{"id":40281,"date":"2016-10-05T23:40:15","date_gmt":"2016-10-06T04:40:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-ceremonia-de-beatificacion-en-torun-7-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:15","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:15","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-ceremonia-de-beatificacion-en-torun-7-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-ceremonia-de-beatificacion-en-torun-7-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Ceremonia de beatificaci\u00f3n en Torun (7 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A <\/font> <\/b><\/i><\/font><\/font><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"+1\">DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA SOLEMNE CEREMONIA<br \/>DE BEATIFICACI&Oacute;N<\/font><font size=\"4\"> <\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/p>\n<p><i> Torun, lunes 7 de junio 1999<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, paz y reconciliaci&oacute;n nuestra, ten piedad de nosotros<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Nos arrodillamos con fe ante el gran misterio del amor del Sagrado Coraz&oacute;n, y queremos rendirle honor y gloria. &iexcl;Alabado sea Jes&uacute;s!, &iexcl;alabado sea el Coraz&oacute;n divino del Hijo del hombre, que tanto ha amado a los hombres!<\/p>\n<p align=\"left\">Doy gracias a Dios porque hoy me concede visitar la joven di&oacute;cesis de Torun y alabar, junto con vosotros, al sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n del Salvador. Doy gracias con alegr&iacute;a a la divina Providencia por el don de un nuevo beato, el sacerdote y m&aacute;rtir Esteban Vicente Frelichowski, testigo heroico del amor de que es capaz un pastor.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo cordialmente a todos los presentes en esta ceremonia del mes de junio. Saludo de modo particular al obispo Andrzej Wojciech Suski, pastor de la Iglesia de Torun, al obispo auxiliar Jan Chrapeck, c.s.m.a., al clero, a las personas consagradas y a todo el pueblo de Dios de esta tierra. Saludo a Torun, ciudad muy querida para m&iacute;, y a la hermosa Pomerania a orillas del V&iacute;stula. Me alegra haber podido venir a vuestra ciudad, que Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico hizo famosa. Torun tambi&eacute;n es conocida gracias a los esfuerzos hechos a lo largo de la historia en favor de la paz. Precisamente aqu&iacute;, en dos ocasiones, se firmaron los tratados de paz que se conocen en la historia con el nombre de &laquo;Paz de Torun&raquo;. Tambi&eacute;n en esta ciudad tuvo lugar el encuentro de los representantes de los cat&oacute;licos, luteranos y calvinistas de toda Europa, que ha recibido el nombre de <i>Colloquium charitativum<\/i>. Aqu&iacute; cobran una elocuencia particular las palabras del salmista: &laquo;Por mis hermanos y compa&ntilde;eros, voy a decir: &iexcl;La paz contigo! Por la casa del Se&ntilde;or nuestro Dios, te deseo todo bien&raquo; (<i>Sal<\/i> 121, 8-9).<\/p>\n<p align=\"left\">2. &laquo;<i>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, paz y reconciliaci&oacute;n nuestra<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; el Coraz&oacute;n del Redentor, signo palpable de su amor invencible y fuente inagotable de paz verdadera. En &eacute;l &laquo;reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad&raquo; (<i>Col<\/i> 2, 9). La paz que Cristo trajo a la tierra proviene precisamente de esta plenitud y de este amor. Es don de un Dios que ama, que ha amado al hombre en el Coraz&oacute;n de su Hijo unig&eacute;nito. &laquo;&Eacute;l es nuestra paz&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 14), exclama san Pablo. S&iacute;, Jes&uacute;s es la paz, es nuestra reconciliaci&oacute;n. &Eacute;l acab&oacute; con la enemistad, nacida despu&eacute;s del pecado del hombre, y reconcili&oacute; a todos los hombres con el Padre mediante su muerte en la cruz. En el G&oacute;lgota el Coraz&oacute;n de Cristo fue traspasado por una lanza, como signo de entrega total de s&iacute;, del amor oblativo y salv&iacute;fico con que nos &laquo;am&oacute; hasta el extremo&raquo; (<i>Jn<\/i> 13, 1), poniendo los cimientos de la amistad de Dios con los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso la paz de Cristo es diversa de la paz imaginada por el mundo. En el cen&aacute;culo, antes de su muerte, dirigi&eacute;ndose a los Ap&oacute;stoles, Cristo les dijo claramente: &laquo;Mi paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 27). Mientras los hombres consideraban la paz ante todo como algo temporal y exterior, Cristo dice que brota del orden sobrenatural, que es el resultado de la uni&oacute;n con Dios en el amor.