{"id":40215,"date":"2016-10-05T23:38:20","date_gmt":"2016-10-06T04:38:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1998-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/"},"modified":"2016-10-05T23:38:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:38:20","slug":"1-de-enero-de-1998-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-1998-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios\/","title":{"rendered":"1 de enero de 1998, Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> SOLEMNIDAD DE SANTA MAR<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">&Iacute;A, MADRE DE DIOS<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><font face=\"Times\" size=\"4\"><b><i><br \/> <\/i><\/b> <\/font> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/><i>Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/>1 de enero de 1998<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 1.&nbsp;&laquo;<i>Cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo&#8230;<\/i>&raquo; (<i>Ga<\/i> 4, 4). Estas palabras de la carta de san Pablo a los G&aacute;latas corresponden muy bien a la &iacute;ndole de esta celebraci&oacute;n. Estamos al comienzo del a&ntilde;o nuevo. Seg&uacute;n el calendario civil, hoy es el primer d&iacute;a de 1998; seg&uacute;n el lit&uacute;rgico, celebramos la solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios.<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> A partir de la tradici&oacute;n cristiana, se difundi&oacute; en el mundo la costumbre de contar los a&ntilde;os desde el nacimiento de Cristo. Por eso, en este d&iacute;a la dimensi&oacute;n laica y la eclesial coinciden en hacer fiesta. Mientras la Iglesia celebra la octava de la Navidad del Se&ntilde;or, el mundo civil festeja el primer d&iacute;a de un nuevo a&ntilde;o solar. Precisamente de este modo, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, se manifiesta gradualmente esa &laquo;plenitud del tiempo&raquo; de la que habla el Ap&oacute;stol: es una secuencia que avanza a lo largo de los siglos y de los milenios de manera progresiva, y que tendr&aacute; su cumplimiento definitivo en el fin del mundo.<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 2.&nbsp;Celebramos la octava de la Navidad del Se&ntilde;or. Durante ocho d&iacute;as hemos revivido en la liturgia el gran acontecimiento del nacimiento de Jes&uacute;s, siguiendo la narraci&oacute;n que nos presentan los evangelios. San Lucas nos vuelve a proponer hoy, en sus rasgos esenciales, la escena del nacimiento en Bel&eacute;n. En efecto, la narraci&oacute;n de hoy es m&aacute;s sint&eacute;tica que la proclamada la noche de Navidad. Confirma y, en cierto sentido, completa el texto de la carta a los G&aacute;latas. El Ap&oacute;stol escribe: &laquo;Cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de una mujer (&#8230;), para que recibi&eacute;ramos el ser hijos por adopci&oacute;n. Como sois hijos, Dios envi&oacute; a vuestros corazones al Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: &quot;&iexcl;Abba!&quot;, Padre. As&iacute; que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres tambi&eacute;n heredero por voluntad de Dios&raquo; (<i>Ga<\/i> 4, 4-7).<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Este magn&iacute;fico texto de san Pablo expresa perfectamente lo que se puede definir como &laquo;la teolog&iacute;a del nacimiento del Se&ntilde;or&raquo;. Se trata de una teolog&iacute;a semejante a la que propone el evangelista san Juan, que, en el pr&oacute;logo del cuarto evangelio, escribe: &laquo;Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros (&#8230;). A todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios&raquo; (<i>Jn<\/i> 1, 14.12). San Pablo expresa la misma verdad, pero podemos decir que en cierto sentido la completa. Este es el gran anuncio que resuena en la liturgia de hoy: el hombre llega a ser hijo adoptivo de Dios gracias al nacimiento del mismo Hijo de Dios. El hombre recibe dicha filiaci&oacute;n por obra del Esp&iacute;ritu Santo, el Esp&iacute;ritu del Hijo, que Dios ha enviado a nuestros corazones. Gracias al don del Esp&iacute;ritu Santo podemos decir: &iexcl;Abba!, Padre. As&iacute;, san Pablo trata de explicar en qu&eacute; consiste y c&oacute;mo se expresa nuestra filiaci&oacute;n adoptiva con respecto a Dios.<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 3.&nbsp;Con la ayuda que nos brindan en nuestra reflexi&oacute;n teol&oacute;gica sobre el nacimiento del Se&ntilde;or san Pablo y el ap&oacute;stol Juan, comprendemos mejor por qu&eacute; solemos contar los a&ntilde;os tomando como punto de referencia el nacimiento de Cristo. La historia se articula en siglos y milenios &laquo;antes&raquo; y &laquo;despu&eacute;s&raquo; de Cristo, dado que el acontecimiento de Bel&eacute;n representa la medida fundamental del tiempo humano. El nacimiento de Jes&uacute;s es el centro del tiempo. La Noche santa se ha convertido en el punto de referencia esencial para los a&ntilde;os, los siglos y los milenios a lo largo de los cuales se desarrolla la acci&oacute;n salv&iacute;fica de Dios.