{"id":40212,"date":"2016-10-05T23:38:16","date_gmt":"2016-10-06T04:38:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-cuba-santa-clara-22-de-enero-de-1998\/"},"modified":"2016-10-05T23:38:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:38:16","slug":"viaje-apostolico-cuba-santa-clara-22-de-enero-de-1998","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-cuba-santa-clara-22-de-enero-de-1998\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico &#8211; Cuba: Santa Clara (22 de enero de 1998)"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font><br \/>\n<center><br \/>\n <font color=\"#663300\"><b>JUAN PABLO II<\/b> <\/font> <\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A EN SANTA CLARA<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><font size=\"3\" color=\"#663300\"><i>22 de enero de 1998<\/i><\/font><\/p>\n<p> <font size=\"3\"><i> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<font size=\"3\"> <\/p>\n<p>1. &laquo;<i>Las palabras que hoy te digo quedar&aacute;n en tu memoria; se las repetir&aacute;s a tus hijos y hablar&aacute;s de ellas estando en casa y yendo de camino<\/i>&raquo; (<i>Dt<\/i> 6, 6-7). Nos hemos reunido en el Campo de Deportes del Instituto Superior de Cultura F&iacute;sica &laquo;Manuel Fajardo&raquo;, convertido hoy como en un inmenso templo abierto. En este encuentro queremos dar gracias a Dios por <i>el gran don de la familia<\/i>.<\/p>\n<p>Ya en la primera p&aacute;gina de la Biblia el autor sagrado nos presenta esta instituci&oacute;n: &laquo;<i>Dios cre&oacute; al hombre a imagen suya y los cre&oacute; var&oacute;n y mujer<\/i>&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 27). En este sentido, <i>las personas humanas<\/i> en su dualidad de sexos son, como Dios mismo y por voluntad suya, <i>fuente de vida<\/i>: &laquo;<i>Crezcan y multipl&iacute;quense<\/i>&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 28). Por tanto, la familia est&aacute; llamada a cooperar en el plan de Dios y en su obra creadora mediante la alianza de amor esponsal entre el hombre y la mujer y, como nos dir&aacute; San Pablo, dicha alianza es tambi&eacute;n signo de la uni&oacute;n de Cristo con su Iglesia (cf. <i>Ef<\/i> 5, 32).<\/p>\n<p>2. Queridos hermanos y hermanas: me complace saludar con gran afecto a Mons. Fernando Prego Casal, Obispo de Santa Clara, a los Se&ntilde;ores Cardenales y dem&aacute;s Obispos, a los sacerdotes y di&aacute;conos, a los miembros de las comunidades religiosas, a todos Ustedes, fieles laicos. Quiero dirigir tambi&eacute;n un deferente saludo a las autoridades civiles. Mis palabras se dirigen muy especialmente a las familias aqu&iacute; presentes, las cuales quieren proclamar el firme prop&oacute;sito de realizar en su vida el proyecto salv&iacute;fico del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>3. <i>La instituci&oacute;n familiar en Cuba es depositaria del rico patrimonio de virtudes<\/i> que distinguieron a las familias criollas de tiempos pasados, cuyos miembros se empe&ntilde;aron tanto en los diversos campos de la vida social y forjaron el Pa&iacute;s sin reparar en sacrificios y adversidades. Aquellas familias, fundadas s&oacute;lidamente en los principios cristianos, as&iacute; como en su sentido de solidaridad familiar y respeto por la vida, fueron verdaderas comunidades de cari&ntilde;o mutuo, de gozo y fiesta, de confianza y seguridad, de serena reconciliaci&oacute;n. Se caracterizaron tambi&eacute;n \u2014como muchos hogares de hoy\u2014 por la unidad, el profundo respeto a los mayores, el alto sentido de responsabilidad, el acatamiento sincero de la autoridad paterna y materna, la alegr&iacute;a y el optimismo, tanto en la pobreza como en la riqueza, los deseos de luchar por un mundo mejor y, por encima de todo, por la gran fe y confianza en Dios.