{"id":40267,"date":"2016-10-05T23:39:54","date_gmt":"2016-10-06T04:39:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-wadowice-16-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:54","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-wadowice-16-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-wadowice-16-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Celebraci\u00f3n de la Palabra en la ciudad de Wadowice (16 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>&nbsp;Wadowice, mi&eacute;rcoles 16 de junio de 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\"> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">1. Una vez m&aacute;s, durante mi servicio a la Iglesia universal en la sede de san Pedro, vengo a mi ciudad natal de Wadowice. Con gran emoci&oacute;n contemplo esta ciudad de mis a&ntilde;os de infancia, testigo de mis primeros pasos, de mis primeras palabras y de &laquo;las primeras inclinaciones&raquo;, como dice Norwid, que son &laquo;como la eterna profesi&oacute;n de Cristo: &iexcl;Alabado seas!&raquo; (cf. &laquo;Mi canto&raquo;). La ciudad de mi infancia, la casa paterna, la iglesia parroquial, la iglesia de mi santo bautismo&#8230; Quiero cruzar estos umbrales acogedores, inclinarme ante mi tierra natal y ante sus habitantes, y decir las palabras con que se suelen saludar los familiares al regreso de un largo viaje: &laquo;&iexcl;Alabado sea Jesucristo!&raquo;. Y la casa se encontraba precisamente aqu&iacute;, a mis espaldas, en la calle Ko\u0153cielna. Y cuando miraba desde la ventana, ve&iacute;a la meridiana y el lema: &laquo;El tiempo huye, la eternidad espera&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Con estas palabras saludo a todos los habitantes de Wadowice, comenzando por los m&aacute;s ancianos, mis coet&aacute;neos, con los que me unen v&iacute;nculos de mi infancia y adolescencia, hasta los m&aacute;s peque&ntilde;os, que por primera vez ven al Papa que ha venido a visitarlos. Saludo al querido cardenal Franciszek Macharski y le doy gracias porque como pastor de la archidi&oacute;cesis tiene una solicitud constante por mi ciudad natal. Saludo a todos los obispos, tanto titulares como auxiliares: Stanislaw Smolenski, Albin Malysiak, c.m., Jan Szkodon, Kazimierz Nycz: a todos los recuerdo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Doy las gracias a los cardenales y obispos hu&eacute;spedes, que me acompa&ntilde;an con perseverancia durante mi itinerario de peregrino. Saludo cordialmente a todos los sacerdotes, especialmente a los de las dos prefecturas de Wadowice, y entre ellos al p&aacute;rroco de esta parroquia. Al seminario lo llam&aacute;bamos Kuba, Kuba Gil. Oficialmente est&aacute; dedicado a monse&ntilde;or Jakub Gil. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Encomiendo a Dios el alma del difunto don Tadeusz Zacher y a todos los sacerdotes fallecidos que desempe&ntilde;aron su ministerio pastoral en esta ciudad. A todos. A mons. Prochownik, que en paz descanse, y a los catequistas: don Rospond, don Wlodyga y don Pawela. A todos los llevo en mi coraz&oacute;n. Tambi&eacute;n a mons. Zajac. Existe una cr&oacute;nica del coraz&oacute;n, que no desaparece. Abrazo cordialmente a todas las familias religiosas que prestan su servicio en Wadowice. En particular, a los padres carmelitas, en G&oacute;rka; a los padres palotinos, en Kopiec; a las religiosas de Nazaret, en la calle 3 de Mayo.<\/font> <font size=\"3\">All&aacute; iba tambi&eacute;n a la guarder&iacute;a.