{"id":40283,"date":"2016-10-05T23:40:18","date_gmt":"2016-10-06T04:40:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-consagracion-al-sagrado-corazon-de-jesus-elblag-6-de-junio-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:18","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-consagracion-al-sagrado-corazon-de-jesus-elblag-6-de-junio-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-consagracion-al-sagrado-corazon-de-jesus-elblag-6-de-junio-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Polonia: Consagraci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, Elblag (6 de junio de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A<\/font><\/b><\/i> <\/font><\/font><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"+1\"> &nbsp;DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/font> <\/p>\n<p> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/p>\n<p><i> Elblag, 6 de junio 1999<\/i><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Damos gloria a tu Coraz&oacute;n, Jes&uacute;s nuestro, oh Jes&uacute;s&#8230;<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Doy gracias a la divina Providencia por poder estar con vosotros para alabar y glorificar al sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, en el que se ha manifestado del modo m&aacute;s pleno el amor paterno de Dios. Me alegra que se mantenga viva siempre en Polonia la buena costumbre de rezar o cantar todos los d&iacute;as del mes de junio las letan&iacute;as del Sagrado Coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo a todos los que particip&aacute;is hoy en esta ceremonia, la tarde del domingo. De modo especial saludo a mons. Andrzej Sliwinski, pastor de esta di&oacute;cesis, al obispo auxiliar y a todo el Episcopado polaco, encabezado por el cardenal primado, que ha presidido esta celebraci&oacute;n. Saludo a los sacerdotes, a las personas consagradas y a todo el pueblo de Dios de la di&oacute;cesis de Elblag. Doy una cordial bienvenida a los peregrinos de Rusia, procedentes del distrito de Kaliningrado, que han venido con su arzobispo, mons. Tadeusz Kondrusiewicz. Saludo tambi&eacute;n a los fieles de la Iglesia greco-cat&oacute;lica. Saludo a toda la joven Iglesia de Elblag, particularmente vinculada a la figura de san Adalberto. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, no lejos de aqu&iacute;, en Swiety Gai, dio su vida por Cristo. A lo largo de la historia, la muerte de ese m&aacute;rtir ha dado en esta tierra abundantes frutos de santidad. En este lugar quiero recordar a la beata Dorotea de Matowy, esposa y madre de nueve hijos, y tambi&eacute;n a la sierva de Dios Regina Protmann, fundadora de la congregaci&oacute;n de las Hermanas de Santa Catalina que, si Dios quiere, la Iglesia elevar&aacute; al honor de los altares en Varsovia durante esta peregrinaci&oacute;n, a trav&eacute;s de mi ministerio. Tambi&eacute;n ser&aacute; incluido en el cat&aacute;logo de los beatos un hijo de esta tierra, don Wladyslaw Demski, que dio su vida en el campo de concentraci&oacute;n de Sachsenhausen, defendiendo p&uacute;blicamente la cruz, ultrajada sacr&iacute;legamente por los verdugos. Vosotros hab&eacute;is recogido esta magn&iacute;fica herencia espiritual y deb&eacute;is conservarla, incrementarla y construir el futuro de esta tierra y de la Iglesia de Elblag sobre el s&oacute;lido cimiento de la fe y de la vida religiosa.<\/p>\n<p align=\"left\">2. &laquo;<i>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; lo invocamos en las letan&iacute;as. Todo lo que Dios quer&iacute;a decirnos de s&iacute; mismo y de su amor, lo deposit&oacute; en el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y lo expres&oacute; mediante este Coraz&oacute;n. Nos encontramos frente a un misterio inescrutable. A trav&eacute;s del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s leemos el eterno plan divino de la salvaci&oacute;n del mundo. Y se trata de un proyecto de amor. Las letan&iacute;as que hemos cantado contienen de modo admirable toda esta verdad.