{"id":40196,"date":"2016-10-05T23:37:51","date_gmt":"2016-10-06T04:37:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-celebrada-en-la-explanada-de-kubwa-abuja\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:51","slug":"viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-celebrada-en-la-explanada-de-kubwa-abuja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-celebrada-en-la-explanada-de-kubwa-abuja\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico &#8211; Nigeria: Homil\u00eda durante la misa celebrada en la explanada de Kubwa, Abuja"},"content":{"rendered":"<p><center><br \/>\n <font color=\"#663300\"><b>JUAN PABLO II<\/b> <\/font> <\/p>\n<p><b><font size=\"+1\" color=\"#663300\"><i>Homil&iacute;a durante la misa celebrada en la explanada de Kubwa, Abuja<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i>Lunes 23 de marzo 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<center><br \/>\n <font color=\"#663300\">&laquo;<b>Sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios<\/b>&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 19).<\/font><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p>1. Estas palabras de la carta de san Pablo a los Efesios asumen un significado particular aqu&iacute;, <i>en la ciudad de Abuja, nueva capital federal<\/i>. En un sentido muy real, esta ciudad quiere representar el alba de una nueva era para Nigeria y para los nigerianos, una era llena de esperanza, en la que todo ciudadano nigeriano, todo hombre y toda mujer, est&aacute; llamado a desempe&ntilde;ar un papel <i>en la construcci&oacute;n de una nueva realidad en este pa&iacute;s<\/i>. Nigeria, como toda &Aacute;frica, busca satisfacer las aspiraciones de su pueblo, superar los efectos de la pobreza, los conflictos, las guerras, la desesperaci&oacute;n, a fin de poder aprovechar bien los inmensos recursos del continente y lograr la estabilidad pol&iacute;tica y social. <i>&Aacute;frica necesita esperanza, paz, alegr&iacute;a, armon&iacute;a, amor y unidad:<\/i> es lo que afirmaron los padres de la Asamblea especial para &Aacute;frica del S&iacute;nodo de los obispos (cf. <i>Ecclesia in Africa,<\/i> 40). Eso mismo pedimos a Dios hoy en nuestra oraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Desde Abuja deseo expresar mi estima y afecto a todos los nigerianos: a vosotros, presentes en esta liturgia eucar&iacute;stica, y a cuantos la siguen a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n y la radio. Dirijo un saludo particular al arzobispo John Onaiyekan, a los dem&aacute;s obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles laicos de todas las Iglesias particulares de Nigeria y de otras partes de &Aacute;frica. Saludo a los miembros del Gobierno, a los l&iacute;deres tradicionales y a las dem&aacute;s autoridades presentes esta ma&ntilde;ana. Doy una cordial bienvenida a los miembros de las dem&aacute;s Iglesias y comunidades eclesiales cristianas, representadas en la Asociaci&oacute;n cristiana de Nigeria, y a los seguidores de las dem&aacute;s tradiciones religiosas que se han unido a nosotros, en particular a los miembros de la comunidad musulmana.<\/p>\n<p>2. Queridos hermanos y hermanas en Cristo, han pasado ya diecis&eacute;is a&ntilde;os desde mi &uacute;ltima visita a Nigeria. El calor de vuestra acogida me hace sentir, una vez m&aacute;s, en casa. Y &iquest;no estamos todos llamados a sentirnos en casa como miembros de la &uacute;nica gran familia de Dios? Esto es precisamente lo que nos dice san Pablo: somos &laquo;familiares de Dios&raquo;, o sea, <i>miembros de la familia de Dios.