{"id":40277,"date":"2016-10-05T23:40:10","date_gmt":"2016-10-06T04:40:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-misa-de-clausura-del-ii-sinodo-plenario-de-polonia-en-varsovia-11-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:10","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-misa-de-clausura-del-ii-sinodo-plenario-de-polonia-en-varsovia-11-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-misa-de-clausura-del-ii-sinodo-plenario-de-polonia-en-varsovia-11-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Misa de clausura del II S\u00ednodo plenario de Polonia en Varsovia (11 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<br \/>MISA DE CLAUSURA DEL II S&Iacute;NODO NACIONAL<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <\/font><\/font><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/font> <\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i>Varsovia, 11 de junio 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">1. <i> &laquo;D&eacute;jame ir al campo a espigar&raquo;<\/i> (<i>Rt<\/i> 2, 2).<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de hoy nos presenta la imagen de la siega. La primera lectura nos muestra a Rut, la moabita, que acude al campo de Booz, un hombre rico, para espigar. Aunque la manera de realizar la siega en Israel era diversa de la de Polonia, sin embargo hay alguna semejanza y, por consiguiente, podemos acudir a nuestra experiencia. Con la imagen de una mies polaca ante nuestros ojos, pensemos en el segundo S&iacute;nodo plenario, que concluye hoy en la catedral de Varsovia. Tambi&eacute;n este S&iacute;nodo constituye una especie de siega. Durante los a&ntilde;os de los trabajos sinodales se ha tratado de recoger lo que ha producido el terreno de la Iglesia, a lo largo de los &uacute;ltimos decenios del siglo, en Polonia. Con los trabajos del S&iacute;nodo hab&eacute;is tratado de hacer esa recolecci&oacute;n. Ante todo, os hab&eacute;is esforzado por analizar, llamar las cosas por su nombre, valorar y sacar conclusiones. Hoy tra&eacute;is todo eso y lo present&aacute;is como ofrenda a Dios, igual que los segadores, al concluir la cosecha, llevan gavillas de espigas, confiando en que ser&aacute; &uacute;til lo que han recogido; como el pan, que se hace de trigo, con la esperanza de que las futuras generaciones se alimenten de &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Ya desde el inicio, la Iglesia polaca ha considerado los s&iacute;nodos como instrumentos eficaces para la reforma y la renovaci&oacute;n de la vida cristiana, siguiendo la costumbre, consolidada desde los tiempos de los Ap&oacute;stoles, de realizar una reflexi&oacute;n com&uacute;n sobre los problemas m&aacute;s importantes y dif&iacute;ciles. Despu&eacute;s del per&iacute;odo antiguo del desarrollo de la vida sinodal en la Iglesia, el concilio de Trento dio nuevo impulso a esa tradici&oacute;n. Los s&iacute;nodos que han tenido lugar despu&eacute;s del concilio de Trento, con sus decretos, se han convertido en un elemento v&aacute;lido de profundizaci&oacute;n de la fe y en una indicaci&oacute;n del camino evang&eacute;lico para todas las generaciones del pueblo de Dios en nuestra patria. Grandes m&eacute;ritos tuvieron en esto los arzobispos de Gniezno, que convocaron varios s&iacute;nodos provinciales: los arzobispos Karnkowski, Maciejowski, Gembicki, Wezyk y Lubienski. Fueron aut&eacute;nticos propagadores de la reforma conciliar, que ve&iacute;a en la instituci&oacute;n sinodal un camino eficaz de renovaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">En nuestro siglo la actividad sinodal se intensific&oacute; despu&eacute;s de que Polonia recuper&oacute; su independencia. As&iacute;, en 1936, se celebr&oacute; el S&iacute;nodo plenario de las cinco sedes metropolitanas polacas y tuvieron lugar numerosos s&iacute;nodos diocesanos. Su finalidad era renovar la vida religiosa de los fieles tras los muchos a&ntilde;os de p&eacute;rdida de la independencia, as&iacute; como unificar el derecho eclesi&aacute;stico. La laudable costumbre de convocar s&iacute;nodos prosigui&oacute; despu&eacute;s de la segunda guerra mundial. Especialmente tras el concilio Vaticano II, se comenzaron a celebrar s&iacute;nodos de &iacute;ndole pastoral. En sus deliberaciones se remit&iacute;an a la ense&ntilde;anza y a las directrices del Concilio, implicando a toda la comunidad eclesial.