{"id":40210,"date":"2016-10-05T23:38:13","date_gmt":"2016-10-06T04:38:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-cuba-oracion-a-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-santiago-de-cuba-24-de-enero-de-1998\/"},"modified":"2016-10-05T23:38:13","modified_gmt":"2016-10-06T04:38:13","slug":"viaje-apostolico-cuba-oracion-a-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-santiago-de-cuba-24-de-enero-de-1998","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-cuba-oracion-a-la-virgen-de-la-caridad-del-cobre-santiago-de-cuba-24-de-enero-de-1998\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico &#8211; Cuba: Oraci\u00f3n a la Virgen de la Caridad del Cobre (Santiago de Cuba, 24 de enero de 1998)"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font size=\"3\"> <\/font><\/font><br \/>\n<center><br \/>\n <font color=\"#663300\"><b>JUAN PABLO II<\/b> <\/font> <\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A EN SANTIAGO<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>24 de enero de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<font size=\"3\"> <\/p>\n<p>1. &laquo;<i>Dichosa la naci&oacute;n cuyo Dios es el Se&ntilde;or<\/i>&raquo; (<i>Sal<\/i> 32, 12). Hemos cantado con el salmista que la dicha acompa&ntilde;a al pueblo que tiene a Dios como su Se&ntilde;or. Hace m&aacute;s de quinientos a&ntilde;os, cuando lleg&oacute; la cruz de Cristo a esta Isla, y con ella su mensaje salv&iacute;fico, comenz&oacute; un proceso que, alimentado por la fe cristiana, ha ido forjando los rasgos caracter&iacute;sticos de esta Naci&oacute;n. En la serie de sus hombres ilustres est&aacute;n: aquel soldado que fue el primer catequista y misionero de Macaca; tambi&eacute;n el primer maestro cubano que fue el P. Miguel de Vel&aacute;zquez; el sacerdote Esteban Salas, padre de la m&uacute;sica cubana; el insigne bayam&eacute;s Carlos Manuel de C&eacute;spedes, Padre de la Patria, el cual, postrado a los pies de la Virgen de la Caridad, inici&oacute; su lucha por la libertad y la independencia de Cuba; Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, cuya estatua preside la plaza que hoy acoge nuestra celebraci&oacute;n, al cual su madre pidi&oacute; delante del crucifijo que se entregara hasta el extremo por la libertad de Cuba. Adem&aacute;s de &eacute;stos, hay muchos hombres y mujeres ilustres que, movidos por su inquebrantable fe en Dios, eligieron la v&iacute;a de la libertad y la justicia como bases de la dignidad de su pueblo. <\/p>\n<p>2. Me complace encontrarme hoy en esta Arquidi&oacute;cesis tan insigne, que ha contado entre sus Pastores a San Antonio Mar&iacute;a Claret. Ante todo, dirijo mi cordial saludo a Mons. Pedro Meurice Est&iacute;u, Arzobispo de Santiago de Cuba y Primado de esta Naci&oacute;n, as&iacute; como a los dem&aacute;s Cardenales, Obispos, sacerdotes y di&aacute;conos, comprometidos en la extensi&oacute;n del Reino de Dios en esta tierra. Saludo asimismo a los religiosos y religiosas y a todo el pueblo fiel aqu&iacute; presente. Deseo dirigir tambi&eacute;n un deferente saludo al Se&ntilde;or Vicepresidente del Consejo de Estado y Ministro Ra&uacute;l Castro y a las dem&aacute;s autoridades civiles que han querido participar en esta Santa Misa y les agradezco la cooperaci&oacute;n prestada para su organizaci&oacute;n. <\/p>\n<p>3. En esta celebraci&oacute;n vamos a coronar la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. Desde su santuario, no lejos de aqu&iacute;, la Reina y Madre de todos los cubanos \u2014sin distinci&oacute;n de razas, opciones pol&iacute;ticas o ideolog&iacute;as\u2014, gu&iacute;a y sostiene, como en el pasado, los pasos de sus hijos hacia la Patria celeste y los alienta a vivir de tal modo que <i>en la sociedad reinen