{"id":40276,"date":"2016-10-05T23:40:06","date_gmt":"2016-10-06T04:40:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-misa-en-la-explanada-de-blonia-rybitwy-en-sandomierz-12-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:06","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:06","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-misa-en-la-explanada-de-blonia-rybitwy-en-sandomierz-12-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-misa-en-la-explanada-de-blonia-rybitwy-en-sandomierz-12-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Misa en la explanada de Blonia Rybitwy, en Sandomierz (12 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <\/font><i><b><font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><i>Sandomierz, s&aacute;bado 12 de junio 1999<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;Su madre le dijo: &quot;Hijo, &iquest;por qu&eacute; nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te and&aacute;bamos buscando&quot;&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 48).<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy la liturgia de la Iglesia celebra la memoria del Inmaculado Coraz&oacute;n de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a. Contemplamos a Mar&iacute;a que, sol&iacute;cita y preocupada, busca a Jes&uacute;s, perdido durante la peregrinaci&oacute;n a Jerusal&eacute;n. Mar&iacute;a y Jos&eacute;, como devotos israelitas, acud&iacute;an cada a&ntilde;o a Jerusal&eacute;n con ocasi&oacute;n de la fiesta de Pascua. Cuando Jes&uacute;s cumpli&oacute; doce a&ntilde;os, los acompa&ntilde;&oacute; por primera vez. Precisamente entonces tuvo lugar el acontecimiento que meditamos en el quinto misterio gozoso del santo rosario: el ni&ntilde;o Jes&uacute;s perdido y hallado en el templo. San Lucas lo describe de forma muy emotiva, gracias a las noticias recibidas, como es de suponer, de la Madre de Jes&uacute;s: &laquo;Hijo, &iquest;por qu&eacute; nos has hecho esto? (&#8230;) Angustiados, te and&aacute;bamos buscando&raquo;. Mar&iacute;a, que hab&iacute;a llevado a Jes&uacute;s junto a su coraz&oacute;n y lo hab&iacute;a protegido de Herodes huyendo a Egipto, confiesa humanamente su gran preocupaci&oacute;n por su Hijo. Sabe que debe estar presente en su camino. Sabe que mediante el amor y el sacrificio colaborar&aacute; con &eacute;l en la obra de la redenci&oacute;n. As&iacute; entramos en el misterio del gran amor de Mar&iacute;a a Jes&uacute;s, del amor que abraza con su Coraz&oacute;n inmaculado al Amor inefable, el Verbo del Padre eterno.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia nos recuerda este misterio precisamente aqu&iacute;, en Sandomierz, esta antiqu&iacute;sima ciudad donde, desde hace m&aacute;s de mil a&ntilde;os, coinciden la historia de la Iglesia y la de la patria. Saludo a toda la Iglesia de Sandomierz, encabezada por su pastor, el obispo Waclaw Swierzawski, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes y a las &oacute;rdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas. Os saludo a todos, amados hermanos y hermanas, que particip&aacute;is en este sant&iacute;simo sacrificio. Saludo al obispo castrense del ej&eacute;rcito polaco, as&iacute; como a los soldados, a los suboficiales, a los oficiales y a los generales. Saludo a los representantes del Episcopado polaco, y a los obispos hu&eacute;spedes de las autoridades estatales y locales aqu&iacute; presentes.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo cordialmente a la antiqu&iacute;sima Sandomierz, tan querida para m&iacute;. Abrazo de coraz&oacute;n a las dem&aacute;s ciudades y centros industriales, particularmente a Stalowa Wola, ciudad s&iacute;mbolo del gran trabajo, de la gran fe de los trabajadores, que con generosidad digna de admiraci&oacute;n y con valent&iacute;a construyeron su templo, a pesar de las dificultades y amenazas de las autoridades de entonces. Yo tuve la dicha de bendecir esa iglesia. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces he visitado esta tierra de Sandomierz! A menudo pude encontrarme con la historia de vuestra ciudad y aprender aqu&iacute; la historia de la cultura nacional. En efecto, esta ciudad tiene una fuerza admirable, cuya fuente est&aacute; arraigada en la tradici&oacute;n cristiana. Sandomierz es, en realidad, un gran libro de la fe de nuestros antepasados. Muchas de sus p&aacute;ginas han sido escritas por santos y beatos. Quiero citar ante todo al patrono de la ciudad, el beato Vicente Kadlubek, que fue preboste de la catedral de Sandomierz y obispo de Cracovia, y, m&aacute;s tarde, se hizo monje pobre de la orden cisterciense en Jedrzej&oacute;w. Fue el primer polaco que escribi&oacute; la historia de la naci&oacute;n, en la &laquo;Cr&oacute;nica polaca&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">En el siglo XIII esta tierra fue fecundada por la sangre de los beatos m&aacute;rtires de Sandomierz, cl&eacute;rigos y laicos, que en gran n&uacute;mero murieron por la fe a manos de los t&aacute;rtaros y, junto con ellos, el beato Sadok y 48 padres dominicos del convento anexo a la iglesia rom&aacute;nica de Santiago. En los templos de Sandomierz anunciaron el Evangelio san Jacinto, el beato Czeslaw y san Andr&eacute;s Bobola. Los padres dominicos promov&iacute;an aqu&iacute; con fervor el culto a la Virgen. En el colegio &laquo;Gostomianum&raquo;, los jesuitas instruyeron y formaron a la juventud. En la iglesia del Esp&iacute;ritu Santo, los religiosos espiritanos dirig&iacute;an el hospital para los enfermos, la casa de acogida para los pobres y los asilos para ni&ntilde;os. Esta ciudad recuerda a Jan Dlugosz y santa Eduvigis, reina, de cuya muerte se celebra este a&ntilde;o el 600&middot; aniversario.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n en tiempos recientes esta tierra ha dado frutos de santidad. Orgullo de la Iglesia de Sandomierz son los laicos y los cl&eacute;rigos que, con su vida, dieron testimonio del amor a Dios, a la patria y al hombre. Quiero recordar en particular al obispo siervo de Dios mons. Piotr Golebiowski, que guard&oacute; con mansedumbre y perseverancia el reba&ntilde;o que se le hab&iacute;a confiado. Actualmente, como sabemos, est&aacute; en curso el proceso de beatificaci&oacute;n de este pastor bueno de la di&oacute;cesis de Sandomierz. Recuerdo tambi&eacute;n al sacerdote siervo de Dios profesor Wincenty Granat, insigne te&oacute;logo y rector de la universidad cat&oacute;lica de Lublin, con quien me encontr&eacute; en muchas ocasiones. Asimismo, quiero recordar con gratitud a Franciszek Jop, obispo auxiliar de esta di&oacute;cesis, nombrado m&aacute;s tarde vicario capitular en Cracovia, y, por &uacute;ltimo, al obispo de Opole. La archidi&oacute;cesis de Cracovia, de la que fue administrador en la dif&iacute;cil d&eacute;cada de 1950, le debe mucho. Monse&ntilde;or Jop fue tambi&eacute;n uno de mis obispos consagrantes.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy en Sandomierz, junto con todos vosotros, alabo a Dios por este gran patrimonio espiritual que, en los tiempos de la repartici&oacute;n de Polonia, de la ocupaci&oacute;n alemana y de la dominaci&oacute;n totalitaria por parte del sistema comunista, permiti&oacute; a la poblaci&oacute;n de esta tierra conservar la identidad nacional y cristiana. Con grand&iacute;sima sensibilidad debemos ponernos a la escucha de esta voz del pasado, para llevar m&aacute;s all&aacute; del umbral del a&ntilde;o 2000 la fe y el amor a la Iglesia y a la patria, y transmitirlos a las futuras generaciones. Aqu&iacute; podemos darnos f&aacute;cilmente cuenta de que el tiempo del hombre, de las comunidades y de las naciones est&aacute; impregnado de la presencia de Dios y de su acci&oacute;n salv&iacute;fica.