{"id":40197,"date":"2016-10-05T23:37:52","date_gmt":"2016-10-06T04:37:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-de-beatificacion-del-padre-tansi-en-onitsha-22-de-marzo-1998\/"},"modified":"2016-10-05T23:37:52","modified_gmt":"2016-10-06T04:37:52","slug":"viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-de-beatificacion-del-padre-tansi-en-onitsha-22-de-marzo-1998","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-nigeria-homilia-durante-la-misa-de-beatificacion-del-padre-tansi-en-onitsha-22-de-marzo-1998\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico &#8211; Nigeria: Homil\u00eda durante la misa de beatificaci\u00f3n del padre Tansi, en Onitsha (22 de marzo 1998)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> <b>JUAN PABLO II<\/b><\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <b><font size=\"+1\" color=\"#663300\"><i>Homil&iacute;a durante la misa de beatificaci&oacute;n del padre Tansi, en Onitsha<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i>Domingo, 22 de marzo 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;<i>En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo<\/i>&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 19).<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\n<p>1. Dios me ha concedido, por segunda vez, la alegr&iacute;a de venir a Onitsha para celebrar el santo sacrificio de la misa con vosotros. Hace diecis&eacute;is a&ntilde;os me acogisteis en esta hermosa tierra y experiment&eacute; el calor y el fervor de <i>un pueblo lleno de fe,<\/i> hombres y mujeres reconciliados con Dios y deseosos de difundir la buena nueva de la salvaci&oacute;n tanto entre las personas cercanas como entre las lejanas.<\/p>\n<p>San Pablo habla de la nueva creaci&oacute;n en Cristo (cf. <i>2 Co<\/i> 5, 17) y prosigue: &laquo;Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliaci&oacute;n. (&#8230;) En nombre de Cristo os suplicamos: <i>&iexcl;reconciliaos con Dios!<\/i>&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 19-20). El Ap&oacute;stol alude aqu&iacute; a la historia de todo hombre y de toda mujer: <i>Dios, en su Hijo unig&eacute;nito Jesucristo, nos ha reconciliado consigo.<\/i><\/p>\n<p>Esta misma verdad se presenta de manera a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tida en el evangelio de hoy. San Lucas nos habla de un joven que abandona la casa de su padre, sufre las consecuencias negativas de esta acci&oacute;n y luego encuentra el camino de la reconciliaci&oacute;n. El joven vuelve a su padre y le dice: &laquo;<i>Padre, pequ&eacute; contra el cielo y contra ti. <\/i>Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, tr&aacute;tame como a uno de tus jornaleros&raquo; (<i>Lc<\/i> 15, 18-19). El padre acoge de nuevo a su hijo con los brazos abiertos y se alegra porque ha vuelto. El padre de la par&aacute;bola representa a nuestro Padre celestial, que desea reconciliar a todos consigo en Cristo. Esta es la reconciliaci&oacute;n que la Iglesia proclama.<\/p>\n<p>Los obispos de toda &Aacute;frica, reunidos en una asamblea especial del S&iacute;nodo para afrontar los problemas de este continente, dijeron que <i> la Iglesia en &Aacute;frica<\/i>, gracias al testimonio de sus hijos e hijas, se ha convertido en <i>lugar de aut&eacute;ntica reconciliaci&oacute;n<\/i> (cf.<i> Ecclesia in Africa<\/i>, 79). Reconcili&aacute;ndose primero entre s&iacute;, los miembros de la Iglesia llevar&aacute;n a la sociedad el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n de <i>Cristo, nuestra paz<\/i> (cf. <i>Ef<\/i> 2, 14). &laquo;En caso contrario \u2014dijeron los obispos\u2014, el mundo parecer&iacute;a cada vez m&aacute;s un campo de batalla, donde s&oacute;lo cuentan los intereses ego&iacute;stas y donde reina la ley de la fuerza&raquo; (<i>Ecclesia in Africa<\/i>, 79).