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta breve historia nos muestra de qu&eacute; manera las generaciones que se suced&iacute;an buscaban, mediante estos s&iacute;nodos, caminos nuevos para renovar la vida cristiana, dando una gran contribuci&oacute;n al desarrollo y a la actividad de la Iglesia. Hace ocho a&ntilde;os, junto con todo el Episcopado polaco, en la bas&iacute;lica del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en Varsovia-Praga, tuve ocasi&oacute;n de inaugurar los trabajos del segundo S&iacute;nodo plenario. Dije entonces: &laquo;Vuestro S&iacute;nodo abre sus trabajos despu&eacute;s del concilio Vaticano II, el concilio de nuestro siglo. A la vez, &eacute;ste se encuentra frente al comienzo del tercer milenio despu&eacute;s de Cristo. Estas circunstancias por s&iacute; mismas influyen en el car&aacute;cter del S&iacute;nodo plenario y en sus tareas. En &eacute;l no puede menos de reflejarse toda la <i>novedad conciliar<\/i> del Vaticano II. Tampoco puede dejar de poner de relieve todos los <i>signos de los tiempos<\/i>, que se dibujan en este final de nuestro siglo&raquo; (<i>Homil&iacute;a <\/i>durante la inauguraci&oacute;n del segundo S&iacute;nodo plenario, 8 de junio de 1991, n. 3: <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 12 de julio de 1991, p. 8). <\/p>\n<p align=\"left\">3. S&eacute; que los m&aacute;s importantes temas conciliares estuvieron presentes en vuestros trabajos sinodales, en los que participaron m&aacute;s de seis mil grupos de estudio. Los documentos aprobados manifiestan la solicitud com&uacute;n por la renovaci&oacute;n de la vida cristiana en la Iglesia polaca, seg&uacute;n el esp&iacute;ritu del concilio ecum&eacute;nico Vaticano II e indican tambi&eacute;n la direcci&oacute;n del trabajo futuro.<\/p>\n<p align=\"left\">En la carta apost&oacute;lica <i>Tertio millennio adveniente<\/i> escrib&iacute; que la mejor preparaci&oacute;n para el jubileo del a&ntilde;o 2000 es la puesta en pr&aacute;ctica, lo m&aacute;s fiel posible, en la vida de cada uno y de toda la Iglesia, de las ense&ntilde;anzas del Vaticano II (cf. n. 20). Al mismo tiempo, se&ntilde;al&eacute; la necesidad de hacer un discernimiento espiritual sobre el tema de &laquo;la recepci&oacute;n del Concilio, este gran don del Esp&iacute;ritu a la Iglesia al final del segundo milenio&raquo; (<i>ib., <\/i>36). Me alegra que el segundo S&iacute;nodo plenario de Polonia haya abordado esa tarea, tratando de releer la ense&ntilde;anza del Concilio y de asimilar con mayor fidelidad sus directrices, de acuerdo con el lema escogido: &laquo;Con el mensaje del Concilio, en el tercer milenio&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia, en cuanto realidad divino-humana inmersa en el tiempo, necesita una continua renovaci&oacute;n para poder asemejarse cada vez m&aacute;s a su Fundador. Esa renovaci&oacute;n es, ante todo, obra del Esp&iacute;ritu Santo, que &laquo;habita en la Iglesia y, con la fuerza del Evangelio, la rejuvenece y la lleva a la uni&oacute;n perfecta con Cristo&raquo; (cf. <i>Lumen gentium,<\/i> 4).<\/p>\n<p align=\"left\">El concilio ecum&eacute;nico Vaticano II puso en marcha un gran proceso de renovaci&oacute;n en la Iglesia, que requiere la colaboraci&oacute;n de todos sus miembros. Durante sus trabajos, la Iglesia realiz&oacute; una profunda reflexi&oacute;n sobre s&iacute; misma y sobre sus relaciones con el mundo contempor&aacute;neo. Al mismo tiempo, traz&oacute; el camino que se ha de recorrer para poder cumplir la misi&oacute;n recibida de Cristo. El Concilio, con gran firmeza, puso el acento en la corresponsabilidad de todos sus miembros para el bien de la Iglesia: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos. La variedad de los carismas y de las tareas concedida por el Esp&iacute;ritu Santo al clero y a los laicos debe contribuir a la construcci&oacute;n de la comunidad eclesial, en sus diversos niveles de vida: parroquial, diocesana, nacional e internacional.