<\/i><\/p>\n<p><i>En el orden natural, la familia constituye el fundamento y la base de todas las comunidades y sociedades humanas.<\/i> De ese n&uacute;cleo, que es la familia, derivan los clanes, las tribus, los pueblos y los Estados; tambi&eacute;n la gran familia de las naciones africanas nace, en definitiva, de la familia humana, compuesta por marido y mujer, madre, padre e hijos.<\/p>\n<p>La cultura y la tradici&oacute;n africanas tienen en gran estima a la familia. Por eso, <i>los pueblos de &Aacute;frica se alegran por el don de la nueva vida, una vida que es concebida y nace;<\/i> rechazan espont&aacute;neamente la idea de que la vida puede ser destruida en el seno materno, incluso cuando las as&iacute; llamadas &laquo;civilizaciones avanzadas&raquo; tratan de llevarlos por esa direcci&oacute;n; muestran respeto a la vida humana hasta su t&eacute;rmino natural y reservan un lugar en el seno de la familia a los padres y parientes ancianos (cf. <i>Ecclesia in Africa,<\/i> 43). Las culturas africanas tienen un agudo sentido de la solidaridad y de la vida comunitaria, especialmente por lo que ata&ntilde;e a la gran familia y a la aldea (cf. <i>ib.<\/i>). Estos son signos que comprend&eacute;is y que cumplen las exigencias de la justicia y la integridad a las que se refiere el profeta Isa&iacute;as en la primera lectura (cf. <i>Is<\/i> 56, 1). Precisamente en las relaciones dentro de la familia y entre las familias,<i> la justicia y la integridad se convierten en una realidad inmediata y un compromiso pr&aacute;ctico.<\/i><\/p>\n<p>3. Cuando este orden natural es elevado al orden sobrenatural nos transformamos en miembros de <i>la familia de Dios<\/i> y llegamos a ser <i>templos espirituales donde mora el Esp&iacute;ritu de Dios. <\/i>Sin embargo, &iquest;c&oacute;mo puede acceder a lo sobrenatural lo que es natural? &iquest;C&oacute;mo nos convertimos en miembros de la familia de Dios y en templos sagrados para que more en nosotros el Esp&iacute;ritu de Dios?<\/p>\n<p><i>La realidad de la familia<\/i>, tal como existe en el &aacute;mbito cultural y social, <i>es elevada por la gracia a un nivel superior.<\/i> Entre los bautizados, las relaciones en el seno de la familia asumen un car&aacute;cter nuevo: se convierten en <i>una comuni&oacute;n de vida y de amor, llena de gracia,<\/i> al servicio de la comunidad m&aacute;s amplia. Adem&aacute;s, edifican <i>la Iglesia, familia de Dios<\/i> (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 6). La Iglesia, por su misi&oacute;n evangelizadora y su presencia activa en todo el mundo, da un nuevo significado al concepto mismo de familia y, en consecuencia, al concepto de naci&oacute;n como &laquo;familia de familias&raquo; y al de mundo como &laquo;familia de naciones&raquo;.<\/p>\n<p>Un signo admirable del car&aacute;cter universal de la familia de Dios, que incluye realmente a todos los pueblos, fue la beatificaci&oacute;n que celebramos ayer, en Onitsha, en honor de uno de los hijos de Nigeria, la primera ceremonia de este tipo realizada en tierra nigeriana. Constituy&oacute; una fiesta familiar para el pueblo y la naci&oacute;n nigerianos. Al mismo tiempo, fue una celebraci&oacute;n para toda la familia de Dios: <i>toda la Iglesia de Dios, esparcida por el mundo, se alegr&oacute; con la Iglesia que est&aacute; en Nigeria, y ahora ha recibido de Nigeria el edificante ejemplo de la vida y el testimonio del beato Cipriano Miguel Iwene Tansi.