{"id":40263,"date":"2016-10-05T23:39:48","date_gmt":"2016-10-06T04:39:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1999-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:48","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:48","slug":"15-de-agosto-de-1999-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1999-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1999, Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/><i>Castelgandolfo, domingo 15 de agosto de 1999 <\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 1. <i>&laquo;Magnificat anima mea Dominum!&raquo;<\/i> (<i>Lc<\/i> 1, 46). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> La Iglesia peregrina en la historia se une hoy al c&aacute;ntico de exultaci&oacute;n de la bienaventurada Virgen Mar&iacute;a; expresa su alegr&iacute;a y alaba a Dios porque la Madre del Se&ntilde;or entra triunfante en la gloria del cielo. En el misterio de su Asunci&oacute;n, aparece el significado pleno y definitivo de las palabras que ella misma pronunci&oacute; en Ain Karim, respondiendo al saludo de Isabel: &laquo;Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 49). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Gracias a la victoria pascual de Cristo sobre la muerte, la Virgen de Nazaret, unida profundamente al misterio del Hijo de Dios, comparti&oacute; de modo singular sus efectos salv&iacute;ficos. Correspondi&oacute; plenamente con su &laquo;<i>s&iacute;<\/i>&raquo; a la voluntad divina, particip&oacute; &iacute;ntimamente en la misi&oacute;n de Cristo y fue la primera en entrar despu&eacute;s de &eacute;l en la gloria, en cuerpo y alma, en la integridad de su ser humano. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> El &laquo;<i>s&iacute;<\/i>&raquo; de Mar&iacute;a es alegr&iacute;a para cuantos estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte. En efecto, a trav&eacute;s de ella vino al mundo el Se&ntilde;or de la vida. Los creyentes exultan y la veneran como Madre de los hijos redimidos por Cristo. Hoy, en particular, la contemplan como &laquo;signo de consuelo y de esperanza&raquo; (cf. <i>Prefacio<\/i>) para cada uno de los hombres y para todos los pueblos en camino hacia la patria eterna. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, dirijamos nuestra mirada a la Virgen, a quien la liturgia nos hace invocar como aquella que rompe las cadenas de los oprimidos, da la vista a los ciegos, arroja de nosotros todo mal e impetra para nosotros todo bien (cf. <i>II V&iacute;speras<\/i>, <i>Himno<\/i>). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 2. <i>&laquo;Magnificat anima mea Dominum!&raquo;<\/i>. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> La comunidad eclesial renueva en la solemnidad de hoy el c&aacute;ntico de acci&oacute;n de gracias de Mar&iacute;a: lo hace como pueblo de Dios, y pide que cada creyente se una al coro de alabanza al Se&ntilde;or. Ya desde los primeros siglos, san Ambrosio exhortaba a esto: &laquo;Que en cada uno el alma de Mar&iacute;a glorifique al Se&ntilde;or, que en cada uno el esp&iacute;ritu de Mar&iacute;a exulte a Dios&raquo; (san Ambrosio, <i>Exp. Ev. Luc.<\/i>, II, 26). Las palabras del Magn&iacute;ficat son como el testamento espiritual de la Virgen Madre. Por tanto, constituyen con raz&oacute;n la herencia de cuantos, reconoci&eacute;ndose como hijos suyos, deciden acogerla en su casa, como hizo el ap&oacute;stol san Juan, que la recibi&oacute; como Madre directamente de Jes&uacute;s, al pie de la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 19, 27). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 3. <i>&laquo;Signum magnum paruit in caelo&raquo;<\/i><\/font> (Ap 12, 1).