siempre los aut&eacute;nticos valores morales<\/i>, que constituyen el rico patrimonio espiritual heredado de los mayores. A Ella, como hizo su prima Isabel, nos dirigimos agradecidos para decirle: &laquo;<i>Dichosa t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;<\/i>&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45). En estas palabras est&aacute; el secreto de la verdadera felicidad de las personas y de los pueblos: creer y proclamar que el Se&ntilde;or ha hecho maravillas para nosotros y que su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Este convencimiento es la fuerza que anima a los hombres y mujeres que, aun a costa de sacrificios, se entregan desinteresadamente al servicio de los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>El ejemplo de disponibilidad de Mar&iacute;a nos se&ntilde;ala el camino a recorrer. Con Ella la Iglesia lleva a cabo su vocaci&oacute;n y su misi&oacute;n, anunciando a Jesucristo y exhortando a hacer lo que &Eacute;l nos dice; construyendo tambi&eacute;n la fraternidad universal en la que cada hombre pueda llamar Padre a Dios.<\/p>\n<p>4. Como la Virgen Mar&iacute;a, <i>la Iglesia es Madre y Maestra en el seguimiento de Cristo<\/i>, luz para los pueblos, y <i>dispensadora de la misericordia divina<\/i>. Como comunidad de todos los bautizados, es asimismo <i>recinto de perd&oacute;n<\/i>, <i>de paz<\/i> y <i>reconciliaci&oacute;n<\/i>, que abre sus brazos a todos los hombres para anunciarles al Dios verdadero. Con el servicio a la fe de los hombres y mujeres de este amado pueblo, la Iglesia los ayuda a progresar por el camino del bien. Las obras de evangelizaci&oacute;n que van teniendo lugar en diversos ambientes, como por ejemplo las misiones en barrios y pueblos sin iglesias, deben ser cuidadas y fomentadas para que puedan desarrollarse y servir no s&oacute;lo a los cat&oacute;licos, sino a <i>todo el pueblo cubano para que conozca a Jesucristo y lo ame<\/i>. La historia ense&ntilde;a que sin fe desaparece la virtud, los valores morales se oscurecen, no resplandece la verdad, la vida pierde su sentido trascendente y aun el servicio a la naci&oacute;n puede dejar de ser alentado por las motivaciones m&aacute;s profundas. A este respecto, Antonio Maceo, el gran patriota oriental, dec&iacute;a: &laquo;Quien no ama a Dios, no ama a la Patria&raquo;.<\/p>\n<p>La Iglesia llama a todos a <i>encarnar la fe en la propia vida<\/i>, como el mejor camino para el desarrollo integral del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y para <i>alcanzar la verdadera libertad<\/i>, que incluye el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia social. A este respecto, los <i>laicos cat&oacute;licos<\/i>, salvaguardando su propia identidad para poder ser &laquo;sal y fermento&raquo; en medio de la sociedad de la que forman parte, tienen <i>el deber y el derecho de participar en el debate p&uacute;blico en igualdad de oportunidades<\/i> y en actitud de di&aacute;logo y reconciliaci&oacute;n. Asimismo, el bien de una naci&oacute;n debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a trav&eacute;s de medios pac&iacute;ficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresi&oacute;n, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociaci&oacute;n, podr&aacute; <i>colaborar eficazmente en la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n<\/i>.