<\/p>\n<p>Hoy deseo proclamar la importancia de la <i>reconciliaci&oacute;n<\/i>: reconciliaci&oacute;n con Dios y reconciliaci&oacute;n de las personas entre s&iacute;. Esa es la misi&oacute;n de la Iglesia en esta tierra de Nigeria, en este continente africano y entre todos los pueblos y las naciones del mundo. &laquo;Somos, pues, embajadores de Cristo. (&#8230;) En nombre de Cristo os suplicamos: <i>&iexcl;reconciliaos con Dios!<\/i>&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 20). Por este motivo, los cat&oacute;licos de Nigeria deben ser<i> testigos verdaderos y aut&eacute;nticos de la fe en todos los aspectos de la vida, tanto en el &aacute;mbito p&uacute;blico como en el privado.<\/i><\/p>\n<p>2. Hoy uno de los hijos de Nigeria, <i>el padre Cipriano Miguel Iwene Tansi<\/i>, ha sido proclamado <i>beato<\/i> precisamente en la tierra en que predic&oacute; la buena nueva de la salvaci&oacute;n y trat&oacute; de reconciliar a sus compatriotas con Dios y entre s&iacute;. De hecho, la catedral en la que el padre Tansi fue ordenado y las parroquias en las que desempe&ntilde;&oacute; su ministerio sacerdotal no se encuentran lejos de Oba, lugar en donde estamos reunidos. Algunas personas a las que &eacute;l anunci&oacute; el Evangelio y administr&oacute; los sacramentos est&aacute;n hoy aqu&iacute; con nosotros, incluyendo al cardenal Francis Arinze, que fue bautizado por el padre Tansi y recibi&oacute; la educaci&oacute;n primaria en una de sus escuelas.<\/p>\n<p>Dentro de la gran alegr&iacute;a de este acontecimiento, saludo a todos los que participan en esta liturgia, y especialmente al arzobispo Albert Obiefuna, pastor de esta Iglesia local de Onitsha, y a todos los obispos de Nigeria y de los pa&iacute;ses vecinos. Con particular afecto saludo a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas, a los catequistas, y a todos los fieles laicos. Doy las gracias a los miembros de las dem&aacute;s comunidades eclesiales cristianas, de la comunidad musulmana y de las dem&aacute;s tradiciones religiosas, que se han unido a nosotros hoy, as&iacute; como a las diferentes autoridades estatales y locales presentes en nuestra celebraci&oacute;n. En especial, pido a Dios que recompense a los que han trabajado tanto, dedicando con generosidad su tiempo, su talento y sus recursos, para que pudiera tener lugar esta beatificaci&oacute;n en tierra nigeriana. Os invito a todos a proclamar con el salmista: &laquo;<i>Mi alma se glor&iacute;a en el Se&ntilde;or; ensalcemos juntos su nombre<\/i>&raquo; (<i>Sal<\/i> 34, 3).<\/p>\n<p>3. La vida y el testimonio del padre Tansi son fuente de inspiraci&oacute;n para todos en Nigeria, el pa&iacute;s que tanto am&oacute;. Fue sobre todo <i>un hombre de Dios<\/i>: las largas horas que pasaba ante el Sant&iacute;simo Sacramento llenaban su coraz&oacute;n de amor generoso y valiente. Los que lo conocieron atestiguan su gran amor a Dios. A los que se encontraron con &eacute;l les impresion&oacute; su bondad personal. Fue tambi&eacute;n <i>un hombre del pueblo<\/i>: siempre puso a los dem&aacute;s antes que a s&iacute; mismo y prest&oacute; atenci&oacute;n particular a las necesidades pastorales de las familias. Puso gran empe&ntilde;o en que los novios se prepararan bien para el sacramento del matrimonio y predic&oacute; la importancia de la castidad. Se esforz&oacute;, de todos los modos posibles, por promover la dignidad de la mujer. En especial, se esmeraba por la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes. Incluso cuando su obispo, mons. Heerey, lo envi&oacute; a la abad&iacute;a cisterciense de Monte San Bernardo, en Inglaterra, para seguir su vocaci&oacute;n mon&aacute;stica, con la esperanza de poder llevar a &Aacute;frica la vida contemplativa, no olvid&oacute; nunca a su pueblo. Siempre elevaba oraciones y ofrec&iacute;a sacrificios por su continua santificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El padre Tansi