{"id":40274,"date":"2016-10-05T23:40:03","date_gmt":"2016-10-06T04:40:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-beatificacion-de-108-martires-de-la-ii-guerra-mundial-de-los-siervos-de-dios-sor-regina-protmann-y-edmundo-boyanowski-varsovia-13-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:03","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-beatificacion-de-108-martires-de-la-ii-guerra-mundial-de-los-siervos-de-dios-sor-regina-protmann-y-edmundo-boyanowski-varsovia-13-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-beatificacion-de-108-martires-de-la-ii-guerra-mundial-de-los-siervos-de-dios-sor-regina-protmann-y-edmundo-boyanowski-varsovia-13-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Beatificaci\u00f3n de 108 m\u00e1rtires de la II Guerra Mundial, de los siervos de Dios sor Regina Protmann y Edmundo Boyanowski &#8211; Varsovia (13 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <\/font><\/font><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/font> <\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i> Varsovia, domingo 13 de junio 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar&aacute;n misericordia<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: con las palabras de esta bienaventuranza de Cristo, saludo al pueblo fiel de Varsovia, en esta etapa de mi peregrinaci&oacute;n. Saludo cordialmente a todos los presentes: sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos. Dirijo un saludo fraterno a los obispos, especialmente al cardenal primado y a sus colaboradores, los obispos auxiliares de la archidi&oacute;cesis de Varsovia. Saludo al se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica, al se&ntilde;or primer ministro, al presidente del Senado y al se&ntilde;or presidente de la Dieta, a los representantes de las autoridades estatales y locales, y a los hu&eacute;spedes invitados.<\/p>\n<p align=\"left\">Doy gracias a la divina Providencia porque me ha concedido poder encontrarme nuevamente aqu&iacute;, donde hace veinte a&ntilde;os, en la memorable vigilia de Pentecost&eacute;s, vivimos de modo especial el misterio del cen&aacute;culo. Juntamente con el cardenal Stefan Wyszynski, el Primado del milenio, con los obispos y el pueblo de Dios de la capital, presente en gran n&uacute;mero, invocamos entonces con fervor <i>el don del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. En esos tiempos dif&iacute;ciles le pedimos que derramara su fuerza en el coraz&oacute;n de los hombres y que despertara en ellos la esperanza. Esa plegaria brotaba de la fe que Dios suscita y que, con la potencia del Esp&iacute;ritu, lo renueva y santifica todo. Le suplicamos que renovara la faz de la tierra, <i>de esta tierra<\/i>: &laquo;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu y renueva la faz de la tierra, de esta tierra&raquo;. &iexcl;C&oacute;mo no dar hoy gracias a Dios, uno y trino, por todo lo que a lo largo de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os vemos como <i>respuesta suya a esa oraci&oacute;n<\/i>! &iquest;No es respuesta de Dios lo que ha tenido lugar a lo largo de este tiempo en Europa y en el mundo, comenzando por nuestra patria? Ante nuestros ojos se han producido los cambios de los sistemas pol&iacute;ticos, sociales y econ&oacute;micos, gracias a los cuales las personas y las naciones han visto de nuevo el esplendor de su dignidad. La verdad y la justicia est&aacute;n recuperando su valor, se est&aacute;n convirtiendo en un desaf&iacute;o urgente para todos los que saben apreciar el don de la libertad. Por eso, damos gracias a Dios, mirando con confianza al futuro.<\/p>\n<p align=\"left\">Sobre todo le damos gracias por lo que estas dos d&eacute;cadas han tra&iacute;do <i>a la vida de la Iglesia.<\/i> As&iacute; pues, en la acci&oacute;n de gracias nos unimos a las Iglesias de los pueblos vecinos, tanto de tradici&oacute;n occidental como oriental, <i>que han salido de las catacumbas y cumplen sin obst&aacute;culos su misi&oacute;n<\/i>. Su vitalidad es un testimonio magn&iacute;fico del poder de la gracia de Cristo, que a hombres d&eacute;biles hace capaces de hero&iacute;smo, a veces hasta el martirio. &iquest;No es esto fruto de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu de Dios? &iquest;No se debe a ese impulso del Esp&iacute;ritu en la historia m&aacute;s reciente el hecho de que hoy tengamos la irrepetible ocasi&oacute;n de <i>experimentar la universalidad