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy hemos venido aqu&iacute; para contemplar el amor del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, su bondad, que se compadece de todo hombre; para contemplar su Coraz&oacute;n ardiente de amor por el Padre, en la plenitud del Esp&iacute;ritu Santo. Cristo nos ama y nos muestra su Coraz&oacute;n como fuente de vida y santidad, como fuente de nuestra redenci&oacute;n. Para comprender de modo m&aacute;s profundo esta invocaci&oacute;n, tal vez es preciso volver al encuentro de Jes&uacute;s con la samaritana, en la peque&ntilde;a localidad de Sicar, junto al pozo, que se encontraba all&iacute; desde los tiempos del patriarca Jacob. Hab&iacute;a acudido para sacar agua. Entonces Jes&uacute;s le dijo: &laquo;Dame de beber&raquo;; ella le replic&oacute;: &laquo;&iquest;c&oacute;mo t&uacute;, siendo jud&iacute;o, me pides de beber a m&iacute;, que soy samaritana?&raquo;. El evangelista a&ntilde;ade que los jud&iacute;os no se trataban con los samaritanos. Jes&uacute;s, entonces, le dijo: &laquo;Si conocieras el don de Dios y qui&eacute;n es el que te dice &#8216;dame de beber&#8217; t&uacute; le habr&iacute;as pedido a &eacute;l, y &eacute;l te habr&iacute;a dado agua viva (&#8230;); el agua que yo le d&eacute; se convertir&aacute; en &eacute;l en fuente de agua que salta hasta la vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i> 4, 1-14). Palabras misteriosas.<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s es la fuente; de &eacute;l brota la vida divina en el hombre. S&oacute;lo hace falta acercarse a &eacute;l, permanecer en &eacute;l, para tener esa vida. Y esa vida no es m&aacute;s que el inicio de la santidad del hombre, la santidad de Dios, que el hombre puede alcanzar con la ayuda de la gracia. Todos anhelamos beber del Coraz&oacute;n divino, que es fuente de vida y santidad.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia&raquo; (<i>Sal<\/i> 106, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, la meditaci&oacute;n del amor de Dios, que se nos ha revelado en el Coraz&oacute;n de su Hijo, exige del hombre una respuesta coherente. No s&oacute;lo hemos sido llamados a contemplar el misterio del amor de Cristo, sino tambi&eacute;n a participar en &eacute;l. Cristo dice: &laquo;Si me am&aacute;is, cumplir&eacute;is mis mandamientos&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 15). As&iacute;, al mismo tiempo que nos dirige una gran llamada, nos pone una condici&oacute;n: si quieres amarme, cumple mis mandamientos, cumple la santa ley de Dios, sigue el camino que Dios te ha se&ntilde;alado y que yo te he indicado con el ejemplo de mi vida.<\/p>\n<p align=\"left\">La voluntad de Dios es que cumplamos sus mandamientos, es decir, la ley que dio en el monte Sina&iacute; a Israel por medio de Mois&eacute;s. La dio a todos los hombres. Conocemos esos mandamientos. Muchos de vosotros los repet&iacute;s cada d&iacute;a en la oraci&oacute;n. Es una devoci&oacute;n muy hermosa. Repit&aacute;moslos, tal como est&aacute;n escritos en el libro del &Eacute;xodo, para confirmar y renovar lo que recordamos:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Yo soy el Se&ntilde;or, tu Dios, que te he sacado del pa&iacute;s de Egipto, de la casa de servidumbre. <br \/>No tendr&aacute;s otros dioses delante de m&iacute;. <br \/>No tomar&aacute;s en falso el nombre del Se&ntilde;or, tu Dios. <br \/>Recuerda el d&iacute;a del s&aacute;bado para santificarlo. <br \/>Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus d&iacute;as sobre la tierra que te va a dar el Se&ntilde;or, tu Dios. <br \/>No matar&aacute;s. <br \/>No cometer&aacute;s adulterio. <br \/>No robar&aacute;s. <br \/>No dar&aacute;s testimonio falso contra tu pr&oacute;jimo. <br \/>No codiciar&aacute;s la casa de tu pr&oacute;jimo. <br \/>No codiciar&aacute;s la mujer de tu pr&oacute;jimo&raquo; (cf. <i>Ex<\/i> 20, 2-17).