{"id":40203,"date":"2016-10-05T23:38:00","date_gmt":"2016-10-06T04:38:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1998-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-con-los-nuevos-cardenales\/"},"modified":"2016-10-05T23:38:00","modified_gmt":"2016-10-06T04:38:00","slug":"22-de-febrero-de-1998-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-con-los-nuevos-cardenales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1998-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-con-los-nuevos-cardenales\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 1998, Fiesta de la C\u00e1tedra de San Pedro. Concelebraci\u00f3n con los nuevos cardenales"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CONCELEBRACI<font face=\"Times New Roman\">&Oacute;N CON LOS NUEVOS CARDENALES<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <font size=\"4\"> <b><i>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/><\/i><\/b> <\/font> <font size=\"3\"> <br \/><i>Domingo 22 de febrero de 1998<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1.&nbsp;&laquo;<i>T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&raquo;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 18). Las palabras de Cristo al ap&oacute;stol Pedro en Cesarea de Filipo ilustran bien los elementos fundamentales de la celebraci&oacute;n de hoy. Ante todo, la fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro constituye un aniversario muy significativo para esta bas&iacute;lica, centro del mundo cat&oacute;lico y meta diaria de numerosos peregrinos. Adem&aacute;s, la entrega del anillo a los nuevos cardenales, creados en el consistorio ordinario p&uacute;blico que tuve la alegr&iacute;a de celebrar ayer, enriquece esta liturgia con un nuevo significado eclesial.<\/p>\n<p align=\"left\"> El pasaje evang&eacute;lico presenta a san Pedro que, por inspiraci&oacute;n divina, manifiesta su adhesi&oacute;n total a Jes&uacute;s, Mes&iacute;as prometido e Hijo de Dios. En respuesta a esa clara profesi&oacute;n de fe, que Pedro hace tambi&eacute;n en nombre de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, Cristo revela la misi&oacute;n que quiere confiarle: ser la &laquo;piedra&raquo; sobre la que est&aacute; construido todo el edificio espiritual de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&laquo;<i>T&uacute; eres Pedro<\/i>&raquo;. El ministerio, confiado a Pedro y a sus sucesores, de ser roca s&oacute;lida sobre la cual se apoya la comunidad eclesial, es garant&iacute;a de la unidad de la Iglesia, custodia de la integridad del dep&oacute;sito de la fe y fundamento de la comuni&oacute;n de todos los miembros del pueblo de Dios. La fiesta lit&uacute;rgica de hoy representa, por consiguiente, una invitaci&oacute;n a reflexionar sobre el &laquo;servicio petrino&raquo; del Obispo de Roma con respecto a la Iglesia universal. A la C&aacute;tedra de San Pedro est&aacute;n vinculados de modo especial los cardenales, que constituyen el &laquo;senado&raquo; de la Iglesia, los primeros colaboradores del Papa en el servicio pastoral universal.<\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; pues, resulta muy providencial el acontecimiento que hoy celebramos juntos: la fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro y la ampliaci&oacute;n del Colegio cardenalicio con el nombramiento de veinte nuevos miembros, prelados que han dado prueba de sabidur&iacute;a y profundo esp&iacute;ritu de comuni&oacute;n con la Sede apost&oacute;lica en su generoso y fiel servicio a la comunidad eclesial. A todos los encomendamos al Se&ntilde;or en nuestra oraci&oacute;n, para que su testimonio evang&eacute;lico siga siendo ejemplo luminoso para todo el pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2.&nbsp;Cada uno de ellos ha escuchado seguramente como dirigidas a s&iacute; mismo las palabras del ap&oacute;stol Pedro: &laquo;<i>A los ancianos que est&aacute;n entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y part&iacute;cipe de la gloria que est&aacute; para manifestarse. Apacentad la grey de Dios que os est&aacute; encomendada&raquo;<\/i> (<i>1 P<\/i> 5, 1-2). <\/p>\n<p align=\"left\"> Los &laquo;ancianos&raquo;, los presb&iacute;teros de la Iglesia, no pueden menos de ser pastores celosos y sol&iacute;citos de &laquo;la grey de Dios&raquo;. Este es el estado de &aacute;nimo con el que, en esta solemne circunstancia, el Sucesor de Pedro se dispone a entregar a los nuevos purpurados el anillo cardenalicio, signo del especial v&iacute;nculo esponsal que desde ahora los une a la Iglesia de Roma, que preside en la caridad. A vosotros, queridos y venerados hermanos, se os conf&iacute;a la misi&oacute;n de ser testigos, en estrecha comuni&oacute;n de esp&iacute;ritu y de voluntad con el Papa, de los sufrimientos que tambi&eacute;n hoy Cristo afronta en su Cuerpo m&iacute;stico; a la vez, est&aacute;is llamados a proclamar con la palabra y con la vida la esperanza que no defrauda. <\/p>\n<p align=\"left\"> Procedentes de trece diferentes naciones de varios continentes, sois ahora incardinados a la Iglesia de Roma. De este modo, se realiza un sublime intercambio de dones entre la Iglesia que est&aacute; en esta ciudad y las Iglesias que peregrinan en las diversas partes del mundo. A la Iglesia de Roma le ofrec&eacute;is la variedad de los carismas y la riqueza espiritual de vuestras comunidades cristianas, venerables por su antigua tradici&oacute;n o admirables por la lozan&iacute;a y la vitalidad de sus energ&iacute;as. La Iglesia de Pedro y de Pablo, a su vez, expresa de modo m&aacute;s luminoso el rostro de su catolicidad, ensanchando su solicitud pastoral a las comunidades cristianas de todo el mundo a trav&eacute;s del cualificado servicio eclesial de los pastores llamados a la dignidad y a la responsabilidad cardenalicia. De este modo, como afirm&oacute; el Papa Pablo VI con ocasi&oacute;n del consistorio en el que yo fui elevado a la p&uacute;rpura, el Colegio cardenalicio constituye como el &laquo;<i>presbiterio del orbe<\/i>&raquo; (<i>Homil&iacute;a para la entrega del anillo cardenalicio<\/i>, 29 de junio de 1967). <\/p>\n<p align=\"left\"> 3.