{"id":40282,"date":"2016-10-05T23:40:17","date_gmt":"2016-10-06T04:40:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-concelebracion-eucaristica-en-bydgoszcz-7-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:17","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-concelebracion-eucaristica-en-bydgoszcz-7-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-concelebracion-eucaristica-en-bydgoszcz-7-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en Bydgoszcz (7 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center> <\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <i><b><font size=\"+1\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><i>Bydgoszcz, lunes 7 de junio de 1999<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">Acabamos de escuchar las palabras pronunciadas por Cristo en el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a. &iquest;A qui&eacute;n se refieren? En primer lugar, a Cristo mismo. &Eacute;l es pobre, manso, constructor de paz, misericordioso y, tambi&eacute;n, perseguido por causa de la justicia. Esta bienaventuranza, en particular, nos pone ante los ojos los acontecimientos del Viernes santo. Cristo, condenado a muerte como un malhechor y despu&eacute;s crucificado. En el Calvario parec&iacute;a que Dios lo hab&iacute;a abandonado, y que estaba a merced del escarnio de los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">El evangelio que Cristo anunciaba afront&oacute; entonces una prueba radical: &laquo;Es el rey de Israel: que baje ahora de la cruz, y creeremos en &eacute;l&raquo; (<i>Mt<\/i> 27, 42); as&iacute; gritaban los testigos de aquel evento. Cristo no baja de la cruz, puesto que es fiel a su Evangelio. Sufre la injusticia humana. En efecto, s&oacute;lo de este modo puede justificar al hombre. Quer&iacute;a que ante todo se cumplieran en &eacute;l las palabras del serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a: &laquo;Bienaventurados ser&eacute;is cuando [los hombres] os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa ser&aacute; grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 11-12).<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo es el gran profeta. En &eacute;l se cumplen las profec&iacute;as, porque todas se refer&iacute;an a &eacute;l. En &eacute;l, al mismo tiempo, se abre la profec&iacute;a definitiva. &Eacute;l es el que sufre la persecuci&oacute;n por causa de la justicia, plenamente consciente de que precisamente esa persecuci&oacute;n abre a la humanidad las puertas de la vida eterna. De ahora en adelante, el reino de los cielos pertenecer&aacute; a quienes crean en &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Doy gracias a Dios, porque en el recorrido de mi peregrinaci&oacute;n se encuentra Bydgoszcz, el mayor centro urbano de la archidi&oacute;cesis de Gniezno. Os saludo a todos vosotros, que hab&eacute;is venido para participar en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. De modo particular, saludo al arzobispo Henryk Muszynski, pastor de la Iglesia de Gniezno, que tiene su sede en Bydgoszcz y es tambi&eacute;n pastor de Bydgoszcz. Saludo asimismo a los obispos auxiliares. Expreso mi alegr&iacute;a por la presencia de los cardenales hu&eacute;spedes: de Berl&iacute;n, Colonia y Viena; del cardenal Kozlowiecki, que viene de &Aacute;frica, y tambi&eacute;n de los cardenales, arzobispos y obispos polacos. Saludo cordialmente al metropolita de Lvov. Saludo al clero, a las personas consagradas y tambi&eacute;n a los peregrinos que han venido de otras partes de Polonia; de igual modo, saludo a quienes no pueden estar presentes en esta santa misa, especialmente a los enfermos.<\/p>\n<p align=\"left\">Hace dos a&ntilde;os, en Gniezno, pude dar gracias al Se&ntilde;or, &uacute;nico Dios en la sant&iacute;sima Trinidad, por el don de la fidelidad de san Adalberto hasta el supremo sacrificio del martirio y por los grandes frutos que produjo su muerte no s&oacute;lo para nuestra patria, sino tambi&eacute;n para toda la Iglesia. Dije en aquella ocasi&oacute;n: &laquo;San Adalberto est&aacute; siempre con nosotros. Ha permanecido en la Gniezno de los Piast y en la Iglesia universal, envuelto en la gloria del martirio. Y, desde la perspectiva del milenio, parece hablarnos hoy con las palabras de san Pablo: &#8216;Lo que importa es que vosotros llev&eacute;is una vida digna del Evangelio de Cristo, para que, tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os manten&eacute;is firmes en un mismo esp&iacute;ritu y luch&aacute;is acordes por la fe del Evangelio, sin dejaros intimidar en nada por los adversarios&#8217; (<i>Flp<\/i> 1, 27-28). (&#8230;) Hoy releemos, una vez m&aacute;s, despu&eacute;s de mil a&ntilde;os, este testamento de san Pablo y san Adalberto. Pedimos