<\/p>\n<p><i>La Iglesia<\/i>, inmersa en la sociedad, <i>no busca ninguna forma de poder pol&iacute;tico para desarrollar su misi&oacute;n<\/i>, sino que quiere ser germen fecundo de bien com&uacute;n al hacerse presente en las estructuras sociales. Mira en primer lugar a la persona humana y a la comunidad en la que vive, sabiendo que su primer camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades y aspiraciones. Todo lo que la Iglesia reclama para s&iacute; lo pone al servicio del hombre y de la sociedad. En efecto, Cristo le encarg&oacute; llevar su mensaje a todos los pueblos, para lo cual necesita un espacio de libertad y los medios suficientes. Defendiendo su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada persona, la de las familias, la de las diversas organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un &aacute;mbito propio de autonom&iacute;a y soberan&iacute;a (cf. <i>Centesimus annus<\/i>, 45). En este sentido, &laquo;<i>el cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente insertados en la vida de sus pueblos respectivos<\/i> y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha tra&iacute;do&#8230; La Iglesia est&aacute; llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y prof&eacute;ticas ante la corrupci&oacute;n del poder pol&iacute;tico o econ&oacute;mico; no buscando la gloria o los bienes materiales; usando sus bienes para el servicio de los m&aacute;s pobres e imitando la sencillez de la vida de Cristo&raquo; (<i>Redemptoris missio<\/i>, 43). Esta es una continua y permanente ense&ntilde;anza del Magisterio Social, de la as&iacute; llamada Doctrina Social de la Iglesia.<\/p>\n<p>5. Al recordar estos aspectos de la misi&oacute;n de la Iglesia, demos gracias a Dios, que nos ha llamado a formar parte de la misma. En ella, la Virgen Mar&iacute;a ocupa un lugar singular. Expresi&oacute;n de esto es la coronaci&oacute;n de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre. La historia cubana est&aacute; jalonada de maravillosas muestras de amor a su Patrona, a cuyos pies las figuras de los humildes nativos, dos indios y un moreno, simbolizan la rica pluralidad de este pueblo. El Cobre, donde est&aacute; su Santuario, fue el primer lugar de Cuba donde se conquist&oacute; la libertad para los esclavos.<\/p>\n<p>Amados fieles, no olviden nunca los grandes acontecimientos relacionados con su Reina y Madre. Con el dosel del altar familiar, C&eacute;spedes confeccion&oacute; la bandera cubana y fue a postrarse a los pies de la Virgen antes de iniciar la lucha por la libertad. Los valientes soldados cubanos, los mambises, llevaban sobre su pecho la medalla y la &laquo;medida&raquo; de su bendita imagen. El primer acto de Cuba libre tuvo lugar cuando en 1898 las tropas del General Calixto Garc&iacute;a se postraron a los pies de la Virgen de la Caridad en una solemne misa para la &laquo;Declaraci&oacute;n mambisa de la Independencia del pueblo cubano&raquo;. Las diversas peregrinaciones que la imagen ha hecho por los pueblos de la Isla, acogiendo los anhelos y esperanzas, los gozos y las penas de todos sus hijos, han sido siempre grandes manifestaciones de fe y de amor.<\/p>\n<p>Desde aqu&iacute; quiero enviar tambi&eacute;n <i>mi saludo a los hijos de Cuba que en cualquier parte del mundo veneran a la Virgen de la Caridad<\/i>; junto con todos sus hermanos que viven en esta hermosa tierra, los pongo bajo su maternal protecci&oacute;n, pidi&eacute;ndole a <i>Ella, Madre amorosa de todos, que re&uacute;na a sus hijos por medio de la reconciliaci&oacute;n y la fraternidad<\/i>.<\/p>\n<p>6. Hoy, siguiendo con esa gloriosa tradici&oacute;n de amor a la Madre com&uacute;n, antes de proceder a su coronaci&oacute;n quiero dirigirme a Ella e invocarla con todos Ustedes:<\/p>\n<p><a name=\"%C2%A1Virgen_de_la_Caridad_del_Cobre\">&iexcl;Virgen de la Caridad del Cobre<\/a>, <br \/>Patrona de Cuba!<br \/>&iexcl;Dios te salve, Mar&iacute;a, llena de gracia!