<\/p>\n<p align=\"left\">2. En el itinerario de mi peregrinaci&oacute;n por Polonia me acompa&ntilde;a el evangelio de las ocho bienaventuranzas pronunciadas por Cristo en el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a. Aqu&iacute;, en Sandomierz, Cristo nos dice: &laquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n, porque ellos ver&aacute;n a Dios&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 8). Estas palabras nos introducen en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de la verdad evang&eacute;lica sobre el hombre. Encuentran a Jes&uacute;s los que lo buscan, como lo buscaban Mar&iacute;a y Jos&eacute;. Este acontecimiento ilumina la gran tensi&oacute;n presente en la vida de todo hombre: la b&uacute;squeda de Dios. S&iacute;, el hombre busca verdaderamente a Dios; lo busca con su mente, con su coraz&oacute;n y con todo su ser. Dice san Agust&iacute;n: &laquo;Nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en ti&raquo; (cf. <i>Confesiones<\/i>, I, 1). Esta inquietud es una inquietud creativa. El hombre busca a Dios porque en &eacute;l, s&oacute;lo en &eacute;l, puede encontrar su realizaci&oacute;n, la realizaci&oacute;n de sus aspiraciones a la verdad, al bien y a la belleza. &laquo;T&uacute; no me buscar&iacute;as si no me hubieras ya encontrado antes&raquo;, escribe de Dios y del hombre Blas Pascal (<i>Pensamientos<\/i>, VII, n. 555). Eso significa que Dios mismo participa en nuestra b&uacute;squeda, quiere que el hombre lo busque y crea en &eacute;l las condiciones necesarias para que lo pueda encontrar. Por lo dem&aacute;s, Dios mismo se acerca al hombre, le habla de s&iacute; mismo, le permite conocerse. La sagrada Escritura es una gran lecci&oacute;n sobre el tema de esta b&uacute;squeda y encuentro con Dios. Nos presenta numerosas y magn&iacute;ficas figuras de los que buscan y encuentran a Dios. Al mismo tiempo, ense&ntilde;a c&oacute;mo debe acercarse el hombre a Dios, qu&eacute; condiciones debe cumplir para encontrarse con ese Dios, para conocerlo y para unirse a &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">Una de esas condiciones es la pureza de coraz&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; se trata? Aqu&iacute; tocamos la esencia misma del hombre, el cual, en virtud de la gracia de la redenci&oacute;n obrada por Cristo, ha recuperado la armon&iacute;a del coraz&oacute;n perdida en el para&iacute;so a causa del pecado. Tener un coraz&oacute;n limpio quiere decir ser un hombre nuevo, que ha recibido nuevamente la vida de comuni&oacute;n con Dios y con toda la creaci&oacute;n por el amor redentor de Cristo; ha vuelto a la comuni&oacute;n, que es su destino originario.<\/p>\n<p align=\"left\">La pureza de coraz&oacute;n es, ante todo, don de Dios. Cristo, al darse al hombre en los sacramentos de la Iglesia, pone su morada en su coraz&oacute;n y lo ilumina con el &laquo;esplendor de la verdad&raquo;. S&oacute;lo la verdad que es Jesucristo es capaz de iluminar la raz&oacute;n, purificar el coraz&oacute;n y formar la libertad humana. Sin la comprensi&oacute;n y la aceptaci&oacute;n, la fe se apaga. El hombre pierde la visi&oacute;n del sentido de las cosas y los acontecimientos, y su coraz&oacute;n busca la satisfacci&oacute;n donde no la puede encontrar. Por eso, la pureza de coraz&oacute;n es, ante todo, la pureza de la fe.