{"id":40271,"date":"2016-10-05T23:39:59","date_gmt":"2016-10-06T04:39:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-sosnowiec-14-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:39:59","modified_gmt":"2016-10-06T04:39:59","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-sosnowiec-14-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-celebracion-de-la-palabra-en-la-ciudad-de-sosnowiec-14-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Celebraci\u00f3n de la Palabra en la ciudad de Sosnowiec (14 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA <\/font> <\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font> <\/b><\/i><\/font><i><b> <font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<center> <\/p>\n<p><i> Sosnowiec, lunes 14 de junio de 1999<\/i><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. Queridos hermanos y hermanas, doy gracias a la divina Providencia porque en el itinerario de mi peregrinaci&oacute;n en Polonia se encuentra la joven di&oacute;cesis de Sosnowiec. Deseaba visitar esta tierra. Ten&iacute;a un gran deseo de encontrarme con el pueblo de Dios que est&aacute; en Zaglebie, y hoy se ha cumplido ese deseo. Agradezco a monse&ntilde;or Adam y a su obispo auxiliar Piotr Skucha, as&iacute; como a toda la comunidad local de la Iglesia la invitaci&oacute;n y la cordial acogida. Saludo con afecto a los obispos hu&eacute;spedes, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los representantes de las autoridades locales, a todos los fieles aqu&iacute; reunidos y a los que nos acompa&ntilde;an espiritualmente.<\/p>\n<p align=\"left\">Este encuentro me trae a la mente las celebraciones que vivimos aqu&iacute;, en Sosnowiec, en mayo de 1967. En la iglesia de la Asunci&oacute;n de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, la actual catedral, con la participaci&oacute;n del Primado del milenio y de otros obispos polacos, celebramos entonces el milenario. Eran tiempos dif&iacute;ciles, especialmente para los que quer&iacute;an profesar abiertamente su fe y su pertenencia a la Iglesia. Recuerdo el gran significado que ten&iacute;a entonces la doctrina del concilio Vaticano II, reci&eacute;n terminado. Recuerdo <i>cu&aacute;nta esperanza y cuanta fuerza conten&iacute;a de manera especial la doctrina conciliar sobre la dignidad de la persona humana<\/i> y sus derechos inalienables. Llenaba profundamente las almas preparadas para el milenario a trav&eacute;s de la gran novena. Hoy los tiempos han cambiado. Es un gran don de la divina Providencia. <i>Debemos dar gracias a Dios<\/i> por lo que se ha llevado a cabo en nuestra patria. Que la gratitud no falte nunca en el coraz&oacute;n de los creyentes de Polonia.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>&laquo;Alabad al Se&ntilde;or todas las naciones; aclamadlo, todos los pueblos: firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre&raquo;<\/i> (<i>Sal<\/i> 117, 1-2).<\/p>\n<p align=\"left\">Con estas palabras el salmista exhorta a todas las naciones a alabar a Dios. El pueblo elegido tuvo un motivo particular para esa alabanza. Mois&eacute;s dice: &laquo;El Se&ntilde;or tu Dios te ha bendecido en todas tu obras: ha protegido tu marcha por este gran desierto; y hace ya cuarenta a&ntilde;os que (&#8230;) est&aacute; contigo sin que te haya faltado nada&raquo; (<i>Dt<\/i> 2, 7). En esta peregrinaci&oacute;n de Israel participan en cierto sentido todos los pueblos y todas las naciones de la tierra. Aunque solamente algunos per&iacute;odos de la historia sean llamados &laquo;tiempos de grandes &eacute;xodos de pueblos&raquo; por los singulares desplazamientos que tuvieron lugar, especialmente en el continente europeo, de hecho el hombre no deja de ser peregrino y las naciones no dejan de peregrinar por el espacio y el tiempo hasta que se estabilizan en su vida.