{"id":40240,"date":"2016-10-05T23:39:24","date_gmt":"2016-10-06T04:39:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-georgia-santa-misa-en-el-palacio-de-deportes-de-tbilisi-9-de-noviembre-de-1999-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:24","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:24","slug":"viaje-apostolico-georgia-santa-misa-en-el-palacio-de-deportes-de-tbilisi-9-de-noviembre-de-1999-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-georgia-santa-misa-en-el-palacio-de-deportes-de-tbilisi-9-de-noviembre-de-1999-2\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico &#8211; Georgia: Santa Misa en el palacio de deportes de Tbilisi (9 de noviembre de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">JUAN PABLO II&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p>&nbsp;Palacio de deportes de Tbilisi,<br \/>martes, 9 de noviembre de 1999<br \/><\/font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/font><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo unig&eacute;nito&raquo;<\/i> (<i>Jn <\/i> 3, 16).<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas de Georgia, vengo a vosotros con este mensaje de esperanza:&nbsp; &iexcl;Dios os ama! Nuestro Padre celestial dio a su Hijo unig&eacute;nito tambi&eacute;n por vosotros, amados hijos de esta tierra rica en historia. Durante este &uacute;ltimo a&ntilde;o del siglo y del milenio, a&ntilde;o dedicado a Dios Padre, toda la Iglesia est&aacute;, por decirlo as&iacute;, sumergida en el misterio del amor de Dios, para que, renovada por la misericordia divina, pueda cruzar la puerta santa del gran jubileo.<\/p>\n<p> Sin Dios el hombre no puede encontrarse plenamente a s&iacute; mismo ni puede encontrar su verdadera felicidad. De hecho, sin Dios el hombre acaba por ir contra s&iacute; mismo, porque es incapaz de construir un orden social suficientemente respetuoso de los derechos fundamentales de la persona y de la convivencia civil.<\/p>\n<p> Iglesia de Dios que est&aacute;s en esta tierra de Kartveli, vengo a ti como peregrino desde la Sede de Roma, honrada por la sangre de san Pedro y san Pablo, y te repito las palabras del Ap&oacute;stol de las gentes:&nbsp; &laquo;Vosotros sois campo de Dios, edificaci&oacute;n de Dios. (&#8230;) El santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario&raquo; (<i>1 Co<\/i> 3, 9.&nbsp;17).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Siento gran emoci&oacute;n y profunda alegr&iacute;a al visitaros, hermanos y hermanas del noble pueblo georgiano. Saludo, en primer lugar, al presidente de Georgia, se&ntilde;or Shevarnadze, y le doy las gracias por haber querido honrar este encuentro con su presencia.<\/p>\n<p> Con sincero afecto abrazo a toda la comunidad cat&oacute;lica de rito latino que vive en este pa&iacute;s, y a su administrador apost&oacute;lico, monse&ntilde;or Giuseppe Pasotto; a la comunidad de rito armenio-cat&oacute;lico, cuyo ordinario, el arzobispo Nerses Der Nersessian, est&aacute; internado en un hospital, y al que quiero enviar mi afecto y mis mejores deseos. Tambi&eacute;n abrazo a la comunidad siro-caldea, con su p&aacute;rroco. Saludo en particular a todos los sacerdotes y consagrados.<\/p>\n<p> Doy las gracias a todos los que nos acompa&ntilde;an espiritualmente, especialmente a los enfermos y a los ancianos, as&iacute; como a quienes han venido de otros pa&iacute;ses. Georgia estuvo siempre en mi coraz&oacute;n durante los a&ntilde;os dif&iacute;ciles y tristes de la persecuci&oacute;n, y ahora me alegro de hallarme aqu&iacute; para orar con vosotros y dar gracias a Dios por la libertad recuperada.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo unig&eacute;nito, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga la vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i> 3, 16). En esta &laquo;buena nueva&raquo; radica la fuente de la esperanza para todo hombre. &Eacute;sta es la semilla evang&eacute;lica que Cristo, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, confi&oacute; a la Iglesia, para que la sembrara en la tierra de la historia:&nbsp; &laquo;Dios es amor&raquo; (<i>1 Jn<\/i> 4, 8.&nbsp;16), y su providencia se extiende a todas las criaturas. El signo supremo de este amor es el sacrificio de su Hijo unig&eacute;nito y el don del Esp&iacute;ritu Santo, que renueva el coraz&oacute;n humano y la faz de la tierra.<\/p>\n<p> La Iglesia se prepara para celebrar en el <i>gran jubileo<\/i> el bimilenario del nacimiento de Cristo, que coincide con el tercer milenio de la naci&oacute;n georgiana. Vengo a vosotros, queridos hermanos y hermanas en Cristo, en v&iacute;speras del gran acontecimiento jubilar, y os invito a acoger plenamente el gran don de este &laquo;a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Lc<\/i> 4, 19).<\/p>\n<p> Este anuncio no s&oacute;lo lo dirijo a vosotros, hermanos y hermanas de Georgia, sino tambi&eacute;n, desde esta amada tierra, a toda la Europa cristiana, de la que hab&eacute;is sido una avanzada. Con su cultura, su historia y su fe, Georgia ha tendido siempre hacia Occidente y ha dado su contribuci&oacute;n a la Europa cristiana. Al coraz&oacute;n de cada hombre y cada mujer deseo repetir que Dios &laquo;dio a su Hijo unig&eacute;nito&raquo; por todos y cada uno. Mediante su encarnaci&oacute;n, el Hijo de Dios se uni&oacute; en cierto modo a todo hombre (cf. <i>Gaudium et spes<\/i>, 22).