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia vive incesantemente del evangelio de la paz. Lo anuncia a todos los pueblos y a todas las naciones. Indica incansablemente los caminos de la paz y la reconciliaci&oacute;n. Introduce la paz, derrumbando los muros de prejuicios y hostilidad entre los hombres. Lo hace, en primer lugar, con el sacramento de la penitencia y la reconciliaci&oacute;n: comunicando la gracia de la misericordia divina y del perd&oacute;n, llega a las ra&iacute;ces mismas de las angustias humanas y sana las conciencias heridas por el pecado, para que el hombre experimente consuelo interior y se convierta en mensajero de paz. La Iglesia comparte tambi&eacute;n la paz que ella misma experimenta diariamente en la Eucarist&iacute;a. La Eucarist&iacute;a es el culmen de nuestra paz. En ella se realiza el sacrificio de la reconciliaci&oacute;n con Dios y con los hermanos, resuena la palabra de Dios que anuncia la paz, y se eleva sin cesar la oraci&oacute;n: &laquo;Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros&raquo;. En la Eucarist&iacute;a recibimos el don de Cristo mismo, que se ofrece y llega a ser nuestra paz. Entonces, con particular claridad, experimentamos que el mundo no puede dar esta paz, porque no la conoce (cf. <i>Jn<\/i> 14, 27).<\/p>\n<p align=\"left\">Alabamos hoy la paz de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo; la paz que concedi&oacute; a todos los que se encontraron con &eacute;l durante su vida terrena. La paz con la que salud&oacute; gozosamente a los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;<i>Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser&aacute;n llamados hijos de Dios<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; nos dice Cristo en el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a. Desde lo m&aacute;s profundo de su coraz&oacute;n que ama, expresa el deseo de nuestra felicidad. Cristo sabe que la mayor felicidad es la uni&oacute;n con Dios, que convierte al hombre en su hijo. Entre los diversos caminos que conducen a la plenitud de la felicidad, &eacute;l indica tambi&eacute;n el de trabajar en favor de la paz y compartirla con los dem&aacute;s. Los hombres de paz son dignos del nombre de hijos de Dios. Jes&uacute;s llama dichosas a estas personas.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Bienaventurados los que trabajan por la paz&raquo;. La dignidad de esta condici&oacute;n corresponde justamente a don Esteban Vicente Frelichowski, elevado hoy a la gloria de los altares. En efecto, toda su vida es como un espejo en el que se refleja el esplendor de la filosof&iacute;a de Cristo, seg&uacute;n la cual s&oacute;lo alcanza la verdadera felicidad aquel que, en uni&oacute;n con Dios, se convierte en un hombre de paz, trabaja por la paz y lleva la paz a los dem&aacute;s. Este sacerdote de Toruncuyo servicio pastoral dur&oacute; menos de ocho a&ntilde;os, dio un testimonio palpable de su entrega a Dios y a los hombres. Viviendo de Dios, ya desde los primeros a&ntilde;os de sacerdocio, con la riqueza de su carisma sacerdotal iba a todos los lugares donde hab&iacute;a necesidad de la gracia de la salvaci&oacute;n. Aprend&iacute;a los secretos del coraz&oacute;n humano y adaptaba los m&eacute;todos de la pastoral a las necesidades de todos los hombres con quienes se encontraba. Adquiri&oacute; esa capacidad de los scouts, entre los que desarroll&oacute; una particular sensibilidad frente a las necesidades de los dem&aacute;s, que pon&iacute;a en pr&aacute;ctica constantemente con el esp&iacute;ritu de la par&aacute;bola del buen pastor que busca las ovejas perdidas y est&aacute; dispuesto a dar su vida para salvarlas (cf. <i>Jn<\/i> 10, 1-21). Como sacerdote, siempre ten&iacute;a la convicci&oacute;n de ser testigo de una gran causa, y, al mismo tiempo, serv&iacute;a a los hombres con una profunda humildad. Gracias a su bondad, mansedumbre y paciencia, conquist&oacute; a muchos para