<\/p>\n<p align=\"left\">El fundamento de la moral que dio el Creador al hombre es el Dec&aacute;logo, las diez palabras de Dios pronunciadas con firmeza en el Sina&iacute; y confirmadas por Cristo en el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a, en el marco de las bienaventuranzas. El Creador, que es al mismo tiempo el supremo legislador, ha inscrito en el coraz&oacute;n del hombre todo el orden de la verdad. Ese orden condiciona el bien y el orden moral, y constituye la base de la dignidad del hombre creado a imagen y semejanza de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Los mandamientos fueron dados para el bien del hombre, para su bien personal, familiar y social. Para el hombre son realmente el camino. El mero orden natural no basta. Es necesario completarlo y enriquecerlo con el orden sobrenatural. Gracias a &eacute;l, la vida cobra nuevo sentido y el hombre se hace mejor. En efecto, la vida necesita fuerzas y valores divinos, sobrenaturales: s&oacute;lo entonces adquiere pleno esplendor.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo confirm&oacute; esa ley de la antigua Alianza. En el serm&oacute;n de la Monta&ntilde;a lo dijo con claridad a los que lo escuchaban: &laquo;No pens&eacute;is que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento&raquo; (<i>Mt<\/i> 5, 17). Cristo vino para dar cumplimiento a la ley, ante todo para colmarla de contenido y de significado, y para mostrar as&iacute; su pleno sentido y toda su profundidad: la ley es perfecta cuando est&aacute; impregnada del amor de Dios y del pr&oacute;jimo. Del amor depende la perfecci&oacute;n moral del hombre, su semejanza con Dios. &laquo;El que acoge mis mandamientos y los cumple -dice Cristo-, &eacute;se es el que me ama; y el que me ame, ser&aacute; amado por mi Padre; y yo lo amar&eacute; y me manifestar&eacute; a &eacute;l&raquo; (<i>Jn <\/i>14, 21). Esta ceremonia lit&uacute;rgica, dedicada al sacrat&iacute;simo Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, nos recuerda ese amor de Dios, anhelado intensamente por el hombre, y nos se&ntilde;ala que la respuesta concreta a ese amor es cumplir en la vida diaria los mandamientos de Dios. Dios ha querido que esos mandamientos no se borren de nuestra memoria, sino que permanezcan bien grabados para siempre en la conciencia del hombre, a fin de que, conoci&eacute;ndolos y cumpli&eacute;ndolos, &laquo;tenga la vida eterna&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;<i>Dichosos los que respetan el derecho<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">El salmista define as&iacute; a los que caminan por la senda de los mandamientos y los cumplen hasta el fin (cf. <i>Sal<\/i> 119, 32-33). En efecto, el cumplimiento de la ley de Dios es la condici&oacute;n para obtener el don de la vida eterna, o sea, la felicidad que nunca termina. A la pregunta del joven rico: &laquo;Maestro, &iquest;qu&eacute; he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?&raquo; (<i>Mt<\/i> 19, 16), Jes&uacute;s responde: &laquo;Si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos&raquo; (<i>Mt<\/i> 19, 17). Esta invitaci&oacute;n de Cristo es particularmente actual en la realidad de hoy, en la que muchos viven como si Dios no existiera. La tentaci&oacute;n de organizar el mundo y la propia vida sin Dios, o contra Dios, sin sus mandamientos y sin el Evangelio, existe y se cierne tambi&eacute;n sobre nosotros. Y la vida humana y el mundo construidos sin Dios, al final se volver&aacute;n contra el hombre. Hemos visto numerosas pruebas de esta verdad en el siglo XX, que est&aacute; a punto de concluir. Transgredir los mandamientos divinos, abandonar el camino trazado por Dios, significa caer en la esclavitud del pecado y &laquo;el salario del pecado es la muerte&raquo; (<i>Rm<\/i> 6, 23).<\/p>\n<p align=\"left\">Nos encontramos frente a la realidad del pecado. Es una ofensa a Dios, una desobediencia a Dios, a su ley, a la norma moral que Dios dio al hombre, inscribi&eacute;ndola en su coraz&oacute;n, confirm&aacute;ndola y perfeccion&aacute;ndola mediante la Revelaci&oacute;n. El pecado se opone al amor de Dios hacia nosotros y aleja de &eacute;l nuestro coraz&oacute;n. El pecado es &laquo;el amor de s&iacute; llevado hasta el desprecio de Dios&raquo;, como dice san Agust&iacute;n (<i>De civitate Dei<\/i>, 14, 28). El pecado es un gran mal, en sus m&uacute;ltiples dimensiones: comenzando por el original, pasando por todos los pecados personales de cada hombre, hasta los pecados sociales, los pecados que gravan sobre la historia de la humanidad entera.