<\/i><\/p>\n<p>En el orden humano, el padre Tansi era hijo de este pa&iacute;s. Naci&oacute; en el Estado de Anambra. Sin embargo, en el orden sobrenatural de la gracia, se convirti&oacute; en algo m&aacute;s: <i>sin perder su &iacute;ndole original, trascendi&oacute; sus or&iacute;genes terrenos<\/i> y se transform&oacute;, como dice san Pablo, en un miembro de la &laquo;familia de Dios&raquo;, &laquo;edificado sobre el cimiento de los ap&oacute;stoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 19-20).<\/p>\n<p>Por la gracia, fue &laquo;<i>colmado de alegr&iacute;a en la casa de oraci&oacute;n<\/i>&raquo; (cf. <i>Is<\/i> 56, 7). Comprendi&oacute; que la casa de Dios es una &laquo;<i>casa de oraci&oacute;n para todos los pueblos<\/i>&raquo; (<i>Is<\/i> 56, 7). Es una casa de oraci&oacute;n para los <i>hausa, <\/i>los <i>yoruba<\/i> y los <i>igbo<\/i>. Es una casa de oraci&oacute;n para los<i> efik,<\/i> los <i>tiv,<\/i> los<i> edo,<\/i> los <i>guari,<\/i> y para <i>muchos otros pueblos,<\/i> demasiado numerosos como para citarlos aqu&iacute;, que habitan en esta tierra de Nigeria. Y no s&oacute;lo lo es para estos pueblos, sino tambi&eacute;n para todos los pueblos de &Aacute;frica, de Europa, de Asia, de Ocean&iacute;a y de Am&eacute;rica: &laquo;Mi casa se llamar&aacute; casa de oraci&oacute;n <i>para todos los pueblos<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p>4. En el evangelio de hoy, Jes&uacute;s mismo nos ense&ntilde;a c&oacute;mo se ha de entender la familia de Dios y c&oacute;mo &eacute;sta puede abarcar a todos los pueblos. Nos dice: &laquo;<i>Quien cumpla la voluntad de Dios &eacute;se es mi hermano, mi hermana y mi madre<\/i>&raquo; (<i>Mc<\/i> 3, 35).<\/p>\n<p>Con esas palabras, Jes&uacute;s revela un secreto de su reino.<\/p>\n<p>Nos habla de la relaci&oacute;n con Mar&iacute;a, su madre. Aunque Jes&uacute;s la amaba mucho por ser su madre, <i>la amaba a&uacute;n m&aacute;s porque hac&iacute;a la voluntad del Padre celestial<\/i>. En la Anunciaci&oacute;n respondi&oacute; &laquo;s&iacute;&raquo; a la voluntad de Dios, manifestada por el &aacute;ngel Gabriel (cf.<i> Lc<\/i> 1, 26-38). Comparti&oacute;, en todas sus etapas, la vida y la misi&oacute;n de su Hijo, hasta el pie de la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 19, 25). Como Mar&iacute;a, tambi&eacute;n nosotros aprendemos y aceptamos que <i>toda relaci&oacute;n humana es renovada, elevada, purificada, y recibe nuevo significado por la gracia de Cristo:<\/i> &laquo;Por &eacute;l, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Esp&iacute;ritu (&#8230;), edificados hasta ser morada de Dios en el Esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 18-22).<\/p>\n<p>Esta es la casa espiritual que los misioneros comenzaron a construir hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Nigeria tiene una gran deuda de gratitud hacia ellos por sus esfuerzos de evangelizaci&oacute;n, realizados sobre todo en las escuelas, en los hospitales y en otras &aacute;reas del servicio social. Siguiendo el ejemplo de estos intr&eacute;pidos heraldos del Evangelio, <i>la Iglesia cat&oacute;lica en Nigeria est&aacute; profundamente comprometida en la lucha por el desarrollo humano integral.<\/i> Dios ha bendecido a la Iglesia en Nigeria hasta el punto de que los misioneros nigerianos trabajan fuera de sus di&oacute;cesis, en otros pa&iacute;ses africanos y en otros continentes. Guiada por vuestros obispos y sacerdotes, toda la comunidad cat&oacute;lica debe seguir avanzando por ese camino, colaborando con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, mediante un intenso di&aacute;logo ecum&eacute;nico e interreligioso.