de la Iglesia y nuestra responsabilidad de dar testimonio de Cristo<\/i> y anunciar su Evangelio &laquo;hasta los confines de la tierra&raquo;? (<i>Hch <\/i>1, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">A la luz del Esp&iacute;ritu Santo la Iglesia en Polonia <i>relee los signos de los tiempos y asume sus tareas sin las limitaciones externas y sin las presiones<\/i> que sufr&iacute;a hasta hace poco tiempo. &iexcl;C&oacute;mo no dar hoy gracias a Dios porque, con esp&iacute;ritu de respeto y amor rec&iacute;proco, la Iglesia puede entablar un di&aacute;logo creativo con el mundo de la cultura y de la ciencia! &iexcl;C&oacute;mo no dar gracias a Dios por el hecho de que los creyentes pueden acercarse libremente a los sacramentos y escuchar la palabra de Dios, para poder luego testimoniar abiertamente su fe! &iexcl;C&oacute;mo no dar gloria a Dios por la multitud de iglesias construidas &uacute;ltimamente en nuestro pa&iacute;s! &iexcl;C&oacute;mo no darle gracias porque los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes pueden con tranquilidad conocer a Cristo en la escuela, donde la presencia del sacerdote, de la religiosa o del catequista es considerada una gran ayuda en la labor de educar a las generaciones j&oacute;venes! &iexcl;C&oacute;mo no alabar a Dios porque, con su Esp&iacute;ritu, anima a las comunidades, las asociaciones y los movimientos eclesiales, y hace que la misi&oacute;n de la evangelizaci&oacute;n sea llevada a cabo por un c&iacute;rculo cada vez m&aacute;s amplio de laicos!<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando, durante mi primera peregrinaci&oacute;n a la patria, me encontr&eacute; en este lugar, me vino insistentemente a la mente la oraci&oacute;n del salmista: &laquo;Acu&eacute;rdate de m&iacute; Se&ntilde;or por amor a tu pueblo. Vis&iacute;tame con tu salvaci&oacute;n: para que vea la dicha de tus escogidos, y me alegre con la alegr&iacute;a de tu pueblo, y me glor&iacute;e con tu heredad&raquo; (<i>Sal <\/i>106, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, mientras dirigimos la mirada a estos &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os de nuestro siglo, me viene a la mente la exhortaci&oacute;n del mismo salmo: &laquo;Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia. &iquest;Qui&eacute;n podr&aacute; contar las haza&ntilde;as de Dios, pregonar toda su alabanza? (&#8230;) Bendito sea el Se&ntilde;or (&#8230;) desde siempre y por siempre&raquo; (<i>Sal<\/i> 106, 1-2. 48).<\/p>\n<p align=\"left\">2. &laquo;Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar&aacute;n misericordia&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 7). La liturgia de este domingo confiere un car&aacute;cter particular a nuestra acci&oacute;n de gracias, pues permite ver todo lo que acontece en la historia de esta generaci&oacute;n <i>en la perspectiva de la eterna misericordia de Dios<\/i>, que se revel&oacute; de la forma m&aacute;s plena en la obra salv&iacute;fica de Cristo. Jes&uacute;s &laquo;fue entregado por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificaci&oacute;n&raquo; (<i>Rm<\/i> 4, 25). El misterio pascual de la muerte y la resurrecci&oacute;n del Hijo de Dios dio un nuevo curso a la historia humana. Aunque observamos en ella los signos dolorosos de la acci&oacute;n del mal, tenemos la certeza de que, <i>en definitiva, el mal no puede regir el destino del mundo y del hombre, no puede vencer<\/i>. Esa certeza brota de la fe en la misericordia del Padre, que &laquo;tanto am&oacute; al mundo que le dio a su Hijo &uacute;nico, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i> 3, 16). Por eso, hoy, mientras san Pablo nos habla de la fe de Abraham, que &laquo;ante la promesa divina, no cedi&oacute; a la duda con incredulidad; m&aacute;s bien, fortalecido en su fe, dio gloria a Dios&raquo; (<i>Rm<\/i> 4, 20), podemos descubrir la fuente de la fuerza, gracias a la cual incluso las m&aacute;s duras pruebas fueron incapaces de separarnos del amor de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a la fe en la misericordia divina hemos mantenido la esperanza, no s&oacute;lo en un renacimiento social y en la restituci&oacute;n al hombre de la dignidad en las dimensiones de este mundo. Nuestra esperanza va mucho m&aacute;s a fondo, pues tiene como objeto <i>las promesas divinas, que superan con mucho lo temporal. <\/i>Su objeto definitivo es la participaci&oacute;n en los