{"id":40188,"date":"2016-10-05T23:37:38","date_gmt":"2016-10-06T04:37:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1998-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-esteban-protomartir\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:38","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:38","slug":"26-de-abril-de-1998-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-esteban-protomartir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1998-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-esteban-protomartir\/","title":{"rendered":"26 de abril de 1998, Visita pastoral a la parroquia romana de San Esteban protom\u00e1rtir"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA<br \/>DE SAN ESTEBAN PROTOM&Aacute;RTIR <\/font> <\/span> <\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <b><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"+1\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/i><\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><i><b><font size=\"+1\" color=\"#663300\"> DE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Domingo<\/font><\/i><\/span><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><i> 26 de abril de 1998<\/i><\/font><\/span><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\"><span lang=\"es\">1.&nbsp;&laquo;Es el Se&ntilde;or&raquo; (<i>Jn <\/i>21, 7). Esta exclamaci&oacute;n del ap&oacute;stol Juan pone de relieve la intensa emoci&oacute;n que experimentaron los disc&iacute;pulos al reconocer a Jes&uacute;s resucitado, que se les aparec&iacute;a por tercera vez a orillas del mar de Tiber&iacute;ades. <\/span> <\/font><\/p>\n<p><span lang=\"es\">Juan se hace portavoz de los sentimientos de Pedro y de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles ante la presencia del Se&ntilde;or resucitado. Despu&eacute;s de una larga noche de soledad y fatiga, llega el alba y su aparici&oacute;n cambia radicalmente todas las cosas: la luz vence a la oscuridad, el trabajo infructuoso se convierte en pesca f&aacute;cil y abundante, el cansancio y la soledad se transforman en alegr&iacute;a y paz. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Desde entonces, esos mismos sentimientos animan a la Iglesia. Aunque a una mirada superficial pueda parecer a veces que triunfan las tinieblas del mal y la fatiga de la vida diaria, la Iglesia sabe con certeza que sobre quienes siguen a Cristo resplandece ahora la luz inextinguible de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrecci&oacute;n infunde en el coraz&oacute;n de los creyentes una &iacute;ntima alegr&iacute;a y una esperanza renovada. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">2.&nbsp;El libro de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, que la liturgia nos hace releer durante este tiempo pascual, describe la vitalidad misionera, llena de alegr&iacute;a, que animaba a la comunidad cristiana de los or&iacute;genes, aun en medio de todo tipo de dificultades y obst&aacute;culos. Esa misma vitalidad se ha prolongado a lo largo de los siglos gracias a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo y a la cooperaci&oacute;n d&oacute;cil y generosa de los creyentes. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Leemos hoy en la primera lectura: &laquo;Testigo de esto somos nosotros y el Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (<i>Hch <\/i>5, 32). El Esp&iacute;ritu Santo vivifica el compromiso apost&oacute;lico de los disc&iacute;pulos de Cristo, sosteni&eacute;ndolos en sus pruebas, ilumin&aacute;ndolos en sus opciones y asegurando eficacia a su anuncio del misterio pascual. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">3.<i>&nbsp;&iexcl;En verdad, Cristo ha resucitado! &iexcl;Aleluya! <\/i>Tambi&eacute;n hoy la Iglesia sigue proponiendo el mismo anuncio gozoso. <i>&laquo;&iexcl;En verdad, Cristo ha resucitado!&raquo;<\/i>: estas palabras son un grito de alegr&iacute;a y una invitaci&oacute;n a la esperanza. Si Cristo ha resucitado, observa san Pablo, nuestra fe no es vana. Si hemos muerto con Cristo, tambi&eacute;n hemos resucitado con &eacute;l; por tanto, ahora debemos <\/span> <i><span lang=\"es\">vivir como resucitados. <\/span> <\/i><\/p>\n<p><span lang=\"es\">Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Esteban protom&aacute;rtir, os saludo a todos con afecto. Mi presencia en medio de vosotros es una continuaci&oacute;n ideal de la visita que mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pablo &nbsp;VI, realiz&oacute; a vuestra comunidad, con ocasi&oacute;n de la Pascua de 1966, hace treinta y dos a&ntilde;os. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Saludo cordialmente al cardenal vicario, al monse&ntilde;or vicegerente, a vuestro celoso p&aacute;rroco, monse&ntilde;or Vincenzo Vigorito, y a todos los que colaboran con &eacute;l en la gu&iacute;a de la comunidad parroquial. Dirijo un saludo particular a cuantos, sobre todo en este &uacute;ltimo per&iacute;odo, est&aacute;n comprometidos en la misi&oacute;n ciudadana. Quisiera animarlos a proseguir en este esfuerzo misionero, anunciando y testimoniando, con todos los medios y en todos los ambientes, el Evangelio que renueva la existencia del hombre. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Todos tienen necesidad de esta Palabra que salva; a todos la lleva personalmente el Se&ntilde;or resucitado. Queridos fieles, comunicad este mensaje de esperanza a cuantos encontr&aacute;is en las casas, en las escuelas, en las oficinas y en los lugares de trabajo. Acercaos, sobre todo, a los que est&aacute;n solos, a los que atraviesan un momento de sufrimiento y se hallan en condiciones precarias, a los enfermos y a los marginados. Proclamad a todos y a cada uno: &iexcl;En verdad, Cristo ha resucitado! <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">4.