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Quiero saludar particularmente a los padres carmelitas descalzos de G&oacute;rka de Wadowice. En efecto, nos encontramos en una circunstancia excepcional: este a&ntilde;o, el 27 de agosto, se celebra<i> el centenario de la consagraci&oacute;n de la iglesia de San Jos&eacute;<\/i>, anexa al convento fundado por san Rafael Kalinowski. Como en mi infancia y juventud, me dirijo espiritualmente a ese lugar de especial culto a la sant&iacute;sima Virgen del Monte Carmelo, que ejerc&iacute;a gran influjo en la espiritualidad de la tierra de Wadowice. Yo mismo recib&iacute; en ese lugar numerosas gracias, que hoy agradezco al Se&ntilde;or. A&uacute;n llevo la medallita que me dieron los carmelitas en G&oacute;rka cuando ten&iacute;a unos diez a&ntilde;os.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Me alegra haber tenido la oportunidad de beatificar, en el grupo de ciento ocho m&aacute;rtires, al beato padre Alfonso Mar&iacute;a Mazurek, alumno y m&aacute;s tarde benem&eacute;rito educador del seminario menor anexo al convento. Me encontr&eacute; personalmente con este testigo de Cristo que, en 1944, como prior del convento de Czerna, sell&oacute; su fidelidad a Dios con el martirio. Me arrodillo con veneraci&oacute;n ante sus restos, que descansan precisamente en la iglesia de San Jos&eacute;, y doy gracias a Dios por el don de la vida, del martirio y de la santidad de este gran religioso.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">2. Jerusal&eacute;n, &laquo;por la casa del Se&ntilde;or nuestro Dios, te deseo todo bien&raquo; (<i>Sal<\/i> 122, 9). Hoy hago m&iacute;as estas palabras del salmista y las refiero a esta ciudad. Wadowice, la ciudad de mi infancia, por la casa paterna y por la casa del Se&ntilde;or, te deseo todo bien. &iexcl;C&oacute;mo no expresar ese anhelo hoy que la Providencia me ha concedido encontrarme como sobre un puente que une estas dos casas: la casa paterna y la casa de Dios! Es una extraordinaria, y a la vez muy natural, uni&oacute;n de dos lugares que, m&aacute;s que ning&uacute;n otro, dejan una huella profunda en el coraz&oacute;n del hombre.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Con afecto filial beso el umbral <i>de mi casa natal<\/i>, expresando a la divina Providencia la gratitud por el don de la vida, transmitida por mis queridos padres, por el calor del hogar, por el amor de mis seres queridos, que me daba un gran sentido de seguridad y fuerza, incluso cuando hab&iacute;a que afrontar la experiencia de la muerte y los apuros de la vida diaria en tiempos dif&iacute;ciles.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Con profunda veneraci&oacute;n beso tambi&eacute;n el umbral <i>de la casa de Dios<\/i>, de la iglesia parroquial de Wadowice, y en ella el baptisterio, en el que fui injertado a Cristo y acogido en la comunidad de su Iglesia. En este templo me acerqu&eacute; por primera vez al sacramento de la confesi&oacute;n y en &eacute;l hice mi primera comuni&oacute;n. Aqu&iacute; fui monaguillo. Aqu&iacute; di gracias a Dios por el don del sacerdocio y, ya como arzobispo de Cracovia, aqu&iacute; viv&iacute; el jubileo de mis 25 a&ntilde;os de sacerdocio. S&oacute;lo Dios, dador de todo bien, sabe cu&aacute;ntas gracias recib&iacute; en este templo y en esta comunidad parroquial. A &eacute;l, Dios uno y trino, le doy gloria en el umbral de esta iglesia.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Por &uacute;ltimo, al igual que en el pasado, dirijo mis pasos a la <i>capilla de la Santa Cruz<\/i>, para contemplar nuevamente el rostro de Nuestra Se&ntilde;ora del Perpetuo Socorro en su imagen de Wadowice. Lo hago con una alegr&iacute;a particularmente grande hoy porque tengo la posibilidad de coronar esta imagen, como signo de nuestro amor a la Madre del Salvador y a su Hijo divino. Es un signo muy elocuente sobre todo porque, como me han dicho, estas coronas han sido confeccionadas con vuestras joyas, algunas muy valiosas, que est&aacute;n