{"id":40238,"date":"2016-10-05T23:39:23","date_gmt":"2016-10-06T04:39:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-noviembre-de-1999-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:23","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:23","slug":"12-de-noviembre-de-1999-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-noviembre-de-1999-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano-2\/","title":{"rendered":"12 de noviembre de 1999, Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> JUAN PABLO II <\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<br \/>EN LA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOS<br \/>FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><i>viernes, 12 de noviembre de 1999 <\/i><br \/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;Viviremos en su presencia&raquo; (<i>Os<\/i> 6,&nbsp;2).<\/p>\n<p> Las celebraciones lit&uacute;rgicas de la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoraci&oacute;n de todos los fieles difuntos nos orientaron, en los d&iacute;as pasados, hacia el gran misterio de la muerte y de la vida eterna. En este clima espiritual nos volvemos a reunir hoy en la bas&iacute;lica de San Pedro para ofrecer el sacrificio eucar&iacute;stico en sufragio por los cardenales y obispos que han llegado a la casa del Padre durante este &uacute;ltimo a&ntilde;o.<br \/> Deseo recordar, en particular, a los venerados cardenales Carlos Oviedo Cavada, Ra&uacute;l Silva Henr&iacute;quez y George Basil Hume. A ellos, as&iacute; como a los arzobispos y obispos fallecidos a lo largo de este a&ntilde;o, va nuestro pensamiento emocionado y agradecido. En su acci&oacute;n apost&oacute;lica, fundada en la fe, y en su atento servicio pastoral, dirigieron su mirada m&aacute;s all&aacute; de los confines terrenos, esperando en el Se&ntilde;or, anunciando su nombre a sus hermanos y alab&aacute;ndolo en medio de la asamblea de los creyentes. Ojal&aacute; que ahora descansen en la casa del Padre celestial, morada de paz para los hijos de Dios.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&laquo;En efecto, todos los que son guiados por el Esp&iacute;ritu de Dios son hijos de Dios&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 14).<\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;ntas veces estos hermanos, a quienes hoy recordamos, se refirieron, en su vida y en el ejercicio de su ministerio, a esa verdad fundamental enunciada por el Ap&oacute;stol! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces invocaron al divino Par&aacute;clito e impetraron la efusi&oacute;n de su gracia sobre el pueblo cristiano!<br \/> Su ejemplo nos invita a confirmar nuestra fe en la persona de nuestro Salvador y en la fuerza vivificante de su Esp&iacute;ritu. La fe nos infunde la certeza consoladora de que la muerte es un paso hacia la vida eterna. Nos lo recuerda el prefacio de difuntos:&nbsp; &laquo;La vida de los que en ti creemos, Se&ntilde;or, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi&oacute;n eterna en el cielo&raquo;.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&laquo;El Hijo da la vida eterna a todos&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 17, 2).<\/p>\n<p> En el evangelio hemos escuchado el inicio de la gran oraci&oacute;n de Jes&uacute;s al Padre, antes de su pasi&oacute;n. Tiene como tel&oacute;n de fondo la cruz, pero permite vislumbrar la alegr&iacute;a de la resurrecci&oacute;n.<br \/> Al fijar nuestra mirada en Cristo crucificado, comprendemos que precisamente en esa entrega suprema del Hijo el Padre derram&oacute; plenamente el Esp&iacute;ritu Santo en el mundo. El buen Pastor, que vino para que los hombres &laquo;tengan vida y la tengan en abundancia&raquo; (<i>Jn<\/i> 10, 10), cumple as&iacute; su misi&oacute;n y da el Esp&iacute;ritu Santo para la salvaci&oacute;n de la humanidad entera.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;A la luz de estas verdades tan consoladoras, nos dirigimos al Dios de la vida, para que acoja a estos hermanos nuestros difuntos, que durante muchos a&ntilde;os fueron obreros generosos en su vi&ntilde;a. Que, ahora que el Se&ntilde;or los ha llamado a su presencia, experimenten la verdad consoladora de la promesa de Cristo:&nbsp; &laquo;El Hijo da la vida eterna a todos&raquo;.<br \/> Pensando en ellos y orando por ellos, prosigamos con confianza el camino hacia la patria celestial. Que nos sostenga diariamente Mar&iacute;a sant&iacute;sima, que Jes&uacute;s en la cruz nos dio como madre. Llenos de esperanza, dirigimos a ella nuestra mirada, buscando refugio bajo su protecci&oacute;n. Ella, Virgen gloriosa y bendita, nos libre de todos los peligros y nos acompa&ntilde;e al encuentro con Dios. Am&eacute;n. <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADREEN LA MISA POR LOS CARDENALES Y OBISPOSFALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O viernes, 12 de noviembre de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Viviremos en su presencia&raquo; (Os 6,&nbsp;2). 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