{"id":40291,"date":"2016-10-05T23:40:29","date_gmt":"2016-10-06T04:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-a-rumania-divina-liturgia-bizantina-en-la-catedral-de-san-jose-de-bucarest-8-de-mayo-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:29","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:29","slug":"viaje-a-rumania-divina-liturgia-bizantina-en-la-catedral-de-san-jose-de-bucarest-8-de-mayo-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-a-rumania-divina-liturgia-bizantina-en-la-catedral-de-san-jose-de-bucarest-8-de-mayo-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje a Ruman\u00eda: Divina liturgia bizantina en la catedral de San Jos\u00e9 de Bucarest (8 de mayo de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\">VIAJE PASTORAL A RUMAN&Iacute;A <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA DIVINA LITURGIA BIZANTINA<br \/>EN LA CATEDRAL DE SAN JOS&Eacute;<\/font><\/b><\/i> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p><i>S&aacute;bado 8 de mayo de 1999<\/i> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">1. &laquo;C&iacute;&ntilde;ete y c&aacute;lzate las sandalias&raquo; (<i>Hch<\/i> 12, 8). Estas palabras las dirige el &aacute;ngel al ap&oacute;stol san Pedro, a quien la primera lectura nos ha presentado encerrado en la c&aacute;rcel. Guiado por el &aacute;ngel, san Pedro puede salir y recuperar la libertad. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Tambi&eacute;n el Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos ha hablado de libertad en el pasaje evang&eacute;lico que acabamos de proclamar: &laquo;Conocer&eacute;is la verdad y la verdad os har&aacute; libres&raquo; (<i>Jn<\/i> 8, 32). Los que lo escuchan no comprenden: &iquest;De qu&eacute; esclavitud debemos ser liberados?, se preguntan. Y Jes&uacute;s explica que la esclavitud m&aacute;s enga&ntilde;osa y opresora es la del pecado (cf. <i>Jn<\/i> 8, 34). De esta esclavitud s&oacute;lo &eacute;l nos puede liberar. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">He aqu&iacute; el anuncio que la Iglesia ofrece al mundo: Cristo es nuestra libertad, porque &eacute;l es la verdad. No es una verdad abstracta, que la raz&oacute;n del hombre, siempre inquieta, busca a tientas. La verdad es para nosotros la persona de Cristo. &Eacute;l nos lo dijo: &laquo;Yo soy el camino, la verdad y la vida&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 6). Si las tinieblas del pecado son disipadas por la luz de la vida, entonces no hay esclavitud que pueda ahogar la libertad. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">2. T&uacute; conoces bien esta verdad, querido hermano Alexandru Todea, cardenal de la santa Iglesia romana, y t&uacute;, arzobispo Gheorghe Gutiu, porque ante vosotros, como ante Pedro, se ha abierto por s&iacute; misma la pesada puerta de la esclavitud y hab&eacute;is sido devueltos a vuestras Iglesias, juntamente con tantos otros hermanos y hermanas, a algunos de los cuales tenemos la alegr&iacute;a y el privilegio de saludar y besar espiritualmente aqu&iacute;, en esta divina liturgia bizantina. Otros, en cambio, fueron ya acogidos en el abrazo del Padre durante los d&iacute;as de la persecuci&oacute;n, y no pudieron ver c&oacute;mo su patria recuperaba las libertades fundamentales, incluida la religiosa. Amados hermanos, vuestras cadenas, las cadenas de vuestra gente, son la gloria, el orgullo de la Iglesia: &iexcl;la verdad os ha hecho libres! Intentaron acallar, ahogar vuestra libertad, pero no lo lograron. Hab&eacute;is permanecido interiormente libres, incluso entre cadenas; libres, aun con llanto y entre privaciones; libres, aunque vuestras comunidades eran atropelladas y golpeadas. Pero &laquo;la Iglesia oraba insistentemente a Dios&raquo; (<i>Hch<\/i> 12, 5) por vosotros, por ellos, por todos los creyentes en Cristo, a quienes la mentira quer&iacute;a destruir. Ning&uacute;n hijo de las tinieblas puede tolerar el canto de la libertad, porque le echa en cara su error y su pecado. