{"id":40270,"date":"2016-10-05T23:39:58","date_gmt":"2016-10-06T04:39:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-homilia-con-ocasion-del-milenario-de-la-archidiocesis-de-cracovia-15-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:58","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-homilia-con-ocasion-del-milenario-de-la-archidiocesis-de-cracovia-15-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-homilia-con-ocasion-del-milenario-de-la-archidiocesis-de-cracovia-15-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Homil\u00eda con ocasi\u00f3n del milenario de la archidi\u00f3cesis de Cracovia (15 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\">MILENARIO DE LA ARCHID&Oacute;CESIS DE CRACOVIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><\/i> <font size=\"3\"><br \/><i>Martes 15 de junio de 1999<\/i> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">1. &laquo;Te Deum laudamus. Te Dominum confitemur. Te aeternum Patrem omnis terra veneratur&raquo;. &laquo;A ti, oh Dios, te alabamos; a ti Se&ntilde;or te reconocemos. A ti, eterno Padre, te venera toda la creaci&oacute;n&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">&iexcl;Qu&eacute; gran don me concede la divina Providencia al poder participar hoy, junto con la Iglesia que est&aacute; en Cracovia, en el himno que el cielo y la tierra elevan desde hace siglos para gloria del Creador, Se&ntilde;or y Padre! <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">&laquo;Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia, Patrem immensae maiestatis&raquo;. &laquo;A ti la Iglesia santa extendida por toda la tierra, te proclama: Padre de inmensa majestad&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Es un gran don el hecho de que, mientras la Iglesia en toda la tierra da gracias a Dios por sus dos mil a&ntilde;os de existencia, al mismo tiempo esta Iglesia de Cracovia da gracias por sus mil a&ntilde;os. &iexcl;C&oacute;mo no cantar el solemne <i>Te Deum<\/i> que hoy cobra un contenido particular, pues expresa la gratitud de enteras generaciones de habitantes por todo lo que la comunidad de los creyentes ha hecho en la vida de Cracovia! &iexcl;C&oacute;mo no dar gracias por el soplo del Esp&iacute;ritu de Cristo que, desde el cen&aacute;culo, se difundi&oacute; por toda la tierra y lleg&oacute; hasta las riberas del V&iacute;stula, y renueva sin cesar la faz de la tierra, de esta tierra de Cracovia! A ti, oh Dios, te alabamos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Saludo cordialmente a todos los habitantes. Saludo al cardenal Franciszek Macharski, a los obispos auxiliares Jan Szkodo&ntilde; y Kazimierz Nycz, as&iacute; como a los obispos em&eacute;ritos Stanislaw Smole&ntilde;sky y Albin Malysiak, c.m. Abrazo afectuosamente a todos los sacerdotes, a las personas consagradas, a los alumnos de los seminarios mayores y a los catequistas. Dirijo un saludo tambi&eacute;n a las autoridades provinciales y municipales. Os saludo cordialmente, hermanas y hermanos que os hab&eacute;is reunido en esta explanada de Blonia, para celebrar con el Papa esta eucarist&iacute;a del milenario. Saludo a todos los que est&aacute;n unidos a nosotros a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n. Dirijo palabras de particular gratitud a los enfermos. Vuestro sufrimiento, ofrecido cada d&iacute;a en uni&oacute;n con Cristo por todos los hombres, por la Iglesia y por el Papa, posee gran valor a los ojos de Dios. Ojal&aacute; que, en el umbral del tercer milenio, sea el culmen de nuestra alabanza, de la petici&oacute;n de perd&oacute;n y de la oraci&oacute;n de s&uacute;plica. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">2. &laquo;Te gloriosus Apostolorum chorus, te prophetarum laudabilis numerus, te martyrum candidatus laudat exercitus&raquo;. &laquo;A ti te ensalza el glorioso coro de los Ap&oacute;stoles. A ti te ensalza la multitud admirable de los profetas. A ti te ensalza el blanco ej&eacute;rcito de los m&aacute;rtires&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\"><i>Los Ap&oacute;stoles, los profetas y los m&aacute;rtires<\/i> dan hoy gloria a Dios. Al final del primer milenio llegaron a las riberas del V&iacute;stula y sembraron la semilla del Evangelio. Despu&eacute;s del bautismo de Mieszko, en el a&ntilde;o 966, vinieron a la tierra de los Piast numerosos testigos, entre los que conquist&oacute; grand&iacute;sima fama san Adalberto, obispo de Praga. