{"id":40286,"date":"2016-10-05T23:40:22","date_gmt":"2016-10-06T04:40:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-1999-corpus-christi\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:22","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:22","slug":"3-de-junio-de-1999-corpus-christi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-1999-corpus-christi\/","title":{"rendered":"3 de junio de 1999, Corpus Christi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/> <\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n JUAN PABLO II <\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A DURANTE LA MISA EN LA SOLEMNIDAD&nbsp;<br \/> DEL &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo;<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><\/center><br \/>\n<center> <\/p>\n<p><i>3 de junio 1999<\/i><\/p>\n<p><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p>1. &laquo;<i>Lauda, Sion, Salvatorem<\/i>&raquo;. Alaba, Si&oacute;n, al Salvador.<\/p>\n<p>Alaba a tu Salvador, comunidad cristiana de Roma, reunida delante de esta bas&iacute;lica catedral, dedicada a Cristo Salvador y a su precursor, san Juan Bautista. Al&aacute;balo, porque &laquo;ha puesto paz en tus fronteras; te sacia con flor de harina&raquo; (<i>Sal <\/i>147, 14).<\/p>\n<p>La solemnidad del <i>Corpus Christi<\/i> es fiesta de alabanza y acci&oacute;n de gracias. En ella el pueblo cristiano se congrega en torno al altar para contemplar y adorar el misterio eucar&iacute;stico, memorial del sacrificio de Cristo, que ha donado a todos los hombres la salvaci&oacute;n y la paz. Este a&ntilde;o, nuestra solemne celebraci&oacute;n y, dentro de poco, la tradicional procesi&oacute;n, que nos llevar&aacute; de esta plaza hasta la de Santa Mar&iacute;a la Mayor, tienen una finalidad particular: quieren ser una s&uacute;plica un&aacute;nime y apremiante por la paz.<\/p>\n<p>Mientras adoramos el Cuerpo de aquel que es nuestra Cabeza, no podemos por menos de hacernos solidarios con sus miembros que sufren a causa de la guerra. S&iacute;, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, romanos y peregrinos, esta tarde queremos orar juntos por la paz; queremos orar, de modo particular, por la paz en los Balcanes. Nos ilumina y gu&iacute;a la palabra de Dios que acabamos de escuchar.<\/p>\n<p>2. En la primera lectura ha resonado el mandato del Se&ntilde;or: &laquo;Recuerda el camino que el Se&ntilde;or, tu Dios, te ha hecho recorrer&raquo; (<i>Dt<\/i> 8, 2). &laquo;Recuerda&raquo; es la primera palabra. No se trata de una invitaci&oacute;n, sino de un mandato que el Se&ntilde;or dirige a su pueblo, antes de introducirlo en la tierra prometida. Le ordena que no olvide.<\/p>\n<p>Para tener la paz, que es la s&iacute;ntesis de todos los bienes prometidos por Dios, es preciso ante todo no olvidar, sino atesorar la experiencia pasada. Se puede aprender mucho, incluso de los errores, para orientar mejor el camino.<\/p>\n<p>Contemplando este siglo y el milenio que est&aacute; a punto de concluir, no podemos menos de traer a la memoria las terribles pruebas que la humanidad ha debido soportar. No podemos olvidar; m&aacute;s a&uacute;n, debemos recordar. Ay&uacute;danos, Dios, Padre nuestro, a sacar las debidas lecciones de nuestras vicisitudes y de las de los que nos han precedido.<\/p>\n<p>3. La historia habla de grandes aspiraciones a la paz, pero tambi&eacute;n de recurrentes desilusiones, que la humanidad ha debido sufrir entre l&aacute;grimas y sangre. Precisamente en este d&iacute;a, el 3 de junio de hace treinta y seis a&ntilde;os, mor&iacute;a Juan XXIII, el Papa de la enc&iacute;clica <i>Pacem in terris<\/i>. &iexcl;Qu&eacute; coro un&aacute;nime de alabanzas acogi&oacute; ese documento, en el que se trazaban las grandes l&iacute;neas para la edificaci&oacute;n de una verdadera paz en el mundo! Pero, &iexcl;cu&aacute;ntas veces en estos a&ntilde;os se ha tenido que asistir al estallido de la violencia b&eacute;lica en diferentes partes del mundo!<\/p>\n<p>Con todo, el creyente no se rinde. Sabe que puede contar siempre con la ayuda de Dios. Son muy elocuentes, al respecto, las palabras que pronunci&oacute; Jes&uacute;s durante la &uacute;ltima cena: &laquo;Mi paz os dejo, mi paz os doy. No os la doy como la da el mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 27). Hoy queremos una vez m&aacute;s acogerlas y comprenderlas a fondo. Entremos espiritualmente en el cen&aacute;culo para contemplar a Cristo que dona, bajo las especies del pan y del vino, su cuerpo y su sangre, anticipando el Calvario en el sacramento. De este modo nos dio su paz. San Pablo comenta: &laquo;&eacute;l es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad (&#8230;) por medio de la cruz&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 14. 