Cristo, incluso en las tr&aacute;gicas circunstancias de la guerra y la ocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">En el drama de la guerra escribi&oacute;, en cierto sentido, una serie de cap&iacute;tulos del servicio a la paz. El as&iacute; llamado Fuerte VII, Stutthof, Grenzdorf, Oranienburgo-Sachsenhausen y, por &uacute;ltimo, Dachau, fueron las estaciones sucesivas de su v&iacute;a crucis, en el que sigui&oacute; siendo siempre &eacute;l mismo: intr&eacute;pido en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Lo ejerc&iacute;a especialmente con quienes m&aacute;s lo necesitaban, con los numerosos hombres que mor&iacute;an a causa del tifus, y del que al final se contagi&oacute; tambi&eacute;n &eacute;l. Entreg&oacute; su vida sacerdotal a Dios y a los hombres, llevando la paz a las v&iacute;ctimas de la guerra. Compart&iacute;a generosamente la paz con los dem&aacute;s, porque su alma obten&iacute;a la fuerza de la paz de Cristo. Y fue una fuerza tan grande, que ni siquiera su martirio logr&oacute; eliminar.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Queridos hermanos y hermanas, sin la renovaci&oacute;n interior y sin el esfuerzo por derrotar el mal y el pecado en el coraz&oacute;n, y especialmente sin el amor, el hombre no conquistar&aacute; la paz interior. &Eacute;sta s&oacute;lo puede sobrevivir cuando est&aacute; arraigada en los valores m&aacute;s altos, cuando se basa en las normas morales y est&aacute; abierta a Dios. Por el contrario, no puede resistir si ha sido construida en el terreno pantanoso de la indiferencia religiosa y de un &aacute;rido pragmatismo. La paz interior nace en el coraz&oacute;n del hombre y en la vida de la sociedad mediante el orden moral, el orden &eacute;tico y el cumplimiento de los mandamientos de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Compartamos con otros esta paz de Dios, como lo hizo el beato sacerdote y m&aacute;rtir Vicente Frelichowski. As&iacute;, llegaremos a ser un germen de paz en el mundo, en la sociedad y en el ambiente en que vivimos y trabajamos. Dirijo esta exhortaci&oacute;n a todos, sin excepci&oacute;n, y, de modo particular, a vosotros, queridos sacerdotes. Sed testigos del amor misericordioso de Dios. Anunciad con alegr&iacute;a el evangelio de Cristo, dispensando el perd&oacute;n de Dios en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n. Con vuestro servicio, procurad acercar a todos a Cristo, dador de la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">Os dirijo estas palabras tambi&eacute;n a vosotros, queridos padres, que sois los primeros educadores de vuestros hijos. Sed para ellos la imagen del amor y del perd&oacute;n divino, procurando con todas vuestras fuerzas construir una familia unida y solidaria. Familia, precisamente a ti se te ha encomendado una misi&oacute;n de importancia fundamental: debes participar en la construcci&oacute;n de la paz, del bien que es indispensable para el desarrollo y para el respeto a la vida humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Os pido a vosotros, educadores, que est&aacute;is llamados a inculcar en las generaciones j&oacute;venes los valores aut&eacute;nticos de la vida: ense&ntilde;ad a los ni&ntilde;os y a los j&oacute;venes la tolerancia, la comprensi&oacute;n y el respeto a todo hombre; educad a las generaciones j&oacute;venes en un clima de verdadera paz. Es su derecho y vuestro deber.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros, j&oacute;venes, que llev&aacute;is en el coraz&oacute;n grandes aspiraciones, aprended a vivir en la concordia y el respeto rec&iacute;proco, ayud&aacute;ndoos solidariamente unos a otros. Cultivad en vuestro coraz&oacute;n la aspiraci&oacute;n al bien y el deseo de la paz (cf. <i>Mensaje para la Jornada mundial de la paz<\/i>, 1 de enero de 1997, n. 8).