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, antes de llegar al B&aacute;ltico donde sufri&oacute; el martirio, se detuvo en Cracovia, para anunciar la buena nueva. Al parecer, predic&oacute; en el lugar en el que, tras su muerte, se construy&oacute; un templo a &eacute;l dedicado, que existe a&uacute;n hoy. La actividad apost&oacute;lica y el martirio de san Adalberto est&aacute;n vinculados a los inicios de la Iglesia de Cracovia tambi&eacute;n en otra dimensi&oacute;n. En efecto, cerca de su tumba surgi&oacute; la sede metropolitana de Gniezno, que inclu&iacute;a las di&oacute;cesis de Kolobrzeg, Wroclaw y Cracovia. Si en Gdansk dimos gracias a Dios de modo especial por la vida y la obra de este gran patrono de Polonia, conviene que tambi&eacute;n en Cracovia recordemos con gratitud la milenaria irradiaci&oacute;n de su testimonio y de su martirio. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Por &uacute;ltimo, en los albores de la historia de esta Iglesia se enciende la llama del ministerio pastoral y de la heroica muerte de san Estanislao. En la liturgia de hoy hemos escuchado las palabras de Cristo: &laquo;Yo soy el buen pastor&raquo; (<i>Jn<\/i> 10, 11); y sabemos que por obra de este santo esas palabras est&aacute;n &iacute;ntimamente vinculadas a la historia de la Iglesia de Cracovia. Su heroica solicitud por la grey del Se&ntilde;or, por las ovejas perdidas y necesitadas de ayuda, se convirti&oacute; en el modelo que ha seguido fielmente la Iglesia de esta ciudad durante siglos. De generaci&oacute;n en generaci&oacute;n se transmiti&oacute; la tradici&oacute;n de inquebrantable perseverancia en el respeto de la ley divina, y, al mismo tiempo, de gran amor al hombre: esta tradici&oacute;n naci&oacute; junto a la tumba de san Estanislao, obispo de Szczepanow. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Si hoy volvemos a los inicios y a estas figuras, lo hacemos para renovar en nosotros la conciencia de que las ra&iacute;ces de la Iglesia en Cracovia est&aacute;n profundamente arraigadas en la <i>tradici&oacute;n apost&oacute;lica, en la misi&oacute;n prof&eacute;tica y en el testimonio del martirio<\/i>. Esa tradici&oacute;n, esa misi&oacute;n y ese martirio han sido la inspiraci&oacute;n de enteras generaciones y sobre ellos edificaron su fe a lo largo de un milenio. Gracias a esa referencia, la Iglesia de Cracovia ha permanecido siempre <i>en &iacute;ntima uni&oacute;n con la Iglesia universal<\/i> y, al mismo tiempo, se ha formado <i>una personalidad hist&oacute;rica propia<\/i>, ha escrito su propia historia como una &uacute;nica e irrepetible comunidad de hombres que participan en la misi&oacute;n salv&iacute;fica de Cristo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">3. Esta comunidad, permaneciendo en la corriente de la Iglesia universal, y a la vez conservando su car&aacute;cter irrepetible, ha forjado la historia y la cultura de la ciudad de Cracovia, de la regi&oacute;n y, podr&iacute;amos decir, de toda Polonia. &iquest;Qu&eacute; mejor testimonio de esa verdad que la catedral de Wawel? Hoy, mientras la voz de la campana de Zygmunt parece invitarnos a visitar esta madre de los templos de Cracovia, este tesoro de la historia de la Iglesia y de la naci&oacute;n, vayamos a ella en peregrinaci&oacute;n espiritual. Present&eacute;monos entre sus constructores y pregunt&eacute;mosles cu&aacute;l fue el cimiento que pusieron a ese edificio, gracias al cual ha logrado sobrevivir a tiempos buenos y malos, ofreciendo asilo a santos y a h&eacute;roes, a pastores y a reyes, a hombres de Estado, a creadores de cultura y a enteras generaciones de habitantes de esta ciudad. <i>&iquest;No es Cristo, muerto y resucitado, la piedra angular?