16).<\/p>\n<p>Entreg&aacute;ndose a s&iacute; mismo, Cristo nos dio su paz. Su paz no es como la del mundo, hecha a menudo de astucias y componendas, cuando no tambi&eacute;n de atropellos y violencias. La paz de Cristo es fruto de su Pascua: es decir, es fruto de su sacrificio, que arranca la ra&iacute;z del odio y de la violencia y reconcilia a los hombres con Dios y entre s&iacute;; es el trofeo de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte, de su pac&iacute;fica guerra contra el mal del mundo, librada y vencida con las armas de la verdad y el amor.<\/p>\n<p>4. No por casualidad es precisamente &eacute;se el saludo que dirige Cristo resucitado. Al aparecerse a los Ap&oacute;stoles, primero les muestra en las manos y en el costado las huellas de la dura lucha librada y luego les desea: &laquo;&iexcl;La paz est&eacute; con vosotros!&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 19. 21. 26). Esta paz la da a sus disc&iacute;pulos como regalo precios&iacute;simo, no para que lo tengan celosamente escondido, sino para que lo difundan mediante el testimonio.<\/p>\n<p>Esta tarde, amad&iacute;simos hermanos, al llevar en procesi&oacute;n la Eucarist&iacute;a, sacramento de Cristo, nuestra Pascua, difundiremos por los caminos de la ciudad el anuncio de la paz que &eacute;l nos ha dejado y que el mundo no puede dar. Caminaremos interrog&aacute;ndonos sobre nuestro testimonio personal en favor de la paz, pues no basta hablar de paz si no nos comprometemos luego a cultivar en el coraz&oacute;n sentimientos de paz y a manifestarlos en nuestras relaciones diarias con los que viven en nuestro entorno.<\/p>\n<p>Llevaremos en procesi&oacute;n la Eucarist&iacute;a y elevaremos nuestra apremiante s&uacute;plica al &laquo;Pr&iacute;ncipe de la paz&raquo; por la cercana tierra de los Balcanes, donde ya se ha derramado demasiada sangre inocente y se han realizado demasiadas ofensas contra la dignidad y los derechos de los hombres y de los pueblos.<\/p>\n<p>Nuestra oraci&oacute;n, esta tarde, se ve confortada por las perspectivas de esperanza, que por fin parecen haberse abierto. <\/p>\n<p>5. &laquo;El pan que yo dar&eacute; es mi carne, para la vida del mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 6, 51). Estas palabras de Jes&uacute;s, que acabamos de escuchar en el pasaje evang&eacute;lico, nos ayudan a comprender cu&aacute;l es la fuente de la verdadera paz. Cristo es nuestra paz, &laquo;pan&raquo; entregado por la vida del mundo. &Eacute;l es el &laquo;pan&raquo; que Dios Padre ha preparado para que la humanidad tenga la vida y la tenga en abundancia (cf. <i>Jn<\/i> 10, 10).<\/p>\n<p>Dios no perdon&oacute; a su propio Hijo, sino que lo dio como salvaci&oacute;n para todos, como Pan que constituye el alimento para tener la vida. El lenguaje de Cristo es muy claro: para tener la vida no basta creer en Dios; es preciso vivir de &eacute;l (cf. <i>St<\/i> 2, 14). Por eso el Verbo se encarn&oacute;, muri&oacute;, resucit&oacute; y nos dio su Esp&iacute;ritu; por eso nos dej&oacute; la Eucarist&iacute;a, para que podamos vivir de &eacute;l como &eacute;l vive del Padre. La Eucarist&iacute;a es el sacramento del don que Cristo nos hizo de s&iacute; mismo: es el sacramento del amor y de la paz, que es plenitud de vida.<\/p>\n<p>6. &laquo;Pan vivo, que da la vida&raquo;.<\/p>\n<p>Se&ntilde;or Jes&uacute;s, ante ti, nuestra Pascua y nuestra paz, nos comprometemos a oponernos sin violencia a las violencias del hombre sobre el hombre.<\/p>\n<p>Postrados a tus pies, oh Cristo, queremos hoy compartir <i>el pan de la esperanza<\/i> con nuestros hermanos desesperados; <i>el pan de la paz<\/i>, con nuestros hermanos martirizados por la limpieza &eacute;tnica y por la guerra; <i>el pan de la vida<\/i>, con nuestros hermanos amenazados cada d&iacute;a por las armas de destrucci&oacute;n y muerte.<\/p>\n<p>Con la v&iacute;ctimas inocentes y m&aacute;s indefensas, oh Cristo, queremos compartir <i>el Pan vivo de tu paz.<\/i><\/p>\n<p>&laquo;Por ellos (&#8230;) te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza&raquo; (<i>Canon romano<\/i>), para que t&uacute;, oh Cristo, nacido de la Virgen Mar&iacute;a, Reina de la paz, seas para nosotros, con el Padre y el Esp&iacute;ritu Santo, fuente de vida, de amor y de paz.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A DURANTE LA MISA EN LA SOLEMNIDAD&nbsp; DEL &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; 3 de junio 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Lauda, Sion, Salvatorem&raquo;. 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