{"id":40275,"date":"2016-10-05T23:40:05","date_gmt":"2016-10-06T04:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-liturgia-de-la-palabra-celebrada-en-la-ciudad-de-zamosc-12-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:05","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-liturgia-de-la-palabra-celebrada-en-la-ciudad-de-zamosc-12-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-liturgia-de-la-palabra-celebrada-en-la-ciudad-de-zamosc-12-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Liturgia de la Palabra celebrada en la ciudad de Zamosc (12 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <\/font><\/font><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/font> <\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i>Zamosc, 12 de junio 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;&iexcl;<i>Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or<\/i>!&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">A lo largo del itinerario de nuestra peregrinaci&oacute;n por Polonia nos encontramos nuevamente con Mar&iacute;a. Es un don especial de la gracia divina el hecho de que precisamente en Zamosc, donde, desde hace muchas generaciones, Mar&iacute;a es venerada como Madre de la divina protecci&oacute;n en el santuario-catedral, debemos celebrar una segunda etapa de la solemnidad de su Coraz&oacute;n inmaculado. La liturgia de hoy nos presenta el pasaje de la Visitaci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a. Es muy conocido su camino despu&eacute;s de la Anunciaci&oacute;n: desde Nazaret se dirige a la aldea de monta&ntilde;a de Judea donde habitaba su prima Isabel. Mar&iacute;a va para ayudarla en los d&iacute;as de su preparaci&oacute;n para la maternidad. Camina por las sendas de su tierra <i>llevando en su interior el sumo misterio<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Leemos en el evangelio que la revelaci&oacute;n de ese misterio aconteci&oacute; de una manera desacostumbrada. &laquo;&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno!&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 42). Con estas palabras Isabel salud&oacute; a Mar&iacute;a. &laquo;&iquest;De d&oacute;nde a m&iacute; que la madre de mi Se&ntilde;or venga a m&iacute;?&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 43). Isabel ya conoce el plan de Dios y lo que, en ese instante, es un misterio suyo y de Mar&iacute;a. Sabe que su hijo, Juan Bautista, deber&aacute; preparar el camino del Se&ntilde;or, deber&aacute; convertirse en el heraldo del Mes&iacute;as, de aquel que la Virgen de Nazaret ha concebido por obra del Esp&iacute;ritu Santo. El encuentro de las dos madres, Isabel y Mar&iacute;a, anticipa los acontecimientos que habr&aacute;n de cumplirse y, en cierto sentido, prepara para ellos. &iexcl;Feliz t&uacute;, por haber cre&iacute;do en la palabra de Dios que te anuncia el nacimiento del Redentor del mundo!, dice Isabel. Y Mar&iacute;a responde con las palabras del <i> Magnificat<\/i>: &laquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or y mi esp&iacute;ritu se alegra en Dios, mi salvador&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 46-47). Realmente las maravillas de Dios, <i>los grandes misterios de Dios, se cumplen de manera oculta, dentro de la casa de Zacar&iacute;as.<\/i> Toda la Iglesia se referir&aacute; continuamente a ellos; repetir&aacute; con Isabel: &laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do!&raquo; y, con Mar&iacute;a, cantar&aacute; el <i>Magnificat.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, el acontecimiento que tuvo lugar en la tierra de Judea encierra un contenido inefable. Dios vino al mundo. Se hizo hombre. Por obra del Esp&iacute;ritu Santo fue concebido en el seno de la Virgen de Nazaret, para nacer en el pesebre de Bel&eacute;n. Pero antes de que todo eso suceda, Mar&iacute;a lleva a Jes&uacute;s, como toda madre lleva en s&iacute; al hijo de su seno. No s&oacute;lo lleva su existencia humana, sino tambi&eacute;n todo su misterio, el misterio del Hijo de Dios, Redentor del mundo. Por eso, tambi&eacute;n la visita de Mar&iacute;a a la casa de Isabel es, en cierto sentido, un acontecimiento com&uacute;n y, al mismo tiempo, un evento &uacute;nico, <i>extraordinario e irrepetible.