<\/p>\n<p align=\"left\">La sociedad y las naciones necesitan hombres de paz, sembradores aut&eacute;nticos de concordia y respeto rec&iacute;proco. Hombres que colmen su coraz&oacute;n con la paz de Cristo y la lleven a los dem&aacute;s, a las casas, a las oficinas y a las instituciones, a los lugares de trabajo, a todo el mundo. La historia y nuestros d&iacute;as demuestran que el mundo no puede dar la paz. El mundo a menudo es impotente. Por eso es preciso mostrarle a Jesucristo, quien, con su muerte en la cruz, ha dejado su paz a los hombres, garantiz&aacute;ndonos su presencia hasta la consumaci&oacute;n de los siglos (cf. <i>Jn<\/i> 14, 7-31). &iexcl;Cu&aacute;nta sangre inocente se ha derramado durante el siglo XX en Europa y en todo el mundo, porque algunos sistemas pol&iacute;ticos y sociales abandonaron los principios de Cristo, que garantizan una paz justa! &iexcl;Cu&aacute;nta sangre inocente se est&aacute; derramando ante nuestros ojos! Los tr&aacute;gicos acontecimientos en Kosovo lo han demostrado y siguen mostr&aacute;ndolo de modo muy doloroso. Somos testigos de c&oacute;mo la gente invoca y desea la paz.<\/p>\n<p align=\"left\">Pronuncio estas palabras en una tierra que en su historia ha experimentado los tr&aacute;gicos efectos de la falta de paz, y ha sido v&iacute;ctima de guerras crueles y desastrosas. El recuerdo de la segunda guerra mundial sigue siempre vivo, las heridas de ese cataclismo de la historia necesitar&aacute;n mucho tiempo para cicatrizar completamente. Que el clamor de paz llegue desde este lugar a todo el mundo. Quiero repetir las palabras que pronunci&eacute; este a&ntilde;o en el Mensaje pascual <i>Urbi et orbi<\/i>: &laquo;&iexcl;La paz es posible, la paz es apremiante, la paz es responsabilidad primordial de todos! Que el alba del tercer milenio vea el surgir de una nueva era en la que el respeto por cada hombre y la solidaridad fraterna entre los pueblos derroten, con la ayuda de Dios, la cultura del odio, de la violencia y de la muerte&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Acojamos con inmensa gratitud el testimonio de la vida del beato Vicente Frelichowski, h&eacute;roe de nuestro tiempo, sacerdote y hombre de paz, como una llamada para nuestra generaci&oacute;n. Quiero encomendar el don de esta beatificaci&oacute;n de modo particular a la Iglesia de Torun, para que conserve y difunda la memoria de las maravillas que Dios realiz&oacute; en la breve vida de este sacerdote. Lo encomiendo, sobre todo, a los sacerdotes de esta di&oacute;cesis y de toda Polonia. Don Frelichowski escribi&oacute; al comienzo de su camino sacerdotal: &laquo;Debo ser un sacerdote seg&uacute;n el Coraz&oacute;n de Cristo&raquo;. Si esta beatificaci&oacute;n es una gran acci&oacute;n de gracias a Dios por su sacerdocio, es tambi&eacute;n una alabanza al Se&ntilde;or por las maravillas de su gracia, que realiza a trav&eacute;s de las manos de todos los sacerdotes, tambi&eacute;n de las vuestras. Quiero dirigirme, asimismo, a toda la familia de los scouts polacos, a la que el nuevo beato estaba profundamente unido. Que sea vuestro patrono, maestro de nobleza de &aacute;nimo e intercesor de paz y reconciliaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Dentro de pocos d&iacute;as se celebrar&aacute; el centenario de la consagraci&oacute;n de la humanidad al sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Se realiz&oacute; en todas las di&oacute;cesis por obra del Papa Le&oacute;n XIII, quien, con esta finalidad, public&oacute; la enc&iacute;clica <i>Annum sacrum<\/i>. En ella escribi&oacute;: &laquo;El Coraz&oacute;n divino es s&iacute;mbolo e imagen viva del infinito amor de Jesucristo, que nos impulsa a pagarle tambi&eacute;n con amor&raquo; (n. 2). Acabamos de renovar juntos el acto de consagraci&oacute;n al sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. De esta manera, hemos expresado nuestro mayor homenaje, y tambi&eacute;n nuestra fe en Cristo, Redentor del hombre. &Eacute;l es &laquo;el alfa y la omega, el principio y el fin&raquo; (<i>Ap<\/i> 21, 6), a &eacute;l le pertenece este mundo y su destino.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, mientras adoramos su sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n, oramos con fervor por la paz. En primer lugar, por la paz en nuestro coraz&oacute;n, pero tambi&eacute;n por la paz en nuestras familias, en nuestra naci&oacute;n y en todo el mundo.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, paz y reconciliaci&oacute;n nuestra, ten piedad de nosotros<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA SOLEMNE CEREMONIADE BEATIFICACI&Oacute;N Torun, lunes 7 de junio 1999 &nbsp; 1. &laquo;Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, paz y reconciliaci&oacute;n nuestra, ten piedad de nosotros&raquo;. 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