<\/p>\n<p align=\"left\">La peregrinaci&oacute;n de la historia de cada naci&oacute;n deja tras de s&iacute; <i>los frutos del trabajo del hombre.<\/i> Al inicio de la historia Dios encomend&oacute; la tierra al hombre para que la dominara (cf. <i>Gn<\/i> 1, 28). El hombre recibi&oacute; la tierra para trabajarla con creatividad. Gradualmente la fue transformando, d&aacute;ndole un nuevo rostro. Comenz&oacute; a cultivarla, a construir sobre ella, levantando edificios, aldeas, ciudades. As&iacute; confirmaba que estaba hecho a semejanza de Dios, que no s&oacute;lo le dio la capacidad de conocer la verdad, sino tambi&eacute;n la de crear la belleza.<\/p>\n<p align=\"left\">Mientras nos acercamos al a&ntilde;o 2000, dirigimos nuestra mirada hacia el pasado, repasando todas las etapas del camino realizado a lo largo de los siglos por nuestros antepasados. Nos dejaron la gran herencia de un trabajo creativo que hoy suscita en nosotros admiraci&oacute;n y gratitud. El esfuerzo del trabajo y las obras de las generaciones pasadas nos plantean el desaf&iacute;o de seguir dominando esta tierra que nos dio el Creador como posesi&oacute;n y como tarea.<\/p>\n<p align=\"left\">Acogiendo la invitaci&oacute;n hecha desde el inicio, no podemos olvidar la <i>perspectiva divina de participar en la obra de la creaci&oacute;n<\/i>, que confiere a todo esfuerzo humano su justo <i>sentido y dignidad.<\/i> Sin esa perspectiva el trabajo f&aacute;cilmente puede verse privado de su dimensi&oacute;n subjetiva. En ese caso el hombre que lo realiza deja de ser importante y s&oacute;lo cuenta el valor material de lo que hace. El hombre ya no es tratado como art&iacute;fice, como el que crea, sino como instrumento de producci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Parece que en el per&iacute;odo de las necesarias transformaciones econ&oacute;micas en nuestro pa&iacute;s se han notado s&iacute;ntomas de ese peligro. Hace dos a&ntilde;os habl&eacute; de esto en Legnica. Por doquier, <i>en nombre de las leyes del mercado se olvidan los derechos del hombre.<\/i> Acontece, por ejemplo, cuando se sostiene que los beneficios econ&oacute;micos justifican la p&eacute;rdida del trabajo para personas que, adem&aacute;s del trabajo, pierden la posibilidad de mantenerse a s&iacute; mismos y a su familia. Acontece tambi&eacute;n cuando, para aumentar la producci&oacute;n, se niega al trabajador el derecho al descanso, al cuidado de su familia y a la libertad de programar su vida diaria. Acontece igualmente cuando el valor del trabajo no se define de acuerdo con el esfuerzo del hombre, sino de acuerdo con el precio del producto, lo cual tiene como consecuencia que la paga no corresponde al esfuerzo.<\/p>\n<p align=\"left\">Con todo, es preciso a&ntilde;adir que esto no s&oacute;lo ata&ntilde;e a los empresarios, sino tambi&eacute;n a los empleados. Los que realizan un trabajo pueden caer asimismo en la tentaci&oacute;n de tratarlo como objeto, <i>&uacute;nicamente como fuente de enriquecimiento material.<\/i> El trabajo puede dominar la vida del hombre hasta el punto de que &eacute;ste deja de sentir la necesidad de cuidar de su salud, del desarrollo de su personalidad, de la felicidad de sus seres queridos o de su relaci&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Si hoy hablo de esto, lo hago <i>para sensibilizar las conciencias,<\/i> pues, aunque las estructuras estatales o econ&oacute;micas influyan en la actitud con respecto al trabajo, la dignidad del mismo depende de la conciencia humana. En ella se realiza definitivamente su valoraci&oacute;n, dado que en la conciencia se escucha incesantemente la voz del Creador, que indica lo que es aut&eacute;ntico bien del hombre y del mundo a &eacute;l encomendado. <i>Quien ha perdido el recto juicio de la conciencia puede transformar en maldici&oacute;n la bendici&oacute;n del trabajo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hace falta sabidur&iacute;a <\/i>para redescubrir siempre la dimensi&oacute;n sobrenatural del trabajo, que el Creador dio al hombre como tarea. <i>Hace falta una conciencia recta<\/i> para discernir justamente el valor definitivo de la propia actividad. <i>Hace falta esp&iacute;ritu de sacrificio<\/i> para no ofrecer en el altar del bienestar la propia humanidad y la felicidad ajena.