<\/p>\n<p align=\"left\"> La p&aacute;gina del Apocalipsis que se acaba de proclamar, al presentar la &laquo;gran se&ntilde;al&raquo; de la &laquo;mujer vestida de sol&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 1), afirma que estaba &laquo;encinta, y gritaba con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 2). Tambi&eacute;n Mar&iacute;a, como hemos escuchado en el evangelio, cuando va a ayudar a su prima Isabel lleva en su seno al Salvador, concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Ambas figuras de Mar&iacute;a, la hist&oacute;rica, descrita en el evangelio, y la bosquejada en el libro del Apocalipsis, simbolizan a la Iglesia. El hecho de que el embarazo y el parto, las asechanzas del drag&oacute;n y el reci&eacute;n nacido arrebatado y llevado &laquo;junto al trono de Dios&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 4-5), pertenezcan tambi&eacute;n a la Iglesia &laquo;celestial&raquo; contemplada en visi&oacute;n por el ap&oacute;stol san Juan, es bastante elocuente y, en la solemnidad de hoy, es motivo de profunda reflexi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; como Cristo resucitado y ascendido al cielo lleva consigo para siempre, en su cuerpo glorioso y en su coraz&oacute;n misericordioso, las llagas de la muerte redentora, as&iacute; tambi&eacute;n su Madre lleva en la eternidad &laquo;los dolores del parto y el tormento de dar a luz&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 2). Y de igual modo que el Hijo, mediante su muerte, no deja de redimir a cuantos son engendrados por Dios como hijos adoptivos, de la misma manera la nueva Eva sigue dando a luz, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, al hombre nuevo, &laquo;creado seg&uacute;n Dios, en la justicia y santidad de la verdad&raquo; (<i>Ef<\/i> 4, 24). Se trata de la maternidad escatol&oacute;gica de la Iglesia, presente y operante en la Virgen.<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. En el actual momento hist&oacute;rico, al t&eacute;rmino de un milenio y en v&iacute;speras de una nueva &eacute;poca, esta dimensi&oacute;n del misterio de Mar&iacute;a es m&aacute;s significativa que nunca. La Virgen, elevada a la gloria de Dios en medio de los santos, es signo seguro de esperanza para la Iglesia y para toda la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\"> La gloria de la Madre es motivo de alegr&iacute;a inmensa para todos sus hijos, una alegr&iacute;a que conoce las amplias resonancias del sentimiento, t&iacute;picas de la piedad popular, aunque no se reduzca a ellas. Es, por decirlo as&iacute;, una alegr&iacute;a teologal, fundada firmemente en el misterio pascual. En este sentido, la Virgen es &laquo;<i>causa nostrae laetitiae<\/i>&raquo;, causa de nuestra alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\"> Mar&iacute;a, elevada al cielo, indica el camino hacia Dios, el camino del cielo, el camino de la vida. Lo muestra a sus hijos bautizados en Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. Lo abre, sobre todo, a los humildes y a los pobres, predilectos de la misericordia divina. A las personas y a las naciones, la Reina del mundo les revela la fuerza del amor de Dios, cuyos designios dispersan a los de los soberbios, derriban a los potentados y exaltan a los humildes, colman de bienes a los hambrientos y despiden a los ricos sin nada (cf. <i>Lc<\/i> 1, 51-53).<\/p>\n<p align=\"left\"> 5.&nbsp; &laquo;<i>Magnificat anima mea Dominum!<\/i>&raquo;. Desde esta perspectiva, la Virgen del Magn&iacute;ficat nos ayuda a comprender mejor el valor y el sentido del gran jubileo ya inminente, tiempo propicio en el que la Iglesia universal se unir&aacute; a su c&aacute;ntico para alabar la admirable obra de la Encarnaci&oacute;n. El esp&iacute;ritu del Magn&iacute;ficat es el esp&iacute;ritu del jubileo; en efecto, en el c&aacute;ntico prof&eacute;tico Mar&iacute;a manifiesta el j&uacute;bilo que colma su coraz&oacute;n, porque Dios, su Salvador, puso los ojos en la humildad de su esclava (cf. <i>Lc<\/i> 1, 47-48).<\/p>\n<p align=\"left\"> Ojal&aacute; que &eacute;ste sea tambi&eacute;n el esp&iacute;ritu de la Iglesia y de todo cristiano. Oremos para que el gran jubileo sea totalmente un Magn&iacute;ficat, que una la tierra y el cielo en un c&aacute;ntico de alabanza y acci&oacute;n de gracias. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Castelgandolfo, domingo 15 de agosto de 1999 &nbsp; 1. &laquo;Magnificat anima mea Dominum!&raquo; (Lc 1, 46). 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