<\/p>\n<p>Hoy las familias en Cuba est&aacute;n tambi&eacute;n afectadas por los desaf&iacute;os que sufren actualmente tantas familias en el mundo. Son numerosos los miembros de estas familias que han luchado y dedicado su vida para conquistar una existencia mejor, en la que se vean garantizados los derechos humanos indispensables: trabajo, alimentaci&oacute;n, vivienda, salud, educaci&oacute;n, seguridad social, participaci&oacute;n social, libertad de asociaci&oacute;n y para elegir la propia vocaci&oacute;n. <i> La familia, c&eacute;lula fundamental de la sociedad y garant&iacute;a de su estabilidad<\/i>, sufre sin embargo las crisis que pueden afectar a la sociedad misma. Esto ocurre cuando los matrimonios viven en <i>sistemas econ&oacute;micos o culturales<\/i> que, bajo la falsa apariencia de libertad y progreso, promueven o incluso <i> defienden una mentalidad antinatalista<\/i>, induciendo de ese modo a los esposos a recurrir a m&eacute;todos de control de la natalidad que no est&aacute;n de acuerdo con la dignidad humana. Se llega incluso al aborto, que es siempre, adem&aacute;s de un crimen abominable (cf. Const. past. <i>Gaudium et spes, <\/i>51), un absurdo empobrecimiento de la persona y de la misma sociedad. Ante ello la Iglesia ense&ntilde;a que Dios ha confiado a los hombres la misi&oacute;n de transmitir la vida de un modo digno del hombre, fruto de la responsabilidad y del amor entre los esposos.<\/p>\n<p>La maternidad se presenta a veces como un retroceso o una limitaci&oacute;n de la libertad de la mujer, distorsionando as&iacute; su verdadera naturaleza y su dignidad. <i> Los hijos<\/i> son presentados no como lo que son \u2014<i>un gran don de Dios<\/i>\u2014, sino como algo contra lo que hay que defenderse. La situaci&oacute;n social que se ha vivido en este amado Pa&iacute;s ha acarreado tambi&eacute;n no pocas <i>dificultades a la estabilidad familiar<\/i>: las carencias materiales \u2014como cuando los salarios no son suficientes o tienen un poder adquisitivo muy limitado\u2014, las insatisfacciones por razones ideol&oacute;gicas, la atracci&oacute;n de la sociedad de consumo. &Eacute;stas, junto con ciertas medidas laborales o de otro g&eacute;nero, han provocado un problema que se arrastra en Cuba desde hace a&ntilde;os: <i>la separaci&oacute;n forzosa de las familias dentro del Pa&iacute;s y la emigraci&oacute;n<\/i>, que ha desgarrado a familias enteras y ha sembrado dolor en una parte considerable de la poblaci&oacute;n. Experiencias no siempre aceptadas y a veces traum&aacute;ticas son <i>la separaci&oacute;n de los hijos<\/i> y <i>la sustituci&oacute;n del papel de los padres<\/i> a causa de los estudios que se realizan lejos del hogar en la edad de la adolescencia, en situaciones que dan por triste resultado la proliferaci&oacute;n de la promiscuidad, el empobrecimiento &eacute;tico, la vulgaridad, las relaciones prematrimoniales a temprana edad y el recurso f&aacute;cil al aborto. Todo esto deja huellas profundas y negativas en la juventud, que est&aacute; llamada a encarnar los valores morales aut&eacute;nticos para la consolidaci&oacute;n de una sociedad mejor.<\/p>\n<p>4. <i>El camino para vencer estos males no es otro que Jesucristo<\/i>, su doctrina y su ejemplo de amor total que nos salva. Ninguna ideolog&iacute;a puede sustituir su infinita sabidur&iacute;a y poder. Por eso es necesario recuperar los valores religiosos en el &aacute;mbito familiar y social, fomentando la pr&aacute;ctica de las virtudes que conformaron los or&iacute;genes de la Naci&oacute;n cubana, en el proceso de construir su futuro &laquo;con todos y para el bien de todos&raquo;, como ped&iacute;a Jos&eacute; Mart&iacute;. <i> La familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa<\/i> donde los hijos de Cuba puedan &laquo;crecer en humanidad&raquo;. No tengan miedo, abran las familias y las escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo, que nunca son un peligro para ning&uacute;n proyecto social.