{"id":40194,"date":"2016-10-05T23:37:48","date_gmt":"2016-10-06T04:37:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-1998-domingo-de-ramos\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:48","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:48","slug":"5-de-abril-1998-domingo-de-ramos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-1998-domingo-de-ramos\/","title":{"rendered":"5 de abril 1998, Domingo de Ramos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">XIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><\/font><\/font><\/p>\n<p><center> <\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><\/i> <font color=\"#663300\"><i>&nbsp;<br \/>Domingo de Ramos, 5 de abril&nbsp; de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;&iexcl;<i>Bendito el rey que viene en nombre del Se&ntilde;or<\/i>!&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 38).<\/p>\n<p align=\"left\">El domingo de Ramos nos hace revivir la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, cuando se acercaba la celebraci&oacute;n de la Pascua. El pasaje evang&eacute;lico nos lo ha presentado mientras entra en la ciudad rodeado por una multitud jubilosa. Puede decirse que, aquel d&iacute;a, llegaron a su punto culminante las expectativas de Israel con respecto al Mes&iacute;as. Eran expectativas alimentadas por las palabras de los antiguos profetas y confirmadas por Jes&uacute;s de Nazaret con su ense&ntilde;anza y, especialmente, con los signos que hab&iacute;a realizado.<\/p>\n<p align=\"left\">A los fariseos, que le ped&iacute;an que hiciera callar a la multitud, Jes&uacute;s les respondi&oacute;: &quot;Si estos callan, gritar&aacute;n las piedras&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 40). Se refer&iacute;a, en particular, a las paredes del templo de Jerusal&eacute;n, construido con vistas a la venida del Mes&iacute;as y reconstruido con gran esmero despu&eacute;s de haber sido destruido en el momento de la deportaci&oacute;n a Babilonia. El recuerdo de la destrucci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n del templo segu&iacute;a vivo en la conciencia de Israel, y Jes&uacute;s hac&iacute;a referencia a ese recuerdo, cuando afirmaba: &quot;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 2, 19). As&iacute; como el antiguo templo de Jerusal&eacute;n fue destruido y reconstruido, as&iacute; tambi&eacute;n el templo nuevo y perfecto del cuerpo de Jes&uacute;s deb&iacute;a morir en la cruz y resucitar al tercer d&iacute;a (cf. <i>Jn<\/i> 2, 21-22).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Al entrar en Jerusal&eacute;n, Jes&uacute;s sabe, sin embargo, que el j&uacute;bilo de la multitud lo introduce en el coraz&oacute;n del <i>&quot;misterio&quot;<\/i> de la salvaci&oacute;n. Es consciente de que va al encuentro de la muerte y no recibir&aacute; una corona real, sino una corona de espinas.<\/p>\n<p align=\"left\">Las lecturas de la celebraci&oacute;n de hoy aluden al sufrimiento del Mes&iacute;as y llegan a su punto culminante en la descripci&oacute;n que el evangelista san Lucas hace en la narraci&oacute;n de la pasi&oacute;n. Este inefable misterio de dolor y de amor lo proponen el profeta Isa&iacute;as, considerado como el evangelista del Antiguo Testamento, el Salmo responsorial y el estribillo que acabamos de cantar: &quot;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?&quot;. Lo repite san Pablo en la carta a los Filipenses, en la que se inspira la aclamaci&oacute;n que nos acompa&ntilde;ar&aacute; durante el <i>&quot;Triduo sacro&quot;: &quot;<\/i>Cristo, por nosotros, se someti&oacute; incluso a la muerte, y una muerte de cruz&quot; (cf. <i>Flp<\/i> 2, 8). En la Vigilia pascual a&ntilde;adiremos: &quot;Por eso, Dios lo levant&oacute; sobre todo, y le concedi&oacute; el nombre sobre todo nombre&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia, en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, todos los d&iacute;as conmemora la pasi&oacute;n, la muerte y la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or: &quot;Anunciamos tu muerte \u2014dicen los fieles despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n\u2014, proclamamos tu resurrecci&oacute;n. