{"id":40189,"date":"2016-10-05T23:37:39","date_gmt":"2016-10-06T04:37:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1998-funeral-del-cardenal-alberto-bovone\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:39","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:39","slug":"20-de-abril-de-1998-funeral-del-cardenal-alberto-bovone","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1998-funeral-del-cardenal-alberto-bovone\/","title":{"rendered":"20 de abril de 1998, Funeral del cardenal Alberto Bovone"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><b>MISA DE FUNERAL EN SUFRAGIO DEL CARDENAL ALBERTO BOVONE<\/b><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/><\/font><\/i><br \/><\/b> <i>Lunes 20 de abril de 1998<\/i><\/font><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><span lang=\"es\">1.&nbsp;&laquo;Padre, en tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Lc <\/i>23, 46). Las palabras de Jes&uacute;s, su &uacute;ltima invocaci&oacute;n al Padre desde la cruz, nos gu&iacute;an en la meditaci&oacute;n y en la oraci&oacute;n, mientras nos hallamos reunidos aqu&iacute;, en la bas&iacute;lica vaticana, para celebrar el sagrado rito de sufragio por el venerado hermano cardenal Alberto Bovone, que falleci&oacute; el viernes pasado. Creado cardenal en v&iacute;speras del tiempo de Cuaresma, parti&oacute; hacia la Jerusal&eacute;n celestial, despu&eacute;s de una dolorosa enfermedad, al final de la octava de Pascua, anticipaci&oacute;n en el tiempo del d&iacute;a sin ocaso de la eternidad. <\/span> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Su &uacute;ltima Pascua la vivi&oacute; como cardenal, y la Providencia le pidi&oacute; de inmediato el testimonio definitivo, a fin de que la calidad probada de su fe, de acuerdo con las palabras del ap&oacute;stol Pedro, se convirtiera en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la revelaci&oacute;n de Jesucristo (cf. <i>1 P <\/i>1, 7). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">El misterio de la Pascua lo configur&oacute; plenamente a su Se&ntilde;or, por el que entreg&oacute; su vida, amando hasta el fin a la Iglesia y a cuantos, en ella, hab&iacute;an sido encomendados a su cuidado de pastor sol&iacute;cito y bueno. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">2.&nbsp;La muerte de Jes&uacute;s en la cruz abre a cada hombre que viene a este mundo, y que de este mundo parte, un oc&eacute;ano de esperanza. &laquo;Expir&oacute;&raquo;, dice el evangelista (<i>Lc <\/i>23, 46; cf. <i>Jn <\/i>19, 30). Este &uacute;ltimo suspiro de Cristo es el centro de la historia, que precisamente en virtud de &eacute;l es historia de la salvaci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Al expirar Jes&uacute;s en la cruz, Dios, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, se entreg&oacute; totalmente a la humanidad, venciendo el pecado y la muerte. Esa respiraci&oacute;n humana que se acababa era sacramento del inagotable Esp&iacute;ritu de vida, que al tercer d&iacute;a resucit&oacute; al Hijo del hombre, al &laquo;testigo fiel&raquo;, haci&eacute;ndolo &laquo;primog&eacute;nito de entre los muertos&raquo; (<i>Ap <\/i>1, 5). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Quien muere en el Se&ntilde;or es &laquo;feliz ya desde ahora&raquo; (cf. <i>Ap <\/i>14, 13), porque une su expirar al de Cristo, con la esperanza segura de que &laquo;quien resucit&oacute; al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, tambi&eacute;n nos resucitar&aacute; con Jes&uacute;s y nos presentar&aacute; ante &eacute;l&raquo; (<i>2&nbsp;Co <\/i>4, 14). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">3.&nbsp;&laquo;Dichosos los muertos que mueren en el Se&ntilde;or&raquo; (<i>Ap <\/i>14, 13). La sagrada Escritura nos recuerda que para <i>morir en el Se&ntilde;or <\/i>es preciso <i>vivir en el Se&ntilde;or<\/i>, confiando diariamente, momento a momento, en su gracia y esforz&aacute;ndose por corresponder a ella con todas las fuerzas. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Vivir en el Se&ntilde;or. &iexcl;C&oacute;mo no dar gracias a Dios en este momento, mientras el coraz&oacute;n sufre por la muerte de este venerado hermano nuestro, por <i>el testimonio de fidelidad <\/i>que nos deja! Durante su vida nos dio un ejemplo luminoso de d&oacute;cil seguimiento de Cristo. S&iacute;, esta eucarist&iacute;a que celebramos juntos es, ante todo, acci&oacute;n de gracias por el don de un cristiano y un pastor que con gran discreci&oacute;n edific&oacute; la Iglesia, en los diferentes encargos que se le confiaron, sobre todo en la Curia romana. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">4.