{"id":40260,"date":"2016-10-05T23:39:44","date_gmt":"2016-10-06T04:39:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-octubre-de-1999-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:44","slug":"1-de-octubre-de-1999-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-octubre-de-1999-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"1 de octubre de 1999, Apertura de la II Asamblea especial para Europa del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"> MISA DE APERTURA DE LA II ASAMBLEA ESPECIAL<br \/>PARA EUROPA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/p>\n<p><i>Viernes 1 de octubre de 1999<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"><i>Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;<br \/>amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">1. &laquo;Jes&uacute;s en persona se acerc&oacute; y se puso a caminar con ellos&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 15). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">El relato evang&eacute;lico de los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, que acabamos de escuchar, constituye la <i>imagen b&iacute;blica<\/i> que sirve de marco a esta II Asamblea especial para Europa del S&iacute;nodo de los obispos. La iniciamos con esta solemne concelebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, cuyo tema es: &laquo;Jesucristo, vivo en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa&raquo;, confiando al Se&ntilde;or las expectativas y esperanzas que llevamos en nuestro coraz&oacute;n. Nos hallamos en torno al altar en representaci&oacute;n de las naciones del continente, unidos por el deseo de que el anuncio y el testimonio de Cristo vivo ayer, hoy y siempre, sean cada vez m&aacute;s eficaces y concretos en todos los rincones de Europa. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Con gran alegr&iacute;a y cari&ntilde;o os ofrezco a cada uno mi fraternal abrazo de paz. El Esp&iacute;ritu nos ha convocado para este importante evento eclesial que, continuando la primera Asamblea para Europa de 1991, concluye la serie de S&iacute;nodos continentales preparatorios del gran jubileo del a&ntilde;o 2000. En vuestras personas dirijo a las Iglesias particulares de las que proced&eacute;is mi m&aacute;s cordial saludo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">2. &laquo;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&raquo; (<i>Hb<\/i> 13, 8). Como ya es sabido, &eacute;sta es la llamada constante que resuena en la Iglesia encaminada hacia el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Jesucristo est&aacute; vivo en su Iglesia y, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, sigue &laquo;acerc&aacute;ndose&raquo; al hombre y &laquo;caminando&raquo; con &eacute;l. Especialmente en los momentos de prueba, cuando las desilusiones amenazan con hacer vacilar la confianza y la esperanza, el Resucitado sale a nuestro encuentro por los senderos del extrav&iacute;o humano y, aunque no lo reconozcamos, se convierte en nuestro compa&ntilde;ero de camino. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">De este modo, en Cristo y en su Iglesia, Dios no deja de escuchar las alegr&iacute;as y las esperanzas, las tristezas y las angustias de la humanidad (cf. <i>Gaudium et spes<\/i>, 1), a la que quiere transmitir el anuncio de su amorosa solicitud. Esto es lo que sucedi&oacute; en el <i>concilio Vaticano II <\/i>y este es tambi&eacute;n el sentido de las <i>diversas Asambleas continentales<\/i> del S&iacute;nodo de los obispos: Cristo resucitado, vivo en su Iglesia, camina con el hombre que vive en &Aacute;frica, en Am&eacute;rica, en Asia, en Ocean&iacute;a y en Europa, para suscitar o despertar en su alma la fe, la esperanza y la caridad. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">3. Con la Asamblea sinodal que comienza hoy, el Se&ntilde;or quiere dirigir al pueblo cristiano, peregrino en las tierras comprendidas entre el Atl&aacute;ntico y los Urales, <i>una fuerte invitaci&oacute;n a la esperanza<\/i>. Esa invitaci&oacute;n hoy ha encontrado una expresi&oacute;n particular en las palabras del profeta: &laquo;Grita de j&uacute;bilo, (&#8230;), al&eacute;grate y exulta&raquo; (<i>So<\/i> 3, 14). El Dios de la alianza conoce el coraz&oacute;n de sus hijos y las muchas pruebas dolorosas que las naciones europeas han tenido que sufrir a lo largo de este atormentado y dif&iacute;cil siglo que ya se acerca a su fin. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&Eacute;l, el <i>Emmanuel<\/i>, el Dios con nosotros, ha sido crucificado en los campos de concentraci&oacute;n y en los gulag; ha conocido el sufrimiento en los bombardeos y en las trincheras; ha padecido donde el hombre, cada ser humano, ha sido humillado, oprimido y violado en su irrenunciable dignidad. Cristo ha sufrido la pasi&oacute;n en las innumerables v&iacute;ctimas inocentes de las guerras y de los conflictos que han ensangrentado las regiones de Europa. Conoce las graves tentaciones de las generaciones que se preparan a cruzar el umbral del tercer milenio: desgraciadamente, los entusiasmos suscitados por la ca&iacute;da de las barreras ideol&oacute;gicas y por las revoluciones pac&iacute;ficas de 1989 parecen haberse extinguido de forma r&aacute;pida al chocar con los ego&iacute;smos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, y en los labios de muchas personas en Europa afloran las palabras desconsoladas de los dos disc&iacute;pulos que iban por el camino de Ema&uacute;s: &laquo;Nosotros esper&aacute;bamos&#8230;&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 21). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">En este marco social y cultural particular, la Iglesia siente el deber de renovar con vigor el mensaje de esperanza que Dios le ha confiado. Con esta Asamblea repite a Europa: &laquo;El Se&ntilde;or, tu Dios, est&aacute; en medio de ti como poderoso salvador&raquo; (<i>So<\/i> 3, 17). Su invitaci&oacute;n a la esperanza no se basa en una ideolog&iacute;a ut&oacute;pica, como las que en los &uacute;ltimos dos siglos han acabado por pisotear los derechos del hombre y, especialmente, los de los m&aacute;s d&eacute;biles. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Por el contrario, es el imperecedero mensaje de salvaci&oacute;n proclamado por Cristo: El reino de Dios est&aacute; en medio de vosotros, convert&iacute;os y creed en el Evangelio (cf. <i>Mc<\/i> 1, 15). Con la autoridad que le viene de su Se&ntilde;or, la Iglesia repite a la Europa de hoy: Europa del tercer milenio, &laquo;No desfallezcan tus manos&raquo; (So 3, 16), no cedas al desaliento, no te resignes a modos de pensar y vivir que no tienen futuro, porque no se basan en la s&oacute;lida certeza de la palabra de Dios. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Europa del tercer milenio, a ti y a todos tus hijos la Iglesia os vuelve a proponer a\u2022Cristo, &uacute;nico mediador de la salvaci&oacute;n ayer, hoy y siempre (cf. <i>Hb<\/i> 13, 8). Te propone a Cristo, verdadera esperanza del hombre y de la historia. Te lo propone no s&oacute;lo con las palabras, sino especialmente con el testimonio elocuente de la santidad. De hecho, los santos y las santas, con su existencia marcada por las bienaventuranzas evang&eacute;licas, constituyen la vanguardia m&aacute;s eficaz y cre&iacute;ble de la misi&oacute;n de la Iglesia. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">4. Por esto, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, en el umbral del a&ntilde;o 2000, mientras la Iglesia entera que est&aacute; en Europa se encuentra aqu&iacute; representada del modo m&aacute;s digno, tengo hoy la alegr&iacute;a de proclamar <i>tres nuevas copatronas del continente europeo<\/i>. Son: santa Edith Stein, santa Br&iacute;gida de Suecia y santa Catalina de Siena. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Europa ya est&aacute; bajo la protecci&oacute;n celestial de tres grandes santos: Benito de Nursia, padre del monaquismo occidental, y los hermanos Cirilo y Metodio, ap&oacute;stoles de los eslavos. He querido colocar al lado de estos insignes testigos de Cristo otras tantas figuras femeninas, entre otras cosas para subrayar el gran papel que las mujeres han desempe&ntilde;ado y desempe&ntilde;an en la historia eclesial y civil del continente hasta nuestros d&iacute;as. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Desde sus albores la Iglesia, a pesar de estar condicionada por las culturas en las cuales se hallaba integrada, ha reconocido siempre la plena dignidad espiritual de la mujer, a partir de la singular vocaci&oacute;n y misi&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre del Redentor. Ya desde los comienzos -como atestigua el Canon romano-, a mujeres como Felicidad, Perpetua, &Aacute;gueda, Luc&iacute;a, In&eacute;s, Cecilia y Anastasia, los cristianos se dirigieron con fervor no inferior al reservado a los santos varones. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">5. <i>Las tres santas<\/i> escogidas como copatronas de Europa est&aacute;n relacionadas de modo especial con la historia del continente. <i>Edith Stein<\/i>, que, proviniendo de una familia jud&iacute;a, dej&oacute; la brillante carrera de estudiosa para hacerse monja carmelita con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz y muri&oacute; en el campo de exterminio de Auschwitz, es un s&iacute;mbolo de los dramas de la Europa de este siglo. Br&iacute;gida de Suecia y Catalina de Siena, que vivieron en el siglo XIV, trabajaron incansablemente por la Iglesia, preocup&aacute;ndose por su suerte a escala europea. As&iacute;, <i>Br&iacute;gida<\/i>, consagrada a Dios despu&eacute;s de haber vivido plenamente la vocaci&oacute;n de esposa y madre, recorri&oacute; Europa de norte a sur, promoviendo sin descanso la unidad de los cristianos, y muri&oacute; en Roma. <i>Catalina<\/i>, humilde e intr&eacute;pida terciaria dominica, llev&oacute; la paz a su Siena, a Italia y a la Europa del siglo XIV; se dedic&oacute; completamente a la Iglesia, logrando obtener el retorno del Papa desde Avi&ntilde;&oacute;n a Roma. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Las tres expresan admirablemente la s&iacute;ntesis entre contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n. Su vida y sus obras testimonian con gran elocuencia la fuerza de Cristo resucitado, que vive en su Iglesia: fuerza de amor generoso a Dios y al hombre, fuerza de aut&eacute;ntica renovaci&oacute;n moral y civil. En estas nuevas patronas, tan ricas en dones tanto desde el punto de vista sobrenatural como desde el humano, pueden hallar inspiraci&oacute;n los cristianos y las comunidades eclesiales de todas las confesiones, al igual que los ciudadanos y los Estados europeos, sinceramente comprometidos en la b&uacute;squeda de la verdad y del bien com&uacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">6. &laquo;&iquest;No ard&iacute;a nuestro coraz&oacute;n mientras (&#8230;) nos explicaba las Escrituras?&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 32). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Deseo de coraz&oacute;n que los trabajos sinodales nos hagan revivir la experiencia de los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, los cuales, llenos de esperanza y alegr&iacute;a, por haber reconocido al Se&ntilde;or &laquo;en la fracci&oacute;n del pan&raquo;, volvieron sin dilaci&oacute;n a Jerusal&eacute;n para referir a los hermanos lo que les hab&iacute;a ocurrido a lo largo del camino (cf. <i>Lc<\/i> 24, 33-35). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Que Jesucristo nos conceda tambi&eacute;n a nosotros el encontrarlo y reconocerlo junto a la mesa eucar&iacute;stica, en la comuni&oacute;n de los corazones y de la fe. Que nos otorgue vivir estas semanas de reflexi&oacute;n en la escucha profunda del Esp&iacute;ritu Santo que habla a las Iglesias en Europa. Que nos haga humildes y valientes ap&oacute;stoles de su cruz, como lo fueron los santos Benito, Cirilo y Metodio, y las santas Edith Stein, Br&iacute;gida y Catalina. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Imploramos su ayuda, juntamente con la celestial intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Reina de todos los santos y Madre de Europa. Que esta II Asamblea especial para Europa marque las l&iacute;neas de una acci&oacute;n evangelizadora atenta a los desaf&iacute;os y a las expectativas de las generaciones j&oacute;venes. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Y que Cristo sea renovada fuente de esperanza para los habitantes del &laquo;viejo&raquo; continente, en el cual el Evangelio ha suscitado a lo largo de los siglos una incomparable cosecha de fe, de amor laborioso y de civilizaci&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Am&eacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp;&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE APERTURA DE LA II ASAMBLEA ESPECIALPARA EUROPA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 1 de octubre de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;amad&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. &laquo;Jes&uacute;s en persona se acerc&oacute; y se puso a caminar con ellos&raquo; (Lc 24, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-octubre-de-1999-apertura-de-la-ii-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de octubre de 1999, Apertura de la II Asamblea especial para Europa del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40260","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40260","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40260"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40260\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40260"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40260"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40260"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}