{"id":40226,"date":"2016-10-05T23:39:12","date_gmt":"2016-10-06T04:39:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1999-santa-misa-para-los-universitarios-romanos-como-preparacion-para-la-navidad-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:12","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:12","slug":"14-de-diciembre-de-1999-santa-misa-para-los-universitarios-romanos-como-preparacion-para-la-navidad-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1999-santa-misa-para-los-universitarios-romanos-como-preparacion-para-la-navidad-2\/","title":{"rendered":"14 de diciembre de 1999, Santa Misa para los universitarios romanos como preparaci\u00f3n para la Navidad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"><b>SANTA MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS ROMANOS<br \/>COMO PREPARACI&Oacute;N PARA LA NAVIDAD<\/b><\/p>\n<p><\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/p>\n<p><\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\">&nbsp;martes 14 de diciembre de 1999<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font face=\"Times\" size=\"3\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;<\/font><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\"><b><\/b><\/font><\/p>\n<p>1.&nbsp;<i>&quot;Vendr&aacute; el Se&ntilde;or; (&#8230;) aquel d&iacute;a brillar&aacute; una gran luz&quot;<\/i> (<i>Ant&iacute;fona<\/i>; cf. <i>Zc<\/i>&nbsp;14, 5.&nbsp;7).<\/p>\n<p> Estas palabras de la liturgia nos recuerdan el t&iacute;pico clima espiritual del Adviento, en el que se sit&uacute;a nuestra celebraci&oacute;n, como preparaci&oacute;n para las fiestas navide&ntilde;as.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos j&oacute;venes estudiantes, os acojo a todos con gran afecto. Saludo y doy las gracias al profesor Giuseppe D&#8217;Ascenzo, que con nobles palabras ha interpretado vuestros sentimientos comunes, y al doctor Antonio Cicchetti, que ha ilustrado el camino ya recorrido y el programado con vistas al encuentro jubilar. Tambi&eacute;n saludo con deferencia al se&ntilde;or ministro, a los rectores, a los profesores y al personal no docente, y les agradezco su presencia en este encuentro con la comunidad acad&eacute;mica de Roma y de Italia, que comenz&oacute; hace veinte a&ntilde;os. Asimismo, me alegra saludar a las delegaciones de las capellan&iacute;as de algunos ateneos europeos, hermanados con las romanas.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Este a&ntilde;o el Adviento no s&oacute;lo nos prepara para la <i>Navidad<\/i>, sino tambi&eacute;n para el <i>gran jubileo<\/i> del a&ntilde;o 2000. En la noche de Navidad se abrir&aacute;, en esta bas&iacute;lica de San Pedro, la Puerta santa. Se trata de un acontecimiento de gran significado simb&oacute;lico:&nbsp; representa la <i>apertura de un paso universal<\/i>, como punto de convergencia al que todos los hombres y todos los pueblos est&aacute;n invitados a dirigirse, para entrar en el amor, en la justicia y en la paz del reino de Dios. Este &quot;paso universal es Cristo, Redentor del hombre, centro del cosmos y de la historia&quot; (<i>Redemptor hominis<\/i>, 1).<\/p>\n<p> El rito de la apertura de la Puerta santa tendr&aacute; lugar en todas las di&oacute;cesis del mundo. El valor del jubileo es eminentemente espiritual; y, sin embargo, est&aacute; estrechamente relacionado con la historia y la presencia concreta de la Iglesia en el mundo. Tambi&eacute;n el jubileo vive de la admirable unidad entre lo divino y lo humano, lo celestial y lo terreno, lo hist&oacute;rico y lo trascendente, que caracteriza a toda realidad eclesial.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;El tema jubilar elegido para el mundo universitario, &quot;La universidad para un nuevo humanismo&quot;, es muy sugestivo. Invita a desarrollar e incrementar el rico <i>patrimonio cient&iacute;fico<\/i> de la humanidad, seg&uacute;n un <i>proyecto que ponga en su centro al hombre.<br \/><\/i><br \/> El acontecimiento de la Encarnaci&oacute;n abre la inteligencia de la fe al conocimiento del amor de Dios al hombre y a la comprensi&oacute;n del sentido de la vida y de la historia. Al fijar su mirada en el misterio del Verbo encarnado, como invita a hacer el gran jubileo ya inminente, el hombre se reencuentra a s&iacute; mismo (cf. <i>Gaudium et spes<\/i>, 22). De modo particular, el investigador y el estudiante creyentes comprenden que todo aspecto de un aut&eacute;ntico humanismo est&aacute; estrechamente vinculado al misterio de Cristo (cf. <i>Redemptor hominis<\/i>, 10).<\/p>\n<p> <i>Servir al hombre<\/i> es la tarea que, en el umbral del tercer milenio, se os conf&iacute;a de modo especial a vosotros, que actu&aacute;is en la universidad. Amad&iacute;simos estudiantes y profesores, os esperan importantes citas durante el a&ntilde;o jubilar. Pienso en la <i>Jornada mundial de la juventud<\/i>, en la que participar&aacute; un gran n&uacute;mero de universitarios, y agradezco a los rectores de los ateneos romanos la sensibilidad con que han favorecido los proyectos de acogida de los j&oacute;venes y la hermandad entre los ateneos. Pienso, asimismo, en el <i>Encuentro mundial de profesores<\/i>, que tendr&aacute; lugar en septiembre, y animo a cuantos est&aacute;n preparando este encuentro a perseverar en su plausible empe&ntilde;o.