{"id":40245,"date":"2016-10-05T23:39:28","date_gmt":"2016-10-06T04:39:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-noviembre-de-1999-misa-de-clausura-del-sinodo-para-asia-nueva-delhi\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:28","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:28","slug":"7-de-noviembre-de-1999-misa-de-clausura-del-sinodo-para-asia-nueva-delhi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-noviembre-de-1999-misa-de-clausura-del-sinodo-para-asia-nueva-delhi\/","title":{"rendered":"7 de noviembre de 1999, Misa de clausura del S\u00ednodo para Asia, Nueva Delhi"},"content":{"rendered":"<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA MISA DE CLAUSURA<br \/>DEL S&Iacute;NODO PARA ASIA<\/font><br \/><\/b><br \/>&nbsp;Nueva Delhi, domingo 7 de noviembre de 1999 <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><i>&quot;Vivid como hijos de la luz, (&#8230;) pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad&quot;<\/i> (<i>Ef <\/i>5, 8-9).<\/p>\n<p> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p> 1.&nbsp;Hoy, en este vasto pa&iacute;s, muchos celebran la <i>Fiesta de las luces<\/i>. Nos alegramos con ellos y, en esta eucarist&iacute;a, aqu&iacute; en Nueva Delhi, en la India, en el continente asi&aacute;tico, tambi&eacute;n nosotros exultamos en la luz y damos testimonio del &uacute;nico que es &quot;la luz verdadera que ilumina a todo hombre&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 9).<\/p>\n<p> Dios, Padre de misericordia, me ha concedido la alegr&iacute;a de venir a vosotros para promulgar la <i>exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica postsinodal &quot;Ecclesia in Asia&quot;, fruto de los trabajos de la Asamblea especial para Asia del S&iacute;nodo&nbsp;de los&nbsp;obispos<\/i>, que se&nbsp;celebr&oacute; el a&ntilde;o pasado en Roma. &iquest;Qu&eacute; fue ese S&iacute;nodo para Asia? Fue una reuni&oacute;n de obispos que representaban a la Iglesia en este continente. &iquest;Qu&eacute; hicieron los obispos? Ante todo, escucharon en oraci&oacute;n al Esp&iacute;ritu; reflexionaron en el camino que ha recorrido hasta ahora la Iglesia entre los pueblos de Asia;&nbsp;reconocieron la gracia de la <i>hora<\/i> que la Iglesia est&aacute; viviendo actualmente en este continente; comprometieron a todo el pueblo de Dios a una fidelidad cada vez mayor al Se&ntilde;or y en la tarea evang&eacute;lica que &eacute;l ha encomendado a todos los bautizados para el bien de la familia humana.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Hoy, queridos hermanos y hermanas, vosotros represent&aacute;is aqu&iacute; a la comunidad cat&oacute;lica no s&oacute;lo de la India, sino tambi&eacute;n de todo el continente asi&aacute;tico y<i> os entrego la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica postsinodal como gu&iacute;a para la vida espiritual y pastoral de la Iglesia en este continente<\/i> mientras entramos en un nuevo siglo y en un nuevo milenio cristiano.<\/p>\n<p> Es un acierto que este documento se haya firmado y publicado en la India, sede de numerosas culturas, religiones y tradiciones espirituales asi&aacute;ticas antiguas. Estas antiguas civilizaciones asi&aacute;ticas han forjado la vida de los pueblos de este continente y han dejado una huella indeleble en la historia de la raza humana. Hoy se hallan aqu&iacute; presentes ilustres representantes de varias comunidades cristianas y de las grandes religiones de la India. Los saludo a todos con estima y amistad, y les expreso mi esperanza y mi deseo de que el pr&oacute;ximo siglo sea un tiempo de di&aacute;logo fecundo, que lleve a <i>una nueva relaci&oacute;n de entendimiento y solidaridad entre los seguidores de todas las religiones<\/i>.