unidas a un recuerdo particular, a alguna circunstancia especial, a pruebas o a nobil&iacute;simos sentimientos familiares, de esposos o novios. Y a ese regalo material hab&eacute;is a&ntilde;adido el don del esp&iacute;ritu, la oraci&oacute;n de consagraci&oacute;n a la Madre de Cristo que visit&oacute; vuestras casas. Estad seguros de que vuestro amor ardiente a Mar&iacute;a nunca quedar&aacute; sin recompensa. Precisamente este v&iacute;nculo rec&iacute;proco de amor es, en cierto sentido, portador de gracias y prenda de una ayuda incesante, que, por obra de Mar&iacute;a, recibimos de su Hijo divino.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">3. &laquo;Cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos, Dios envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&raquo; (<i>Ga<\/i> 4, 4). En cierto sentido, estas palabras de san Pablo, que acabamos de escuchar, nos introducen en el centro mismo de este misterio. La plenitud de los tiempos lleg&oacute; precisamente cuando se realiz&oacute; el <i>misterio de la encarnaci&oacute;n del Verbo eterno<\/i>. El Hijo de Dios vino al mundo para realizar el plan salv&iacute;fico del Padre, para llevar a cabo la redenci&oacute;n del hombre y devolverle la filiaci&oacute;n perdida. En este misterio Mar&iacute;a desempe&ntilde;a un papel particular. Dios la llam&oacute; para que se convirtiera en la mujer a trav&eacute;s de la cual se borrar&iacute;a el pecado original de la primera mujer. En cierto sentido, Dios necesitaba esta mediaci&oacute;n de Mar&iacute;a. Necesitaba su libre consentimiento, su obediencia y su entrega, para revelar plenamente su amor eterno al hombre.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">A continuaci&oacute;n, el Ap&oacute;stol de los gentiles escribe: &laquo;La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo que clama: &iexcl;Abb&aacute;, Padre!&raquo; (<i>Ga<\/i> 4, 6). Sabemos tambi&eacute;n que este acontecimiento se realiz&oacute; en presencia de Mar&iacute;a. Como estaba presente en los inicios de la obra de la redenci&oacute;n de Cristo, as&iacute; tambi&eacute;n, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, estaba presente en los inicios de la Iglesia. Aquella que el d&iacute;a de la Anunciaci&oacute;n fue colmada del Esp&iacute;ritu Santo, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s fue testigo especial de su presencia. Aquella que deb&iacute;a su propia maternidad a la acci&oacute;n misteriosa del Esp&iacute;ritu supo apreciar m&aacute;s que nadie el significado de la venida del Consolador. Mar&iacute;a reconoci&oacute; mejor que nadie el instante en que comenz&oacute; la vida de la Iglesia, de la comunidad de hombres que, injertados en Cristo, pueden dirigirse a Dios llam&aacute;ndolo: &iexcl;Abb&aacute;, Padre! Ning&uacute;n ser humano en el mundo ha sido introducido en la experiencia del amor trinitario del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo tan profundamente como Mar&iacute;a, la Madre del Verbo encarnado.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Por eso, mientras nos preparamos para vivir el gran jubileo de la redenci&oacute;n, nos dirigimos en particular a ella, que es gu&iacute;a insustituible en el camino de la salvaci&oacute;n. Si el jubileo, en cierto sentido, nos debe hacer presente lo que se realiz&oacute; gracias a la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios, no podemos por menos de <i>basarnos en la experiencia de fe, esperanza y caridad de la Madre de Cristo<\/i>. Ese recurso no puede faltar. En efecto, de Mar&iacute;a aprendemos la docilidad al Esp&iacute;ritu Santo, gracias a la cual podemos gozar m&aacute;s plenamente de los frutos de la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Nuestros antepasados tuvieron