que sus palabras se cumplan tambi&eacute;n en nuestra generaci&oacute;n. En efecto, se nos ha concedido en Cristo no s&oacute;lo la gracia de creer en &eacute;l, sino tambi&eacute;n la de sufrir por &eacute;l, dado que hemos sostenido el mismo combate del que san Adalberto nos dej&oacute; testimonio (cf. <i>Flp<\/i> 1, 29-30)&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Quiero releer este mensaje a la luz de la bienaventuranza evang&eacute;lica que se refiere a quienes est&aacute;n dispuestos a ser &laquo;perseguidos&raquo; por causa de la justicia. Esos confesores de Cristo no han faltado jam&aacute;s en Polonia. Tampoco han faltado jam&aacute;s en la ciudad situada a orillas del r&iacute;o Brda. Durante los &uacute;ltimos decenios de este siglo, Bydgoszcz se distingui&oacute; por el signo particular de la &laquo;persecuci&oacute;n por causa de la justicia&raquo;. En efecto, aqu&iacute;, durante los primeros d&iacute;as de la segunda guerra mundial, los nazis llevaron a cabo las primeras ejecuciones p&uacute;blicas de los defensores de la ciudad. El mercado viejo de Bydgoszcz es su s&iacute;mbolo. Otro lugar tr&aacute;gico es el as&iacute; llamado &laquo;Valle de la muerte&raquo;, en Fordon. &iexcl;C&oacute;mo no recordar en esta ocasi&oacute;n al obispo Michal Kozal, quien, antes de ser obispo auxiliar de Wloclawek, fue pastor celoso de Bydgoszcz. Muri&oacute; m&aacute;rtir en Dachau, testimoniando su inquebrantable fidelidad a Cristo. Muchas personas vinculadas a esta ciudad y a esta tierra tambi&eacute;n murieron as&iacute; en los campos de concentraci&oacute;n. S&oacute;lo Dios conoce con precisi&oacute;n los lugares de su suplicio y sufrimiento. En todo caso, mi generaci&oacute;n recuerda el as&iacute; llamado domingo de Bydgoszcz del a&ntilde;o 1939.<\/p>\n<p align=\"left\">El Primado del milenio, el siervo de Dios cardenal Stefan Wyszynski, supo leer con perspicacia la elocuencia de aquellos acontecimientos. Habiendo obtenido en 1973, tras muchas tentativas, que las autoridades comunistas de entonces le dieran el permiso para construir en Bydgoszcz la primera iglesia despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, le confiri&oacute; un extra&ntilde;o t&iacute;tulo: &laquo;Santos m&aacute;rtires hermanos polacos&raquo;. El Primado del milenio quer&iacute;a expresar de esta manera su convicci&oacute;n de que la tierra de Bydgoszcz, probada por la &laquo;persecuci&oacute;n por causa de la justicia&raquo;, es un lugar adecuado para dicho templo. Conmemora a todos los polacos an&oacute;nimos que, a lo largo de la historia ultramilenaria del cristianismo polaco, han dado su vida por el evangelio de Cristo y por su patria, comenzando por san Adalberto. Es significativo tambi&eacute;n el hecho de que don Jerzy Popieluszko haya partido precisamente de este templo para realizar su &uacute;ltimo viaje. En esta historia se inscriben las palabras pronunciadas durante el rezo del rosario: &laquo;A vosotros se os ha concedido la gracia no s&oacute;lo de creer en Cristo, sino tambi&eacute;n de padecer por &eacute;l&raquo; (<i>Flp<\/i> 1, 29).<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;<i>Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;A qui&eacute;n m&aacute;s se refieren estas palabras? A muchos, a muchos hombres que, a lo largo de la historia de la humanidad, han sufrido la persecuci&oacute;n por causa de la justicia. Sabemos que los tres primeros siglos despu&eacute;s de Cristo se caracterizaron por persecuciones a veces terribles, especialmente bajo algunos emperadores romanos, como Ner&oacute;n o Diocleciano. Y aunque terminaron con el edicto de Mil&aacute;n, se han renovado en diferentes &eacute;pocas hist&oacute;ricas y en numerosos lugares de la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n nuestro siglo ha escrito un gran martirologio. Yo mismo, durante mis veinte a&ntilde;os de pontificado, he elevado a la gloria de los altares a numerosos grupos de m&aacute;rtires: japoneses, franceses, vietnamitas, espa&ntilde;oles y mexicanos. &iexcl;Y cu&aacute;ntos hubo durante la segunda guerra mundial y bajo el sistema totalitario comunista! Sufr&iacute;an y entregaban su vida en los campos de exterminio nazis o sovi&eacute;ticos. Dentro de pocos d&iacute;as, en Varsovia, beatificar&eacute; a 108 m&aacute;rtires que dieron su vida por la fe en los campos de concentraci&oacute;n. Ha llegado la hora de recordar a esas v&iacute;ctimas y rendirles el debido homenaje. Se trata de &laquo;m&aacute;rtires, con frecuencia desconocidos, casi &quot;militi ignoti&quot; de la gran causa de Dios&raquo;, escrib&iacute; en la carta apost&oacute;lica <i>Tertio millennio adveniente<\/i> (n. 37). Conviene que se hable de ellos en Polonia, ya que tuvo una particular participaci&oacute;n