<\/p>\n<p align=\"left\">4. La formaci&oacute;n de una sociedad nueva, basada en el respeto a los derechos del hombre, de la verdad y de la libertad, exige de todos los hijos e hijas de la Iglesia una conciencia que constituya el punto de partida para una responsabilidad eclesial m&aacute;s amplia. Conviene que en esta situaci&oacute;n el S&iacute;nodo plenario haya reconocido como su tarea fundamental trabajar en la reconstrucci&oacute;n y en la profundizaci&oacute;n de esta conciencia eclesial, tanto entre los laicos como entre el clero. El largo per&iacute;odo de la lucha contra el sistema totalitario comunista debilit&oacute; en muchos el sentido religioso, favoreciendo la tendencia a considerar la Iglesia como una instituci&oacute;n puramente humana y a reducir la religi&oacute;n al &aacute;mbito privado. Se ha tratado de debilitar a la Iglesia como comunidad reunida en torno a Cristo, que da testimonio p&uacute;blico de la fe que profesa.<\/p>\n<p align=\"left\">Si, gracias a los trabajos del S&iacute;nodo, la Iglesia est&aacute; llamada a consolidarse como comunidad de creyentes, se puede realizar principalmente mediante una participaci&oacute;n consciente en su vida, de acuerdo con el carisma propio del estado de vida de cada uno y seg&uacute;n el principio de subsidiariedad. As&iacute; pues, el S&iacute;nodo podr&aacute; cumplir su finalidad de renovar en el coraz&oacute;n de todos, tanto del clero como de los laicos, el sentido de responsabilidad eclesial y la voluntad de cooperar en la realizaci&oacute;n de la misi&oacute;n salv&iacute;fica de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Con todo, el mensaje que nos dej&oacute; el concilio Vaticano II es mucho m&aacute;s amplio. No s&oacute;lo ata&ntilde;e a la verdad sobre la Iglesia como comunidad visible de fe, esperanza y caridad, sino tambi&eacute;n a su relaci&oacute;n con el mundo que nos rodea. La evangelizaci&oacute;n exige hoy un dinamismo apost&oacute;lico que no se cierre ante los problemas del mundo. Doy gracias a Dios todopoderoso por todas las orientaciones y ense&ntilde;anzas que el S&iacute;nodo ha sembrado en la mente y en el coraz&oacute;n de sus participantes, que les han permitido presentarse ante el mundo como testigos del Evangelio.<\/p>\n<p align=\"left\">El S&iacute;nodo plenario polaco se inserta en la preparaci&oacute;n de todo el pueblo de Dios para el a&ntilde;o 2000, en la serie de s&iacute;nodos que se est&aacute;n celebrando durante este tiempo en la Iglesia. Forman parte de esa serie tanto los s&iacute;nodos ordinarios como los extraordinarios, los s&iacute;nodos continentales, regionales o diocesanos. El segundo S&iacute;nodo plenario y su puesta en pr&aacute;ctica deben afrontar el gran desaf&iacute;o que se plantea hoy a la Iglesia en Polonia: la necesidad de una nueva evangelizaci&oacute;n, es decir, la realizaci&oacute;n de la obra salv&iacute;fica de Dios, que requiere nuevos caminos para la difusi&oacute;n del Evangelio de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Quiero dar las gracias a todos los que han prestado su contribuci&oacute;n a la preparaci&oacute;n de este S&iacute;nodo y que han colaborado durante todo el tiempo de su desarrollo: al se&ntilde;or cardenal primado, presidente del S&iacute;nodo, a los obispos, a los sacerdotes y a los laicos que han trabajado en la comisi&oacute;n permanente y en la secretar&iacute;a del S&iacute;nodo. En particular, quiero dar las gracias a los que han trabajado en los grupos sinodales y que, con su oraci&oacute;n, con su reflexi&oacute;n y con iniciativas apost&oacute;licas concretas han construido este S&iacute;nodo. Que Dios recompense vuestros esfuerzos y vuestro celo, mediante los cuales hab&eacute;is demostrado lo mucho que am&aacute;is a la Iglesia y lo mucho que os interesa su futuro.