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Deseo dar las gracias al arzobispo Alan de Lastic, pastor de la archidi&oacute;cesis que acoge esta asamblea eucar&iacute;stica, por las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido. Saludo a todos mis hermanos en el episcopado de la Iglesia latina, de la Iglesia siro-malabar y de la Iglesia siro-malankar. Abrazo a los cardenales y obispos que han venido aqu&iacute; de otros pa&iacute;ses para compartir la alegr&iacute;a de este acontecimiento.<\/p>\n<p> <i>Expreso mi agradecimiento a los numerosos sacerdotes<\/i> <i>presentes<\/i>, que comparten el &uacute;nico sacerdocio de Jesucristo juntamente con los obispos y los sacerdotes de Asia y del mundo. Queridos hermanos en el sacerdocio, adoptad como regla de vida estas palabras de la liturgia de la ordenaci&oacute;n:&nbsp; &quot;Recibe el Evangelio de Cristo, a cuyo servicio est&aacute;s; medita en la ley de Dios; cree en lo que lees; predica aquello en lo que crees y practica lo que predicas&quot;.<\/p>\n<p> Con gran afecto en el Se&ntilde;or, <i>saludo a los religiosos y religiosas.<\/i> Tanto si os dedic&aacute;is a la contemplaci&oacute;n como si trabaj&aacute;is en el apostolado activo, vuestro testimonio de la supremac&iacute;a del esp&iacute;ritu os sit&uacute;a en el centro de la vida y de la misi&oacute;n de la Iglesia en Asia. Por esto os doy las gracias y os aliento.<\/p>\n<p> <i>Encomiendo especialmente los frutos del S&iacute;nodo a los miembros del laicado<\/i>, pues sobre todo vosotros est&aacute;is llamados a transformar la sociedad infundiendo &quot;el pensamiento de Cristo&quot; en la mentalidad, en las costumbres, en las leyes y en las estructuras del mundo en que viv&iacute;s (cf. <i>Ecclesia in Asia, <\/i>22). Uno de los principales desaf&iacute;os que deb&eacute;is afrontar es el de <i>hacer que la luz del Evangelio ilumine la familia y la defensa de la vida y de la dignidad humana<\/i>. Dais testimonio de vuestra fe en un mundo de contrastes. Por un lado, ha habido enormes progresos econ&oacute;micos y tecnol&oacute;gicos; pero, por otro, existen a&uacute;n situaciones de extrema pobreza e injusticia. El S&iacute;nodo se hizo eco de las demandas de los antiguos profetas, demandas de justicia, de un orden justo de la sociedad humana, sin los cuales no puede haber aut&eacute;ntico culto a Dios (cf. <i>Is<\/i> 1, 10-17; <i>Am<\/i> 5, 21-24; <i>Ecclesia in Asia<\/i>, 41). <i>La Iglesia conf&iacute;a en que los laicos de Asia reflejar&aacute;n la luz de Cristo dondequiera que las tinieblas del pecado, de la divisi&oacute;n y de la discriminaci&oacute;n obscurezcan la imagen de Dios en sus hijos<\/i>.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;<i>&quot;La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 5).<\/p>\n<p> Estas palabras de san Juan en el evangelio que acabamos de leer nos hablan de Jesucristo. Su vida y su obra son la luz que ilumina nuestra senda hacia el destino trascendente. La buena nueva de la encarnaci&oacute;n del Salvador y de su muerte y resurrecci&oacute;n por nuestra salvaci&oacute;n, ilumina el camino de la Iglesia que peregrina en la historia hacia la plenitud de la Redenci&oacute;n.<\/p>\n<p> El S&iacute;nodo que hoy concluimos se alegr&oacute; al recordar que el nacimiento de Jes&uacute;s tuvo lugar en tierra de Asia. El Verbo eterno se encarn&oacute; como asi&aacute;tico. Y fue en este continente donde la Iglesia comenz&oacute; a difundir la buena nueva, predicando el Evangelio con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Juntamente con los cristianos de todo el mundo, la Iglesia en Asia cruzar&aacute; el umbral del nuevo milenio, dando gracias por todo lo que Dios ha realizado desde los inicios hasta hoy. Quiera Dios que, de la misma forma que en el primer milenio la cruz arraig&oacute; s&oacute;lidamente en Europa, y en el segundo lo hizo en Am&eacute;rica y &Aacute;frica, as&iacute; en el tercer milenio cristiano se produzca <i>una abundante cosecha de fe <\/i>en este continente tan vasto y vital (cf. <i>Ecclesia in Asia<\/i>, 1).