{"id":40190,"date":"2016-10-05T23:37:42","date_gmt":"2016-10-06T04:37:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-abril-de-1998-inauguracion-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:42","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:42","slug":"19-de-abril-de-1998-inauguracion-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-abril-de-1998-inauguracion-de-la-asamblea-especial-para-asia-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"19 de abril de 1998, Inauguraci\u00f3n de la Asamblea especial para Asia del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<\/p>\n<p><center> <\/p>\n<p><b><i> <font size=\"4\" color=\"#663300\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA MISA DE INAUGURACI&Oacute;N <br \/>DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ASIA <br \/>DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS <\/font> <\/i><\/b><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>II Domingo de Pascua, 19 de abril de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;Lo que veas escr&iacute;belo en un libro, y env&iacute;aselo a las siete iglesias&raquo; (<i>Ap <\/i>1, 11). Estas palabras del libro del <i>Apocalipsis <\/i>son muy actuales. En efecto, todas las Iglesias a las que se refieren estaban situadas en Asia. Y nosotros estamos reunidos aqu&iacute;, esta ma&ntilde;ana, para inaugurar, con una solemne liturgia eucar&iacute;stica, la <i>Asamblea especial para Asia del S&iacute;nodo de los obispos. <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Los obispos del continente asi&aacute;tico, junto con representantes de otras comunidades eclesiales, se han reunido en Roma para esta importante cita. El fruto de los trabajos sinodales se recoger&aacute; despu&eacute;s en un libro, que constituir&aacute; el documento postsinodal destinado a todas las Iglesias de Asia. En &eacute;l se &laquo;escribir&aacute;&raquo; lo que el Esp&iacute;ritu sugerir&aacute;, de modo an&aacute;logo a cuanto, al final del primer siglo despu&eacute;s de Cristo, hizo Juan, dirigiendo el <i>Apocalipsis <\/i>a las comunidades cristianas presentes entonces en Asia. <\/p>\n<p align=\"left\">En &eacute;xtasis, mientras se encontraba en la isla de Patmos, oy&oacute; una voz potente (cf. <i>Ap <\/i>1, 10) que le ordenaba escribir las cosas que ve&iacute;a, para enviarlas despu&eacute;s a las Iglesias de Asia. Juan refiere que era la voz del Hijo del hombre, que se le present&oacute; en su gloria. Lo vio y cay&oacute; a sus pies como muerto. Cristo puso su mano sobre &eacute;l y le dijo: &laquo;No temas: yo soy el primero y el &uacute;ltimo, yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos; y tengo las llaves de la muerte y del infierno. Escribe, pues, lo que veas: lo que est&aacute; sucediendo y lo que ha de suceder m&aacute;s tarde &raquo; (<i>Ap <\/i> 1, 17-19). <\/p>\n<p align=\"left\">Venerados hermanos de las Iglesias de Asia, estas mismas palabras se dirigen, en cierto sentido, tambi&eacute;n a nosotros. Durante los trabajos del S&iacute;nodo, debemos escribir lo que testimoniaremos. Como sucesores de los Ap&oacute;stoles, estamos llamados a anunciar a Cristo crucificado y resucitado. En efecto, la verdad con que avanzamos hacia el tercer milenio es esta: &laquo;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&raquo; (<i>Hb <\/i>13, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">2. Inauguramos esta Asamblea sinodal el segundo domingo de Pascua. La liturgia recuerda hoy lo que sucedi&oacute; en el cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, el domingo despu&eacute;s de la Resurrecci&oacute;n, cuando Cristo se apareci&oacute; de nuevo a los Ap&oacute;stoles, <i>esta vez en presencia de Tom&aacute;s<\/i>. En efecto, ya se hab&iacute;a producido una aparici&oacute;n ocho d&iacute;as antes, pero Tom&aacute;s no estaba y, cuando los dem&aacute;s le dijeron: &laquo;Hemos visto al Se&ntilde;or&raquo;, no quiso creer y les contest&oacute;: &laquo;Si no veo en sus manos la se&ntilde;al de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 25). <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Tom&aacute;s, el incr&eacute;dulo! Precisamente por &eacute;l Cristo se apareci&oacute; ocho d&iacute;as m&aacute;s tarde en el cen&aacute;culo, entrando a pesar de que estaban las puertas cerradas. Dijo a los que estaban all&iacute;: &laquo;Paz a vosotros &raquo;, y luego, dirigi&eacute;ndose a Tom&aacute;s: &laquo;Trae tu dedo, aqu&iacute; tienes mis manos; trae tu mano y m&eacute;tela en mi costado; y no seas incr&eacute;dulo, sino creyente&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 27). Tom&aacute;s pronunci&oacute; entonces las palabras que expresan toda la fe de la Iglesia apost&oacute;lica: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o!