{"id":40264,"date":"2016-10-05T23:39:50","date_gmt":"2016-10-06T04:39:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1999-visita-al-santuario-del-amor-divino-roma\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:50","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:50","slug":"4-de-julio-de-1999-visita-al-santuario-del-amor-divino-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1999-visita-al-santuario-del-amor-divino-roma\/","title":{"rendered":"4 de julio de 1999, Visita al Santuario del Amor Divino &#8211; Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/> <\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n JUAN PABLO II <\/p>\n<p><b><i><font size=\"+1\">HOMILIA<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p><i>4 de julio de 1999<\/i><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p>1. &laquo;Este d&iacute;a est&aacute; consagrado al Se&ntilde;or&raquo; (<i>Ne<\/i> 8, 10).<\/p>\n<p>Esas palabras, que acabamos de escuchar en la primera lectura, corresponden muy bien al momento que estamos viviendo en este santuario del Amor Divino, tan querido para los habitantes de Roma y del Lacio. S&iacute;, este d&iacute;a est&aacute; consagrado a Dios, y por eso es un d&iacute;a de fiesta y alegr&iacute;a singularmente denso. El Se&ntilde;or nos ha congregado en su casa para que experimentemos de modo m&aacute;s intenso el don de su presencia. Como el pueblo israelita, tambi&eacute;n nosotros, siguiendo lo que narra Nehem&iacute;as, acogemos su palabra con la aclamaci&oacute;n: &laquo;Am&eacute;n, am&eacute;n&raquo; y nos postramos con el coraz&oacute;n ante &eacute;l, manifestando una profunda adhesi&oacute;n a su voluntad.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n nosotros repetimos con el salmo responsorial: &laquo;Tus palabras, Se&ntilde;or, son esp&iacute;ritu y vida&raquo;.<\/p>\n<p>La palabra de Dios ilumina el rito de dedicaci&oacute;n de este nuevo templo mariano, donde los fieles, que aqu&iacute; se reunir&aacute;n para orar sobre todo durante el gran jubileo, encontrar&aacute;n una ayuda para abrirse a la acci&oacute;n renovadora del Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>As&iacute; pues, todo en este lugar debe preparar para el encuentro con el Se&ntilde;or; todo debe impulsar a los creyentes a proclamar su fe en Cristo, ayer, hoy y siempre.<\/p>\n<p>2. &laquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&raquo; (<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p>&Eacute;sta es la profesi&oacute;n de fe del ap&oacute;stol Pedro, que hemos escuchado en el pasaje evang&eacute;lico de hoy. Jes&uacute;s responde a Pedro, encomend&aacute;ndole la misi&oacute;n de sostener todo el edificio espiritual de su Iglesia: &laquo;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&raquo; (<i>Mt<\/i> 16, 18).<\/p>\n<p>El templo en que nos encontramos y que ahora es consagrado para el culto, es signo de la otra Iglesia, formada por piedras vivas, que son los creyentes en Cristo, admirablemente unidos por el <i>cemento<\/i> espiritual de la caridad. Mediante la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, los dones y carismas de cada miembro de la comunidad eclesial no se oponen; al contrario, enriquecen la armon&iacute;a de la &uacute;nica construcci&oacute;n espiritual del Cuerpo de Cristo. As&iacute;, el templo material expresa la comuni&oacute;n interior de cuantos aqu&iacute; se congregan para escuchar la palabra de Dios, como nos ha recordado la primera lectura: &laquo;Los o&iacute;dos del pueblo estaban atentos al libro de la Ley&raquo; (<i>Ne<\/i> 8, 3). Aqu&iacute; los fieles recibir&aacute;n los sacramentos, especialmente los de la reconciliaci&oacute;n y la Eucarist&iacute;a, y podr&aacute;n expresar con mayor intensidad su devoci&oacute;n a la Virgen del Amor Divino.<\/p>\n<p>3. &laquo;La alegr&iacute;a del Se&ntilde;or es vuestra fortaleza&raquo; (<i>Ne<\/i> 8, 10).<\/p>\n<p>As&iacute; saludaba Nehem&iacute;as a la asamblea de los israelitas reunidos en una plaza para renovar la alianza con Dios. Con esas mismas palabras deseo saludaros hoy a todos vosotros, congregados en este santuario mariano.<\/p>\n<p>Os doy las gracias, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, por vuestra presencia, tan numerosa. Saludo con afecto al cardenal vicario, a quien expreso mi agradecimiento por las palabras que me ha dirigido al inicio de la celebraci&oacute;n. Asimismo, saludo a los obispos, a los sacerdotes y a los rectores de otros santuarios marianos, aqu&iacute; presentes. Saludo al rector p&aacute;rroco del santuario, don Pasquale Silla, que tanto ha hecho porque llegara este d&iacute;a, y a todos los hijos e hijas de la Virgen del Amor Divino, que se encargan con esmero de estos lugares. Prosiguen la obra meritoria de su fundador, don Umberto Terenzi, que con tenacidad quiso aqu&iacute; una nueva casa para la Virgen sant&iacute;sima, la que precisamente hoy estamos dedicando. Saludo en particular a los feligreses de este santuario-parroquia, testigos directos del gran amor que el pueblo romano siente hacia la Virgen del Amor Divino, y de c&oacute;mo viene con frecuencia a visitarla en peregrinaci&oacute;n, encomend&aacute;ndose a su intercesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Saludo, por &uacute;ltimo, a los que proyectaron y realizaron esta construcci&oacute;n: al padre Costantino Ruggeri y al arquitecto Luigi Leoni, as&iacute; como a todos los bienhechores, los empresarios y los obreros.