<\/p>\n<p>Con el fin de edificar la casa espiritual de Dios, <i>la Iglesia invita a todos sus miembros a tratar siempre con compasi&oacute;n a los necesitados: <\/i>a los pobres, a los enfermos y a los ancianos, a los refugiados que se han visto obligados a huir de la violencia y de los conflictos de sus pa&iacute;ses; a los hombres, mujeres y ni&ntilde;os afectados por el sida, que sigue causando numerosas v&iacute;ctimas en este continente y en todo el mundo; a todas las personas que sufren persecuci&oacute;n, dolor y pobreza. La Iglesia ense&ntilde;a el respeto a toda persona, a toda vida humana. Predica la justicia y el amor, e insiste<i> en los deberes tanto como en los derechos:<\/i> los derechos y deberes de los ciudadanos, de los empresarios y de los trabajadores, del Gobierno y del pueblo.<\/p>\n<p>En efecto, existen <i>derechos humanos<\/i> fundamentales, de los que ninguna persona puede jam&aacute;s verse leg&iacute;timamente privada, dado que est&aacute;n <i>arraigados en la naturaleza de la persona humana y reflejan las exigencias objetivas e inviolables de una ley moral universal.<\/i> Esos derechos sirven de fundamento y de medida para cualquier sociedad y organizaci&oacute;n humana. <i>El respeto a toda persona humana, a su dignidad y sus derechos, debe ser siempre el principio inspirador y gu&iacute;a de vuestros esfuerzos por incrementar la democracia y reforzar el entramado social<\/i> de vuestro pa&iacute;s. La dignidad de cada ser humano, sus inalienables derechos fundamentales, la inviolabilidad de la vida, la libertad y la justicia, el sentido de solidaridad y el rechazo de la discriminaci&oacute;n: son las piedras con las que se ha de construir una Nigeria nueva y mejor.<\/p>\n<p>5. Toda la Iglesia se est&aacute; preparando para celebrar el bimilenario del nacimiento de Cristo, el Verbo de Dios que se hizo hombre. Por eso, os digo: hoy vosotros sois la esperanza de nuestra Iglesia, que cumple dos mil a&ntilde;os. <i>Al ser j&oacute;venes en la fe, deb&eacute;is ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valent&iacute;a.<\/i> Seguid el camino de la santidad. As&iacute; ser&eacute;is signo de Dios en el mundo y revivir&eacute;is en vuestro pa&iacute;s la epopeya misionera de la Iglesia primitiva (cf. <i>Ecclesia in Africa<\/i>, 136).<\/p>\n<p>El gran jubileo quiere vivificar el esp&iacute;ritu de renovaci&oacute;n proclamado por el profeta Isa&iacute;as y confirmado por Jes&uacute;s: <i>anunciar la buena nueva a los pobres, proclamar la liberaci&oacute;n a los prisioneros, devolver la vista a los ciegos y la libertad a los oprimidos<\/i> (cf. <i>Lc<\/i> 4, 18). Haced que este esp&iacute;ritu sea el aut&eacute;ntico clima de vuestra vida nacional. <i>Que este tiempo de transici&oacute;n sea un tiempo de libertad, de perd&oacute;n, de uni&oacute;n y de solidaridad.<\/i><\/p>\n<p>El beato Cipriano Miguel Tansi comprendi&oacute; claramente que es imposible realizar algo duradero al servicio de Dios y del propio pa&iacute;s sin <i>una verdadera santidad y una verdadera caridad.<\/i> Seguid su ejemplo. Dirigid a &eacute;l vuestras oraciones por las necesidades de vuestras familias y de toda la naci&oacute;n.<\/p>\n<p>Con gratitud por todo lo que la divina Providencia sigue haciendo por el pueblo de Nigeria, repitamos las palabras del salmista:<\/p>\n<p>&laquo;<i>Cantad al Se&ntilde;or, bendecid su nombre (&#8230;). Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones<\/i>&raquo; (<i>Sal<\/i> 95, 2-3). Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II Homil&iacute;a durante la misa celebrada en la explanada de Kubwa, Abuja Lunes 23 de marzo 1998 &laquo;Sois conciudadanos de los santos y familiares de Dios&raquo; (Ef 2, 19). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Queridos hermanos y hermanas en Cristo: 1. 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