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Juntamente con Mar&iacute;a viene el Verbo eterno, el Hijo de Dios. Viene para estar en medio de nosotros. De la misma manera que entonces el tiempo anterior al nacimiento lo hab&iacute;a vinculado a Nazaret y luego a Judea, donde viv&iacute;a Isabel, y definitivamente a la peque&ntilde;a aldea de Bel&eacute;n, donde deb&iacute;a venir al mundo, as&iacute; ahora <i>cada visita suya lo vincula siempre a otro lugar de la tierra, donde la celebramos en la liturgia.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">2. Hoy leemos el evangelio de la Visitaci&oacute;n en la tierra de Zamosc. En cierto sentido, el misterio de la venida de Mar&iacute;a y de su Hijo es tambi&eacute;n nuestro misterio. Me alegra mucho poder vivirlo juntamente con vosotros, en la comunidad de la di&oacute;cesis de Zamosc-Lubacz&oacute;w. Es una di&oacute;cesis reciente, pero con una tradici&oacute;n religiosa y cultural muy rica, que se remonta al siglo XVI. En ella, desde el principio, se realizaron intensos contactos con la Sede apost&oacute;lica: fruto especial de ellos es la famosa Academia de Zamosc-la tercera, despu&eacute;s de Cracovia y Vilna-, una instituci&oacute;n acad&eacute;mica en la Rep&uacute;blica de Polonia, fundada con el apoyo del Papa Clemente VIII. La colegiata de Zamosc, que tuve el honor de elevar a la dignidad de catedral, es testigo silenciosa pero muy elocuente de una herencia de siglos. No s&oacute;lo conserva en su interior magn&iacute;ficos monumentos de la arquitectura y del arte religioso, sino tambi&eacute;n las cenizas de los que formaron esa gran tradici&oacute;n. Al visitar hoy esta hermosa ciudad y la tierra de Zamosc, me alegra poder volver a este tesoro plurisecular de nuestra fe y de nuestra cultura.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo cordialmente a todos los fieles aqu&iacute; reunidos y a los que se hallan espiritualmente unidos a nosotros. Saludo al pastor de esta comunidad, el obispo Jan Srutwa con su auxiliar Mariusz Leszczynski y a todos los presb&iacute;teros y personas consagradas. Saludo asimismo a los representantes de las autoridades estatales y regionales. Quiero expresar mi agradecimiento en particular a los que apoyan mi peregrinaci&oacute;n con la oraci&oacute;n y con el ofrecimiento de sus sufrimientos. Pido a Dios que participen en las gracias de esta visita.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La colocaci&oacute;n providencial de la escena de la Visitaci&oacute;n de Mar&iacute;a en el marco excepcional de la belleza de esta ciudad y de esta tierra me hace volver con la mente al relato b&iacute;blico de la creaci&oacute;n, que tiene su explicaci&oacute;n y su complemento en el misterio de la Encarnaci&oacute;n. En los d&iacute;as de la creaci&oacute;n Dios contempl&oacute; la obra de su plan y vio que <i>todo lo que hab&iacute;a hecho estaba muy bien. <\/i>No pod&iacute;a ser de otra manera. La armon&iacute;a de la creaci&oacute;n reflejaba la &iacute;ntima perfecci&oacute;n del Creador. Al final, Dios cre&oacute; al hombre. Lo cre&oacute; a su imagen y semejanza. Le encomend&oacute; toda la magnificencia del mundo para que, gozando de &eacute;l y usando sus bienes de modo libre y racional, contribuyera activamente al perfeccionamiento de la obra de Dios. Y la Escritura dice que entonces &laquo;Dios vio lo que hab&iacute;a hecho, y todo estaba muy bien&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 31).