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La <i>perspectiva universal<\/i> de esos encuentros jubilares se armoniza bien con un tema b&iacute;blico que acaba de sugerir la primera lectura, es decir, la &quot;peregrinaci&oacute;n de los pueblos&quot;. Se trata de un tema muy apreciado especialmente por los profetas de Israel, que denuncian la infidelidad del pueblo elegido y anuncian el nacimiento de un pueblo nuevo, formado por todos los que, procedentes de toda naci&oacute;n y toda raza, se convertir&aacute;n al Se&ntilde;or y a su justicia. Este tema subraya <i>la exigencia prioritaria de la conversi&oacute;n<\/i> y alerta frente al peligro de &quot;creerse justos&quot;, que con gran claridad pone de relieve a su vez el pasaje evang&eacute;lico de hoy.<\/p>\n<p> En efecto, la fe exige como requisito esencial la conversi&oacute;n, es decir, el arrepentimiento sincero y el &iacute;ntimo deseo de cambiar en el coraz&oacute;n, con la ayuda de Dios. Es un <i>movimiento interior <\/i>desde s&iacute; mismos hasta Dios, que permite volver a encontrarse a s&iacute; mismos de modo nuevo y aut&eacute;ntico. El punto de partida es la toma de conciencia de la propia pobreza, de la propia necesidad de salvaci&oacute;n. Impiden o frenan la conversi&oacute;n el orgullo, la presunci&oacute;n y la confianza en s&iacute; mismos, que se traducen en prepotencia, mentira e iniquidad.<\/p>\n<p> El pecador arrepentido &quot;adelanta&quot; al que se cree justo y piensa que no necesita convertirse (cf. <i>Mt<\/i> 21, 31). As&iacute;, el jubileo es para todos, pero beneficia s&oacute;lo a quienes se arrepienten y emprenden, con la gracia del Se&ntilde;or, un aut&eacute;ntico camino de conversi&oacute;n.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Durante el tiempo de Adviento se renueva la peregrinaci&oacute;n de los pueblos hacia el Dios de Israel, que en Jesucristo se hizo hombre y vino a habitar en medio de nosotros. Pero este a&ntilde;o adquiere una intensidad particular. La Iglesia se ha preparado para entrar en el a&ntilde;o 2000 con cinco &quot;S&iacute;nodos continentales&quot;, es decir, cinco Asambleas especiales del S&iacute;nodo de los obispos, respectivamente <i>para &Aacute;frica, Am&eacute;rica, Asia, Ocean&iacute;a y Europa<\/i>. A cada asamblea sigue un documento de an&aacute;lisis y orientaciones para la evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p> &iquest;Cu&aacute;l es el significado de esos S&iacute;nodos y esos documentos? Podemos decir que, por medio de ellos, la Iglesia universal quiere mostrar el camino que va realizando en todas las partes del mundo, siguiendo las huellas de Cristo. El pueblo de Dios, que vive en todos los continentes, habla de s&iacute; mismo, de c&oacute;mo sigue a Cristo en su peregrinaci&oacute;n con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p> As&iacute; pues, estos acontecimientos sinodales <i>expresan un gran movimiento<\/i>. Como si de todos los lugares del mundo se pusieran en camino los hombres de diversas naciones, lenguas, razas y culturas, llamados por la voz de los &aacute;ngeles que anuncian la buena nueva:&nbsp; &quot;Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres, que ama&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 14). Tambi&eacute;n nosotros estamos invitados a recorrer este camino salv&iacute;fico hacia Cristo, que naci&oacute; hace dos mil a&ntilde;os en la cueva de Bel&eacute;n y que, durante este A&ntilde;o jubilar, se hace presente de modo particular en medio de nosotros, para que podamos participar todos en la filiaci&oacute;n divina.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Queridos hermanos, vuestra condici&oacute;n de personas que trabajan y estudian en la universidad os ayuda a tomar parte, con vuestra competencia y vuestra sensibilidad espec&iacute;ficas, en esta peregrinaci&oacute;n universal hacia Cristo, verdad del hombre y de la historia. Amad el estudio, el conocimiento que se ensancha y se profundiza mediante la investigaci&oacute;n y se enriquece mediante la confrontaci&oacute;n, manifestando el esplendor de la verdad. Amad la vida y respetadla siempre, especialmente cuando es m&aacute;s fr&aacute;gil e indefensa.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, Sede de la sabidur&iacute;a, os ayude a ser fieles a Dios y fieles al hombre. Nos encaminamos hacia la Navidad, ya inminente. Miramos ya cercano el umbral del a&ntilde;o 2000, que dentro de poco cruzaremos. Hacia ese umbral miran de manera especial los j&oacute;venes, porque a ellos pertenece el siglo que viene, el milenio que viene. Os deseo que entr&eacute;is con valent&iacute;a en este tiempo que nos espera. Os deseo que entr&eacute;is en este tiempo con la fuerza de Cristo para el futuro de la humanidad.<\/p>\n<p> &iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LOS UNIVERSITARIOS ROMANOSCOMO PREPARACI&Oacute;N PARA LA NAVIDAD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;martes 14 de diciembre de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Vendr&aacute; el Se&ntilde;or; (&#8230;) aquel d&iacute;a brillar&aacute; una gran luz&quot; (Ant&iacute;fona; cf. Zc&nbsp;14, 5.&nbsp;7). 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