconstantinopolitano, la Iglesia proclama su fe en el Par&aacute;clito; fe que <i>nace de la experiencia apost&oacute;lica de Pentecost&eacute;s<\/i>. El pasaje de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, que la liturgia de hoy ha propuesto a nuestra meditaci&oacute;n, recuerda efectivamente las maravillas realizadas el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, cuando los Ap&oacute;stoles constataron con gran asombro el cumplimiento de las palabras de Jes&uacute;s. &Eacute;l, como refiere la per&iacute;copa del evangelio de san Juan que acabamos de proclamar, hab&iacute;a asegurado en la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n: &laquo;Yo le pedir&eacute; al Padre que os d&eacute; otro Consolador, que est&eacute; siempre con vosotros&raquo; (<i>Jn <\/i>14, 16). Este &laquo;Consolador, el Esp&iacute;ritu Santo, que enviar&aacute; el Padre en mi nombre, ser&aacute; quien os ense&ntilde;e todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho&raquo; (<i>Jn <\/i> 14, 26). <\/p>\n<p align=\"left\">Y el Esp&iacute;ritu Santo, descendiendo sobre ellos con fuerza extraordinaria, los hizo capaces de anunciar a todo el mundo la ense&ntilde;anza de Cristo Jes&uacute;s. Era tan grande su valent&iacute;a, tan segura su decisi&oacute;n, que estaban dispuestos a todo, incluso a dar su vida. El don del Esp&iacute;ritu <i>hab&iacute;a puesto en movimiento sus energ&iacute;as m&aacute;s profundas, dirigi&eacute;ndolas al servicio de la misi&oacute;n que les hab&iacute;a confiado el Redentor<\/i>. Y ser&aacute; el Consolador, el <i> Par&aacute;kletos<\/i>, quien los guiar&aacute; en el anuncio del Evangelio a todos los hombres. El Esp&iacute;ritu les ense&ntilde;ar&aacute; toda la verdad, tom&aacute;ndola de la riqueza de la palabra de Cristo, para que ellos, a su vez, la comuniquen a los hombres en Jerusal&eacute;n y en el resto del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&iexcl;C&oacute;mo no dar gracias a Dios por los prodigios que el Esp&iacute;ritu no ha dejado de realizar en estos dos milenios de vida cristiana! En efecto, el acontecimiento de gracia de Pentecost&eacute;s ha seguido produciendo sus maravillosos frutos, suscitando por doquier celo apost&oacute;- lico, deseo de contemplaci&oacute;n, y compromiso de amar y servir con absoluta entrega a Dios y a los hermanos. Tambi&eacute;n hoy el Esp&iacute;ritu impulsa en la Iglesia peque&ntilde;os y grandes gestos de perd&oacute;n y profec&iacute;a, y da vida a carismas y dones siempre nuevos, que atestiguan su incesante acci&oacute;n en el coraz&oacute;n de los hombres. <\/p>\n<p align=\"left\">Prueba elocuente de ello es esta solemne liturgia, en la que est&aacute;n presentes numeros&iacute;simos miembros de los movimientos y las nuevas comunidades, que durante estos d&iacute;as han celebrado en Roma su congreso mundial. Ayer, en esta misma plaza de San Pedro, vivimos un inolvidable encuentro de fiesta, con cantos, oraciones y testimonios. Experimentamos el clima de Pentecost&eacute;s, que hizo casi visible la fecundidad inagotable del Esp&iacute;ritu en la Iglesia. Los movimientos y las nuevas comunidades, que son expresiones providenciales de la nueva primavera suscitada por el Esp&iacute;ritu con el concilio Vaticano II, constituyen un anuncio de la fuerza del amor de Dios que, superando todo tipo de divisiones y barreras, renueva la faz de la tierra, para construir en ella la civilizaci&oacute;n del amor. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;San Pablo, en el pasaje de la <i>carta a los Romanos <\/i>que acabamos de proclamar, escribe: &laquo;Los que se dejan llevar por el Esp&iacute;ritu de Dios, &eacute;sos son hijos de Dios&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 14). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras brindan ulteriores sugerencias para comprender la acci&oacute;n admirable del Esp&iacute;ritu en nuestra vida de creyentes. <i>Nos abren el camino para llegar al coraz&oacute;n del hombre<\/i>: el Esp&iacute;ritu Santo, a quien la Iglesia invoca para que d&eacute; &laquo;luz a los sentidos&raquo;, visita al hombre en su interior y toca directamente la profundidad de su ser. <\/p>\n<p align=\"left\">El Ap&oacute;stol contin&uacute;a: &laquo;Vosotros no est&aacute;is sujetos a la carne, sino al esp&iacute;ritu, ya que el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros (&#8230;). Los que se dejan llevar por el Esp&iacute;ritu de Dios, &eacute;sos son hijos de Dios&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 9. 