<br \/>T&uacute; eres la Hija amada del Padre, <br \/>la Madre de Cristo, nuestro Dios, <br \/>el Templo vivo del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Llevas en tu nombre, Virgen de la Caridad, <br \/>la memoria del Dios que es Amor, <br \/>el recuerdo del mandamiento nuevo de Jes&uacute;s, <br \/>la evocaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo:<br \/>amor derramado en nuestros corazones, <br \/>fuego de caridad enviado en Pentecost&eacute;s sobre la Iglesia, <br \/>don de la plena libertad de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres<br \/>y bendito el fruto de tu vientre, Jes&uacute;s!<br \/>Has venido a visitar nuestro pueblo<br \/>y has querido quedarte con nosotros<br \/>como Madre y Se&ntilde;ora de Cuba, <br \/>a lo largo de su peregrinar<br \/>por los caminos de la historia.<br \/>Tu nombre y tu imagen est&aacute;n esculpidos<br \/>en la mente y en el coraz&oacute;n de todos los cubanos, <br \/>dentro y fuera de la Patria, <br \/>como signo de esperanza y centro de comuni&oacute;n fraterna.<\/p>\n<p>&iexcl;Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios y Madre nuestra!<br \/>Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo, <br \/>intercede por nosotros con tu coraz&oacute;n maternal, <br \/>inundado de la caridad del Esp&iacute;ritu.<br \/>Acrecienta nuestra fe, aviva la esperanza, <br \/>aumenta y fortalece en nosotros el amor.<br \/>Ampara nuestras familias, <br \/>protege a los j&oacute;venes y a los ni&ntilde;os, <br \/>consuela a los que sufren.<br \/>S&eacute; Madre de los fieles y de los pastores de la Iglesia, <br \/>modelo y estrella de la nueva evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p>&iexcl;Madre de la reconciliaci&oacute;n!<br \/>Re&uacute;ne a tu pueblo disperso por el mundo.<br \/>Haz de la naci&oacute;n cubana un hogar de hermanos y hermanas<br \/>para que este pueblo abra de par en par<br \/>su mente, su coraz&oacute;n y su vida a Cristo, <br \/>&uacute;nico Salvador y Redentor, <br \/>que vive y reina con el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, <br \/>por los siglos de los siglos.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>He tenido la dicha de celebrar con todos Ustedes la Santa Misa en esta Plaza dedicada a Antonio Maceo. Con su presencia aqu&iacute; han dado tambi&eacute;n testimonio visible de la perseverancia y del crecimiento de la Iglesia en esta hermosa tierra, que son expresi&oacute;n de su rica vitalidad. A este respecto, tengo la alegr&iacute;a de comunicar que, para favorecer mejor la acci&oacute;n de la Iglesia en Cuba, he decidido erigir la di&oacute;cesis de Guant&aacute;namo-Baracoa, nombrando como primer Obispo de la misma a Monse&ntilde;or Carlos Jes&uacute;s Patricio Baladr&oacute;n Vald&eacute;s, hasta ahora Obispo auxiliar de La Habana.<\/p>\n<p>Quiero animar a los sacerdotes y fieles de la nueva circunscripci&oacute;n eclesi&aacute;stica a comprometerse a edificar, como piedras vivas en torno a su Pastor, esta Iglesia particular que nace hoy. Querido Monse&ntilde;or Baladr&oacute;n, considere la gran importancia de la misi&oacute;n que ahora se le conf&iacute;a y anuncie con todas sus fuerzas la Buena Nueva de Jesucristo a sus diocesanos, convoc&aacute;ndolos a la Eucarist&iacute;a y los dem&aacute;s Sacramentos, para crecer as&iacute; en santidad y justicia en la presencia del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Quiero agradecer este calor, calor atmosf&eacute;rico pero tambi&eacute;n calor humano, calor de los corazones. A este pueblo, a esta Iglesia tan calurosa quiero ofrecer la bendici&oacute;n final de la Misa.<\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A EN SANTIAGO 24 de enero de 1998 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Dichosa la naci&oacute;n cuyo Dios es el Se&ntilde;or&raquo; (Sal 32, 12). Hemos cantado con el salmista que la dicha acompa&ntilde;a al pueblo que tiene a Dios como su Se&ntilde;or. 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