<\/p>\n<p align=\"left\">6. &laquo;El reino de Dios es semejante a un hombre que arroja la semilla en la tierra&raquo; (<i>Mc<\/i> 4, 26). El evangelio de hoy habla del crecimiento del reino de Dios. Es semejante a una semilla. Aunque el hombre &laquo;duerma o vele, de noche o de d&iacute;a, la semilla brota y crece, sin que &eacute;l sepa c&oacute;mo. La tierra da el fruto por s&iacute; misma; primero hierba, luego espiga, despu&eacute;s trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega&raquo; (<i>Mc<\/i> 4, 27-29). Mientras estamos a punto de clausurar el S&iacute;nodo plenario, Cristo nos indica para qu&eacute; ha servido desde el principio y para qu&eacute; debe servir en adelante. Ha servido para la extensi&oacute;n del reino de Dios. Las palabras del Evangelio muestran de qu&eacute; manera ese reino crece en la historia del hombre, as&iacute; como en la de las naciones y las sociedades. Crece de modo org&aacute;nico. De una peque&ntilde;a semilla, como el grano de mostaza, se transforma poco a poco en un gran &aacute;rbol. Espero que suceda lo mismo tambi&eacute;n con este segundo S&iacute;nodo plenario y con tantas otras iniciativas de la Iglesia en Polonia.<\/p>\n<p align=\"left\">Ciertamente, la divina Providencia ha querido que la clausura del S&iacute;nodo coincida con la solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, instituida por la Sede apost&oacute;lica en el siglo XVIII, atendiendo las insistentes peticiones de los obispos polacos. Hoy toda la Iglesia medita y venera de modo especial el inefable amor de Dios, que encontr&oacute; su expresi&oacute;n humana en el Coraz&oacute;n del Salvador, traspasado por la lanza del centuri&oacute;n. Hoy recordamos tambi&eacute;n el centenario de la consagraci&oacute;n de todo el g&eacute;nero humano al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, un gran acontecimiento en la Iglesia, que ha contribuido al desarrollo del culto y ha dado frutos salv&iacute;ficos de santidad y de celo apost&oacute;lico.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Dios es amor&raquo; (<i>1 Jn<\/i> 4, 8) y el cristianismo es la religi&oacute;n del amor. Mientras los dem&aacute;s sistemas de pensamiento y de acci&oacute;n quieren construir el mundo del hombre sobre la riqueza, el poder, la injusticia, la ciencia o el placer, la Iglesia anuncia el amor. El Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s es precisamente la imagen del amor infinito y misericordioso que el Padre celestial ha derramado sobre el mundo por medio de su Hijo, Jesucristo. La nueva evangelizaci&oacute;n tiene como finalidad llevar a los hombres al encuentro con ese amor. S&oacute;lo el amor, revelado por el Coraz&oacute;n de Cristo, es capaz de transformar el coraz&oacute;n del hombre y abrirlo al mundo entero, para hacerlo m&aacute;s humano y m&aacute;s divino.<\/p>\n<p align=\"left\">El Papa Le&oacute;n XIII escribi&oacute;, hace cien a&ntilde;os, que en el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s &laquo;es preciso depositar toda esperanza. En &eacute;l hay que buscar y de &eacute;l esperar la salvaci&oacute;n de todos los hombres&raquo; (<i>Annum sacrum<\/i>, 6). Tambi&eacute;n yo exhorto a renovar y a difundir el culto al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Acercad a esta &laquo;fuente de vida y santidad&raquo; a las personas, a las familias, a las comunidades parroquiales, a todos los ambientes, para que puedan encontrar en &eacute;l &laquo;la inescrutable riqueza de Cristo&raquo; (<i>Ef<\/i> 3, 8). S&oacute;lo quienes est&eacute;n &laquo;arraigados y fundados en la caridad&raquo; (<i>Ef<\/i> 3, 17) saben oponerse a la civilizaci&oacute;n de la muerte y construir, sobre los escombros del odio, del desprecio y de la injusticia, una civilizaci&oacute;n que tiene su fuente en el Coraz&oacute;n del Salvador.<\/p>\n<p align=\"left\">Para terminar mi encuentro con vosotros, en esta solemnidad tan querida en la Iglesia entera, encomiendo toda la obra del segundo S&iacute;nodo plenario, su aplicaci&oacute;n y sus frutos en Polonia, al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y al Coraz&oacute;n inmaculado de su Madre, que, al pronunciar su &laquo;s&iacute;&raquo; se uni&oacute; sin reservas al sacrificio redentor de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIAMISA DE CLAUSURA DEL II S&Iacute;NODO NACIONAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Varsovia, 11 de junio 1999 &nbsp;&nbsp; 1. &laquo;D&eacute;jame ir al campo a espigar&raquo; (Rt 2, 2). 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