<\/i> Postr&eacute;monos ante el tabern&aacute;culo en la capilla de Batory, ante el crucifijo negro de santa Eduvigis y en la capilla de san Estanislao; bajemos a la cripta de san Leonardo y redescubramos la irrepetible historia de la Iglesia de Cracovia, &iacute;ntimamente unida a la de la ciudad y a la de este pa&iacute;s. Y cada iglesia, cada capilla parece decirnos lo mismo: gracias a la presencia milenaria de la Iglesia la semilla del Evangelio aqu&iacute; sembrada ha dado abundantes frutos en la historia de esta ciudad, al pie de Wawel. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">&iquest;No lo confirma el <i>alma mater<\/i> de Cracovia? &iquest;No fue por amor a Cristo y por obediencia a su llamada a anunciar el Evangelio a las naciones, por lo que en el coraz&oacute;n de la reina santa Eduvigis brot&oacute; el anhelo de fundar la facultad de teolog&iacute;a y elevar la Academia de Cracovia al rango de universidad? La fama de esta universidad ha sido durante siglos motivo de orgullo de la Iglesia de Cracovia. De aqu&iacute; han salido estudiosos tan prestigiosos como san Juan Cancio, Piotr Wysz, Pawel Wlodkowic, y otros, que ejercieron notable influjo en el desarrollo del pensamiento teol&oacute;gico en la Iglesia universal. &iexcl;C&oacute;mo no mencionar a Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico, Stanislaw de Skalbmierz, Jan Kochanowski y todos los que crecieron en sabidur&iacute;a y, amando la verdad, el bien y la belleza, de varias maneras <i>testimoniaron que encontraron en Dios su realizaci&oacute;n definitiva<\/i>! &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a Cracovia sin este fruto de la fe y de la sabidur&iacute;a de santa Eduvigis? <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">La inserci&oacute;n de la Iglesia en la historia de esta ciudad no s&oacute;lo se realiz&oacute; en los templos, en los palacios reales y en las aulas universitarias, sino dondequiera que <i>la fidelidad al Evangelio exig&iacute;a el testimonio del servicio<\/i> a los necesita<\/font>dos. Los antiguos anales y las cr&oacute;nicas modernas hablan mucho de las escuelas parroquiales y religiosas, de los hospitales, de los orfanatos; hablan mucho de las peque&ntilde;as y grandes obras de misericordia que los habitantes de Cracovia realizaban, movidos por la predicaci&oacute;n de don Piotr Skarga, por el humilde ejemplo de san Alberto y de tantos otros testigos del amor concreto; hablan mucho de la gran solicitud de la Iglesia por la vida, por la libertad, por la dignidad de todo hombre, que era preciso demostrar, sin escatimar sacrificios, en la historia lejana, pero tambi&eacute;n en los tiempos cercanos a nuestra generaci&oacute;n, en los tiempos de guerra, en los tiempos de sufrimiento de la posguerra, y en los tiempos de cambios.<\/p>\n<p align=\"left\"> Si hoy enumeramos los frutos de diez siglos de existencia de la Iglesia de Cracovia, lo hacemos <i>para inflamar nuestro coraz&oacute;n de gratitud hacia Dios<\/i>, que a lo largo de esta historia ha derramado sobre su pueblo innumerables gracias. Es necesario que recordemos ese bien y que exclamemos con gran entusiasmo: &laquo;No a nosotros, Se&ntilde;or, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria: por tu fidelidad, por tu gracia&raquo; (<i>Sal<\/i> 115, 1), que has manifestado por obra de la Iglesia en esta tierra.<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. &laquo;Tu, rex gloriae, Christe. Tu Patris sempiternus es Filius&raquo;. &laquo;T&uacute; eres el rey de la gloria, Cristo, t&uacute; eres el Hijo &uacute;nico del Padre&raquo;. <i>Demos hoy gloria a Cristo<\/i>. A &eacute;l debemos elevar hoy nuestro canto de alabanza, pues, &iquest;qu&eacute; valdr&iacute;an los frutos de la vida de la Iglesia si no fueran <i>la revelaci&oacute;n de la obra salv&iacute;fica del Hijo de Dios<\/i>? Cuando escuchamos en la liturgia de hoy las palabras: &laquo;Yo soy el buen pastor&raquo; (<i>Jn<\/i> 10, 11), en cierto sentido descubrimos el motivo m&aacute;s esencial de nuestra acci&oacute;n de gracias.