frutos de la obra salv&iacute;fica de Cristo. Si &laquo;creemos en Aquel que resucit&oacute; de entre los muertos a Jes&uacute;s Se&ntilde;or nuestro&raquo; (<i>Rm<\/i> 4, 24), se nos reputar&aacute; como justicia. S&oacute;lo la esperanza que nace de la fe en la resurrecci&oacute;n nos puede impulsar a dar en la vida diaria una respuesta digna al amor infinito de Dios. S&oacute;lo con esa esperanza podemos asistir a &laquo;los enfermos&raquo; (cf. <i>Mt<\/i> 9, 12) y ser ap&oacute;stoles del amor de Dios que cura. Si hace veinte a&ntilde;os dije que &laquo;Polonia ha llegado a ser, en nuestros tiempos, tierra de un testimonio especialmente responsable&raquo; (Homil&iacute;a en la plaza de la Victoria, 2 de junio de 1979, n. 1: <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 10 de junio de 1979, p. 6), hoy es preciso a&ntilde;adir que <i>debe tratarse de un testimonio de misericordia operante, construida sobre la fe en la resurrecci&oacute;n<\/i>. S&oacute;lo este tipo de testimonio es signo de esperanza para el hombre de hoy, especialmente para las generaciones j&oacute;venes; y, aunque para algunos sea tambi&eacute;n &laquo;signo de contradicci&oacute;n&raquo;, esa contradicci&oacute;n nunca nos ha de apartar de la fidelidad a Cristo crucificado y resucitado.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Dios todopoderoso y eterno, t&uacute; has querido darnos una prueba suprema de tu amor en la glorificaci&oacute;n de tus santos; conc&eacute;denos ahora que su intercesi&oacute;n nos ayude y su ejemplo nos mueva a imitar fielmente a tu Hijo Jesucristo&raquo;: as&iacute; reza la Iglesia, recordando en la eucarist&iacute;a a los santos y santas (<i>Com&uacute;n de santos y santas<\/i>, Oraci&oacute;n colecta). Esa invocaci&oacute;n la hacemos tambi&eacute;n hoy, mientras admiramos el testimonio que nos dan los beatos que acabamos de elevar a la gloria de los altares. Su fe viva, su esperanza inquebrantable y su amor generoso les fueron reputados como justicia, porque estaban profundamente arraigados en el misterio pascual de Cristo. As&iacute; pues, con raz&oacute;n pedimos a Dios que nos conceda seguir fielmente a Cristo, <i>como ellos<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">La beata Regina Protmann, fundadora de la congregaci&oacute;n de las Hermanas de Santa Catalina, procedente de Braniewo, se dedic&oacute; con toda su alma a la obra de renovaci&oacute;n de la Iglesia a fines del siglo XVI y principios del XVII. Su actividad, que brotaba de su amor a Cristo sobre todas las cosas, se desarroll&oacute; despu&eacute;s del concilio de Trento. Se insert&oacute; activamente en la reforma posconciliar de la Iglesia, realizando con gran generosidad una labor humilde de misericordia. Fund&oacute; una congregaci&oacute;n que un&iacute;a la contemplaci&oacute;n de los misterios de Dios con la atenci&oacute;n a los enfermos en sus casas y con la instrucci&oacute;n de los ni&ntilde;os y de las muchachas. Dedic&oacute; especial atenci&oacute;n a la pastoral de la mujer. La beata Regina, olvid&aacute;ndose de s&iacute; misma, abarcaba, con una mirada clarividente, las necesidades del pueblo y de la Iglesia. Las palabras &laquo;como Dios quiera&raquo; se convirtieron en lema de su vida. Su ardiente amor la impulsaba a cumplir la voluntad del Padre celestial, a ejemplo del Hijo de Dios. No tem&iacute;a aceptar la cruz del servicio diario, dando testimonio de Cristo resucitado.<\/p>\n<p align=\"left\">El apostolado de la misericordia colm&oacute; tambi&eacute;n la vida del beato Edmundo Bojanowski. Este propietario de tierras en Wielkopolska, a quien Dios concedi&oacute; numerosos talentos y una vida espiritual muy profunda, a pesar de tener una salud bastante d&eacute;bil, con perseverancia, prudencia y generosidad de coraz&oacute;n, realiz&oacute; e inspir&oacute; una vasta actividad en favor de la gente del campo. Mostrando una gran sensibilidad hacia sus necesidades, puso en marcha numerosas obras educativas, caritativas, culturales y religiosas, para ayuda material y moral de las familias del campo. Sin dejar de ser laico, fund&oacute; la congregaci&oacute;n de las Esclavas de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, muy conocida en Polonia. En las diversas iniciativas lo impulsaba el deseo de que todos llegaran a ser part&iacute;cipes de la Redenci&oacute;n. Se le recuerda como &laquo;un hombre cordialmente bueno&raquo;, que por amor a Dios y al