<\/p>\n<p>5. &laquo;<i>El &aacute;ngel del Se&ntilde;or se le apareci&oacute; en sue&ntilde;os a Jos&eacute; y le dijo: Lev&aacute;ntate y toma al ni&ntilde;o y a su madre<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 2, 13). La Palabra revelada nos muestra c&oacute;mo Dios quiere proteger a la familia y preservarla de todo peligro. Por eso la Iglesia, animada e iluminada por el Esp&iacute;ritu Santo, trata de defender y proponer a sus hijos y a todos los hombres de buena voluntad <i> la verdad sobre los valores fundamentales del matrimonio cristiano y de la familia<\/i>. Asimismo, proclama, como deber ineludible, la santidad de este sacramento y sus exigencias morales, para salvaguardar la dignidad de toda persona humana.<\/p>\n<p>El matrimonio, con su car&aacute;cter de uni&oacute;n exclusiva y permanente, es sagrado porque tiene su origen en Dios. Los cristianos, al recibir el sacramento del matrimonio, participan en el plan creador de Dios y reciben las gracias que necesitan para cumplir su misi&oacute;n, para educar y formar a los hijos y responder al llamado a la santidad. Es una uni&oacute;n distinta de cualquier otra uni&oacute;n humana, pues se funda en la entrega y aceptaci&oacute;n mutua de los esposos con la finalidad de llegar a ser &laquo;<i>una sola carne<\/i>&raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 24), viviendo en una comunidad de vida y amor, cuya vocaci&oacute;n es ser &laquo;santuario de la vida&raquo; (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html\"> Evangelium vitae<\/a><\/i>, 59). Con su uni&oacute;n fiel y perseverante, los esposos contribuyen al bien de la instituci&oacute;n familiar y manifiestan que el hombre y la mujer tienen la capacidad de darse para siempre el uno al otro, sin que la donaci&oacute;n voluntaria y perenne anule la libertad, porque en el matrimonio cada personalidad debe permanecer inalterada y desarrollar la gran ley del amor: darse el uno al otro para entregarse juntos a la tarea que Dios les encomienda. Si la persona humana es el centro de toda instituci&oacute;n social, entonces la familia, primer &aacute;mbito de socializaci&oacute;n, debe ser una comunidad de personas libres y responsables que lleven adelante el matrimonio como un proyecto de amor, siempre perfeccionable, que aporta vitalidad y dinamismo a la sociedad civil.<\/p>\n<p>6. En la vida matrimonial <i>el servicio a la vida no se agota en la concepci&oacute;n, sino que se prolonga en la educaci&oacute;n de las nuevas generaciones<\/i>. <i> Los padres<\/i>, al haber dado la vida a los hijos, tienen la grav&iacute;sima obligaci&oacute;n de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como <i> los primeros y principales educadores de sus hijos<\/i>. Esta tarea de la educaci&oacute;n es tan importante que, cuando falta, dif&iacute;cilmente puede suplirse (cf. Decl. <i>Gravissimum educationis<\/i>, 3). Se trata de un deber y de un derecho insustituible e inalienable. Es verdad que, en el &aacute;mbito de la educaci&oacute;n, a la autoridad p&uacute;blica le competen derechos y deberes, ya que tiene que servir al bien com&uacute;n; sin embargo, esto no le da derecho a sustituir a los padres. Por tanto, los padres, sin esperar que otros les reemplacen en lo que es su responsabilidad, deben poder escoger para sus hijos el estilo pedag&oacute;gico, los contenidos &eacute;ticos y c&iacute;vicos y la inspiraci&oacute;n religiosa en los que desean formarlos integralmente. No esperen que todo les venga dado. Asuman su misi&oacute;n educativa, buscando y creando los espacios y medios adecuados en la sociedad civil.