14). Adem&aacute;s, al contemplar la acci&oacute;n misteriosa del Par&aacute;clito, a&ntilde;ade con entusiasmo: &laquo;Hab&eacute;is recibido, no un esp&iacute;ritu de esclavitud (&#8230;), sino un esp&iacute;ritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: .&iexcl;Abba!. (Padre). Ese Esp&iacute;ritu y nuestro esp&iacute;ritu dan un testimonio concorde de que somos hijos de Dios&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 15-16). Nos encontramos <i>en el centro del misterio<\/i>. En el encuentro entre el Esp&iacute;ritu Santo y el esp&iacute;ritu del hombre se halla el coraz&oacute;n mismo de la experiencia que vivieron los Ap&oacute;stoles en Pentecost&eacute;s. Esa experiencia extraordinaria est&aacute; presente en la Iglesia, nacida de ese acontecimiento, y la acompa&ntilde;a a lo largo de los siglos. <\/p>\n<p align=\"left\">Bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, el hombre descubre hasta el fondo que su naturaleza espiritual no est&aacute; velada por la corporeidad, sino que, por el contrario, es el esp&iacute;ritu el que da sentido verdadero al cuerpo. En efecto, viviendo seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu, &eacute;l manifiesta plenamente el don de su adopci&oacute;n como hijo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">En este contexto se inserta bien la cuesti&oacute;n fundamental <i>de la relaci&oacute;n entre la vida y la muerte<\/i>, a la que alude san Pablo cuando dice: &laquo;Si viv&iacute;s seg&uacute;n la carne, vais a la muerte; pero si con el Esp&iacute;ritu dais muerte a las obras del cuerpo, vivir&eacute;is&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 13). Y es precisamente as&iacute;: la docilidad al Esp&iacute;ritu ofrece al hombre continuas ocasiones de vida. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, es para m&iacute; motivo de gran alegr&iacute;a saludaros a todos vosotros, que hab&eacute;is querido uniros a m&iacute; en la acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or por el don del Esp&iacute;ritu. Esta fiesta totalmente misionera extiende nuestra mirada hacia el mundo entero, con un recuerdo particular para los numerosos misioneros sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que gastan su vida, a menudo en condiciones de enorme dificultad, para difundir la verdad evang&eacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\">Saludo a todos los presentes: a los se&ntilde;ores cardenales, a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a los numerosos miembros de los diferentes institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost&oacute;lica, a los j&oacute;venes, a los enfermos, y especialmente a cuantos han venido desde muy lejos para esta solemne celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Un recuerdo particular para los movimientos y las nuevas comunidades, que ayer tuvieron su encuentro y que hoy veo aqu&iacute; presentes en gran n&uacute;mero; no en n&uacute;mero tan grande como ayer, pero tambi&eacute;n grande. Dirijo un saludo muy especial a los muchachos y a los j&oacute;venes que est&aacute;n a punto de recibir los sacramentos de la confirmaci&oacute;n y de la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos, &iexcl;qu&eacute; admirables perspectivas presentan las palabras del Ap&oacute;stol a cada uno de vosotros! A trav&eacute;s de los gestos y las palabras del sacramento de la confirmaci&oacute;n, se os dar&aacute; el Esp&iacute;ritu Santo, que perfeccionar&aacute; vuestra conformidad a Cristo, ya iniciada en el bautismo, para haceros adultos en la fe y testigos aut&eacute;nticos e intr&eacute;pidos del Resucitado. Con la confirmaci&oacute;n, el Par&aacute;clito abre ante vosotros un camino de incesante redescubrimiento de la gracia de la adopci&oacute;n como hijos de Dios, que os transformar&aacute; en alegres buscadores de la Verdad. <\/p>\n<p align=\"left\">La Eucarist&iacute;a, alimento de vida inmortal, que gustar&eacute;is por primera vez dentro de poco, os dispondr&aacute; a amar y servir a vuestros hermanos, y os har&aacute; capaces de ofrecer ocasiones de vida y esperanza, libres del dominio de la &laquo;carne &raquo; y del miedo. Si os dej&aacute;is guiar por Jes&uacute;s, podr&eacute;is experimentar concretamente en vuestra vida la maravillosa acci&oacute;n de su Esp&iacute;ritu, del que habla el ap&oacute;stol Pablo en el cap&iacute;tulo octavo de la <i>carta a los Romanos<\/i>. Convendr&iacute;a leer hoy con mayor atenci&oacute;n ese texto, cuyo contenido resulta particularmente actual en este a&ntilde;o dedicado al Esp&iacute;ritu Santo, para rendir homenaje a la acci&oacute;n que el Esp&iacute;ritu de Cristo realiza en cada uno de nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">5.