{"id":40232,"date":"2016-10-05T23:39:17","date_gmt":"2016-10-06T04:39:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-noviembre-de-1999-canonizacion-de-cirilo-bertran-y-ocho-companeros-inocencio-de-la-inmaculada-benito-menni-y-tomas-de-cori-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:17","slug":"21-de-noviembre-de-1999-canonizacion-de-cirilo-bertran-y-ocho-companeros-inocencio-de-la-inmaculada-benito-menni-y-tomas-de-cori-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-noviembre-de-1999-canonizacion-de-cirilo-bertran-y-ocho-companeros-inocencio-de-la-inmaculada-benito-menni-y-tomas-de-cori-2\/","title":{"rendered":"21 de noviembre de 1999, Canonizaci\u00f3n de Cirilo Bertr\u00e1n y ocho compa\u00f1eros, Inocencio de la Inmaculada, Benito Menni y Tom\u00e1s de Cori\u00a0"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA MISA DE CANONIZACI&Oacute;N DE DOCE BEATOS:<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><b>CIRILO BERTR&Aacute;N Y OCHO COMPA&Ntilde;EROS,<br \/>INOCENCIO DE LA INMACULADA,<br \/>BENITO MENNI,<br \/>TOM&Aacute;S DE CORI&nbsp;<br \/><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i>Domingo de Cristo Rey, 21 de noviembre de 1999<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i>&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p>1.&nbsp;<i>&quot;Se sentar&aacute; en el trono de su gloria&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 25, 31).<\/p>\n<p> La solemnidad lit&uacute;rgica de hoy se centra en Cristo, Rey del universo, <i>Pantocr&aacute;tor<\/i>, como resplandece en el &aacute;bside de las antiguas bas&iacute;licas cristianas. Contemplamos esa majestuosa imagen en este &uacute;ltimo domingo del a&ntilde;o lit&uacute;rgico.<br \/> La realeza de Jesucristo es, seg&uacute;n los criterios del mundo, parad&oacute;jica:&nbsp; es <i>el triunfo del amor<\/i>, que se realiza en el misterio de la encarnaci&oacute;n, pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n del Hijo de Dios. Esta realeza salv&iacute;fica se revela plenamente en el sacrificio de la cruz, acto supremo de misericordia, en el que se lleva a cabo al mismo tiempo la salvaci&oacute;n del mundo y su juicio.<br \/> Todo cristiano participa en la realeza de Cristo. En el bautismo, junto con la gracia interior, recibe el impulso a hacer de su existencia un don gratuito y generoso a Dios y a sus hermanos. Esto se manifiesta con gran elocuencia en el testimonio de los santos y las santas, que son modelos de humanidad renovada por el amor divino. Entre ellos, a partir de hoy incluimos con alegr&iacute;a a Cirilo Bertr&aacute;n y sus ocho compa&ntilde;eros, a Inocencio de la Inmaculada, a Benito Menni y a Tom&aacute;s de Cori.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Cristo tiene que reinar&quot; hemos escuchado de san Pablo en la segunda lectura. El reinado de Cristo se va construyendo ya en esta tierra mediante el servicio al pr&oacute;jimo, luchando contra el mal, el sufrimiento y las miserias humanas hasta aniquilar la muerte. La fe en Cristo resucitado hace posible el compromiso y la entrega de tantos hombres y mujeres en la transformaci&oacute;n del mundo, para devolverlo al Padre:&nbsp; &quot;As&iacute; Dios ser&aacute; todo para todos&quot;.<br \/> Este mismo compromiso es el que anim&oacute; al hermano Cirilo Bertr&aacute;n y a sus siete compa&ntilde;eros, Hermanos de las Escuelas Cristianas del Colegio &quot;Nuestra Se&ntilde;ora de Covadonga&quot;, que habiendo nacido en tierras espa&ntilde;olas y uno de ellos en Argentina, coronaron sus vidas con el martirio en Tur&oacute;n (Asturias) en 1934, junto con el padre pasionista Inocencio de la Inmaculada. No temiendo derramar su sangre por Cristo, vencieron a la muerte y participan ahora de la gloria en el reino de Dios. Por eso, hoy tengo la alegr&iacute;a de inscribirlos en el cat&aacute;logo de los santos, proponi&eacute;ndolos a la Iglesia universal como modelos de vida cristiana e intercesores nuestros ante Dios.<br \/> Al grupo de los m&aacute;rtires de Tur&oacute;n se a&ntilde;ade el hermano Jaime Hilario, de la misma Congregaci&oacute;n religiosa, y que fue asesinado en Tarragona tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Perdonando a los que lo iban a matar, exclam&oacute;:&nbsp; &quot;Amigos, morir por Cristo es reinar&quot;.<br \/> Todos ellos, como cuentan los testigos, se prepararon a la muerte como hab&iacute;an vivido:&nbsp; con la oraci&oacute;n perseverante, en esp&iacute;ritu de fraternidad, sin disimular su condici&oacute;n de religiosos, con la firmeza propia de quien se sabe ciudadano del cielo. No son h&eacute;roes de una guerra humana en la que no participaron, sino que fueron educadores de la juventud. Por su condici&oacute;n de consagrados y maestros afrontaron su tr&aacute;gico destino como aut&eacute;ntico testimonio de fe, dando con su martirio la &uacute;ltima lecci&oacute;n de su vida. Que su ejemplo y su intercesi&oacute;n lleguen a toda la familia lasaliana y a la Iglesia entera.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creaci&oacute;n del mundo, (&#8230;) porque estuve enfermo y me visitasteis&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 34.