<\/p>\n<p align=\"left\"> &laquo;Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las m&iacute;as me conocen a m&iacute;, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas&raquo; (<i>Jn<\/i> 10, 14-15). Cristo habla as&iacute; de s&iacute; mismo. Precisamente &eacute;l es el buen pastor. En cierto sentido, san Pablo, en la carta a los Efesios, nos ayuda a profundizar en el contenido de esa descripci&oacute;n. El Ap&oacute;stol escribe que Dios en su Hijo &laquo;nos ha elegido antes de la creaci&oacute;n del mundo, para ser santos e irreprochables ante &eacute;l <i>por el amor. &Eacute;l nos ha destinado <\/i>en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, <i>a ser sus hijos<\/i>, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, <i>por su sangre, hemos recibido la redenci&oacute;n<\/i>, el perd&oacute;n de los pecados. El tesoro de su gracia&raquo; (<i>Ef<\/i> 1, 4-7).<\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo es el buen pastor, el &uacute;nico buen pastor, y como tal el rey de todos los pastores de la Iglesia, porque <i>en &eacute;l habita el amor que lo une al Padre<\/i>. A trav&eacute;s de ese amor se realiza l<i>a elecci&oacute;n divina<\/i>, que el Padre hizo con respecto al hombre antes de la creaci&oacute;n del mundo. El Hijo unig&eacute;nito y eterno de Dios, al hacerse hombre precisamente por ese amor, s&oacute;lo se preocupa de <i>multiplicar entre los hombres los hijos adoptivos, que respondan a la elecci&oacute;n eterna del Padre<\/i>. Precisamente por eso es el buen pastor. Da su vida para librar a los hombres de la muerte, para multiplicar en ellos la vida. Esa vida est&aacute; en &eacute;l. Al hacerse hombre la trajo al mundo como don del Padre. Cristo, como buen pastor, desea compartir esa vida, concederla al hombre, porque s&oacute;lo as&iacute;, participando en la vida de Dios, el hombre, ser mortal, puede librarse de la muerte espiritual. En cierto sentido, la liturgia de hoy nos muestra las profund&iacute;simas ra&iacute;ces de lo que desde hace mil a&ntilde;os la Iglesia de Cracovia ha hecho en Polonia. Es <i>la &uacute;nica e irrepetible realizaci&oacute;n del eterno designio del Padre<\/i>, el cual, por medio de Jesucristo, en virtud del Esp&iacute;ritu Santo, ha colmado a esta comunidad del pueblo de Dios con abundantes bendiciones espirituales.<\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso, mientras escuchamos hoy la alegor&iacute;a de Cristo del buen pastor, nos damos cuenta de que estas palabras constituyen una <i>medida que se ha de aplicar a la historia de la Iglesia<\/i>. Cristo es el rey de los pastores, y, a lo largo de los siglos, varios pastores por &eacute;l llamados han trabajado en la realizaci&oacute;n de su reino. As&iacute; pues, a trav&eacute;s de la alegor&iacute;a del buen pastor, se nos revela la historia milenaria de la Iglesia de Cracovia. <i>Vemos a todos los que mediante esta Iglesia han participado en la misi&oacute;n prof&eacute;tica, sacerdotal y real de Cristo<\/i>, todo el pueblo de Dios, que, durante este milenio, han constituido la Iglesia de Cracovia.<\/p>\n<p align=\"left\">Primero vemos a los que, en virtud de un mandato especial de Cristo, han sido pastores de este pueblo: los obispos y los sacerdotes. Se presentan ante nosotros san Estanislao, el beato Wincenty Kadlubek, Iwo Odrowaz, Piotr Wysz, Zbigniew Olesnicki, Bernard Maciejowski y Adam Stefan Sapieha. Se presentan ante nosotros Jan Dlugosz, san Juan Cancio, el beato Piotr Dankowski y muchos otros obispos y presb&iacute;teros, que no s&oacute;lo han quedado en la memoria de la Iglesia, sino que tambi&eacute;n han sido inscritos en la historia de la naci&oacute;n y de la cultura. &iexcl;C&oacute;mo no mencionar tambi&eacute;n a las <i>&oacute;rdenes religiosas<\/i>! Ya en tiempos de san Estanislao se establecieron aqu&iacute; los benedictinos; algo m&aacute;s tarde, los cistercienses; luego vinieron otras &oacute;rdenes y congregaciones, que dieron ap&oacute;stoles y pastores como Piotr Skarga, san Jer&oacute;nimo Odrowaz, el beato Estanislao Kazimierczyk, san Maximiliano y san Rafael Kalinowski.