sab&iacute;a que en todo ser humano hay algo del hijo pr&oacute;digo. Sab&iacute;a que todos los hombres y mujeres sufren la tentaci&oacute;n de alejarse de Dios para llevar una vida independiente y ego&iacute;sta. Sab&iacute;a, asimismo, que quedar&iacute;an decepcionados por la vaciedad de ese espejismo que los hab&iacute;a fascinado y que, al final, encontrar&iacute;an en el fondo de su coraz&oacute;n el camino de regreso a la casa del Padre (cf. <i>Reconciliatio et paenitentia<\/i>, 5). Alentaba a las personas a confesar sus pecados y a recibir el perd&oacute;n de Dios en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n. Les suplicaba que se perdonaran unos a otros, como Dios nos perdona, y que transmitieran el don de la reconciliaci&oacute;n, haci&eacute;ndolo realidad en todos los &aacute;mbitos de la vida nigeriana. El padre Tansi trataba de imitar al padre de la par&aacute;bola: siempre estaba disponible para quienes buscaban la reconciliaci&oacute;n. Difund&iacute;a la alegr&iacute;a de la comuni&oacute;n con Dios, recuperada. Exhortaba a las personas a acoger la paz de Cristo y las animaba a alimentar su vida de gracia con la palabra de Dios y con la sagrada Comuni&oacute;n.<\/p>\n<p>4. &laquo;<i>En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo<\/i>&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 19).<\/p>\n<p>Cuando hablamos del mundo reconciliado con Dios, no s&oacute;lo nos referimos a las personas, sino tambi&eacute;n a todas las comunidades: familias, clanes, tribus, naciones y Estados. En su providencia, Dios ha sellado con la humanidad alianza tras alianza: la alianza con nuestros primeros padres en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n; la alianza con No&eacute; despu&eacute;s del diluvio; la alianza con Abraham. La lectura de hoy tomada del libro de Josu&eacute; nos recuerda la alianza establecida con Israel, cuando Mois&eacute;s liber&oacute; a los israelitas de la esclavitud de Egipto. Y <i>ahora Dios ha sellado la alianza final y definitiva con toda la humanidad en Jesucristo, <\/i>que reconcili&oacute; a los hombres y mujeres, as&iacute; como a todas las naciones, con Dios por su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Cristo, por tanto, es parte de la historia de las naciones. Es parte de la historia de vuestra naci&oacute;n en este continente africano. Hace m&aacute;s de cien a&ntilde;os, los misioneros llegaron a vuestra patria proclamando el evangelio de la reconciliaci&oacute;n, la buena nueva de la salvaci&oacute;n. Vuestros antepasados comenzaron a conocer el misterio de la redenci&oacute;n del mundo y llegaron a compartir la nueva alianza en Cristo. De este modo, la fe cristiana arraig&oacute; firmemente en esta tierra y sigue creciendo y produciendo muchos frutos.<\/p>\n<p>El beato Cipriano Miguel Tansi es un primer ejemplo de los <i>frutos de santidad que han crecido y madurado en la Iglesia que est&aacute; en Nigeria <\/i>desde que el Evangelio se comenz&oacute; a predicar en esta tierra. Recibi&oacute; el don de la fe gracias a los esfuerzos de los misioneros y, asimilando el estilo de vida cristiana, lo hizo realmente africano y nigeriano. As&iacute;, tambi&eacute;n los nigerianos de hoy, j&oacute;venes y mayores, est&aacute;n llamados a hacer madurar los frutos espirituales que han sido plantados entre ellos y que ahora est&aacute;n listos para la cosecha. A este respecto, deseo agradecer y animar a la Iglesia que est&aacute; en Nigeria por su labor misionera en la misma Nigeria, en &Aacute;frica y en otros lugares. El testimonio que el padre Tansi dio del Evangelio y de la caridad cristiana es <i>un don espiritual que esta Iglesia local ahora brinda a la Iglesia universal.