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">He venido estos d&iacute;as a rendir homenaje al pueblo rumano, que en la historia es signo del irradiarse de la civilizaci&oacute;n romana en esta parte de Europa, donde ha perpetuado su recuerdo, su lengua y su cultura. He venido a rendir homenaje a hermanos y hermanas que han consagrado esta tierra con el testimonio de su fe, haciendo florecer en ella una civilizaci&oacute;n inspirada en el evangelio de Cristo; a un pueblo cristiano orgulloso de su identidad, defendida con frecuencia a un precio muy elevado, en las tribulaciones y en las vicisitudes que han marcado su existencia. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Hoy estoy aqu&iacute; para rendir homenaje a vosotros, hijos de la Iglesia greco-cat&oacute;lica, que desde hace tres siglos testimoni&aacute;is, a veces con sacrificios inauditos, vuestra fe en la unidad. Vengo a vosotros para dar voz al reconocimiento de la Iglesia cat&oacute;lica, y no s&oacute;lo de ella: a toda la comunidad cristiana, a todos los hombres de buena voluntad hab&eacute;is dado el testimonio de la verdad que hace libres. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Desde esta catedral mi pensamiento no puede menos de dirigirse a Blaj. Espiritualmente beso esa tierra de m&aacute;rtires y hago m&iacute;as las emotivas palabras del gran poeta Mihai Eminescu, que se refieren a ella: &laquo;Te doy gracias, oh Dios, porque me has permitido verla&raquo;. Al amad&iacute;simo hermano Lucian Muresan, metropolita de vuestra Iglesia greco-cat&oacute;lica rumana, a los obispos, a los sacerdotes, a los di&aacute;conos, a los religiosos y a todos los fieles, expreso en esta santa celebraci&oacute;n mi saludo afectuoso. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">3. En el decurso de vuestra historia, varias almas del cristianismo -la latina, la constantinopolitana y la eslava- se han unido al genio original de vuestro pueblo. Esta valiosa herencia religiosa fue conservada por vuestras comunidades orientales, junto con los hermanos de la Iglesia ortodoxa rumana. Vuestros padres quisieron restablecer la uni&oacute;n visible con la Iglesia de Roma. En la <i>Clausula unionis<\/i> afirmaron, entre otras cosas: &laquo;Los abajo firmantes nos unimos con toda nuestra tradici&oacute;n: deben conservarse los ritos eclesi&aacute;sticos, la divina liturgia, los ayunos y nuestro calendario&raquo;. Esa uni&oacute;n tuvo lugar hace 300 a&ntilde;os. Considero providencial y significativo que las celebraciones de su tercer centenario coincidan con el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">La uni&oacute;n correspond&iacute;a a siglos de historia y cultura del pueblo rumano. A esa historia y cultura precisamente la uni&oacute;n aport&oacute; una contribuci&oacute;n de gran significado, como lo muestra la escuela que surgi&oacute; en Blaj, a la que el mismo Eminescu se refiri&oacute;, no por casualidad, como &laquo;peque&ntilde;a Roma&raquo;. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la Iglesia greco-cat&oacute;lica, ten&eacute;is el compromiso de ser fieles a vuestra historia y tradici&oacute;n. Figuras como Te&oacute;filo Szeremi y &Aacute;ngel Atanasio Popa, que defendieron con ardor su identidad cultural frente a todos los que la amenazaban, demuestran que la catolicidad y la cultura nacional no s&oacute;lo pueden convivir, sino tambi&eacute;n fecundarse rec&iacute;procamente, abri&eacute;ndose asimismo a una universalidad que ensancha los horizontes y favorece la superaci&oacute;n de actitudes de encerramiento en s&iacute; mismos. Al pie de la espl&eacute;ndida iconostasis de vuestra catedral, por fin, han encontrado descanso los restos del venerado obispo Inocencio Micu Klein, otra figura que am&oacute; y defendi&oacute; con generosidad y valent&iacute;a su catolicidad, &iacute;ntimamente unida a su identidad rumana. Una prueba de esa fecunda s&iacute;ntesis es el hecho de que en vuestra Iglesia el hermoso idioma rumano entr&oacute; en la liturgia y los rumanos greco-cat&oacute;licos contribuyeron en gran medida a la renovaci&oacute;n intelectual y al fortalecimiento de la identidad nacional. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">4. Ese patrimonio se alimentaba tambi&eacute;n de las riquezas de la liturgia y de la tradici&oacute;n bizantina, que ten&eacute;is en com&uacute;n con los hermanos de la Iglesia ortodoxa. Est&aacute;is llamados a hacer revivir ese patrimonio, a renovarlo donde sea necesario, inspir&aacute;ndoos en la sensibilidad de cuantos quisieron la uni&oacute;n con Roma y en lo que la Iglesia cat&oacute;lica espera de vosotros. La fidelidad a vuestra tradici&oacute;n, tan rica y variada, se ha de renovar continuamente hoy, que dispon&eacute;is de nuevos espacios de libertad, para que vuestra Iglesia, volviendo a sus ra&iacute;ces y abri&eacute;ndose a la llamada del Esp&iacute;ritu, pueda ser cada vez m&aacute;s lo que debe ser y, precisamente por esta m&uacute;ltiple identidad, pueda contribuir al crecimiento de la Iglesia universal. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Os espera una tarea apasionante: reavivar la esperanza en el coraz&oacute;n de los fieles de vuestra Iglesia, que resurge. Dad espacio y atenci&oacute;n a los laicos, y en particular a los j&oacute;venes, que son el porvenir de la Iglesia: ense&ntilde;adles a encontrarse con Cristo en la oraci&oacute;n lit&uacute;rgica, que ha recuperado la belleza y la solemnidad despu&eacute;s de las limitaciones de la clandestinidad, en la meditaci&oacute;n asidua de la sagrada Escritura, en el recurso a los santos Padres, te&oacute;logos y m&iacute;sticos. Impulsad a los j&oacute;venes hacia metas arduas, propias de hijos de m&aacute;rtires. Ense&ntilde;adles a rechazar las f&aacute;ciles ilusiones del consumismo; a permanecer en su tierra para construir juntos un porvenir de prosperidad y paz; a abrirse a Europa y al mundo; a servir a los pobres, que son el icono de Cristo; a prepararse como cristianos al trabajo profesional, para animar a la sociedad civil con honradez y solidaridad; a no desconfiar de la pol&iacute;tica, sino a actuar en ella con esp&iacute;ritu de servicio, que tanto necesita. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Tratad de mejorar la ense&ntilde;anza teol&oacute;gica, conscientes de que los futuros sacerdotes son los gu&iacute;as que van a introducir a las comunidades en el nuevo milenio. Unid los esfuerzos, formad bien a los profesores y a los educadores, arraig&aacute;ndolos a la vez en vuestra identidad particular y en la dimensi&oacute;n universal de la Iglesia. Cuidad la vida religiosa y promoved la renovaci&oacute;n del monacato, tan &iacute;ntimamente vinculado a la esencia misma de las Iglesias orientales. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">5. &laquo;Por encima de todo esto -os digo, con san Pablo- revest&iacute;os del amor&raquo; (<i>Col<\/i> 3, 14). M&aacute;s que por la privaci&oacute;n del inestimable don de la libertad e incluso de la vida, hab&eacute;is sufrido por no haberos sentido amados, por haber sido obligados a la clandestinidad, con un penoso aislamiento de la vida nacional e internacional. Sobre todo se infligi&oacute; una herida dolorosa a las relaciones con los hermanos y hermanas de la Iglesia ortodoxa, a pesar de que con muchos de ellos hab&eacute;is compartido los sufrimientos del testimonio de Cristo en la persecuci&oacute;n. Si la comuni&oacute;n entre ortodoxos y cat&oacute;licos a&uacute;n no es plena, &laquo;considero ahora que es ya perfecta en lo que todos consideramos el v&eacute;rtice de la vida de gracia, la <i>martyr&iacute;a<\/i> hasta la muerte, la comuni&oacute;n m&aacute;s aut&eacute;ntica que existe con Cristo, que derrama su sangre y, en este sacrificio, acerca a quienes un tiempo estaban lejanos (cf. <i>Ef<\/i> 2, 13)&raquo; (<i>Ut unum sint<\/i>, 84). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Para los cristianos, &eacute;stos son los d&iacute;as del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n. Sin este testimonio el mundo no creer&aacute;: &iquest;c&oacute;mo podemos hablar de modo cre&iacute;ble de Dios, que es Amor, si seguimos enfrentados? Curad las heridas del pasado con el amor. El sufrimiento com&uacute;n no debe engendrar separaci&oacute;n, sino suscitar el milagro de la reconciliaci&oacute;n. &iquest;No es &eacute;ste el prodigio que el mundo espera de los creyentes? Tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos y hermanas, est&aacute;is llamados a dar vuestra valiosa contribuci&oacute;n al di&aacute;logo ecum&eacute;nico en la verdad y en la caridad, seg&uacute;n las directrices del concilio Vaticano II y del magisterio de la Iglesia. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">6. Acabo de visitar el cementerio cat&oacute;lico de esta ciudad. Ante las tumbas de los pocos m&aacute;rtires conocidos y de los muchos cuyos restos mortales no tienen ni siquiera el honor de una sepultura cristiana, he orado por todos vosotros, y he invocado a vuestros m&aacute;rtires y a los confesores de la fe, para que intercedan por vosotros ante el Padre que est&aacute; en el cielo. He invocado en particular a los obispos, para que sigan siendo vuestros pastores desde el cielo: Vasile Aftenie y Ioan Balan, Valeriu Traian Frentiu, Ioan Suciu, Tit Liviu Chinezu y Alexandru Rusu. Vuestro martirologio se abre con la concelebraci&oacute;n ideal de estos obispos que han mezclado su sangre con la del sacrificio eucar&iacute;stico que celebraban diariamente. He invocado tambi&eacute;n al cardenal Iuliu Hossu, que prefiri&oacute; quedarse con los suyos hasta la muerte, renunciando a trasladarse a Roma para recibir del Papa el capelo cardenalicio, porque eso habr&iacute;a significado dejar su amada tierra. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\">Que en vuestro camino hacia Cristo, fuente de libertad verdadera, ellos os acompa&ntilde;en con Mar&iacute;a, la santa Madre de Dios. A ella os encomiendo, con las palabras que en la persecuci&oacute;n le cantabais con confianza filial: &laquo;No nos abandones, oh Madre, agotados en el camino, porque somos los hijos de tus l&aacute;grimas&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE PASTORAL A RUMAN&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA DIVINA LITURGIA BIZANTINAEN LA CATEDRAL DE SAN JOS&Eacute; S&aacute;bado 8 de mayo de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;C&iacute;&ntilde;ete y c&aacute;lzate las sandalias&raquo; (Hch 12, 8). Estas palabras las dirige el &aacute;ngel al ap&oacute;stol san Pedro, a quien la primera lectura nos ha presentado encerrado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-a-rumania-divina-liturgia-bizantina-en-la-catedral-de-san-jose-de-bucarest-8-de-mayo-de-1999\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje a Ruman\u00eda: Divina liturgia bizantina en la catedral de San Jos\u00e9 de Bucarest (8 de mayo de 1999)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40291","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40291","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40291"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40291\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40291"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40291"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40291"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}