<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> La venida de Cristo al mundo es importante desde el punto de vista de la historia del hombre; pero es m&aacute;s importante a&uacute;n desde el punto de vista de la salvaci&oacute;n del hombre. Jes&uacute;s de Nazaret acept&oacute; someterse al l&iacute;mite del tiempo y lo abri&oacute; una vez para siempre a la perspectiva de la eternidad. Con su vida, y especialmente con su muerte y su resu<\/font>rrecci&oacute;n, Cristo revel&oacute; de modo inequ&iacute;voco que el hombre no es una existencia &laquo;orientada hacia la muerte&raquo; y destinada a agotarse en ella. El hombre no existe &laquo;para la muerte&raquo;, sino &laquo;para la inmortalidad &raquo;. Gracias a la liturgia de hoy, esta verdad fundamental sobre el destino eterno del hombre vuelve a proponerse al comienzo de cada a&ntilde;o nuevo. De este modo, se iluminan el valor y la justa dimensi&oacute;n de cada &eacute;poca, as&iacute; como el tiempo que pasa inexorablemente.<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">4.&nbsp;En esta perspectiva del valor y del sentido del tiempo humano, sobre el que se proyecta la luz de la fe, la Iglesia marca el comienzo del nuevo a&ntilde;o con el signo de la oraci&oacute;n por la paz. Mientras formulo votos para que toda la humanidad avance de modo m&aacute;s firme y concorde por el camino de la justicia y la reconciliaci&oacute;n, me alegra saludar a los ilustres se&ntilde;ores embajadores ante la Santa Sede presentes en esta solemne celebraci&oacute;n. Dirijo un cordial saludo al querido cardenal Roger Etchegaray, presidente del Consejo pontificio Justicia y paz, y a todos los colaboradores de ese dicasterio, al que se ha confiado la tarea espec&iacute;fica de testimoniar la preocupaci&oacute;n del Papa y de la Sede apost&oacute;lica por las diversas situaciones de tensi&oacute;n y de guerra, as&iacute; como la constante solicitud que la Iglesia siente por la construcci&oacute;n de un mundo m&aacute;s justo y fraterno.<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">En el <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_08121997_xxxi-world-day-for-peace.html\"> Mensaje<\/a><\/i> para la Jornada mundial de la paz de este a&ntilde;o he querido reflexionar sobre un tema que me preocupa particularmente: el estrecho v&iacute;nculo que une la promoci&oacute;n de la justicia y la construcci&oacute;n de la paz. En realidad, como reza el tema elegido para esta jornada, &laquo;<i>De la justicia de cada uno nace la paz para todos<\/i>&raquo;. Dirigi&eacute;ndome a los jefes de Estado y a todas las personas de buena voluntad, he subrayado que la b&uacute;squeda de la paz no puede prescindir del compromiso de poner en pr&aacute;ctica la justicia. Se trata de una responsabilidad de la que nadie puede eximirse. &laquo;Justicia y paz no son conceptos abstractos o ideales lejanos; son valores que constituyen un patrimonio com&uacute;n y que est&aacute;n arraigados en el coraz&oacute;n de cada persona. Todos est&aacute;n llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. Nadie puede eximirse de esta responsabilidad &raquo; (n. 1).<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">La Virgen sant&iacute;sima, a la que invocamos en este primer d&iacute;a del a&ntilde;o con el t&iacute;tulo de &laquo;Madre de Dios&raquo;, dirija su mirada amorosa a todo el mundo. Que, gracias a su intercesi&oacute;n materna, los hombres de todos los continentes se sientan m&aacute;s hermanos y dispongan su coraz&oacute;n para acoger a su Hijo Jes&uacute;s. Cristo es la aut&eacute;ntica paz que reconcilia al hombre con el hombre y a toda la humanidad con Dios.<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">5.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga &raquo; (<i>Salmo responsorial<\/i>). La historia de la salvaci&oacute;n est&aacute; marcada por la bendici&oacute;n de Dios sobre la creaci&oacute;n, sobre la humanidad y sobre el pueblo de los creyentes. Esta bendici&oacute;n se repite continuamente y se confirma en el desarrollo de los acontecimientos salv&iacute;ficos. Ya desde el libro del <i>G&eacute;nesis<\/i> vemos c&oacute;mo Dios, a medida que se suceden los d&iacute;as de la creaci&oacute;n, bendice todo lo que ha creado. De modo particular, bendice al hombre creado a su imagen y semejanza (cf. <i>Gn<\/i> 1, 1-2, 4).<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">En cierto sentido, hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o, la liturgia renueva la bendici&oacute;n del Creador que marca ya desde el comienzo la historia del hombre, repitiendo las palabras de Mois&eacute;s: &laquo;El Se&ntilde;or te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Se&ntilde;or te muestre su rostro y te conceda la paz&raquo; (<i>Nm<\/i> 6, 24-26).<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">Se trata de una bendici&oacute;n para el a&ntilde;o que est&aacute; empezando y para nosotros, que nos disponemos a vivir una nueva etapa de tiempo, don precioso de Dios. La Iglesia, uni&eacute;ndose a la mano providente de Dios Padre, inaugura este a&ntilde;o nuevo con una bendici&oacute;n especial, dirigida a todas las personas. Dice: &iexcl;El Se&ntilde;or te bendiga y te proteja!<\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"es\">S&iacute;, el Se&ntilde;or colme nuestros d&iacute;as de frutos y haga que todo el mundo viva en la justicia y en la paz. Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro 1 de enero de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Cuando lleg&oacute; la plenitud del tiempo&#8230;&raquo; (Ga 4, 4). Estas palabras de la carta de san Pablo a los G&aacute;latas corresponden muy bien a la &iacute;ndole de esta celebraci&oacute;n. 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