<\/p>\n<p align=\"left\">Al recordar con la mente y con el coraz&oacute;n a todos los que como pastores han trabajado en esta Iglesia por el reino de Cristo, desde una perspectiva hist&oacute;rica, no s&oacute;lo vemos a los sacerdotes, sino tambi&eacute;n a una innumerable multitud de laicos. Ante nuestros ojos se presentan los reyes y los hombres de Estado, encabezados por santa Eduvigis y san Casimiro, una sencilla ama de casa, la beata Aniela Salawa, y un profesor del Polit&eacute;cnico, el siervo de Dios profesor Jerzy Ciesielski, as&iacute; como enteras generaciones de padres, educadores, profesores y alumnos, m&eacute;dicos y enfermeros, comerciantes y empleados, artesanos y agricultores, hombres de diversos estados y de diferentes profesiones.<\/p>\n<p align=\"left\">Vemos tambi&eacute;n a hombres y mujeres que, en las &oacute;rdenes religiosas, han consagrado su vida a Dios y a los hombres. Al contemplar las im&aacute;genes de san Alberto y de la beata Faustina, sabemos que, en cierto sentido, representan <i>a todos los que, de alguna manera, reflejaban la alegor&iacute;a del buen pastor<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Todos esos hombres de Iglesia, conocidos por su nombre o an&oacute;nimos, con su vida, con su santidad, con su trabajo diario y con su sufrimiento, han testimoniado en esta tierra que <i>Dios es amor<\/i>, que con este amor abraza a cada uno y lo lleva por los caminos de este mundo hacia una nueva vida. <i>No existe un motivo mayor que &eacute;ste para dar gracias<\/i> por la historia milenaria de la Iglesia en Cracovia. No hay mayor bien que la <i>santificaci&oacute;n<\/i> que esta tierra recibe desde hace diez siglos de manos de la Iglesia. &laquo;&iexcl;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales&raquo; (<i>Ef<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy me siento llamado de modo particular a dar gracias a esta comunidad milenaria de pastores de Cristo, cl&eacute;rigos y laicos, porque por su testimonio de santidad, por este ambiente de fe, que durante diez siglos han formado y forman en Cracovia, ha sido posible que, al final de este milenio, precisamente en las riberas del V&iacute;stula, al pie de la catedral de Wawel, se escuchara la exhortaci&oacute;n de Cristo: &laquo;Pedro, apacienta mis corderos&raquo; (<i>Jn<\/i> 21, 15); ha sido posible que la debilidad del hombre se apoyara en la fuerza de la fe, la esperanza y la caridad eternas de esta tierra, y diera como respuesta: &laquo;Por obediencia a la fe, ante Cristo, mi Se&ntilde;or, encomend&aacute;ndome a la Madre de Cristo y de la Iglesia, y consciente de las grandes dificultades, acepto&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &laquo;Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuae. Et rege eos, et extolle illos usque in aeternum&raquo;. &laquo;Salva a tu pueblo, Se&ntilde;or, y bendice tu heredad. S&eacute; su pastor y ens&aacute;lzalo eternamente&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>En su historia, la Iglesia de Cracovia ha sobrevivido a muchas tempestades y a muchas pruebas<\/i>. Para limitarme s&oacute;lo a nuestro siglo, primero resisti&oacute; a la fuerza destructora de la guerra y de la ocupaci&oacute;n, y, a pesar de las dolorosas p&eacute;rdidas, conserv&oacute; su dignidad, sobre todo gracias a la inflexible actitud del pr&iacute;ncipe cardenal Adam Sapieha. En el medio siglo que sigui&oacute; a la segunda guerra mundial, la Iglesia afront&oacute; los nuevos desaf&iacute;os que planteaba el totalitarismo comunista, con su ideolog&iacute;a atea. Super&oacute; el per&iacute;odo de las persecuciones sin perder nunca la fuerza del testimonio. La profunda <i>unidad de las parroquias, de los pastores y de los fieles, la gran obra de la educaci&oacute;n religiosa de los j&oacute;venes y el servicio de la misericordia<\/i> resultaron columnas s&oacute;lidas, cimentadas en una fe profunda. No puedo por menos de recordar aqu&iacute; a mi predecesor en la sede de san Estanislao, el arzobispo Eugeniusz Baziak.