pr&oacute;jimo sab&iacute;a llevar eficazmente a todas las personas al bien. En su variada actividad se anticip&oacute; con mucha anterioridad a la doctrina del concilio Vaticano II sobre el apostolado de los laicos. Dio un ejemplo excepcional de generoso y sabio trabajo en favor del hombre, de la patria y de la Iglesia. La obra del beato Edmundo Bojanowski ha sido continuada por las Esclavas, a las que cordialmente saludo y agradezco el servicio silencioso y sacrificado que prestan en favor del hombre y de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;Fortal&eacute;ceme, Se&ntilde;or Jesucristo (&#8230;), con el signo de tu sant&iacute;sima cruz, y conc&eacute;deme (&#8230;) que as&iacute; como llevo sobre mi pecho esta cruz, que encierra reliquias de tus santos, de la misma manera siempre tenga presente en mi mente el recuerdo de tu pasi&oacute;n y las victorias de tus santos m&aacute;rtires&raquo;: &eacute;sta es la oraci&oacute;n que reza el obispo al ponerse la cruz pectoral. Esta invocaci&oacute;n ha de ser hoy la oraci&oacute;n de toda la Iglesia en Polonia que, al llevar desde hace mil a&ntilde;os el signo de la pasi&oacute;n de Cristo, siempre se regenera con la semilla de la sangre de los m&aacute;rtires y vive del recuerdo de la victoria que lograron en esta tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente hoy estamos celebrando la victoria de los que, en nuestros tiempos, dieron la vida por Cristo; dieron la vida temporal, para poseerla por los siglos en su gloria. Es una victoria particular, porque la han conseguido representantes del clero y laicos, j&oacute;venes y ancianos, personas de todas las clases y estados. Entre ellos podemos recordar al arzobispo Antoni Juli&aacute;n Nowowiejski, pastor de la di&oacute;cesis de Plokc, torturado hasta la muerte en Dzialdowo, y a monse&ntilde;or Wladyslaw Goral, de Lublin, torturado con especial odio s&oacute;lo porque era obispo cat&oacute;lico. Hubo tambi&eacute;n sacerdotes diocesanos y religiosos, que prefirieron morir con tal de no abandonar su ministerio, y otros que murieron atendiendo a sus compa&ntilde;eros de prisi&oacute;n enfermos de tifus; algunos fueron torturados hasta la muerte por defender a los jud&iacute;os. En ese grupo de beatos hab&iacute;a religiosos no sacerdotes y religiosas, que perseveraron en el servicio de la caridad, ofreciendo sus tormentos por el pr&oacute;jimo. Entre estos beatos m&aacute;rtires hab&iacute;a tambi&eacute;n laicos. Hab&iacute;a cinco j&oacute;venes formados en el oratorio salesiano; un activista celoso de la Acci&oacute;n cat&oacute;lica, un catequista laico, torturado hasta la muerte por su servicio, y una mujer heroica, que dio libremente su vida en cambio de la de su nuera, que esperaba un hijo. Estos beatos m&aacute;rtires son inscritos hoy en la historia de la santidad del pueblo de Dios que peregrina desde hace mil a&ntilde;os en Polonia.<\/p>\n<p align=\"left\">Si hoy nos alegramos por la beatificaci&oacute;n de 108 m&aacute;rtires, cl&eacute;rigos y laicos, lo hacemos ante todo porque <i>son un testimonio de la victoria de Cristo, <\/i>el don que devuelve la esperanza. En cierto sentido, mientras realizamos este acto solemne se reaviva en nosotros la certeza de que, independientemente de las circunstancias, podemos obtener una plena victoria en todo, gracias a aquel que nos ha amado (cf. <i>Rm<\/i> 8, 37). Los beatos m&aacute;rtires nos dicen en nuestro coraz&oacute;n: Creed que Dios es amor. Creedlo en el bien y en el mal. Tened esperanza. Que la esperanza produzca como fruto en vosotros la fidelidad a Dios en cualquier prueba.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Al&eacute;grate, Polonia, por los nuevos beatos: Regina Protmann, Edmundo Bojanowski y los 108 m&aacute;rtires. <i>A Dios ha complacido &laquo;mostrar la extraordinaria riqueza de su gracia mediante la bondad&raquo;<\/i> de tus hijos e hijas en Cristo Jes&uacute;s (cf. <i>Ef<\/i> 2, 7). &Eacute;sa es &laquo;la riqueza de su gracia&raquo;; &eacute;se es el fundamento de nuestra confianza inquebrantable en la presencia salv&iacute;fica de Dios a lo largo de las sendas del hombre en el tercer milenio. A &eacute;l la gloria por los siglos de los siglos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Varsovia, domingo 13 de junio 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar&aacute;n misericordia&raquo; (Mt 5, 7). 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