<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, despu&eacute;s del pecado original del hombre, el mundo, al ser su propiedad particular, en cierto sentido comparti&oacute; su destino. El pecado no s&oacute;lo rompi&oacute; el v&iacute;nculo de amor entre el hombre y Dios y destruy&oacute; la unidad entre los hombres; tambi&eacute;n alter&oacute; la armon&iacute;a de toda la creaci&oacute;n. La sombra de la muerte descendi&oacute; sobre el g&eacute;nero humano y sobre todo lo que por voluntad de Dios deber&iacute;a existir <i>para el hombre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">No obstante, al hablar de la participaci&oacute;n del mundo en los efectos del pecado del hombre, caemos en la cuenta de que no pod&iacute;a quedar privado de la participaci&oacute;n en <i>la promesa divina de la Redenci&oacute;n<\/i>. El tiempo del cumplimiento de esa promesa para el hombre y para la creaci&oacute;n entera lleg&oacute; cuando Mar&iacute;a, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, se transform&oacute; en Madre del Hijo de Dios. &Eacute;l es el primog&eacute;nito de la creaci&oacute;n (cf.<i> Col<\/i> 1, 15). Todo lo que ha sido creado, desde siempre estaba en &eacute;l. Cuando vino al mundo, vino a su propiedad, como dice san Juan (cf.<i> Jn<\/i> 1, 11). Vino para abrazar la creaci&oacute;n, para iniciar la obra de la redenci&oacute;n del mundo, para <i>devolver a la creaci&oacute;n su santidad y dignidad originales<\/i>. Vino para hacernos ver, con su venida, esta particular dignidad de la naturaleza creada.<\/p>\n<p align=\"left\">Mientras recorro Polonia, desde el B&aacute;ltico hasta Wielkopolska, Masovia, Warmia y Masuria, y luego sus regiones orientales, desde Bialystok hasta Zamosc, y contemplo la belleza de esta tierra patria, tomo conciencia de esa dimensi&oacute;n particular de la misi&oacute;n salv&iacute;fica del Hijo de Dios. Aqu&iacute; parecen hablar con una fuerza excepcional el azul del cielo, el verde de los bosques y de los campos, la plata de los lagos y de los r&iacute;os. Aqu&iacute; suena de modo muy familiar, polaco, el canto de los p&aacute;jaros. Y todo ello <i>testimonia el amor del Creador<\/i>, la fuerza vivificante de su Esp&iacute;ritu y la redenci&oacute;n realizada por el Hijo para el hombre y para el mundo. Todas estas criaturas <i>hablan de su santidad y de su dignidad<\/i>, recuperadas cuando Aquel que fue &laquo;engendrado antes de toda criatura&raquo; asumi&oacute; el cuerpo de la Virgen Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Al hablar hoy de esa santidad y de esa dignidad, lo hago con <i>esp&iacute;ritu de acci&oacute;n de gracias <\/i>a Dios, que ha realizado obras tan grandes en favor nuestro; al mismo tiempo, lo hago con <i>esp&iacute;ritu de solicitud por la conservaci&oacute;n del bien y de la belleza<\/i> concedida por el Creador. En efecto, existe el peligro de que lo que hace gozar as&iacute; la vista y exultar el esp&iacute;ritu pueda ser destruido. S&eacute; que los obispos polacos expresaron ya esa preocupaci&oacute;n hace diez a&ntilde;os, dirigi&eacute;ndose a todos los hombres de buena voluntad, en una carta pastoral sobre el tema de la conservaci&oacute;n del medio ambiente. Con raz&oacute;n escribieron que &laquo;toda actividad del hombre como ser responsable, tiene una dimensi&oacute;n moral. El deterioro del ambiente afecta al bien de la creaci&oacute;n dada al hombre por Dios Creador como indispensable para su vida y para su desarrollo. Existe la obligaci&oacute;n de usar correctamente ese don con esp&iacute;ritu de gratitud y respeto. Por otra parte, la conciencia de que este don est&aacute; destinado a todos los hombres y constituye un bien com&uacute;n engendra una obligaci&oacute;n frente al pr&oacute;jimo. Por eso, es preciso reconocer que toda acci&oacute;n que no tiene en cuenta el derecho de Dios sobre su obra, as&iacute; como el derecho del hombre, objeto del regalo del Creador, va en contra del mandamiento del amor. (&#8230;) As&iacute; pues, es necesario caer en la cuenta de que existe un pecado grave contra el ambiente natural que grava sobre nuestra conciencia, que engendra una seria responsabilidad frente a Dios creador&raquo; (Carta pastoral del 2 de mayo de 1989).