siempre la convicci&oacute;n de que la Madre de Dios desempe&ntilde;a un papel insustituible en la vida de la Iglesia y de todo cristiano. A lo largo de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, los habitantes de Wadowice lo expresaban de una manera especial cuando se reun&iacute;an con veneraci&oacute;n ante la imagen de Nuestra Se&ntilde;ora del Perpetuo Socorro y la eleg&iacute;an mediadora, patrona de la vida personal, familiar y social. Don Leonard Prochownik, p&aacute;rroco y decano, escribi&oacute; en 1935: &laquo;Nuestra Se&ntilde;ora del Perpetuo Socorro es muy venerada entre nosotros. Tiene su capilla, donde se halla colocada su imagen milagrosa y all&iacute; muchos han experimentado y experimentan personalmente su bondad, que les muestra en las necesidades temporales y espirituales, y se apresura a ayudarles&raquo;. Y as&iacute; ha sucedido. Puedo atestiguarlo personalmente. Y creo que as&iacute; ha acontecido hasta el d&iacute;a de hoy. Ojal&aacute; que as&iacute; sea tambi&eacute;n en el futuro.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">4. Durante mi primera visita a Wadowice os ped&iacute; que <i>me apoyarais con una incesante oraci&oacute;n ante la imagen de esta Madre.<\/i> Veo que mi petici&oacute;n ha quedado esculpida en una l&aacute;pida. Creo que se trata de un signo de que esa petici&oacute;n ha quedado profundamente grabada tambi&eacute;n en vuestro coraz&oacute;n. Por eso, hoy <i>os doy cordialmente las gracias por esa oraci&oacute;n<\/i>. Siento continuamente su acci&oacute;n y os pido que sig&aacute;is orando. Tengo mucha necesidad de vuestra oraci&oacute;n. La necesitan mucho tambi&eacute;n la Iglesia y el mundo entero.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Hay otra cosa por la que quiero daros las gracias. S&eacute; que la Iglesia de Cracovia, encabezada por su cardenal, ha construido en Wadowice un particular voto de gratitud a la Madre de Dios. A poca distancia de aqu&iacute; se ha edificado la &laquo;Casa de la madre sola&raquo;. All&iacute; son acogidas y asistidas las mujeres que, a pesar de los sacrificios y las contrariedades que esto implica, quieren conservar el fruto de su maternidad. Os agradezco este gran don de vuestro amor al hombre y de vuestra solicitud por la vida. Mi gratitud es mucho mayor por el hecho de que esa casa est&aacute; dedicada a mi madre Emilia. Creo que la madre que me trajo al mundo y rode&oacute; de amor mi infancia cuidar&aacute; de esta obra. A vosotros, en cambio, os pido que sig&aacute;is sosteniendo esta casa con vuestra generosidad.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Si no recuerdo mal, esta casa se encuentra en la calle Mickiewicz, que lleva hacia Chocznia. En esa calle se encuentra la escuela de Marcin Wadowita, donde estudi&eacute; durante ocho a&ntilde;os. Primero hice la primaria aqu&iacute;, en este edificio, donde se hallan las oficinas municipales. Despu&eacute;s, fui a la escuela secundaria, y sol&iacute;amos ir a hacer gimnasia a &laquo;Sok&oacute;l&raquo;. Tambi&eacute;n &iacute;bamos a &laquo;Sok&oacute;l&raquo; a ver representaciones teatrales. Recuerdo a Mieczyslaw Kotlarczyk, el que cre&oacute; el &laquo;teatro de la palabra&raquo;; recuerdo a mis compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de Wadowice: a Halina Kr&oacute;likiewicz&oacute;wna-Kwiatkowska y a Zbyszek Silkowski, que viv&iacute;a en la casa que pertenec&iacute;a a los se&ntilde;ores Homme. Muchos recuerdos. De todos modos, aqu&iacute;, en esta ciudad de Wadowice, comenz&oacute; todo para m&iacute;: la vida, la escuela, los estudios, el teatro&#8230; y el sacerdocio. All&iacute; est&aacute; la calle Mickiewicz, luego la<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> calle Zatorska; aqu&iacute; la