<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos ser siempre conscientes de ese gran mal; debemos tener siempre una fina sensibilidad, para reconocer claramente la semilla de muerte que entra&ntilde;a el pecado. Aqu&iacute; se trata de lo que se suele llamar el sentido del pecado. Tiene su fuente en la conciencia moral del hombre y est&aacute; vinculado con el conocimiento de Dios, con el sentido de la uni&oacute;n con el Creador, Se&ntilde;or y Padre. Cuanto m&aacute;s profunda es esta conciencia de la uni&oacute;n con Dios, fortalecida por la vida sacramental del hombre y por la oraci&oacute;n sincera, tanto m&aacute;s claro es el sentido del pecado. La realidad de Dios esclarece e ilumina el misterio del hombre. Hagamos todo lo posible para que nuestra conciencia sea sensible y para protegerla contra la deformaci&oacute;n o la insensibilidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Veamos las grandes tareas que Dios nos encomienda. Debemos formar en nosotros un verdadero hombre a imagen y semejanza de Dios. Un hombre que ame la ley de Dios y quiera vivir seg&uacute;n ella. El salmista, que exclama: &laquo;Misericordia, Dios m&iacute;o, por tu bondad; por tu inmensa compasi&oacute;n borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado&raquo; (<i>Sal<\/i> 50, 3), &iquest;no es para nosotros un ejemplo conmovedor de hombre que se presenta ante Dios arrepentido? Quiere la <i>met&aacute;noia<\/i> de su coraz&oacute;n, para llegar a ser criatura nueva, diversa, transformada por el poder de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Tenemos el ejemplo de san Adalberto. Sentimos aqu&iacute; su presencia, porque en esta tierra dio su vida por Cristo. Desde hace mil a&ntilde;os nos dice, con el testimonio de su martirio, que la santidad se consigue mediante el sacrificio, que aqu&iacute; no hay lugar para componendas, que es preciso ser fieles hasta el final y que es necesario tener valent&iacute;a para proteger la imagen de Dios en la propia alma, hasta el sacrificio supremo. Su martirio es una exhortaci&oacute;n a los hombres para que, muriendo al mal y al pecado, dejen que nazca en ellos un hombre nuevo, un hombre de Dios, que cumpla los mandamientos del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Queridos hermanos y hermanas, contemplemos al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, que es fuente de vida, pues por medio de &eacute;l se ha logrado la victoria sobre la muerte. Tambi&eacute;n es fuente de santidad, pues en &eacute;l ha quedado derrotado el pecado, que es el enemigo de la santidad, el enemigo del progreso espiritual del hombre. Del Coraz&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s deriva la santidad de cada uno de nosotros. Aprendamos de ese Coraz&oacute;n el amor a Dios y la comprensi&oacute;n del misterio del pecado, <i>mysterium iniquitatis<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Hagamos actos de reparaci&oacute;n al Coraz&oacute;n divino por los pecados cometidos por nosotros y por nuestro pr&oacute;jimo. Reparemos por el rechazo de la bondad y del amor de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Acerqu&eacute;monos diariamente a esta fuente, de la que brotan manantiales de agua viva. Pidamos, como la samaritana: &laquo;Dame de esa agua&raquo;, pues da la vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, hoguera ardiente de caridad. <br \/>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, fuente de vida y santidad. <br \/>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, propiciaci&oacute;n por nuestros pecados, ten piedad de nosotros. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA HOMIL&Iacute;A &nbsp;DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Elblag, 6 de junio 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Damos gloria a tu Coraz&oacute;n, Jes&uacute;s nuestro, oh Jes&uacute;s&#8230;&raquo;. 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