<\/p>\n<p align=\"left\">Al hablar de la responsabilidad ante Dios, somos conscientes de que aqu&iacute; no s&oacute;lo se trata de lo que, en el lenguaje de hoy, se suele llamar ecolog&iacute;a. No basta buscar la causa de la destrucci&oacute;n del mundo en una excesiva industrializaci&oacute;n, en una acr&iacute;tica aplicaci&oacute;n en la industria y en la agricultura de conquistas cient&iacute;ficas y tecnol&oacute;gicas, o en una afanosa b&uacute;squeda de la riqueza sin tener en cuenta los efectos futuros de esas acciones. Aunque no se puede negar que esas acciones producen grandes da&ntilde;os, es f&aacute;cil observar que <i>su fuente se encuentra en un nivel m&aacute;s profundo: en la actitud misma del hombre<\/i>. Parece que lo que resulta m&aacute;s peligroso para la creaci&oacute;n y para el hombre es <i>la falta de respeto a las leyes de la naturaleza y la p&eacute;rdida del sentido del valor de la vida.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">La ley inscrita por Dios en la naturaleza y que puede descubrirse por medio de la raz&oacute;n induce al respeto del designio del Creador, un designio que est&aacute; ordenado al bien del hombre. Esa ley establece <i>cierto orden<\/i> interior<i> que el hombre encuentra y que debe conservar<\/i>. Toda actividad que se oponga a ese orden afecta inevitablemente al hombre mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; acontece cuando se pierde el sentido del valor de la vida como tal, y especialmente de la vida humana. &iquest;C&oacute;mo se puede defender eficazmente la naturaleza cuando se justifican las iniciativas que afectan al coraz&oacute;n mismo de la creaci&oacute;n, que es la existencia del hombre? &iquest;Es posible oponerse a la destrucci&oacute;n del mundo, cuando en nombre del bienestar y de la comodidad se admiten el exterminio de los ni&ntilde;os por nacer, la muerte provocada de los ancianos y de los enfermos, y en nombre del progreso se realizan inadmisibles intervenciones y manipulaciones en los mismos inicios de la vida humana? Cuando el bien de la ciencia o los intereses econ&oacute;micos prevalecen sobre el bien de la persona, e incluso de enteras sociedades, las destrucciones provocadas en el ambiente son <i>signo de aut&eacute;ntico desprecio del hombre<\/i>. Es preciso que todos aquellos que se interesan por el bien del hombre en este mundo den un testimonio constante de que &laquo;es el respeto a la vida y, en primer lugar, a la dignidad de la persona humana, la norma fundamental inspiradora de un sano progreso econ&oacute;mico, industrial y cient&iacute;fico&raquo; (Mensaje para la <i>XXIII Jornada mundial de la paz, <\/i>1 de enero de 1990, n. 7: <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 10 de diciembre de 1989, p. 11).<\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;Todo fue creado por &eacute;l y para &eacute;l. &Eacute;l es anterior a todo, y todo se mantiene en &eacute;l. (&#8230;) Porque en &eacute;l quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por &eacute;l quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz&raquo; (<i>Col <\/i>1, 16-17. 19-20). Estas palabras de san Pablo parecen trazar el camino cristiano de defensa del bien constituido por todo el mundo creado. Es el camino de la <i>reconciliaci&oacute;n en Cristo.<\/i> Mediante la sangre derramada en la cruz y la resurrecci&oacute;n &eacute;l ha devuelto a la creaci&oacute;n el orden originario. De ahora en adelante el mundo entero, y en su centro el hombre, ha sido arrancado de la esclavitud de la muerte y de la corrupci&oacute;n (cf. <i>Rm <\/i>8, 21); en cierto sentido, ha sido creado de nuevo (cf. <i>Ap<\/i> 21, 5) y ya no existe para la muerte, sino para la vida, para la nueva vida en Cristo. Gracias a la uni&oacute;n con Cristo <i>el hombre redescubre su lugar en el mundo<\/i>. En Cristo <i>experimenta de nuevo la armon&iacute;a original<\/i> que exist&iacute;a entre el Creador, la creaci&oacute;n y el hombre antes de sucumbir bajo los efectos del pecado. En &eacute;l relee <i>la llamada originaria a dominar la tierra<\/i>, que es la continuaci&oacute;n de la obra divina de la creaci&oacute;n, y no una explotaci&oacute;n incontrolada.