<\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, la pureza de coraz&oacute;n prepara para la visi&oacute;n de Dios cara a cara en la dimensi&oacute;n de la felicidad eterna. Sucede as&iacute; porque ya en la vida temporal los limpios de coraz&oacute;n son capaces de ver en toda la creaci&oacute;n lo que viene de Dios. En cierto sentido, son capaces de descubrir el valor divino, la dimensi&oacute;n divina, la belleza divina de toda la creaci&oacute;n. De alguna manera, la bienaventuranza del serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a nos indica toda la riqueza y toda la belleza de la creaci&oacute;n, y nos exhorta a saber descubrir en cada cosa lo que procede de Dios y lo que lleva a &eacute;l. En consecuencia, el hombre carnal y sensual debe ceder, debe dejar lugar al hombre espiritual, espiritualizado. Es un proceso profundo, que supone esfuerzo interior. Sostenido por la gracia, da frutos admirables.<\/p>\n<p align=\"left\">La pureza de coraz&oacute;n es, por tanto, una tarea para el hombre, que debe realizar constantemente el esfuerzo de luchar contra las fuerzas del mal, contra las que empujan desde el exterior y las que act&uacute;an desde el interior, que lo quieren apartar de Dios. Y, as&iacute;, en el coraz&oacute;n del hombre se libra un combate incesante por la verdad y la felicidad. Para lograr la victoria en este combate, el hombre debe dirigirse a Cristo: s&oacute;lo puede triunfar si est&aacute; robustecido por la fuerza de su cruz y su resurrecci&oacute;n. &laquo;Crea en m&iacute;, oh Dios, un coraz&oacute;n puro&raquo; (<i>Sal<\/i> 50, 12), exclama el salmista, consciente de la debilidad humana, porque sabe que para ser justo ante Dios no basta el esfuerzo humano.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Queridos hermanos y hermanas, este mensaje sobre la pureza de coraz&oacute;n resulta sumamente actual. La civilizaci&oacute;n de la muerte quiere destruir la pureza de coraz&oacute;n. Uno de sus m&eacute;todos de acci&oacute;n consiste en poner intencionalmente en duda el valor de la actitud del hombre que definimos como virtud de la castidad. Es un fen&oacute;meno particularmente peligroso cuando el objetivo del ataque es la conciencia sensible de los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes. Una civilizaci&oacute;n que, al obrar as&iacute;, hiere e incluso destruye una correcta relaci&oacute;n entre dos personas, es una civilizaci&oacute;n de la muerte, porque el hombre no puede vivir sin el verdadero amor.<\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo estas palabras a todos los que particip&aacute;is en este sacrificio eucar&iacute;stico, pero de modo especial a los numerosos j&oacute;venes aqu&iacute; presentes, a los soldados y a los scouts. Anunciad al mundo la &laquo;buena nueva&raquo; sobre la pureza de coraz&oacute;n y, con el ejemplo de vuestra vida, transmitid el mensaje de la <i>civilizaci&oacute;n del amor<\/i>. S&eacute; cu&aacute;n sensibles sois a la verdad y a la belleza. Hoy la civilizaci&oacute;n de la muerte os propone, entre otras cosas, el as&iacute; llamado &laquo;amor libre&raquo;. Con este g&eacute;nero de deformaci&oacute;n del amor se llega a la profanaci&oacute;n de uno de los valores m&aacute;s queridos y sagrados, porque el libertinaje no es ni amor ni libertad. &laquo;No os acomod&eacute;is al mundo presente; antes bien transformaos mediante la renovaci&oacute;n de vuestra mente, de forma que pod&aacute;is distinguir cu&aacute;l es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto&raquo; (<i>Rm <\/i>12, 2), nos recomienda san Pablo. No teng&aacute;is miedo de vivir contra las opiniones de moda y las propuestas que se oponen a la ley de Dios. La valent&iacute;a de la fe cuesta mucho, pero no pod&eacute;is perder el amor. A nadie permit&aacute;is que os haga esclavos. No os dej&eacute;is seducir por los espejismos de felicidad, por los cuales deber&iacute;ais pagar un precio demasiado alto: el precio de heridas a menudo incurables o incluso de una