&nbsp;En efecto, fue precisamente en el &aacute;mbito de la Curia donde comenz&oacute; en el a&ntilde;o 1951 su servicio, que prosigui&oacute;, ininterrumpidamente, hasta su muerte. Su profunda y equilibrada formaci&oacute;n espiritual, apost&oacute;lica y doctrinal, y m&aacute;s a&uacute;n sus virtudes de fiel laboriosidad y de cordial apertura, as&iacute; como su sabidur&iacute;a, le permitieron prestar durante muchos a&ntilde;os una valiosa colaboraci&oacute;n primero en la Congregaci&oacute;n del Concilio, que m&aacute;s tarde se convirti&oacute; en Congregaci&oacute;n para el clero y, sucesivamente, en la Congregaci&oacute;n para la doctrina de la fe, de la que yo mismo lo nombr&eacute; secretario en el a&ntilde;o 1984, elev&aacute;ndolo a la dignidad de arzobispo. A lo largo de once a&ntilde;os fue un eficaz colaborador del cardenal Ratzinger, que lo consagr&oacute; obispo y le dispens&oacute; un afecto realmente fraterno. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Concluy&oacute; su servicio a la Sede apost&oacute;lica como prefecto de la Congregaci&oacute;n para las causas de los santos, dicasterio importante para la vida de la Iglesia, cuya finalidad esencial es vivir y testimoniar en cada momento la santidad de Dios. Estoy seguro de que la entrega al Evangelio y el anhelo de santidad, que su peculiar ministerio de este &uacute;ltimo per&iacute;odo le permiti&oacute; intensificar examinando la vida de tantos siervos de Dios y beatos, hoy encuentran ante el Padre el cumplimiento que todo bautizado espera constantemente. Ojal&aacute; que ahora, en el cielo, salgan a su encuentro los beatos y los santos que aqu&iacute;, en la tierra, &eacute;l contribuy&oacute; a que fueran reconocidos, y lo introduzcan en el gozo del para&iacute;so. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">5.&nbsp;Queremos unir, con ese fin, nuestra oraci&oacute;n, reconociendo que, a pesar de las imperfecciones humanas siempre presentes en la vida de quien es peregrino aqu&iacute; abajo, nuestro venerado hermano el cardenal Bovone fue un sacerdote de fe cristalina, alimentada con una oraci&oacute;n constante. Una espiritualidad s&oacute;lida, arraigada en la educaci&oacute;n que recibi&oacute; en la familia, en la parroquia y en el seminario, lo sostuvo en el fiel ejercicio del ministerio sacerdotal, y le permiti&oacute; realizar un admirable equilibrio entre el trabajo en la Curia y la actividad pastoral. Esta riqueza de dones del Se&ntilde;or, que supo aprovechar tan bien durante su peregrinaci&oacute;n terrena, hace pensar en los aromas que las mujeres, disc&iacute;pulas de Jes&uacute;s, llevaban consigo, seg&uacute;n las palabras del evangelista, al acudir al sepulcro muy de ma&ntilde;ana (cf. <i>Lc <\/i> 24, 1). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">6.&nbsp;El cardenal Bovone, sin embargo, con su modestia caracter&iacute;stica, no exenta de sano humorismo, nos invita a no detenernos en su persona, sino m&aacute;s bien a dirigir nuestra mirada al misterio: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que est&aacute; vivo? No est&aacute; aqu&iacute;, ha resucitado &raquo; (<i>Lc <\/i>24, 5-6). Al final de la octava de Pascua, del &laquo;d&iacute;a que hizo el Se&ntilde;or&raquo;, nos invita, como bautizado, como pastor y como cardenal, a hacer nuestras las palabras del ap&oacute;stol Pedro: &laquo;Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la resurrecci&oacute;n de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible&raquo; (<i>1 P <\/i>1, 3-4). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Nuestra vida est&aacute; en las manos del Se&ntilde;or, siempre, en cada instante, y sobre todo en el momento de la muerte. &laquo;Padre, en tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&raquo;. Por esto, nuestro hermano nos pide que lo acompa&ntilde;emos con la oraci&oacute;n, mientras realiza el paso de este mundo al Padre. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Ojal&aacute; que, sostenido por la maternal intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, &laquo;alcance la meta de su fe, la salvaci&oacute;n de su alma &raquo; (cf. <i>1 P <\/i>1, 9). Que &laquo;rebose de alegr&iacute;a inefable y gloriosa&raquo; (cf. <i>1 P <\/i>1, 8), contemplando finalmente, y para siempre, a Aquel que am&oacute; en la tierra sin verlo: a Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or, al que sea gloria y alabanza por los siglos eternos. Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE FUNERAL EN SUFRAGIO DEL CARDENAL ALBERTO BOVONE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Lunes 20 de abril de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Padre, en tus manos encomiendo mi esp&iacute;ritu&raquo; (Lc 23, 46). 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