{"id":40289,"date":"2016-10-05T23:40:27","date_gmt":"2016-10-06T04:40:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1999-jornada-de-la-caridad\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:27","slug":"16-de-mayo-de-1999-jornada-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1999-jornada-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"16 de mayo de 1999, Jornada de la caridad"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"> JORNADA MUNDIAL DE LA CARIDAD <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font face=\"Times\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p><i>Domingo 16 de mayo de 1999<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">1. &laquo;Espero gozar de la dicha del Se&ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida&raquo; (<i>Salmo responsorial<\/i>). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Estas palabras del Salmo responsorial son un eco de los conmovedores testimonios que se han presentado antes de la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, ilustrando con la fuerza de la experiencia vivida el tema de este encuentro mundial: &laquo;Reconciliaci&oacute;n en la caridad&raquo;. En toda situaci&oacute;n, incluso en la m&aacute;s dram&aacute;tica, el cristiano hace suya la invocaci&oacute;n del Salmista: &laquo;El Se&ntilde;or es mi luz y mi salvaci&oacute;n, &iquest;a qui&eacute;n temer&eacute;? (&#8230;). Oigo en mi coraz&oacute;n: &quot;Buscad mi rostro&quot;. Tu rostro buscar&eacute;, Se&ntilde;or, no me escondas tu rostro&raquo; (<i>Sal<\/i> 26, 1.8-9). Esas palabras nos infunden valent&iacute;a, alimentan nuestra esperanza y nos impulsan a gastar todas nuestras energ&iacute;as para hacer que el rostro del Se&ntilde;or resplandezca como luz en nuestra existencia. Por tanto, buscar el rostro del Se&ntilde;or significa aspirar a la comuni&oacute;n plena con &eacute;l, amarlo sobre todas las cosas y con todas las fuerzas, pero el camino m&aacute;s concreto para encontrarlo es amar al hombre, en cuyo rostro brilla el del Creador.<\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Se acaban de presentar en esta plaza algunos testi monios que han puesto de relieve los prodigios que Dios realiza a trav&eacute;s del ser vicio generoso de un gran n&uacute;mero de hombres y mu jeres, que hacen de su exis tencia un don de amor a los dem&aacute;s, un don que no se detiene ni siquiera ante el que lo rechaza. Estos hermanos y hermanas nues tros, junto con otros mu chos voluntarios en todos los lugares de la tierra, atestiguan con su ejemplo que amar al pr&oacute;jimo es el camino para llegar a Dios y hacer que se reconozca su presencia tambi&eacute;n en nues tro mundo, tan distra&iacute;do e indiferente. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 2. &laquo;Espero gozar de la dicha del Se &ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> La Iglesia, sostenida por la palabra de Dios, no deja de proclamar la bondad del Se&ntilde;or. Donde hay odio, anuncia el amor y el perd&oacute;n; donde hay guerra, la reconciliaci&oacute;n y la paz; donde hay sole dad, la acogida y la solidaridad. Prolon ga en todos los lugares de la tierra la oraci&oacute;n de Cristo, que resuena en el evangelio de hoy: &laquo;Que te conozcan a ti, &uacute;nico Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 3). El hombre, hoy m&aacute;s que nunca, necesita conocer a Dios para poner en sus manos, con una acti tud de abandono confiado, la debilidad de su naturaleza herida. Siente, a veces de modo inconsciente, la necesidad de experimentar el amor divino que lo ha ce renacer a una vida nueva. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Toda comunidad eclesial, mediante diversas formas de apostolado que la ponen en contacto con antiguas y nue vas formas de pobreza, tanto espiritual como material, est&aacute; llamada a favorecer este encuentro con el &laquo;&uacute;nico Dios verda dero&raquo; y con su enviado, Jesucristo. La mueve e impulsa la convicci&oacute;n de que ayudar a los dem&aacute;s no significa simple mente dar un apoyo y una ayuda mate rial, sino, sobre todo, llevarlos, con el testimonio de la propia disponibilidad, a experimentar la bondad divina, que se revela con especial fuerza en la mediaci&oacute;n humana de la caridad fraterna. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">3. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, me alegra mucho acogeros hoy en gran n&uacute;mero, con ocasi&oacute;n de la <i> Jornada de la caridad<\/i>, organizada por el Consejo pontificio &laquo;Cor unum&raquo;. Con agrado celebro la eucarist&iacute;a con vosotros y para vosotros, recordando a todos los &laquo;testigos de la caridad&raquo;, quienes en todo el mundo luchan por vencer la injusticia y la miseria que, por desgracia, siguen presentes de muchas formas evidentes y ocultas. Pienso aqu&iacute; en los innumerables rostros del voluntariado que inspira su acci&oacute;n en el Evangelio: institutos religiosos y asociaciones de caridad cristiana, organizaciones de promoci&oacute;n humana y servicio misionero, grupos de compromiso civil e instituciones de acci&oacute;n social, educativa y cultural. Vuestras actividades abarcan todos los campos de la existencia humana, y vuestras intervenciones llegan a much&iacute;simas personas que atraviesan dificultades. Os expreso a cada uno mi estima y mi aliento. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Doy las gracias a monse&ntilde;or Paul Josef Cordes y a los colaboradores del Consejo pontificio &laquo;Cor unum&raquo;, que han organizado este encuentro. Se sit&uacute;a en el marco del a&ntilde;o de preparaci&oacute;n inmediata para el gran jubileo del a&ntilde;o 2000, dedicado al Padre celestial, rico en bondad y misericordia. Doy las gracias a cuantos han brindado su testimonio y a todos los que han querido tomar parte en esta asamblea tan significativa. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Deseo, adem&aacute;s, alentaros a cada uno a proseguir esta noble misi&oacute;n, que os compromete como hijos de la Iglesia en los lugares donde el hombre sufre y vive situaciones de pobreza. A todas las personas con quienes teng&aacute;is contacto llevadles el consuelo de la solidaridad cristiana; proclamadles y testimoniadles con vigor a Cristo, Redentor del hombre. &Eacute;l es la esperanza que ilumina el camino de la humanidad. Os impulse y sostenga el testimonio de los santos, en particular el de san Vicente de Pa&uacute;l, patrono de todas las asociaciones caritativas. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">4. Es consolador constatar c&oacute;mo se multiplican en nuestra &eacute;poca las intervenciones del voluntariado, que une mediante acciones humanitarias a personas de origen, cultura y religi&oacute;n diferentes. Surge espont&aacute;neamente en el coraz&oacute;n el deseo de dar gracias al Se&ntilde;or por este movimiento creciente de atenci&oacute;n al hombre, de filantrop&iacute;a generosa y de solidaridad compartida. El cristiano est&aacute; llamado a dar su contribuci&oacute;n espec&iacute;fica a esta vasta acci&oacute;n humanitaria, pues sabe que en la sagrada Escritura la exhortaci&oacute;n a amar al pr&oacute;jimo est&aacute; vinculada al mandamiento de amar a Dios con todo el coraz&oacute;n, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. <i> Mc<\/i> 12, 29-31). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&iexcl;C&oacute;mo no subrayar esta fuente divina del servicio a los hermanos! S&iacute;, el amor al pr&oacute;jimo s&oacute;lo corresponde al mandato y al ejemplo de Cristo si va unido al amor a Dios. Jes&uacute;s, que da su vida por los pecadores, es signo vivo de la bondad de Dios; del mismo modo, el cristiano, a trav&eacute;s de su entrega generosa, hace que los hermanos con quienes entra en contacto experimenten el amor misericordioso y providente del Padre celestial. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Ciertamente, el perd&oacute;n, que nace del amor al enemigo, es la m&aacute;s alta manifestaci&oacute;n de la caridad divina. A este prop&oacute;sito, Jes&uacute;s afirma que no constituye un m&eacute;rito particular amar a quienes son nuestros amigos y nos benefician (cf. <i> Mt<\/i> 5, 46-47). Tiene verdadero m&eacute;rito el que ama a su enemigo. Pero &iquest;qui&eacute;n tendr&iacute;a la fuerza para coronar una cima tan sublime, si no estuviera sostenido por el amor a Dios? Ante nuestros ojos se presentan en este momento las nobles figuras de heroicos servidores del amor que, en nuestro siglo, dieron su vida por sus hermanos, muriendo para cumplir el mayor mandamiento de Cristo. Al mismo tiempo que acogemos su ense&ntilde;anza, estamos invitados a seguir sus huellas, conscientes de que el cristiano expresa su amor a Jes&uacute;s con la entrega a los dem&aacute;s, pues lo que hace al m&aacute;s peque&ntilde;o de sus hermanos, lo hace a su Se&ntilde;or (cf. <i> Mt<\/i> 25, 31-46). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">5. &laquo;Todos ellos perseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n, con algunas mujeres, entre ellas Mar&iacute;a, la Madre de Jes&uacute;s&raquo; (<i>Hch<\/i> 1, 14). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Ciertamente, icono del voluntariado es el buen samaritano, que atendi&oacute; con prontitud al viandante desconocido que hab&iacute;a ca&iacute;do en manos de los salteadores mientras bajaba de Jerusal&eacute;n a Jeric&oacute; (cf. <i> Lc<\/i> 10, 30-37). Adem&aacute;s de esta imagen, que debemos contemplar siempre, la liturgia nos presenta hoy otra: en el cen&aacute;culo, los Ap&oacute;stoles y Mar&iacute;a perseveraban en la oraci&oacute;n, a la espera de recibir el Esp&iacute;ritu Santo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">La acci&oacute;n presupone la contemplaci&oacute;n: de ella brota y se alimenta. No podemos dar amor a los hermanos, si antes no lo recibimos de la fuente aut&eacute;ntica de la caridad divina, y esto sucede s&oacute;lo despu&eacute;s de tiempos prolongados de oraci&oacute;n, de escucha de la palabra de Dios y de adoraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, fuente y culmen de la vida cristiana. Oraci&oacute;n y compromiso activo constituyen un binomio vital, inseparable y fecundo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, que estos dos &laquo;iconos del amor&raquo; inspiren toda vuestra acci&oacute;n y vuestra vida entera. Que Mar&iacute;a, Virgen de la escucha, os obtenga del Esp&iacute;ritu Santo a cada uno el don de la caridad; y os convierta a todos en art&iacute;fices de <i> la cultura de la solidaridad<\/i> y en constructores de <i> la civilizaci&oacute;n del amor<\/i>. Am&eacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JORNADA MUNDIAL DE LA CARIDAD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 16 de mayo de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Espero gozar de la dicha del Se&ntilde;or en el pa&iacute;s de la vida&raquo; (Salmo responsorial). Estas palabras del Salmo responsorial son un eco de los conmovedores testimonios que se han presentado antes de la celebraci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1999-jornada-de-la-caridad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab16 de mayo de 1999, Jornada de la caridad\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40289","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40289","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40289"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40289\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40289"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40289"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40289"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}