vida rota, la vuestra y la de los dem&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero repetiros a vosotros lo que dije una vez a los j&oacute;venes en otro continente: &laquo;S&oacute;lo un coraz&oacute;n limpio puede amar plenamente a Dios. S&oacute;lo un coraz&oacute;n limpio puede llevar plenamente a cabo la gran empresa de amor que es el matrimonio. S&oacute;lo un coraz&oacute;n limpio puede servir plenamente a los dem&aacute;s. (&#8230;) No dej&eacute;is que destruyan vuestro futuro. No os dej&eacute;is arrebatar la riqueza del amor. Asegurad vuestra fidelidad, la de vuestras futuras familias, que formar&eacute;is en el amor de Cristo&raquo; (Discurso a los j&oacute;venes en Asunci&oacute;n, 18 de mayo de 1988, n. 5: <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 19 de junio de 1988, p. 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Me dirijo tambi&eacute;n a nuestras familias polacas; a vosotros, padres y madres. Es preciso que la familia tome una firme actitud de defensa de su hogar, de defensa de la dignidad de toda persona. Proteged vuestra familia contra la pornograf&iacute;a, que hoy invade, bajo diversas formas, la conciencia del hombre, especialmente de los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes. Defended la pureza de las costumbres en vuestro hogar y en la sociedad. La educaci&oacute;n en la pureza es una de las grandes tareas de la evangelizaci&oacute;n que hemos de realizar. Cuanto m&aacute;s pura sea la familia, tanto m&aacute;s sana ser&aacute; la naci&oacute;n. Y nosotros queremos seguir siendo una naci&oacute;n digna de su nombre y de su vocaci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n, porque ellos ver&aacute;n a Dios&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">4. Contemplemos a la Virgen inmaculada de Nazaret, la Madre del amor hermoso, que acompa&ntilde;a a los hombres de todos los tiempos, y en particular de nuestros tiempos, en la &laquo;peregrinaci&oacute;n de la fe&raquo; hacia la casa del Padre. No s&oacute;lo nos la recuerda la memoria lit&uacute;rgica de hoy, sino tambi&eacute;n la magn&iacute;fica bas&iacute;lica catedral que domina esta ciudad. Lleva su nombre: es una coincidencia elocuente del lugar y del momento. Incluso la Madre de Jes&uacute;s, a la que fue revelado del modo m&aacute;s pleno el misterio de la filiaci&oacute;n divina de Cristo, tuvo que aprender poco a poco el misterio de la cruz: &laquo;Hijo, &iquest;por qu&eacute; nos has hecho esto? -nos recuerda el evangelio de hoy-. Mira, tu padre y yo, angustiados, te and&aacute;bamos buscando&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 48). &Eacute;l respondi&oacute;: &laquo;Y &iquest;por qu&eacute; me buscabais? &iquest;No sab&iacute;ais que yo deb&iacute;a ocuparme de las cosas de mi Padre?&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 49). &laquo;Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 50). En efecto, Jes&uacute;s les hablaba de su obra mesi&aacute;nica.<\/p>\n<p align=\"left\">Antes de comprenderlo, el hombre aprende &laquo;con el dolor de su coraz&oacute;n&raquo; el Amor crucificado. Pero si, como Mar&iacute;a, conserva fielmente en su coraz&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 2, 51) todo lo que le dice Cristo, si es fiel a la llamada divina, comprender&aacute; al pie de la cruz lo m&aacute;s importante, o sea, que s&oacute;lo es verdadero el amor unido a Dios, que es Amor.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Sandomierz, s&aacute;bado 12 de junio 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Su madre le dijo: &quot;Hijo, &iquest;por qu&eacute; nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te and&aacute;bamos buscando&quot;&raquo; (Lc 2, 48). 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