<\/i><\/p>\n<p>5. Dios ha bendecido, en verdad, esta tierra con grandes recursos humanos y naturales, y todos tienen el deber de garantizar que esos recursos sean empleados para el bien de todo el pueblo. Todos los nigerianos deben esforzarse para eliminar de la sociedad todo lo que ofende la dignidad de la persona humana o lo que viola los derechos humanos. Eso significa reconciliar las divergencias, superar las rivalidades &eacute;tnicas e <i>infundir honradez, eficiencia y competencia en el arte de gobernar<\/i>. Dado que vuestra naci&oacute;n quiere realizar una transici&oacute;n pac&iacute;fica hacia un gobierno civil y democr&aacute;tico, hacen falta pol&iacute;ticos, tanto hombres como mujeres, que amen profundamente a su pueblo y deseen servir m&aacute;s que ser servidos (cf. <i>Ecclesia in Africa<\/i>, 111). No puede haber lugar para la intimidaci&oacute;n y para la opresi&oacute;n de los pobres y los d&eacute;biles, para la exclusi&oacute;n arbitraria de personas y grupos de la vida pol&iacute;tica, para el abuso de la autoridad o del poder. De hecho, la clave para resolver los conflictos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos, culturales e ideol&oacute;gicos, es la justicia; y <i>la justicia s&oacute;lo es completa si incluye el amor al pr&oacute;jimo,<\/i> si conlleva una actitud de servicio humilde y generoso.<\/p>\n<p>Solamente cuando consideramos a los dem&aacute;s como hermanos y hermanas, podemos poner en marcha el proceso de curaci&oacute;n de las divisiones dentro de la sociedad y entre los grupos &eacute;tnicos. <i>La reconciliaci&oacute;n es la senda que conduce a la verdadera paz y al aut&eacute;ntico progreso de Nigeria y de &Aacute;frica.<\/i> Esta reconciliaci&oacute;n no es debilidad ni cobard&iacute;a. Al contrario, exige valent&iacute;a y a veces incluso hero&iacute;smo: es <i>victoria sobre s&iacute; mismos m&aacute;s que sobre los dem&aacute;s<\/i>. Nunca deber&iacute;a considerarse un deshonor, pues, en realidad, se trata del paciente y sabio arte de la paz.<\/p>\n<p>6. El pasaje del libro de Josu&eacute; que hemos escuchado en la primera lectura de la liturgia de hoy habla de la Pascua que los hijos de Israel celebraron despu&eacute;s de llegar a la Tierra prometida. La celebraron con alegr&iacute;a porque ve&iacute;an con sus propios ojos que el Se&ntilde;or hab&iacute;a cumplido las promesas que les hab&iacute;a hecho. Despu&eacute;s de errar durante cuarenta a&ntilde;os por el desierto, hab&iacute;an llegado a la tierra que Dios les daba. La Pascua del Antiguo Testamento, <i>el memorial del &eacute;xodo de Egipto,<\/i> es la figura de la Pascua del Nuevo Testamento, <i>el memorial del paso de Cristo de la muerte a la vida,<\/i> que recordamos y celebramos en cada misa.<\/p>\n<p>Frente al altar del sacrificio, a punto de recibir como alimento el cuerpo y la sangre de Cristo, debemos convencernos de que <i>cada uno de nosotros,<\/i> seg&uacute;n su particular estado de vida, <i>est&aacute; llamado a hacer lo mismo que hizo el padre Tansi<\/i>. Habiendo sido reconciliados con Dios, debemos ser instrumentos de reconciliaci&oacute;n, tratando <i>a todos los hombres y mujeres como hermanos y hermanas, llamados a ser miembros de la &uacute;nica familia de Dios.<\/i><\/p>\n<p>La reconciliaci&oacute;n implica necesariamente la solidaridad. El efecto de la solidaridad es la paz, cuyos frutos son la alegr&iacute;a y la unidad en las familias, la cooperaci&oacute;n y el desarrollo en la sociedad, la verdad y la justicia en la vida de la naci&oacute;n. &iexcl;Ojal&aacute; que &eacute;ste sea el futuro luminoso de Nigeria!<\/p>\n<p>&laquo;El Dios de la paz est&eacute; con todos vosotros. Am&eacute;n&raquo; (<i>Rm<\/i> 15, 33).<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II Homil&iacute;a durante la misa de beatificaci&oacute;n del padre Tansi, en Onitsha Domingo, 22 de marzo 1998 &nbsp; &laquo;En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo&raquo; (2 Co 5, 19). Queridos hermanos y hermanas: 1. 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