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&laquo;Dios es nuestro refugio y fortaleza&raquo; (<i>Sal<\/i> 45, 2). En esta invocaci&oacute;n, que hemos repetido en el Salmo responsorial, oigo vuestra voz, queridos hermanos y hermanas de Georgia. Oigo la voz de vuestros antepasados, que a lo largo de los siglos defendieron con su amor y su sacrificio la fe cristiana, afrontando a veces persecuciones muy duras. Junto con otros hermanos cristianos, los cat&oacute;licos han contribuido a la cultura y a la civilizaci&oacute;n de Georgia. Dieron a conocer y apreciar los valores y los hombres ilustres de su pa&iacute;s, incluso m&aacute;s all&aacute; de los confines de Georgia, y a menudo en &eacute;pocas muy dif&iacute;ciles.<\/p>\n<p> Seguid viviendo en el amor de Cristo, que llama a sus disc&iacute;pulos a ser misericordiosos y comprensivos unos con otros. Este amor exige que los cristianos se comprometan a avanzar por el camino de la unidad plena, por la que Cristo or&oacute; a su Padre poco antes de su pasi&oacute;n:&nbsp; &laquo;Que todos sean uno&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p> Adem&aacute;s, Georgia ha sido una tierra particularmente hospitalaria y acogedora, que ha servido como <i>modelo de respeto y tolerancia<\/i> con respecto a los seguidores de otras religiones. Un signo elocuente de esta capacidad vuestra, profundamente arraigada, de convivir y colaborar con todos los hombres de buena voluntad, es el hecho de que no lejos de aqu&iacute; se encuentran muy cercanos entre &nbsp;s&iacute; &nbsp;los &nbsp;principales lugares de culto de cristianos, jud&iacute;os y musulmanes.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;El pueblo georgiano, formado ya desde la antig&uuml;edad seg&uacute;n los valores cristianos, posee un fuerte sentido del car&aacute;cter sagrado de la familia. Conservad siempre esta gran herencia:&nbsp; defended y promoved la familia en la esfera social y pol&iacute;tica, pero sobre todo testimoniad con vuestra vida la fidelidad al matrimonio y la responsabilidad en la educaci&oacute;n de vuestros hijos.<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que los c&oacute;nyuges cristianos y sus familias sean los primeros en anunciar a toda la sociedad el evangelio del amor con el ejemplo de una vida sencilla, laboriosa, acogedora y atenta a los pobres, seg&uacute;n el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Hoy, con gran afecto, bendigo a vuestras familias, a vuestros ni&ntilde;os, a los j&oacute;venes y a los ancianos. Llevad el saludo del Papa a vuestros hogares.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Hermanos y hermanas, esforzaos para que <i>toda la sociedad se convierta en una gran familia<\/i>, abierta a la solidaridad y a la paz verdaderas. S&eacute; que esto no es f&aacute;cil, en parte a causa del largo per&iacute;odo de dominaci&oacute;n atea, en que todos los creyentes soportaron duras pruebas. Durante aquellos a&ntilde;os, la presencia de la comunidad cat&oacute;lica se redujo notablemente. Algunos sacerdotes intr&eacute;pidos, verdaderos ejemplos de lo que debe ser un pastor, realizaron extraordinarios esfuerzos para alimentar la fe, en la medida de sus posibilidades.<\/p>\n<p> Hoy os encontr&aacute;is en una situaci&oacute;n de gran fragmentaci&oacute;n en la que, por una parte, sufr&iacute;s gran pobreza, y, por otra, sent&iacute;s la tentaci&oacute;n del consumismo. &iexcl;No os desanim&eacute;is! Que &nbsp;la luz y la fuerza del Evangelio os sostengan en vuestro camino.<\/p>\n<p> Sed siempre generosos con aquellos de vosotros que padecen necesidad, como ya est&aacute;is haciendo con vuestro apoyo a <i>C&aacute;ritas <\/i>y a otras formas laudables de asistencia. S&eacute; cu&aacute;nto aprecia el pueblo georgiano la obra incansable de estos ministros de la caridad que se han entregado al servicio de todos, sin distinci&oacute;n, teniendo en cuenta &uacute;nicamente las necesidades reales. Con la ayuda de la doctrina social cristiana, formad personas honradas y competentes, que est&eacute;n dispuestas a comprometerse en el campo social y pol&iacute;tico, al servicio del bien com&uacute;n.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;Iglesia de Dios en Georgia, deja que el agua viva del Esp&iacute;ritu Santo fluya abundantemente en ti. Ayuda a tus hijos a rechazar la mentalidad de este mundo y a tener siempre los o&iacute;dos abiertos al Esp&iacute;ritu de Cristo, el Redentor, para discernir lo que es bueno y perfecto a los ojos de Dios (cf. <i>Rm<\/i> 12, 2). As&iacute;, ser&aacute;s como una ciudad situada en la cima de un monte, cuya luz no est&aacute; escondida, sino que es para todos testimonio de verdad y libertad, de amor y paz.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a sant&iacute;sima, icono vivo del amor de Dios, te proteja y acompa&ntilde;e siempre. Ahora que est&aacute;s a punto de entrar en el tercer milenio, te encomiendo a su maternal protecci&oacute;n y a la intercesi&oacute;n de tus santos patronos.<\/p>\n<p> Pueblo de Dios que peregrinas en esta amada tierra de Georgia, avanza con confianza:&nbsp; <i>&iexcl;Dios te ha amado mucho!<\/i> Que su amor sea tu fuerza hoy y siempre. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II&nbsp; HOMIL&Iacute;A &nbsp;Palacio de deportes de Tbilisi,martes, 9 de noviembre de 1999&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo unig&eacute;nito&raquo; (Jn 3, 16). 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