&nbsp;De este modo, vuestra comunidad que, como muchas otras parroquias romanas, es de reciente creaci&oacute;n y ya posee una historia densa de problemas sociales y humanos, ser&aacute; cada vez m&aacute;s un lugar de solidaridad y encuentro, de alegr&iacute;a y fortalecimiento espiritual. Eso es lo que vuestra parroquia ha querido ser desde que naci&oacute;, en 1953, por obra de los padres pasionistas. En los dos decenios siguientes, la comunidad ha crecido notablemente, gracias a la llegada de muchos inmigrantes procedentes, sobre todo, de las zonas del centro y del sur de Italia. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Muchas personas se trasladaron a Roma durante esos a&ntilde;os en b&uacute;squeda de fortuna, apart&aacute;ndose necesariamente de las tradiciones y de los valores de sus ciudades. Hay entre vosotros quien recuerda las dificultades de los comienzos, con sus relativos problemas humanos y sociales, cuando los arcos del acueducto se transformaron en lugares de refugio para tantas familias de inmigrantes. La parroquia trat&oacute; de dar respuestas concretas a esas situaciones dif&iacute;ciles, seg&uacute;n sus posibilidades, mostrando siempre gran valent&iacute;a y generosidad pastoral. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">El mismo Papa Pablo VI, que qued&oacute; impresionado por la situaci&oacute;n de pobreza que encontr&oacute; aqu&iacute;, sostuvo personalmente varias iniciativas, entre las que figura la creaci&oacute;n de un centro sociosanitario. Para ayudar a los habitantes de Tor Fiscale vinieron despu&eacute;s, providencialmente, las religiosas Hijas de Cristo Rey, que fundaron una escuela y una guarder&iacute;a. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Y no puedo menos de recordar a la querid&iacute;sima madre Teresa de Calcuta, que abri&oacute; aqu&iacute; su primera casa en Europa, transformada ahora en comunidad de formaci&oacute;n de los Misioneros de la Caridad. 5.&nbsp;Gracias a Dios, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os la situaci&oacute;n ha mejorado notablemente, despu&eacute;s de la construcci&oacute;n de nuevos asentamientos en Tor Bella Monaca y en Nueva Ostia. Pero permanecen algunos n&uacute;cleos de pobreza y soledad; preocupan la carencia de viviendas, el desempleo, especialmente juvenil, la deserci&oacute;n escolar y las plagas de la droga, de la delincuencia y de la prostituci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Frente a todo esto, no sois indiferentes. S&eacute; bien que os compromet&eacute;is generosamente, con gestos de valiente solidaridad, a llevar el anuncio de Cristo. El Papa, hoy en medio de vosotros, quiere sosteneros con su presencia en esta dif&iacute;cil, pero exaltante, misi&oacute;n apost&oacute;lica y misionera. Mirad a Cristo: &eacute;l es la vida que no muere. Esta vida la da a todo el que se dirige a &eacute;l con fe sincera. Sed testigos y promotores de esta vida, poniendo los valores del Evangelio como cimiento de una sociedad m&aacute;s justa y solidaria. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Yo estoy aqu&iacute; hoy tambi&eacute;n para felicitaros y animaros. Para animar a los sacerdotes y a las religiosas, que prodigan aqu&iacute; sus energ&iacute;as; y a los laicos comprometidos que aqu&iacute;, come en tantas otras zonas de la periferia de Roma, muy a menudo abandonadas a s&iacute; mismas, han dado y siguen dando un valioso testimonio de amor y atenci&oacute;n a la vida humana en todas sus fases. Quiero alentar, sobre todo, a cuantos se dedican con perseverancia a transmitir los valores de la fe a sus hermanos, en particular a los &uacute;ltimos y a los marginados. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">6.&nbsp;&laquo;Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabidur&iacute;a, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza &raquo; (<i>Ap <\/i>5, 12). <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">En este tercer domingo de Pascua, hagamos nuestras las palabras de la liturgia celestial, que refiere el <i>Apocalipsis<\/i>. Mientras contemplamos la gloria del Resucitado, pidamos al Se&ntilde;or que conceda a vuestra comunidad un futuro m&aacute;s sereno y rico en esperanza. <\/span> <\/p>\n<p><span lang=\"es\">Que el Se&ntilde;or ayude a cada uno a tomar mayor conciencia de su misi&oacute;n al servicio del Evangelio. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, Cristo resucitado os d&eacute; la valent&iacute;a del amor y os haga sus testigos. Os colme de su Esp&iacute;ritu para que, con toda la Iglesia, sostenidos por la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, proclam&eacute;is el himno de gloria de los redimidos: &laquo;Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder&raquo; (<i>Ap <\/i>5, 13). Am&eacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><span lang=\"es\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/span><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANADE SAN ESTEBAN PROTOM&Aacute;RTIR HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Domingo 26 de abril de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Es el Se&ntilde;or&raquo; (Jn 21, 7). Esta exclamaci&oacute;n del ap&oacute;stol Juan pone de relieve la intensa emoci&oacute;n que experimentaron los disc&iacute;pulos al reconocer a Jes&uacute;s resucitado, que se les aparec&iacute;a por tercera vez a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-abril-de-1998-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-esteban-protomartir\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab26 de abril de 1998, Visita pastoral a la parroquia romana de San Esteban protom\u00e1rtir\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40188","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40188","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40188"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40188\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40188"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40188"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40188"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}