{"id":40185,"date":"2016-10-05T23:37:33","date_gmt":"2016-10-06T04:37:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1998-clausura-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:33","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:33","slug":"14-de-mayo-de-1998-clausura-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1998-clausura-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"14 de mayo de 1998, Clausura de la Asamblea especial para Asia del S\u00ednodo de los obispos"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font><br \/>\n<span lang=\"es\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>&nbsp;DURANTE LA MISA DE CLAUSURA <br \/>DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ASIA <br \/>DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS <\/b> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><\/p>\n<p>Jueves 14 de mayo de 1998<\/font><\/i><\/font><\/span><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><span lang=\"es\">1.&nbsp;&laquo;<i>Iubilate Deo, omnis terra; psalmum dicite gloriae nominis eius<\/i>&raquo; (<i>Sal<\/i>&nbsp;66, 1-2). <\/span> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">La Asamblea sinodal que est&aacute; a punto de concluir, al igual que las que he convocado como preparaci&oacute;n para el gran jubileo del a&ntilde;o 2000, desea responder a la exhortaci&oacute;n que nos dirige la liturgia de hoy: &laquo;Cantad al Se&ntilde;or toda la tierra; cantad al Se&ntilde;or, bendecid su nombre&raquo;. El salmista invita a toda la tierra a alabar a Dios, y nosotros, en este cambio de &eacute;poca que estamos viviendo, sentimos de modo especial la necesidad de darle gloria. Ese es el primer motivo por el que los obispos de la Iglesia se re&uacute;nen en las asambleas sinodales regionales y continentales. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Despu&eacute;s del S&iacute;nodo para &Aacute;frica, que se celebr&oacute; hace cuatro a&ntilde;os, en 1995 tuvo lugar la Asamblea especial para el L&iacute;bano. En oto&ntilde;o del a&ntilde;o pasado se desarrollaron los trabajos del S&iacute;nodo para Am&eacute;rica, en el que participaron representantes de los episcopados de Am&eacute;rica del norte, del centro y del sur, as&iacute; como del Caribe, para reflexionar e intercambiar ideas sobre la situaci&oacute;n de la Iglesia en sus respectivos pa&iacute;ses. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Hoy, por el contrario, concluimos el encuentro sinodal de los pastores de las comunidades eclesiales del continente asi&aacute;tico. Este S&iacute;nodo ha sido, de por s&iacute;, un c&aacute;ntico de alabanza a Dios. &iquest;No era &eacute;ste, acaso, el primer objetivo de nuestros trabajos? Hemos querido expresar, con todas nuestras actividades, la gloria que las Iglesias de ese vast&iacute;simo continente rinden a Dios, Creador y Padre, pues en todas partes del mundo el servicio de la Iglesia est&aacute; orientado al hombre vivo, que es la aut&eacute;ntica gloria de Dios. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Alaban a Dios las tierras de Asia y los oc&eacute;anos que las rodean, la cadena del Himalaya, con la cumbre m&aacute;s alta del mundo, y los enormes r&iacute;os. Cantan la gloria de Dios las ciudades ricas en tradiciones milenarias, las culturas seculares del continente con sus civilizaciones mucho m&aacute;s antiguas que la europea. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Este multiforme y silencioso homenaje al Creador encuentra su realizaci&oacute;n plena en el hombre, que da gloria a Dios de un modo propio, exclusivo e irrepetible. La experiencia sinodal muestra claramente que cuantos habitan en todas las regiones de Asia \u2014desde India hasta China, desde Jap&oacute;n hasta Indochina, desde Indonesia hasta todas las dem&aacute;s naciones, desde las alturas del T&iacute;bet hasta los desiertos de Asia central \u2014, cuando interpretan el inefable misterio de las diversas tradiciones religiosas asi&aacute;ticas plurimilenarias, tratan de expresarlo en la oraci&oacute;n y en la contemplaci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">2.&nbsp;&laquo;Os he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca &raquo; (<i>Jn <\/i>15, 16). Jes&uacute;s, en el cen&aacute;culo, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, encomienda a los Ap&oacute;stoles la tarea de proseguir su misi&oacute;n entre los hombres. Su palabra de salvaci&oacute;n, gracias a la fiel participaci&oacute;n de numerosos testigos del Evangelio, se ha difundido casi en todas las partes de la tierra, a lo largo de estos dos milenios. En el evangelio que acabamos de proclamar, el Se&ntilde;or subraya que es &eacute;l mismo quien elige y destina a sus disc&iacute;pulos para que vayan al mundo y den frutos duraderos de salvaci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Uno de &eacute;stos fue san Mat&iacute;as, cuya fiesta celebramos hoy. Despu&eacute;s de la traici&oacute;n de Judas, fue asociado a los once Ap&oacute;stoles para ser &laquo;testigo de la resurrecci&oacute;n&raquo; de Cristo. Pocas noticias nos han llegado de &eacute;l; s&oacute;lo sabemos que anunci&oacute; el Evangelio con valent&iacute;a y que muri&oacute; m&aacute;rtir. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, quien llev&oacute; el Evangelio a la India y al coraz&oacute;n de Asia fue el ap&oacute;stol Tom&aacute;s. Desde entonces hasta nuestros d&iacute;as muchos misioneros han recorrido el inmenso continente asi&aacute;tico y han emprendido su evangelizaci&oacute;n, anunciando a Jesucristo, el Verbo encarnado, que muri&oacute; en la cruz y resucit&oacute; al tercer d&iacute;a para salvar al mundo. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Esos testigos de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or han indicado caminos nuevos a los pueblos que, siguiendo sus tradiciones filos&oacute;ficas y religiosas, estaban acostumbrados a buscar el Absoluto en las profundidades del ser. Los evangelizadores siguieron el ejemplo del ap&oacute;stol Pablo, repitiendo su exhortaci&oacute;n: &laquo;Si hab&eacute;is resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba&raquo; (<i>Col <\/i>3, 1). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">3.&nbsp;Si es verdad que Dios est&aacute; en el mundo y que tiene cierta inmanencia, es ante todo verdad que es trascendente, &laquo;m&aacute;s all&aacute;&raquo; del mundo y, por consiguiente, no es posible identificarlo con &eacute;l. No hay que buscarlo en el mundo como si s&oacute;lo fuera el misterio m&aacute;s profundo de todo lo visible. Al contrario, es preciso, en primer lugar, buscarlo &laquo;arriba &raquo;: &eacute;l es el Se&ntilde;or del cielo y de la tierra. En virtud de esta trascendencia absoluta, el Hijo de Dios vino al mundo, se hizo hombre naciendo de una Virgen; vivi&oacute; y sufri&oacute; la muerte por la verdad que anunciaba. M&aacute;s a&uacute;n, en realidad, no sufri&oacute; la muerte, sino que la afront&oacute;. No quiso que ella venciera, sino que rompi&oacute; sus v&iacute;nculos y volvi&oacute; al Padre, del que hab&iacute;a salido. De este modo, Cristo se&ntilde;al&oacute; a los hombres que viven en la tierra que su destino es la uni&oacute;n con Dios: el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, s&oacute;lo puede realizarse en uni&oacute;n con su Redentor y Salvador. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">S&iacute;, en Jesucristo, el Padre cre&oacute; el mundo; en &eacute;l lo redimi&oacute;. Cristo, con su muerte y resurrecci&oacute;n, anunci&oacute; y realiz&oacute; la verdad sobre la creaci&oacute;n y la redenci&oacute;n, y la encomend&oacute; a la Iglesia, como contenido de su perenne misi&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">4.&nbsp;Jes&uacute;s transmiti&oacute; esta verdad salv&iacute;fica a los disc&iacute;pulos, junto con <i>su <\/i>mandamiento: &laquo;Amaos los unos a los otros, como yo os he amado&raquo; (<i>Jn <\/i>15, 12). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Queridos hermanos y hermanas, que hab&eacute;is formado la Asamblea especial para Asia del S&iacute;nodo de los obispos, hoy el Se&ntilde;or crucificado y resucitado os repite esas palabras, renov&aacute;ndoos la invitaci&oacute;n a evangelizar vuestro continente. A vosotros, en particular, venerados hermanos en el episcopado, os dice: &laquo;Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca&raquo; (<i>Jn <\/i>15, 16). Y a todos dice: &laquo;Lo que os mando es que os am&eacute;is los unos a los otros&raquo; (<i>Jn <\/i> 15, 17). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Como Sucesor del ap&oacute;stol Pedro, tengo el honor y la alegr&iacute;a de repetir esas palabras, despu&eacute;s de haber compartido con vosotros, en los d&iacute;as pasados, la extraordinaria experiencia del S&iacute;nodo. Hemos experimentado juntos nuevamente el amor de Cristo, y juntos hemos constatado los frutos de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en Asia. La misi&oacute;n evangelizadora de la Iglesia es servicio de amor al continente asi&aacute;tico. Y, aunque la comunidad cristiana constituya s&oacute;lo &laquo;un peque&ntilde;o reba&ntilde;o&raquo; con respecto al conjunto de la poblaci&oacute;n, Dios realiza por medio de ella su plan de salvaci&oacute;n, que llevar&aacute; a cumplimiento si encuentra en todos una cooperaci&oacute;n generosa y pronta. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Amad&iacute;simos hermanos, precisamente por eso, quisiera repetiros: permaneced en el amor del Se&ntilde;or, como los sarmientos en la vid (cf. <i>Jn <\/i> 15, 5), y dar&eacute;is frutos abundantes de vida nueva entre las naciones de Asia. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">5.&nbsp;Entre los pueblos de ese gran continente no puedo menos de mencionar, en particular, a la naci&oacute;n china, que es la m&aacute;s numerosa. A vosotros, queridos hermanos y hermanas de la Iglesia cat&oacute;lica que est&aacute; en la China continental, deseo manifestaros, una vez m&aacute;s, mi afecto y la tristeza que he sentido por el hecho de que el obispo de Wanxian y su coadjutor no hayan podido venir a Roma para participar personalmente en el S&iacute;nodo. Las palabras con que monse&ntilde;or Mat&iacute;as Duan Yinming expres&oacute; su fidelidad al Sucesor de Pedro y su comuni&oacute;n con la Iglesia universal nos han conmovido. Los padres sinodales, procedentes de todos los pa&iacute;ses de Asia, siempre han considerado presentes en esp&iacute;ritu a sus hermanos chinos y albergan la esperanza de que pronto se superen las actuales dificultades, para que en una pr&oacute;xima ocasi&oacute;n esos obispos puedan reunirse con los dem&aacute;s pastores de la Iglesia. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Todos esperamos que, mientras la Rep&uacute;blica Popular China se abre cada vez m&aacute;s al resto del mundo, tambi&eacute;n a la Iglesia en China se le permita tener mayor contacto con la Iglesia universal. Pidamos al Esp&iacute;ritu Santo que derrame sus dones sobre los fieles chinos y los gu&iacute;e hacia la verdad completa (cf.<i>&nbsp;Jn <\/i>16, 13), para que el anuncio del Evangelio en China, aun entre numerosos sufrimientos, d&eacute; abundantes frutos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">6.&nbsp;En la liturgia del tiempo pascual nos acompa&ntilde;a la lectura de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles, <\/i>que nos ayuda a comprender que tambi&eacute;n en nuestro tiempo la Iglesia sigue a&ntilde;adiendo nuevos cap&iacute;tulos a la historia de la salvaci&oacute;n. Como san Lucas redact&oacute; los <i>Hechos <\/i>para que las futuras generaciones de cristianos no olvidaran su origen apost&oacute;lico, as&iacute; tambi&eacute;n nosotros, con esta Asamblea sinodal, hemos escrito una nueva p&aacute;gina de vida eclesial en el continente asi&aacute;tico en nuestro siglo. Esta p&aacute;gina se a&ntilde;ade, en cierto sentido, al relato de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Extendiendo la mirada a toda Asia, los trabajos sinodales nos han permitido constatar c&oacute;mo el Evangelio ha arraigado en ese gran continente a lo largo de los &uacute;ltimos dos mil a&ntilde;os. Ciertamente, por su n&uacute;mero, los cristianos siguen siendo una minor&iacute;a en &eacute;l, y esa situaci&oacute;n constituye para ellos un desaf&iacute;o constante, que estimula a la Iglesia a dar su testimonio con particular valent&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo olvidar que Jes&uacute;s naci&oacute; en la singular encrucijada del mundo donde Asia confina con &Aacute;frica y Europa? Vino al mundo para todos los continentes, pero para Asia de modo especial; y, por eso, Asia podr&iacute;a reclamar un derecho de prioridad. Cristo vivi&oacute; en una parte de Asia. All&iacute; realiz&oacute; la obra de la redenci&oacute;n del mundo; all&iacute; instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a y los dem&aacute;s sacramentos; all&iacute; resucit&oacute; de entre los muertos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">7.&nbsp;&laquo;Durante todo el tiempo que convivi&oacute; con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el d&iacute;a en que ascendi&oacute; al cielo&raquo; (cf. <i>Hch <\/i>1, 21-22), el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, que naci&oacute; en Asia, sembr&oacute; en ese continente la semilla de la salvaci&oacute;n para todos los pueblos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Al final del segundo milenio, prosigue el camino de los sucesores de los Ap&oacute;stoles en todas las partes del continente asi&aacute;tico, donde anuncian la misma verdad y lo hacen con el mismo celo apost&oacute;lico y misionero, repitiendo y testimoniando: &laquo;Jesucristo es el Salvador&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, continuad esta misi&oacute;n de amor y servicio en Asia. Que os sostenga la maternal protecci&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y del pueblo asi&aacute;tico; y que intercedan por vosotros los m&aacute;rtires, los santos y los beatos de Asia. Permaneced fieles al amor de Cristo, que os ha llamado y destinado a ser sus disc&iacute;pulos, &laquo;para que vay&aacute;is y deis fruto y que vuestro fruto dure&raquo; (<i>Jn <\/i>15, 16) <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Am&eacute;n. <\/span> <\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><span lang=\"es\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/span><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;DURANTE LA MISA DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ASIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS Jueves 14 de mayo de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Iubilate Deo, omnis terra; psalmum dicite gloriae nominis eius&raquo; (Sal&nbsp;66, 1-2). La Asamblea sinodal que est&aacute; a punto de concluir, al igual que las que he &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1998-clausura-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab14 de mayo de 1998, Clausura de la Asamblea especial para Asia del S\u00ednodo de los obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40185","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40185","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40185"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40185\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}