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;En el umbral del gran jubileo, que conmemorar&aacute; el bimilenario del nacimiento de Jesucristo, la comunidad de sus disc&iacute;pulos est&aacute; llamada &nbsp;a reparar el gran rechazo mencionado en el pr&oacute;logo del evangelio de san Juan:&nbsp; &quot;El &nbsp;mundo fue hecho por &eacute;l, y el mundo no lo reconoci&oacute;. Vino a los suyos, y los suyos no lo acogieron&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 10-11). El Verbo eterno &quot;era la luz verdadera, que &nbsp;ilumina &nbsp;a todo hombre que viene a este mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 9). Sin embargo, en vez de difundirse ampliamente, esta luz ha sido a menudo obstaculizada y obscurecida por las tinieblas. En el coraz&oacute;n del pecador es rechazada. Los pecados de las personas se funden y se consolidan en estructuras sociales de injusticia, en desequilibrios econ&oacute;micos y culturales que discriminan a las personas y las marginan de la sociedad. El signo de que&nbsp; celebramos &nbsp;realmente el jubileo como a&ntilde;o de la misericordia del Se&ntilde;or (cf.<i> Is<\/i> 61, 2) ser&aacute; <i>nuestra conversi&oacute;n a la luz y nuestros esfuerzos por restablecer la equidad y promover la justicia en todos los &aacute;mbitos de la sociedad.<\/p>\n<p> <\/i>6.&nbsp;<i>&quot;A los que lo acogieron, a los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 12).<\/p>\n<p> En la Eucarist&iacute;a damos gracias a Dios Padre por los numerosos dones que nos ha concedido y, en particular, por el de su amado Hijo, nuestro Salvador Jesucristo. Jesucristo es el testigo fiel y veraz (cf. <i>Ap<\/i> 3, 14).<\/p>\n<p> El S&iacute;nodo recuerda a los cristianos de Asia que &quot;la vida perfectamente humana de Jes&uacute;s, dedicada enteramente al amor y al servicio del Padre y de la humanidad, revela que <i>la vocaci&oacute;n de todo ser humano consiste en recibir y dar amor<\/i>&quot; (<i>Ecclesia in Asia<\/i>, 13). En los santos admiramos la inagotable capacidad del coraz&oacute;n humano de amar a Dios y al hombre, aunque eso implique grandes sufrimientos. &iquest;No va en esa misma direcci&oacute;n la herencia de tantos sabios maestros en la India y en otros pueblos de Asia? Esta ense&ntilde;anza sigue siendo v&aacute;lida tambi&eacute;n hoy, y resulta m&aacute;s necesaria que nunca. El mundo s&oacute;lo se transformar&aacute; si los hombres y mujeres de buena voluntad, y todas las naciones, aceptan realmente que el &uacute;nico camino digno de la familia humana es la senda de la paz, del respeto mutuo, de la comprensi&oacute;n y el amor, y de la solidaridad con los necesitados.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, &iquest;qu&eacute; pide &nbsp;la Iglesia a sus miembros en el alba de un nuevo milenio? Ante todo, <i>que se&aacute;is testigos convincentes, encarnando en vuestra vida el mensaje que proclam&aacute;is<\/i>. Como nos recuerda la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica postsinodal <i>Ecclesia in Asia<\/i>:&nbsp; s&oacute;lo se puede encender un fuego con algo que est&eacute; encendido. S&oacute;lo se puede predicar el Evangelio si los obispos,&nbsp;los sacerdotes,&nbsp;los consagrados y los laicos est&aacute;n encendidos de amor a Cristo y arden de celo por darlo a conocer, amar y seguir (cf.<i> Ecclesia in Asia<\/i>, 23).<\/p>\n<p> Este es el mensaje del S&iacute;nodo:&nbsp; <i>un mensaje de amor y esperanza para los pueblos de este continente<\/i>. Ojal&aacute; que la Iglesia en Asia acoja este mensaje, para que todos &quot;tengan vida y la tengan en abundancia&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 10). Por Cristo, nuestro Se&ntilde;or. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA MISA DE CLAUSURADEL S&Iacute;NODO PARA ASIA&nbsp;Nueva Delhi, domingo 7 de noviembre de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &quot;Vivid como hijos de la luz, (&#8230;) pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad&quot; (Ef 5, 8-9). 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