calle Krakowska. All&iacute; se encontraba antes Zbozny Rynek, y all&iacute; Choczenka. Detr&aacute;s de nosotros est&aacute; Skawa. Aqu&iacute; estaba la librer&iacute;a de Foltin. &iquest;Existe a&uacute;n? No. En aquella casa viv&iacute;a Jurek Kluger y all&iacute; estaba la pasteler&iacute;a. Despu&eacute;s de obtener el diploma &iacute;bamos a comer pasteles con crema. Menos mal que logramos soportar todos esos pasteles con crema despu&eacute;s del diploma. M&aacute;s all&aacute; de la escuela sube la calle Slowacki; all&iacute; est&aacute; la calle Karmelicka y un poco m&aacute;s all&aacute; el parque de la Asociaci&oacute;n para el cuidado de la ciudad de Wadowice y de sus alrededores.<\/p>\n<p align=\"left\"> Estas cosas no se olvidan f&aacute;cilmente. Ah&iacute; est&aacute; la calle Tatrzanska, donde se halla el cementerio; luego est&aacute; la parroquia de San Pedro; despu&eacute;s, Gorzen. Desde Gorzen se baja hasta Skawa. Por la otra parte est&aacute; G&oacute;ra Jaroszowicka y as&iacute; hasta Kalwaria. Despu&eacute;s de Kopiec viene Klecza Dolna; luego, Klecza G&oacute;rna, Barwald y, por &uacute;ltimo Kalwaria Zebrzydowska. Ya basta con los recuerdos.<\/p>\n<p align=\"left\"> Esta casa pertenec&iacute;a a la se&ntilde;ora Mar&iacute;a Wodzinska. En la calle 3 de Mayo hab&iacute;a un cuartel del 12&deg; batall&oacute;n de infanter&iacute;a. El 11 de noviembre y el 3 de mayo se ten&iacute;an las celebraciones en la plaza del Mercado: la santa misa castrense, luego la parada militar delante del cuartel. Tambi&eacute;n nosotros particip&aacute;bamos en las celebraciones por ser alumnos miembros de la Legi&oacute;n, a&uacute;n no acad&eacute;mica. Y as&iacute; fue hasta la guerra. Tratemos de acabar.<\/p>\n<p align=\"left\"> Esta casa fue muy acogedora para m&iacute;: aqu&iacute; festej&eacute; mi ordenaci&oacute;n sacerdotal, la episcopal y la p&uacute;rpura cardenalicia. Fui muchas veces a la casa de los se&ntilde;ores Homme, a Zbyszek Silkowski. Los recuerdo todos los d&iacute;as.<\/p>\n<p align=\"left\"> Y en el escenario de Wadowice declamamos las obras m&aacute;s importantes de los cl&aacute;sicos, comenzando por &laquo;Ant&iacute;gona&raquo;. No s&eacute; si hoy es a&uacute;n as&iacute;. Ahora s&iacute; acabemos definitivamente.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &laquo;Sub tuum praesidium&#8230;&raquo;. <i>Bajo tu amparo nos acogemos, oh Mar&iacute;a<\/i>. A tu protecci&oacute;n encomendamos la historia de esta ciudad, de la Iglesia de Cracovia y de toda la patria.<\/p>\n<p align=\"left\">A tu amor materno encomendamos el futuro de cada uno de nosotros, de nuestras familias y de toda la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>No desoigas la oraci&oacute;n de tus hijos necesitados; antes bien, l&iacute;branos de todo peligro.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a, alc&aacute;nzanos la gracia de la fe, de la esperanza y de la caridad, para que, siguiendo tu ejemplo y bajo tu gu&iacute;a, llevemos al nuevo milenio el testimonio del amor del Padre, de la muerte redentora y de la resurrecci&oacute;n del Hijo, y la acci&oacute;n santificadora del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\">Permanece con nosotros siempre.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Oh Virgen, gloriosa y bendita. Se&ntilde;ora nuestra, Abogada nuestra, Mediadora nuestra, Consoladora nuestra, Madre nuestra.<\/i> Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO II &nbsp;Wadowice, mi&eacute;rcoles 16 de junio de 1999 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. Una vez m&aacute;s, durante mi servicio a la Iglesia universal en la sede de san Pedro, vengo a mi ciudad natal de Wadowice. 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