&nbsp;36). Estas palabras del evangelio proclamado hoy le ser&aacute;n sin duda familiares a Benito Menni, sacerdote de la orden de San Juan de Dios. Su dedicaci&oacute;n a los enfermos, vivida seg&uacute;n el carisma hospitalario, gui&oacute; su existencia.<br \/> Su espiritualidad surge de la propia experiencia del amor que Dios le tiene. Gran devoto del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, Rey de cielos y tierra, y de la Virgen Mar&iacute;a, encuentra en ellos la fuerza para su dedicaci&oacute;n caritativa a los dem&aacute;s, sobre todo a los que sufren:&nbsp; ancianos, ni&ntilde;os escrofulosos y poliomiel&iacute;ticos y enfermos mentales. Su servicio a la orden y a la sociedad lo realiz&oacute; con humildad desde la hospitalidad, con una integridad intachable, que lo convierte en modelo para muchos. Promovi&oacute; diversas iniciativas, orientando a algunas j&oacute;venes que formar&iacute;an el primer n&uacute;cleo del nuevo instituto religioso, fundando en Ciempozuelos (Madrid):&nbsp; las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Su esp&iacute;ritu de oraci&oacute;n lo llev&oacute; a profundizar en el misterio pascual de Cristo, fuente de comprensi&oacute;n del sufrimiento humano y camino para la resurrecci&oacute;n. En este d&iacute;a de Cristo Rey, san Benito Menni ilumina con el ejemplo de su vida a quienes quieren seguir las huellas del Maestro por los caminos de la acogida y la hospitalidad.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Yo mismo en persona buscar&eacute; a mis ovejas y las cuidar&eacute;&quot; (<i>Ez<\/i> 34, 11). Tom&aacute;s de Cori, sacerdote de la orden de los Frailes Menores, fue imagen viva del buen Pastor. Como gu&iacute;a amoroso, supo conducir a los hermanos encomendados a su cuidado hacia las verdes praderas de la fe, animado siempre por el ideal franciscano.<br \/> En el convento mostraba su esp&iacute;ritu de caridad, siempre disponible para cualquier tarea, incluidas las m&aacute;s humildes. Vivi&oacute; <i>la realeza del amor y del servicio<\/i>, seg&uacute;n la l&oacute;gica de Cristo que, como canta la liturgia de hoy, &quot;se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo como v&iacute;ctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumando el misterio de la redenci&oacute;n humana&quot; (<i>Prefacio de Jesucristo, Rey del universo<\/i>).<br \/> Como aut&eacute;ntico disc&iacute;pulo del<i> Poverello<\/i> de As&iacute;s, santo Tom&aacute;s de Cori fue obediente a Cristo, Rey del universo. Medit&oacute; y encarn&oacute; en su existencia la exigencia evang&eacute;lica de la pobreza y la entrega de s&iacute; a Dios y al pr&oacute;jimo. De este modo, toda su vida aparece como signo del Evangelio y testimonio del amor del Padre celestial, revelado en Cristo y operante en el Esp&iacute;ritu Santo, para la salvaci&oacute;n del hombre.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Demos gracias a Dios que, a lo largo de los senderos del tiempo, no deja de suscitar luminosos testigos de su reino de justicia y paz. Los doce nuevos santos, a los que hoy tengo la alegr&iacute;a de proponer a la veneraci&oacute;n del pueblo de Dios, nos indican el camino que debemos recorrer para llegar preparados al gran jubileo del a&ntilde;o 2000. En efecto, no es dif&iacute;cil reconocer en su ejemplaridad algunos elementos que caracterizan el acontecimiento jubilar. Pienso, en particular, en el <i>martirio<\/i> y en la <i>caridad<\/i> (cf. <i>Incarnationis mysterium<\/i>, 12-13). M&aacute;s en general, esta celebraci&oacute;n nos recuerda el gran misterio de la <i>comuni&oacute;n de los santos<\/i>, fundamento del otro elemento caracter&iacute;stico del jubileo, que es la <i>indulgencia<\/i> (cf. <i>ib.<\/i>, 9-10).<br \/> Los santos nos se&ntilde;alan el camino del reino de los cielos, el camino del Evangelio aceptado radicalmente. Al mismo tiempo, sostienen nuestra serena certeza de que toda realidad creada encuentra en Cristo su cumplimiento y que, gracias a &eacute;l, el universo ser&aacute; entregado a Dios Padre plenamente renovado y reconciliado en el amor.<\/p>\n<p> Que san Cirilo Bertr&aacute;n y sus ocho compa&ntilde;eros, san Inocencio de la Inmaculada, san Benito Menni y santo Tom&aacute;s de Cori nos ayuden tambi&eacute;n a nosotros a recorrer este camino de perfecci&oacute;n espiritual. Nos sostenga y proteja siempre Mar&iacute;a, Reina de todos los santos, a quien precisamente hoy contemplamos en su presentaci&oacute;n en el Templo. Ojal&aacute; que, siguiendo su ejemplo, tambi&eacute;n nosotros colaboremos fielmente en el misterio de la redenci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA MISA DE CANONIZACI&Oacute;N DE DOCE BEATOS: CIRILO BERTR&Aacute;N Y OCHO COMPA&Ntilde;EROS,INOCENCIO DE LA INMACULADA,BENITO MENNI,TOM&Aacute;S DE CORI&nbsp; Domingo de Cristo Rey, 21 de noviembre de 1999 &nbsp;&nbsp; 1.&nbsp;&quot;Se sentar&aacute; en el trono de su gloria&quot; (Mt 25, 31). 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