&nbsp;&laquo;<i>Apacentad la grey de Dios (&#8230;), siendo modelos de la grey&raquo;<\/i> <i>(1 P<\/i> 5, 2-3). Al entrar a formar parte de este alto senado eclesial, todos vosotros, venerados hermanos, asum&iacute;s la responsabilidad de pastores de la Iglesia con un t&iacute;tulo nuevo y m&aacute;s elevado. No solamente se os conf&iacute;a el oficio de elegir al Papa, sino tambi&eacute;n el de compartir con &eacute;l la solicitud por todo el pueblo cristiano. Ya est &aacute;is llenos de m&eacute;ritos por la generosa y sol&iacute;cita labor desarrollada en el ministerio episcopal en ilustres di&oacute;cesis de muchas partes del mundo o en la entrega al servicio de la Sede apost&oacute;lica en diferentes y comprometedoras tareas.<\/p>\n<p align=\"left\"> La nueva dignidad, a la que ahora sois llamados mediante el nombramiento cardenalicio, quiere manifestar aprecio por vuestro prolongado trabajo en el campo de Dios y rendir honor a las comunidades y a las naciones de donde proced&eacute;is y de las que sois dignos representantes en la Iglesia. Al mismo tiempo, la Iglesia os conf&iacute;a nuevas y m&aacute;s importantes responsabilidades, pidi&eacute;ndoos a&uacute;n mayor disponibilidad para Cristo y para todo su Cuerpo m&iacute;stico. <\/p>\n<p align=\"left\"> Este nuevo arraigo en Cristo y en la Iglesia os compromete a un servicio m&aacute;s valiente del Evangelio y a una entrega sin reservas a los hermanos. Os exige, adem&aacute;s, una disponibilidad total, hasta el derramamiento de vuestra sangre, como lo simboliza muy bien el color p&uacute;rpura de vuestro h&aacute;bito cardenalicio. &laquo;Usque ad sanguinis effusionem&#8230;&raquo;. Esta radical disponibilidad a dar la vida por Cristo se alimenta siempre de una fe firme y humilde. Sed conscientes de la misi&oacute;n que el Se&ntilde;or os conf&iacute;a hoy. Apoyaos en &eacute;l. Dios es fiel a sus promesas. Trabajad siempre por &eacute;l, con la seguridad de que, como dice el ap&oacute;stol Pedro, &laquo;<i>cuando aparezca el Pastor supremo, recibir&eacute;is la corona de gloria que no se marchita&raquo;<\/i> (<i>1 P<\/i> 5, 4). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4.&nbsp;<i>&laquo;Yo mismo apacentar&eacute; mis ovejas (&#8230;). Buscar&eacute; la oveja perdida, traer&eacute; a la descarriada&raquo;<\/i> (<i>Ez<\/i> 34, 15-16). No os dej&eacute;is abatir por las inevitables dificultades de la vida. El profeta Ezequiel, como hemos escuchado en la primera lectura, nos asegura que el Se&ntilde;or mismo cuida de su pueblo. Est&aacute;is llamados a ser signo visible de esta solicitud de Dios por su herencia, imitando a Cristo, el buen pastor, que re&uacute;ne en torno a s&iacute; en una &uacute;nica grey a la humanidad dispersa por el pecado. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y &iexcl;c&oacute;mo no subrayar que esta tarea de apacentar la grey de Cristo se os conf&iacute;a en un momento particular de la historia de la Iglesia y de la humanidad! Estamos viviendo un cambio de &eacute;poca, del segundo al tercer milenio, cuya alba ya vemos acercarse a grandes pasos: nos encaminamos hacia el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. En todo el mundo se ponen en marcha iniciativas apost&oacute;licas y misioneras para que este acontecimiento sea ocasi&oacute;n de renovaci&oacute;n interior para todos los creyentes. Ojal&aacute; que esa hist&oacute;rica etapa constituya una extraordinaria primavera de esperanza para los creyentes y para toda la humanidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5.&nbsp;Encomendamos estos deseos a la Virgen Mar&iacute;a, siempre presente en la comunidad cristiana, ya desde sus or&iacute;genes, mientras, reunida en oraci&oacute;n o consagrada a proclamar a todos el Evangelio, espera y prepara la venida de Cristo, Se&ntilde;or de la historia. A ella encomendamos vuestro nuevo servicio eclesial, venerados hermanos, en la perspectiva del gran acontecimiento jubilar. En sus manos maternales depositamos las expectativas y las esperanzas de todos los creyentes y de la humanidad entera. <\/p>\n<p align=\"left\"> Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N CON LOS NUEVOS CARDENALES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo 22 de febrero de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&raquo; (Mt 16, 18). Las palabras de Cristo al ap&oacute;stol Pedro en Cesarea de Filipo ilustran bien los elementos fundamentales de la celebraci&oacute;n de hoy. Ante todo, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-1998-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-con-los-nuevos-cardenales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de febrero de 1998, Fiesta de la C\u00e1tedra de San Pedro. 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