en este martirologio contempor&aacute;neo. Conviene que se hable de ellos en Bydgoszcz. Todos dieron testimonio de fidelidad a Cristo, a pesar de sufrimientos que nos estremecen por su crueldad. Su sangre se derram&oacute; sobre nuestra tierra y la fecund&oacute; para que diera una gran cosecha. Sigue produciendo el c&eacute;ntuplo en nuestra naci&oacute;n, que persevera con fidelidad, unida a Cristo y al Evangelio. Perseveremos sin cesar en nuestra uni&oacute;n con ellos. Demos gracias a Dios, porque salieron victoriosos de las pruebas: &laquo;Dios (&#8230;) como oro en el crisol los prob&oacute; y como holocausto los acept&oacute;&raquo; (<i>Sb<\/i> 3, 6). Constituyen para nosotros un modelo por imitar. De su sangre debemos sacar fuerzas para el sacrificio de nuestra vida, que hemos de ofrecer a Dios diariamente. Son un ejemplo para nosotros, a fin de que, como ellos, demos un valiente testimonio de fidelidad a la cruz de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;<i>Bienaventurados ser&eacute;is cuando [los hombres] os injurien, y os persigan (&#8230;) por mi causa<\/i>&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 11).<\/p>\n<p align=\"left\">A quienes lo siguen, Cristo no les promete una vida f&aacute;cil. Antes bien, les anuncia que, viviendo el Evangelio, deber&aacute;n convertirse en signo de contradicci&oacute;n. Si &eacute;l mismo sufri&oacute; persecuci&oacute;n, tambi&eacute;n deber&aacute;n sufrirla sus disc&iacute;pulos: &laquo;Guardaos de los hombres, porque os entregar&aacute;n a los tribunales y os azotar&aacute;n en sus sinagogas&raquo; (<i>Mt<\/i> 10, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, todo cristiano, unido a Cristo mediante la gracia del santo bautismo, llega a ser miembro de la Iglesia, y &laquo;ya no se pertenece a s&iacute; mismo&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 6, 19), sino a Aquel que muri&oacute; y resucit&oacute; por nosotros. Desde ese momento, entra en una particular relaci&oacute;n comunitaria con Cristo y con su Iglesia. Por tanto, tiene la obligaci&oacute;n de profesar ante los hombres la fe recibida de Dios por mediaci&oacute;n de la Iglesia. Como cristianos, pues, estamos llamados a dar testimonio de Cristo. A veces esto exige un gran sacrificio por parte del hombre, que debe ofrecerlo diariamente y, con frecuencia, tambi&eacute;n durante toda su vida. Esta firme perseverancia en uni&oacute;n con Cristo y su evangelio, y esta disponibilidad a afrontar &laquo;sufrimientos por causa de la justicia&raquo;, a menudo son actos heroicos, y pueden llegar a asumir la forma de un aut&eacute;ntico martirio, que se realiza d&iacute;a a d&iacute;a y minuto a minuto, gota a gota en la vida del hombre, hasta el &uacute;ltimo &laquo;todo est&aacute; cumplido&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Un creyente &laquo;sufre por causa de la justicia&raquo; cuando, por su fidelidad a Dios, experimenta humillaciones, ultrajes y burlas en su ambiente, y es incomprendido incluso por sus seres queridos; cuando se expone a ser contrastado, corre el riesgo de ser impopular y afronta otras consecuencias desagradables. Sin embargo, est&aacute; dispuesto siempre a cualquier sacrificio, porque &laquo;hay que obedecer a Dios antes que a los hombres&raquo; (<i>Hch<\/i> 5, 29). Adem&aacute;s del martirio p&uacute;blico, que se realiza externamente, ante los ojos de muchos, &iexcl;con cu&aacute;nta frecuencia tiene lugar el martirio escondido en la intimidad del coraz&oacute;n del hombre, el martirio del cuerpo y del esp&iacute;ritu, el martirio de nuestra vocaci&oacute;n y de nuestra misi&oacute;n, el martirio de la lucha consigo mismo y de la superaci&oacute;n de s&iacute; mismo! En la bula de convocaci&oacute;n del gran jubileo del a&ntilde;o 2000, <i>Incarnationis mysterium<\/i>, escrib&iacute; entre otras cosas: &laquo;El creyente que haya tomado seriamente en consideraci&oacute;n la vocaci&oacute;n cristiana, en la cual el martirio es una posibilidad anunciada ya por la Revelaci&oacute;n, no puede excluir esta perspectiva en su propio horizonte existencial&raquo; (n. 13).<\/p>\n<p align=\"left\">El martirio es siempre para el hombre una prueba grande y radical. La mayor prueba del hombre, la prueba de la dignidad del hombre frente a Dios mismo. S&iacute;, es una gran prueba para el hombre, que se realiza a los ojos de Dios, pero tambi&eacute;n a los ojos del mundo, que se ha olvidado de Dios. En esta prueba, el hombre obtiene la victoria cuando se deja sostener por la fuerza de la gracia y se convierte en su testigo elocuente.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No se encuentra ante esa misma prueba la madre que decide sacrificarse para salvar la vida de su hijo? &iexcl;Cu&aacute;n numerosas fueron y son estas madres heroicas en nuestra sociedad! Les agradecemos su ejemplo de amor, que no se detiene ante el supremo sacrificio.