<\/p>\n<p><i>Se ha de procurar, adem&aacute;s, a las familias una casa digna y un hogar unido<\/i>, de modo que puedan gozar y transmitir una educaci&oacute;n &eacute;tica y un ambiente propicio para el cultivo de los altos ideales y la vivencia de la fe.<\/p>\n<p>7. Queridos hermanos y hermanas, queridos esposos y padres, queridos hijos: He deseado recordar algunos aspectos esenciales del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia para ayudarlos a vivir con generosidad y entrega ese camino de santidad al que muchos est&aacute;n llamados. Acojan con amor la Palabra del Se&ntilde;or proclamada en esta Eucarist&iacute;a. En el Salmo responsorial hemos escuchado: <i> &laquo;Dichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos&#8230; tus hijos como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa&#8230; Esta es la bendici&oacute;n del hombre que teme al Se&ntilde;or&raquo;<\/i> (<i>Sal<\/i> 127, 1.3.4). <\/p>\n<p>Muy grande es la vocaci&oacute;n a la vida matrimonial y familiar, inspirada en la Palabra de Dios y seg&uacute;n el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Amados cubanos: &iexcl;Sean fieles a la palabra divina y a este modelo! Queridos maridos y mujeres, padres y madres, familias de la noble Cuba: &iexcl;Conserven en su vida ese modelo sublime, ayudados por la gracia que se les ha dado en el sacramento del matrimonio! Que Dios, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, habite en sus hogares. As&iacute;, las familias cat&oacute;licas de Cuba contribuir&aacute;n decisivamente a la gran causa divina de la salvaci&oacute;n del hombre en esta tierra bendita que es su Patria y su Naci&oacute;n. <i> &iexcl;Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu coraz&oacute;n!<\/i><\/p>\n<p>Que la Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de todos los cubanos, Madre en el Hogar de Nazaret, interceda por todas las familias de Cuba para que, renovadas, vivificadas y ayudadas en sus dificultades, vivan en serenidad y paz, superen los problemas y dificultades, y todos sus miembros alcancen la salvaci&oacute;n que viene de Jesucristo, Se&ntilde;or de la historia y de la humanidad. A &Eacute;l la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>Quiero repetir las palabras de vuestro poeta Jos&eacute; Mart&iacute;: en el proceso de construir su futuro &laquo;con todos y para el bien de todos&raquo;, la familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa donde los hijos de Cuba puedan &laquo;crecer en humanidad&raquo;.<\/p>\n<p>He tenido la alegr&iacute;a de celebrar la primera Santa Misa en Cuba, aqu&iacute; en Santa Clara. Hemos estado bajo la mirada de la imagen de la Virgen de la Caridad. Nos hemos reunido como una gran familia, la Iglesia, formada aqu&iacute; por tantas familias que son peque&ntilde;as Iglesias.<\/p>\n<p>Mi gozo es grande y s&eacute; que el de ustedes tambi&eacute;n. La vista de esta asamblea es muy hermosa y su belleza aumenta cuando se ve que el v&iacute;nculo que nos une es la fe. Lleven mi saludo a todos y ll&eacute;vense a sus hogares, adem&aacute;s del recuerdo de esta bella celebraci&oacute;n, el afecto y el cari&ntilde;o del Papa. San Jos&eacute;, patrono de las familias, y Santa Clara, cuyo nombre lleva esta ciudad, estar&aacute;n contentos por ustedes e interceder&aacute;n ante el Se&ntilde;or. &iexcl;Que Dios los bendiga a todos!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A EN SANTA CLARA 22 de enero de 1998 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Las palabras que hoy te digo quedar&aacute;n en tu memoria; se las repetir&aacute;s a tus hijos y hablar&aacute;s de ellas estando en casa y yendo de camino&raquo; (Dt 6, 6-7). 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