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot;.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, el domingo de Ramos se ha convertido en una esperada cita para la celebraci&oacute;n de la Jornada mundial de la juventud. El hecho de que la Iglesia dirija precisamente en este d&iacute;a su particular atenci&oacute;n a los j&oacute;venes es, de por s&iacute;, muy elocuente. Y no s&oacute;lo porque hace dos mil a&ntilde;os fueron los j&oacute;venes \u2014pueri Hebraeorum\u2014 quienes acompa&ntilde;aron con j&uacute;bilo a Cristo en su entrada triunfal en Jerusal&eacute;n; sino tambi&eacute;n, y sobre todo, porque, al cabo de veinte siglos de historia cristiana, los j&oacute;venes, guiados por su sensibilidad y por una certera intuici&oacute;n, descubren en la liturgia del domingo de Ramos un mensaje dirigido a cada uno de ellos.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes, a vosotros se os propone nuevamente hoy el mensaje de la cruz. A vosotros, que ser&eacute;is los adultos del tercer milenio, se os encomienda esta cruz que, dentro de poco, un grupo de j&oacute;venes franceses entregar&aacute; a una representaci&oacute;n de la juventud de Roma y de Italia. De Roma a Buenos Aires; de Buenos Aires a Santiago de Compostela; de Santiago de Compostela a Cz&eacute;stochowa; de Jasna G&oacute;ra a Denver; de Denver a Manila; de Manila a Par&iacute;s, esta cruz ha peregrinado con los j&oacute;venes de un pa&iacute;s a otro, de un continente a otro. Vuestra opci&oacute;n, j&oacute;venes cristianos, es clara: descubrir en la cruz de Cristo el sentido de vuestra existencia y la fuente de vuestro entusiasmo misionero.<\/p>\n<p align=\"left\">A partir de hoy peregrinar&aacute; por las di&oacute;cesis de Italia, hasta la Jornada mundial de la juventud del a&ntilde;o 2000, que se celebrar&aacute; aqu&iacute;, en Roma, con ocasi&oacute;n del gran jubileo. Luego, con la llegada del nuevo milenio, reanudar&aacute; su camino por el mundo entero, mostrando de ese modo que la cruz camina con los j&oacute;venes, y que los j&oacute;venes caminan con la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &iexcl;C&oacute;mo no dar gracias a Dios por esta singular alianza que une a los j&oacute;venes creyentes! En este momento quisiera dar las gracias a todos los que, guiando a los j&oacute;venes en esta iniciativa providencial, han contribuido a la gran peregrinaci&oacute;n de la cruz por los caminos del mundo. Recuerdo con afecto y gratitud especialmente al amad&iacute;simo cardenal Eduardo Pironio, que falleci&oacute; recientemente. Estuvo presente y presidi&oacute; muchas celebraciones de la Jornada mundial de la juventud. Que el Se&ntilde;or lo colme de las recompensas celestiales prometidas a los servidores buenos y fieles.<\/p>\n<p align=\"left\">Mientras, dentro de poco, la cruz pasar&aacute; idealmente de Par&iacute;s a Roma, permitid que el Obispo de esta ciudad exclame con la liturgia: <i>Ave crux, spes unica!<\/i> &iexcl;Te saludamos, oh cruz santa! En ti viene a nosotros aquel que en Jerusal&eacute;n, hace veinte siglos, fue aclamado por otros j&oacute;venes y por la multitud: <i>&quot;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or&quot;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Todos nos unimos a este canto, repitiendo: &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;S&iacute;! Bendito eres t&uacute;, oh Cristo, que tambi&eacute;n hoy vienes a nosotros con tu mensaje de amor y de vida. Y bendita es tu santa cruz, de la que brota la salvaci&oacute;n del mundo, ayer, hoy y siempre. <i>Ave crux! <\/i>&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Domingo de Ramos, 5 de abril&nbsp; de 1998 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &quot;&iexcl;Bendito el rey que viene en nombre del Se&ntilde;or!&quot; (Lc 19, 38). 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