<i>&nbsp;Veni, Sancte Spiritus! <\/i>Tambi&eacute;n la magn&iacute;fica secuencia, que contiene una rica teolog&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, merecer&iacute;a ser meditada, estrofa tras estrofa. Aqu&iacute; nos detendremos s&oacute;lo en la primera palabra: <i>Veni<\/i>, &iexcl;ven! Nos recuerda la <i>espera <\/i>de los Ap&oacute;stoles, despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n de Cristo al cielo. <\/p>\n<p align=\"left\">En los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, san Lucas nos los presenta reunidos en el cen&aacute;culo, en oraci&oacute;n, con la Madre de Jes&uacute;s (cf. <i>Hch <\/i>1, 14). &iquest;Qu&eacute; palabra pod&iacute;a expresar mejor su oraci&oacute;n que &eacute;sta: <i>&laquo;Veni, Sancte Spiritus<\/i>&raquo;? Es decir, la invocaci&oacute;n de aquel que al comienzo del mundo aleteaba por encima de las aguas (cf. <i>Gn <\/i>1, 2), y que Jes&uacute;s les hab&iacute;a prometido como Par&aacute;clito. <\/p>\n<p align=\"left\">El coraz&oacute;n de Mar&iacute;a y de los Ap&oacute;stoles espera su venida en esos momentos, mientras se alternan la fe ardiente y el reconocimiento de la insuficiencia humana. La piedad de la Iglesia ha interpretado y trasmitido este sentimiento en el canto del <i>&laquo;Veni, Sancte Spiritus&raquo;<\/i>. Los Ap&oacute;stoles saben que la obra que les conf&iacute;a Cristo es ardua, pero decisiva para la historia de la salvaci&oacute;n de la humanidad. &iquest;Ser&aacute;n capaces de realizarla? El Se&ntilde;or tranquiliza su coraz&oacute;n. En cada paso de la misi&oacute;n que los llevar&aacute; a anunciar y testimoniar el Evangelio hasta los lugares m&aacute;s alejados de la tierra, <i>podr&aacute;n contar con el Esp&iacute;ritu prometido por Cristo<\/i>. Los Ap&oacute;stoles, recordando la promesa de Cristo, durante los d&iacute;as que van de la Ascensi&oacute;n a Pentecost&eacute;s concentrar&aacute;n todos sus pensamientos y sentimientos en ese <i>veni<\/i>, &iexcl;ven! <\/p>\n<p align=\"left\">6.<i>&nbsp;Veni, Sancte Spiritus! <\/i>Al empezar as&iacute; su invocaci&oacute;n al Esp&iacute;ritu Santo, la Iglesia hace suyo el contenido de la oraci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles reunidos con Mar&iacute;a en el cen&aacute;culo; m&aacute;s a&uacute;n, la prolonga en la historia y la actualiza siempre. <i><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Veni, Sancte Spiritus! As&iacute; contin&uacute;a repitiendo en cada rinc&oacute;n de la tierra con el mismo ardor, firmemente consciente de que debe permanecer idealmente en el cen&aacute;culo, en perenne espera del Esp&iacute;ritu. Al mismo tiempo, sabe que debe salir del cen&aacute;culo a los caminos del mundo, con la tarea siempre nueva de dar testimonio del misterio del Esp&iacute;ritu. <font face=\"Times New Roman\"> <i><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">Veni, Sancte Spiritus! Oremos as&iacute; con Mar&iacute;a, santuario del Esp&iacute;ritu Santo, morada precios&iacute;sima de Cristo entre nosotros, para que nos ayude a ser templos vivos del Esp&iacute;ritu y testigos incansables del Evangelio. <i><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Veni, Sancte Spiritus! Veni, Sancte Spiritus! Veni, Sancte Spiritus! &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\"> <font face=\"Times New Roman\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font> <\/font> <\/span> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOMINGO DE PENTECOST&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II31 de mayo de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;Credo in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: Creo en el Esp&iacute;ritu Santo, Se&ntilde;or y dador de vida. 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