<\/p>\n<p align=\"left\">Un factor particular en la renovaci&oacute;n de la Iglesia de Cracovia fueron los trabajos del <i>S&iacute;nodo pastoral de la archidi&oacute;cesis<\/i> en los a&ntilde;os 1972-1979. Recuerdo el enorme empe&ntilde;o que pusieron los fieles en los grupos sinodales, en los trabajos de las comisiones, y la profunda reflexi&oacute;n que hizo sobre s&iacute; misma la Iglesia de Cracovia. Fue un gran <i>diagn&oacute;stico del pasado y del presente, pero tambi&eacute;n una mirada hacia el futuro<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora, mientras damos gracias por el esplendor pasado de esta Iglesia, con el mismo esp&iacute;ritu <i>deber&iacute;amos contemplar su presente y su futuro<\/i>. Debemos plantearnos la pregunta: &iquest;Qu&eacute; ha hecho nuestra generaci&oacute;n con esta gran herencia? El pueblo de Dios de esta Iglesia, &iquest;sigue viviendo de la tradici&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, de la misi&oacute;n de los profetas y de la sangre de los m&aacute;rtires?<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos dar respuesta a esas preguntas. Seg&uacute;n sea esa respuesta se ha de programar el futuro, para que el tesoro de la fe, de la esperanza y de la caridad, que nuestros padres conservaron en sus luchas y nos transmitieron, no lo <i>dilapide<\/i> esta generaci&oacute;n <i>adormecida<\/i>, ya no, como en la obra de Wyspianski &laquo;Las bodas&raquo;, <i>por<\/i> <i>el sue&ntilde;o de la libertad,<\/i> sino <i>por la misma libertad<\/i>. Tenemos la gran responsabilidad del <i>desarrollo de la fe, de la salvaci&oacute;n del hombre de hoy y del futuro de la Iglesia en el nuevo milenio<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso, con san Pablo, os pido, hermanos y hermanas: tomad como modelo los sanos principios, en la fe y en el amor a Cristo Jes&uacute;s. Conservad el buen dep&oacute;sito con la ayuda del Esp&iacute;ritu Santo, que habita en vosotros (cf. <i>2 Tm<\/i> 1, 13-14). Llevadlo al tercer milenio del cristianismo <i>con el sano orgullo y con la humildad de los testigos<\/i>. Transmitid a las futuras generaciones <i>el mensaje de la Misericordia divina<\/i>, que tuvo a bien escoger esta ciudad para manifestarse al mundo. Al final del siglo XX, el mundo parece necesitar m&aacute;s que nunca ese mensaje. Llevadlo a los tiempos nuevos como germen de esperanza y prenda de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios misericordioso, fortalece con tu gracia al pueblo de esta tierra. Haz que los hijos de esta Iglesia se transformen en una generaci&oacute;n de testigos para los siglos futuros. Haz que, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, la Iglesia en Cracovia y en toda Polonia prosiga la obra de santificaci&oacute;n que le encomendaste hace mil a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in te. In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum&raquo;. &laquo;Que tu misericordia, Se&ntilde;or, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. En ti, Se&ntilde;or, confi&eacute;; no me vea defraudado para siempre&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">No nos veremos defraudados. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA MILENARIO DE LA ARCHID&Oacute;CESIS DE CRACOVIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 15 de junio de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Te Deum laudamus. Te Dominum confitemur. Te aeternum Patrem omnis terra veneratur&raquo;. &laquo;A ti, oh Dios, te alabamos; a ti Se&ntilde;or te reconocemos. A ti, eterno Padre, te venera toda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-homilia-con-ocasion-del-milenario-de-la-archidiocesis-de-cracovia-15-de-junio-de-1999\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Polonia: Homil\u00eda con ocasi\u00f3n del milenario de la archidi\u00f3cesis de Cracovia (15 de junio de 1999)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40270","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40270","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40270"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40270\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40270"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40270"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40270"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}