&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 28). Y Cristo afirm&oacute;: &laquo;&iquest;Porque me has visto has cre&iacute;do? Dichosos los que crean sin haber visto&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 29). <\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Dichosos los que crean sin haber visto&raquo;. Los Ap&oacute;stoles fueron testigos oculares de la vida, la pasi&oacute;n, la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo. Despu&eacute;s de ellos, los dem&aacute;s, que no han podido ver todo eso con sus propios ojos, deber&aacute;n aceptar la verdad transmitida por los primeros testigos, para convertirse a su vez en testigos. La fe de la Iglesia se transmite y vive gracias a esta <i>cadena de testigos <\/i>que se prolonga de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. As&iacute;, desde el cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, la Iglesia se ha extendido por todos los pa&iacute;ses y todos los continentes. <\/p>\n<p align=\"left\">Seg&uacute;n una tradici&oacute;n muy antigua, <i>el Evangelio fue llevado a la India por santo Tom&aacute;s, <\/i>el ap&oacute;stol al que Jes&uacute;s dijo: &laquo;Porque me has visto has cre&iacute;do&raquo;. Tom&aacute;s, que ya no era incr&eacute;dulo sino que estaba convencido de la resurrecci&oacute;n de su Se&ntilde;or, transmiti&oacute; a muchas otras personas la certeza expresada en su confesi&oacute;n de fe: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o!&raquo;. Su fe sigue viva en la India y en Asia. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos en el episcopado, congregados aqu&iacute;, la Iglesia que represent&aacute;is, edificada sobre los cimientos de los Ap&oacute;stoles, se re&uacute;ne en Roma hoy, en el umbral del tercer milenio, para los trabajos sinodales, con el fin de transmitir a las generaciones futuras el mismo testimonio de Cristo que dieron los Ap&oacute;stoles, el mismo testimonio que dio Tom&aacute;s hace casi veinte siglos. <\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;Jesucristo, el Salvador, y su misi&oacute;n de amor y servicio en Asia: &quot;para que tengan vida y la tengan en abundancia&quot; (<i>Jn <\/i>10, 10)&raquo;. Este es el tema de la Asamblea especial del S&iacute;nodo de los obispos que inauguramos hoy con esta solemne celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Este tema nos invita a dirigir nuestra mirada a Cristo, de cuyo coraz&oacute;n traspasado brota la fuente inagotable de vida eterna que vivifica nuestra existencia humana. Esta Asamblea sinodal es un tiempo providencial de gracia para todo el pueblo cristiano, y especialmente para los fieles de Asia, que est&aacute;n llamados a un nuevo impulso misionero. Para que este &laquo;tiempo&raquo; favorable resulte verdaderamente fruct&iacute;fero, hay que presentar una vez m&aacute;s la figura de Jes&uacute;s y su misi&oacute;n salv&iacute;fica en todo su esplendor. En los labios de todos debe resonar con renovada conciencia la profesi&oacute;n de fe del ap&oacute;stol Tom&aacute;s: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o!&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, s&oacute;lo manteniendo su mirada fija en Cristo la Iglesia puede responder adecuadamente a las esperanzas y desaf&iacute;os del continente asi&aacute;tico, as&iacute; como a los del resto del mundo. El impulso de la nueva evangelizaci&oacute;n con vistas al tercer milenio exige un conocimiento cada vez m&aacute;s profundo de Jes&uacute;s y una fidelidad inquebrantable a su Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Al mismo tiempo, la nueva evangelizaci&oacute;n requiere <i>una atenci&oacute;n respetuosa y un sano discernimiento con respecto a las &laquo;realidades asi&aacute;ticas&raquo;<\/i>. Este vasto continente, rico en historia y sabidur&iacute;a antigua, llega al umbral del a&ntilde;o 2000 con la gran variedad de sus pueblos, sus culturas, sus tradiciones y sus religiones. <\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">Junto a la herencia de antiguas civilizaciones, vemos los signos de un progreso tecnol&oacute;gico y econ&oacute;mico muy avanzado. Existe una notable diferencia entre pueblos, culturas y estilos de vida. Y, sin embargo, ha habido una larga tradici&oacute;n de convivencia pac&iacute;fica y tolerancia mutua. Casi en todas partes se aprecia el esfuerzo por alcanzar el progreso humano, y aunque no faltan dificultades y motivos de preocupaci&oacute;n, tambi&eacute;n pueden verse notables signos de esperanza. Las antiguas culturas del continente, con su reconocida sabidur&iacute;a, ofrecen bases s&oacute;lidas para construir el Asia del futuro. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo podemos ignorar el hecho de que <i>m&aacute;s de tres quintas partes de los habitantes del mundo est&aacute;n en Asia, <\/i>y que una parte importante de ellos son j&oacute;venes? A esta vasta porci&oacute;n de la humanidad de nuestro tiempo, que vive en el continente asi&aacute;tico, debemos llevarle con entusiasmo y vigor el anuncio pascual que resuena en la liturgia de hoy: &laquo;Hemos contemplado, oh Dios, las maravillas de tu amor&raquo; (<i>Salmo responsorial<\/i>); &laquo;Hemos visto al Se&ntilde;or&raquo; (<i>Evangelio<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\">6. Queridos hermanos y hermanas, la primera lectura, tomada de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, habla del fervor que un&iacute;a a la comunidad primitiva y de su actividad misionera, que asombraba al pueblo (cf. <i>Hch <\/i>5, 12-13). Ojal&aacute; que sea un modelo para nosotros, que hemos sido convocados por el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or a esta Asamblea especial del S&iacute;nodo. <\/p>\n<p align=\"left\">Nos preguntamos: <i>&iquest;qu&eacute; debemos hacer para anunciar y dar testimonio de Cristo a los hombres y mujeres que viven en Asia? <\/i>En el umbral del a&ntilde;o 2000, &iquest;cu&aacute;l debe ser el compromiso de la Iglesia en este vasto continente, que es antiguo y, sin embargo, presenta nuevas realidades? Fundamentalmente, encontramos la respuesta en la liturgia de hoy: <i>tenemos que dar testimonio de Cristo crucificado y resucitado<\/i>, Redentor del mundo. Al mismo tiempo, hemos de proseguir, en lo que nos corresponde, la historia iniciada por los Ap&oacute;stoles: tenemos la tarea de escribir nuevos cap&iacute;tulos de testimonio cristiano en todo el mundo y, de modo particular, en Asia: desde la India hasta Indonesia, desde Jap&oacute;n hasta el L&iacute;bano, desde Corea hasta Kazajst&aacute;n, desde Vietnam hasta Filipinas, desde Siberia hasta China. Y precisamente a los cat&oacute;- licos de la China continental y a sus pastores va nuestro pensamiento en este momento. Para que ese Episcopado tambi&eacute;n pueda estar representado en esta Asamblea sinodal he invitado a tomar parte en ella, adem&aacute;s de los obispos que trabajan en la di&oacute;cesis de Hong Kong, a otros dos obispos, a saber, Mat&iacute;as Duan Yinming, obispo de Wanxian, y su coadjutor, monse&ntilde;or Jos&eacute; Xu Zhixuan. Espero que pronto puedan ocupar su lugar entre nosotros para dar testimonio de la vitalidad de esas comunidades. <\/p>\n<p align=\"left\">En este tiempo todas las Iglesias deben movilizarse, puesto que todas tienen su origen en esa din&aacute;mica comunidad de Jerusal&eacute;n, que sent&iacute;a de forma tan intensa su deber de anunciar el Evangelio. Todas nacieron de los mismos Ap&oacute;stoles, testigos de la cruz y la resurrecci&oacute;n de Cristo; los mismos Ap&oacute;stoles que, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, recibieron la luz y la fuerza necesarias para ir por todo el mundo y dar vida a nuevas comunidades de creyentes. Somos los sucesores de esos Ap&oacute;stoles, y debemos estar dispuestos a aceptar su herencia misionera. <\/p>\n<p align=\"left\">7. &laquo;Lo que veas escr&iacute;belo en un libro, y env&iacute;aselo a las siete iglesias&raquo;. Sentimos que estas palabras se dirigen de modo particular a nosotros. Durante el S&iacute;nodo queremos testimoniar <i>lo que el Esp&iacute;ritu<\/i> de Cristo dice a las Iglesias del gran continente asi&aacute;tico. Nos preguntaremos c&oacute;mo escuchan su voz, c&oacute;mo viven en la comuni&oacute;n de la palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a, y c&oacute;mo pueden impulsar la acci&oacute;n evangelizadora entre los pueblos de Asia. <\/p>\n<p align=\"left\">Queremos ponernos a la escucha de cuanto el Esp&iacute;ritu dice a las Iglesias, para que sepan anunciar a Cristo en el &aacute;mbito del hinduismo, del budismo, del sinto&iacute;smo y de todas las corrientes de pensamiento y de vida que ya estaban arraigadas en Asia antes de que llegara la predicaci&oacute;n del Evangelio. Y tambi&eacute;n queremos reflexionar juntos sobre c&oacute;mo acogen los hombres de hoy el mensaje de Cristo y c&oacute;mo contin&uacute;a hoy entre ellos la historia de la salvaci&oacute;n, y cu&aacute;l es el eco que producen en sus almas las palabras de la buena nueva. Nos preguntaremos en la oraci&oacute;n y en la escucha rec&iacute;proca c&oacute;mo Cristo, &laquo;la piedra que desecharon los arquitectos&raquo; (<i>Sal <\/i>117, 22), puede ser a&uacute;n la piedra angular para la construcci&oacute;n de la Iglesia en Asia. <\/p>\n<p align=\"left\">Todo esto a la luz de la Pascua, que inunda nuestro coraz&oacute;n de la alegr&iacute;a y de la paz del Se&ntilde;or resucitado. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;<i>Haec est dies quam fecit Dominus. Exultemus et laetemur in ea!<\/i>&raquo; (<i>Sal <\/i>117, 24). Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<center> <\/p>\n<p><font color=\"#663300\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><center> <\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA ASIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS II Domingo de Pascua, 19 de abril de 1998 &nbsp; 1. &laquo;Lo que veas escr&iacute;belo en un libro, y env&iacute;aselo a las siete iglesias&raquo; (Ap 1, 11). 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