<\/p>\n<p>4. Con la dedicaci&oacute;n de este nuevo santuario se cumple hoy, al menos en parte, un voto que los romanos, invitados por el Papa P&iacute;o XII, hicieron a la Virgen del Amor Divino en el a&ntilde;o 1944, cuando las tropas aliadas estaban a punto de lanzar el ataque decisivo sobre Roma, ocupada por los alemanes. Ante la imagen de la Virgen del Amor Divino, el 4 de junio de ese a&ntilde;o, los romanos suplicaron la salvaci&oacute;n de Roma, prometiendo a Mar&iacute;a que cambiar&iacute;an su conducta moral, construir&iacute;an el nuevo santuario del Amor Divino y realizar&iacute;an una instituci&oacute;n de caridad en Castel di Leva. Ese mismo d&iacute;a, algo m&aacute;s de una hora despu&eacute;s de la lectura del voto, el ej&eacute;rcito alem&aacute;n abandon&oacute; Roma sin oponer resistencia, mientras las fuerzas aliadas entraban por la puerta de San Juan y la Puerta Mayor, acogidos por el pueblo romano con manifestaciones de j&uacute;bilo.<\/p>\n<p>Hoy el santuario es una realidad y est&aacute; a punto de llevarse a cabo tambi&eacute;n la instituci&oacute;n de caridad: una casa para ancianos, no lejos de aqu&iacute;. Pero el voto de los romanos inclu&iacute;a tambi&eacute;n una promesa a Mar&iacute;a sant&iacute;sima que no termina y que es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de realizar: el cambio de la conducta moral, es decir, el esfuerzo constante por renovar la vida y hacerla cada vez m&aacute;s acorde con la de Cristo. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, &eacute;sta es la tarea a la que nos invita el edificio sagrado que hoy dedicamos a Dios.<\/p>\n<p>Las paredes que encierran el espacio sagrado en que nos hallamos reunidos, y mucho m&aacute;s el altar, las grandes vidrieras pol&iacute;cromas y los dem&aacute;s s&iacute;mbolos religiosos, son signos de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Una presencia que se manifiesta de manera real en la Eucarist&iacute;a, celebrada diariamente y conservada en el Tabern&aacute;culo; una presencia que se revela viva y vivificante en la administraci&oacute;n de los sacramentos; una presencia que se podr&aacute; experimentar continuamente en la oraci&oacute;n y en el recogimiento. Ojal&aacute; que esa presencia sea para todos una llamada constante a la conversi&oacute;n y a la reconciliaci&oacute;n fraterna.<\/p>\n<p>5. &laquo;Ven, te voy a ense&ntilde;ar a la novia, a la esposa del Cordero (&#8230;), resplandeciente de la gloria de Dios&raquo; (<i>Ap<\/i> 21, 9).<\/p>\n<p>La gran visi&oacute;n de la Jerusal&eacute;n celestial, con la que se concluye el libro del Apocalipsis, nos invita a elevar la mirada desde la belleza y armon&iacute;a arquitect&oacute;nica de este nuevo templo hasta el esplendor de la Iglesia celestial, plenitud del amor y de la comuni&oacute;n con la sant&iacute;sima Trinidad, a la que tiende desde el inicio toda la historia de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Como afirma el concilio Vaticano II, Mar&iacute;a es imagen y primicia de la Jerusal&eacute;n celestial, hacia la que nos encaminamos. &laquo;La Madre de Jes&uacute;s, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y el comienzo de la Iglesia que llegar&aacute; a su plenitud en el siglo futuro. Tambi&eacute;n en este mundo, hasta que llegue el d&iacute;a del Se&ntilde;or, brilla ante el pueblo de Dios en marcha, como se&ntilde;al de esperanza cierta y de consuelo&raquo; (<i>Lumen gentium,<\/i> 68).<\/p>\n<p>A Mar&iacute;a dirigimos confiados nuestro coraz&oacute;n e invocamos su maternal protecci&oacute;n sobre todos.<\/p>\n<p>A ti, Madre del Amor Divino, te encomendamos la comunidad diocesana, la continuaci&oacute;n de la misi&oacute;n ciudadana, que concluy&oacute; hace pocas semanas, as&iacute; como esta amada ciudad de Roma, con sus problemas y sus recursos, sus anhelos y sus esperanzas.<\/p>\n<p>Te encomendamos las familias, los enfermos, los ancianos y las personas solas. En tus manos depositamos los frutos del A&ntilde;o santo y de modo especial las expectativas y las esperanzas de los j&oacute;venes que, durante el jubileo, vendr&aacute;n a Roma para la XV Jornada mundial de la juventud.<\/p>\n<p>Te encomendamos, por &uacute;ltimo, la petici&oacute;n que ya te dirig&iacute; con ocasi&oacute;n de mi primera visita a este santuario: que, por tu intercesi&oacute;n, se multiplique el n&uacute;mero de los obreros de la mies del Se&ntilde;or y que la juventud sepa apreciar, en toda su belleza, el don de la llamada al sacerdocio y a la vida religiosa, que tanto necesita hoy el mundo.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II HOMILIA 4 de julio de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Este d&iacute;a est&aacute; consagrado al Se&ntilde;or&raquo; (Ne 8, 10). Esas palabras, que acabamos de escuchar en la primera lectura, corresponden muy bien al momento que estamos viviendo en este santuario del Amor Divino, tan querido para los habitantes de Roma y del Lacio. S&iacute;, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1999-visita-al-santuario-del-amor-divino-roma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de julio de 1999, Visita al Santuario del Amor Divino &#8211; Roma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40264","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40264","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40264"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40264\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}