<\/p>\n<p align=\"left\">La belleza de esta tierra me impulsa a invocar su conservaci&oacute;n para las generaciones futuras. Si am&aacute;is esta tierra patria, <i>que no quede sin respuesta esta invocaci&oacute;n<\/i>. De modo especial, me dirijo a cuantos tienen <i>la responsabilidad de este pa&iacute;s<\/i> y de su desarrollo, exhort&aacute;ndolos a no olvidar el deber de protegerlo contra la destrucci&oacute;n ecol&oacute;gica. Deben preparar programas para la conservaci&oacute;n del medio ambiente y velar por su realizaci&oacute;n eficaz. Sobre todo, han de promover actitudes de respeto al bien com&uacute;n, a las leyes de la naturaleza y de la vida. Es preciso que cuenten con el apoyo de las <i>organizaciones<\/i> que tienen como fin la tutela de los bienes naturales. En la <i>familia<\/i> y en la <i>escuela<\/i> no puede faltar la educaci&oacute;n para el respeto a la vida, al bien y a la belleza. <i>Todos los hombres<\/i> de buena voluntad deben colaborar en esta gran obra. <i>Todo disc&iacute;pulo de Cristo<\/i> debe analizar su propio estilo de vida, para que la justa aspiraci&oacute;n al bienestar no ofusque la voz de la conciencia, que pondera lo que est&aacute; bien y lo que es aut&eacute;nticamente bueno.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Al hablar del respeto a la tierra, no puedo olvidar a los que est&aacute;n m&aacute;s fuertemente vinculados a ella y conocen su valor y dignidad. Me refiero a los <i>agricultores<\/i>, que no s&oacute;lo en la tierra de Zamosc, sino tambi&eacute;n en toda Polonia, afrontan el duro esfuerzo del trabajo en el campo, buscando en &eacute;l los productos indispensables para la vida de los habitantes de las ciudades y de las aldeas. Nadie mejor que los agricultores puede testimoniar c&oacute;mo si es est&eacute;ril no da frutos, mientras que, si se cultiva con amor, da frutos abundantes. Quiero expresar mi gratitud, respeto y aprecio a los que <i>durante siglos han fecundado esta tierra con el sudor de su frente<\/i>, y cuando era preciso defenderla <i>no temieron derramar su sangre por ella.<\/i> Con la misma gratitud y con el mismo respeto me dirijo a los que tambi&eacute;n <i>hoy realizan la dura tarea de cultivar la tierra.<\/i> Que Dios bendiga el trabajo de vuestras manos.<\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que en un tiempo de transformaciones sociales y econ&oacute;micas no faltan <i>problemas, que a menudo afectan duramente al campo polaco.<\/i> Es necesario que en el proceso de reformas se analicen los problemas de los agricultores y se resuelvan con esp&iacute;ritu de justicia social.<\/p>\n<p align=\"left\">Hablo de esto en Zamosc, donde la <i>cuesti&oacute;n de los campesinos es tratada desde hace siglos<\/i>. Basta recordar las obras de Szymon Szymonowic, o la actividad de la Sociedad rural, fundada en Hrubiesz&oacute;w hace doscientos a&ntilde;os. Tambi&eacute;n el cardenal Stefan Wyszynski, como obispo del lugar y luego primado de Polonia, a menudo record&oacute; la importancia de la agricultura para la naci&oacute;n y el Estado, la necesidad de la solidaridad con la poblaci&oacute;n rural por parte de todos los grupos sociales. <i>No puedo por menos de insertarme hoy en esa tradici&oacute;n<\/i>. Lo hago repitiendo, con el profeta, estas palabras llenas de esperanza: &laquo;Como una tierra hace germinar plantas y como un huerto produce su simiente, as&iacute; el Se&ntilde;or Dios har&aacute; germinar la justicia&raquo; (<i>Is<\/i> 61, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Dirijamos nuestra mirada a Mar&iacute;a e invoqu&eacute;mosla con las palabras de Isabel: &laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">Feliz t&uacute;, Mar&iacute;a, Madre del Redentor. Te encomendamos hoy el destino de esta tierra de Zamosc y de la tierra polaca, as&iacute; como a todos los que viven en ella y la trabajan, realizando la llamada del Creador a dominarla. Gu&iacute;anos con tu fe en este tiempo nuevo, que se abre ante nosotros. Permanece con nosotros, junto con tu Hijo, Jesucristo, que quiere ser para nosotros camino, verdad y vida.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Zamosc, 12 de junio 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&raquo; (Lc 1, 45). A lo largo del itinerario de nuestra peregrinaci&oacute;n por Polonia nos encontramos nuevamente con Mar&iacute;a. 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