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Comer&aacute;s del fruto de tu trabajo; ser&aacute;s dichoso y te ir&aacute; bien&raquo; (<i>Sal<\/i> 127, 2). Pido a Dios con todo mi coraz&oacute;n que estas palabras del salmo se conviertan hoy y siempre en <i>mensaje de esperanza<\/i> para todos los que en Zaglebie, en Polonia y en todo el orbe cumplen la tarea diaria de dominar la tierra. Y pido a&uacute;n m&aacute;s intensamente para que estas palabras susciten esperanza en el coraz&oacute;n de los que anhelan ardientemente trabajar y tienen la desgracia de estar en el paro. Pido a Dios que el desarrollo econ&oacute;mico de nuestro pa&iacute;s y de otros pa&iacute;ses del mundo tenga lugar de forma que todos los hombres, como dice san Pablo, &laquo;trabajen con sosiego para comer su propio pan&raquo; (<i>2 Ts<\/i> 3, 12). Hablo de esto hoy porque quiero que sep&aacute;is vosotros, y todos los trabajadores de este pa&iacute;s, que <i>vuestros problemas interesan al Papa y a la Iglesia.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;El Se&ntilde;or tu Dios te ha bendecido en todas tu obras: ha protegido tu marcha por este gran desierto&raquo; (<i>Dt<\/i> 2, 7). La Iglesia, desde hace siglos, lleva estas palabras del libro del Deuteronomio como mensaje de esperanza. Si el hombre sabe descubrir en las obras de sus manos el signo de la bendici&oacute;n divina, no dudar&aacute; de que ese mismo Dios <i>est&aacute; cerca <\/i>y <i>se interesa siempre por el camino del hombre, especialmente cuando atraviesa el gran desierto<\/i> de sus problemas diarios y de sus apremiantes preocupaciones. Hoy no puede faltar el servicio de la esperanza, hasta ahora realizado de forma eficaz por la Iglesia en Polonia. El hombre necesita <i>el testimonio de la presencia de Dios<\/i>. Hoy el hombre, y en particular el trabajador, necesita <i>una Iglesia que d&eacute; ese testimonio con una fuerza nueva.<\/i> Los tiempos cambian; cambian tambi&eacute;n los hombres y las circunstancias; surgen nuevos problemas. La Iglesia no puede ignorar esos cambios; no puede evitar afrontar los desaf&iacute;os que implican. El hombre es el camino primero y fundamental de la Iglesia, el camino de su vida diaria y de su experiencia, de su misi&oacute;n y de sus esfuerzos. Por eso, la Iglesia de nuestra &eacute;poca debe ser consciente de todo lo que parece oponerse a esto, para que &laquo;la vida humana sea cada vez m&aacute;s humana; para que todo lo que compone esta vida responda a la verdadera dignidad del hombre. En una palabra, debe ser consciente de todo lo que es contrario a ese proceso&raquo; (<i>Redemptor hominis,<\/i> 14). <\/p>\n<p align=\"left\">5. Queridos hermanos y hermanas, aprendamos esta sensibilidad hacia el hombre y sus problemas contemplando la vida y el servicio de san Alberto Chmielowski, el patrono de vuestra di&oacute;cesis, y de la sierva de Dios madre Teresa Kierocinska, llamada &laquo;la Madre de Zaglebie&raquo;. Con gran sensibilidad <i>descubr&iacute;an el sufrimiento <\/i>y la amargura de los que no sab&iacute;an encontrar su lugar en las estructuras sociales y econ&oacute;micas de entonces, y<i> ayudaban a los m&aacute;s necesitados<\/i>. El programa que trazaron es siempre actual. Tambi&eacute;n