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No se encuentra ante este tipo de prueba un creyente que defiende el derecho a la libertad religiosa y a la libertad de conciencia? Pienso aqu&iacute; en todos nuestros hermanos y hermanas que, durante las persecuciones contra la Iglesia, testimoniaron su fidelidad a Dios. Basta recordar la reciente historia de Polonia y las dificultades y persecuciones que se vieron obligados a sufrir la Iglesia en Polonia y los creyentes en Dios. Fue una gran prueba para las conciencias humanas, un aut&eacute;ntico martirio de la fe, que exig&iacute;a confesarla ante los hombres. Fue un tiempo de prueba, a menudo muy dolorosa. Por eso considero un deber particular de nuestra generaci&oacute;n en la Iglesia recoger todos los testimonios que hablan de quienes dieron su vida por Cristo. Nuestro siglo tiene su martirologio particular, que a&uacute;n no se ha escrito &iacute;ntegramente. Es necesario investigar este martirologio; hay que confirmarlo y tambi&eacute;n escribirlo, como hizo la Iglesia de los primeros siglos. El testimonio de los m&aacute;rtires de los primeros siglos es hoy nuestra fuerza. Pido a todos los Episcopados que dediquen la debida atenci&oacute;n a esta causa.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro siglo XX tiene su gran martirologio en muchos pa&iacute;ses, en muchas regiones de la tierra. Mientras estamos entrando en el tercer milenio, debemos cumplir nuestro deber con respecto a quienes dieron un gran testimonio de Cristo en nuestro siglo. En muchas personas se cumplieron plenamente las palabras del libro de la <i>Sabidur&iacute;a<\/i>: &laquo;Dios (&#8230;) como oro en el crisol los prob&oacute; y como holocausto los acept&oacute;&raquo; (<i>Sb <\/i>3, 6). Hoy queremos rendirles homenaje, porque no tuvieron miedo de afrontar dicha prueba y porque nos han mostrado el camino que hay que recorrer hacia el nuevo milenio. Son para nosotros un gran aliciente. Con su vida han demostrado que el mundo necesita este tipo de &laquo;locos de Dios&raquo;, que atraviesan la tierra como Cristo, como Adalberto, Estanislao o Maximiliano Mar&iacute;a Kolbe y muchos otros. Necesita personas que tengan la valent&iacute;a de amar y no retrocedan frente a ning&uacute;n sacrificio, con la esperanza de que un d&iacute;a d&eacute; frutos abundantes.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &laquo;Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa ser&aacute; grande en los cielos&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 12). &Eacute;ste es el evangelio de las ocho bienaventuranzas. Todos los hombres, lejanos y cercanos, de otras naciones y compatriotas nuestros de los siglos pasados y de &eacute;ste, todos los que han sido perseguidos por causa de la justicia se han unido a Cristo. Mientras estamos celebrando la Eucarist&iacute;a, que actualiza el sacrificio de la cruz realizado en el Calvario, queremos asociar a &eacute;l a cuantos, como Cristo, fueron perseguidos por causa de la justicia. A ellos les pertenece el reino de los cielos. Ya han recibido su recompensa de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Con la oraci&oacute;n abrazamos tambi&eacute;n a quienes siguen estando sometidos a la prueba. Cristo les dice: &laquo;Alegraos y regocijaos&raquo;, porque no s&oacute;lo compart&iacute;s mi sufrimiento; tambi&eacute;n compartir&eacute;is mi gloria y mi resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">En verdad, &laquo;alegraos y regocijaos&raquo; todos los que est&aacute;is dispuestos a sufrir por causa de la justicia, dado que ser&aacute; grande vuestra recompensa en el cielo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bydgoszcz, lunes 7 de junio de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos&raquo; (Mt 5, 10). Acabamos de escuchar las palabras pronunciadas por Cristo en el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a. &iquest;A &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-concelebracion-eucaristica-en-bydgoszcz-7-de-junio-de-1999\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Polonia: Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en Bydgoszcz (7 de junio de 1999)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40282","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40282","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40282"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40282\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40282"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40282"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40282"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}