al final del siglo XX nos ense&ntilde;an que no se pueden cerrar los ojos ante la miseria y el sufrimiento de los que no saben o no pueden hallar un lugar en la nueva situaci&oacute;n, a menudo complicada. Cada parroquia debe transformarse en una comunidad de personas sensibles ante la situaci&oacute;n de quienes atraviesan dificultades. Buscad siempre formas nuevas de afrontar ese desaf&iacute;o. Que a todos infundan consuelo estas palabras de la sagrada Escritura: &laquo;Da con generosidad al necesitado, y cuando se lo des, hazlo de buena gana, pues precisamente por esa acci&oacute;n te bendecir&aacute; el Se&ntilde;or, tu Dios, en todas tus obras y en todas tus empresas&raquo; (cf. <i>Dt<\/i> 15, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que llevar especialmente a los j&oacute;venes el mensaje sobre la presencia de Dios en la historia del hombre, pues tienen particular necesidad de esa certeza. S&oacute;lo gracias a ella podr&aacute;n descubrir nuevas perspectivas para una realizaci&oacute;n creativa de su vocaci&oacute;n humana en una &eacute;poca de transformaciones. Me alegra que <i>la Iglesia en Polonia asuma en varias dimensiones la labor educativa<\/i>. Ofrecer a los j&oacute;venes posibilidades para perfeccionar sus cualidades producir&aacute; frutos. Sobre esa base se desarrollar&aacute; la inventiva y surgir&aacute;n nuevas y buenas iniciativas en todos los sectores de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">El testimonio de la Iglesia mediante las obras de misericordia y la educaci&oacute;n no puede sustituir la labor de los hombres e instituciones responsables del mundo del trabajo. Por eso, una de las tareas m&aacute;s importantes de la Iglesia en este campo es la <i>formaci&oacute;n de las conciencias<\/i>, una formaci&oacute;n llena de delicadeza y discreci&oacute;n, con el fin de despertar en todos la sensibilidad ante esos problemas. S&oacute;lo cuando en la conciencia de cada uno sea viva la verdad fundamental seg&uacute;n la cual el hombre es sujeto y creador y el trabajo debe contribuir al bien de la persona y de la sociedad, se podr&aacute;n evitar los peligros que conlleva el materialismo pr&aacute;ctico. El mundo del trabajo necesita hombres de conciencia recta. <i>El mundo del trabajo espera de la Iglesia el servicio de la conciencia.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">6. Dentro de poco coronaremos la famosa imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro de Jaworzno, de Osiedle Stale. Ese acto tiene una elocuencia particular. Por una parte, es signo de la fe del pueblo obrero de Zaglebie. Gracias a la devoci&oacute;n a Mar&iacute;a; gracias a una incesante consagraci&oacute;n a ella del presente y del futuro de la Iglesia, esa fe se ha conservado en el coraz&oacute;n de los trabajadores, a pesar de las numerosas pruebas que han atravesado especialmente durante la segunda mitad de este siglo. Por otra, el acto de coronaci&oacute;n es la confirmaci&oacute;n de que la comunidad de los creyentes de Jaworze y de todo Zaglebie realmente experimenta esta particular presencia de Mar&iacute;a, gracias a la cual los anhelos humanos se elevan hasta Dios y las gracias divinas llegan a los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen del Perpetuo Socorro sea para vosotros gu&iacute;a por los caminos del nuevo milenio, y os ayude sin cesar en vuestra peregrinaci&oacute;n hasta la casa del Padre celestial.<\/p>\n<p align=\"left\">Y el amor de Dios Padre, Dios Creador y Se&ntilde;or, transforme el coraz&oacute;n y la mente de todos los que con su trabajo dominan la tierra. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Sosnowiec, lunes 14 de junio de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. 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