{"id":40292,"date":"2016-10-05T23:40:31","date_gmt":"2016-10-06T04:40:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-mayo-de-1999-beatificacion-del-padre-pio-de-pietrelcina\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:31","slug":"2-de-mayo-de-1999-beatificacion-del-padre-pio-de-pietrelcina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-mayo-de-1999-beatificacion-del-padre-pio-de-pietrelcina\/","title":{"rendered":"2 de mayo de 1999, Beatificaci\u00f3n del padre P\u00edo de Pietrelcina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N<br \/>DEL PADRE P&Iacute;O DE PIETRELCINA<\/font><\/b><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/p>\n<p><i>Domingo 2 de mayo de 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">1. &laquo;&iexcl;Cantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo!&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">La invitaci&oacute;n de la ant&iacute;fona de entrada expresa la alegr&iacute;a de tantos fieles que esperan desde hace tiempo la elevaci&oacute;n a la gloria de los altares del padre <i>P&iacute;o de Pietrelcina<\/i>. Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oraci&oacute;n y a la escucha de sus hermanos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Innumerables personas fueron a visitarlo al convento de San Giovanni Rotondo, y esas peregrinaciones no han cesado, incluso despu&eacute;s de su muerte. Cuando yo era estudiante, aqu&iacute; en Roma, tuve ocasi&oacute;n de conocerlo personalmente, y doy gracias a Dios que me concede hoy la posibilidad de incluirlo en el cat&aacute;logo de los beatos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Recorramos esta ma&ntilde;ana los rasgos principales de su experiencia espiritual, guiados por la liturgia de este V domingo de Pascua, en el cual tiene lugar el rito de su beatificaci&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">2. &laquo;No se turbe vuestro coraz&oacute;n; cre&eacute;is en Dios; creed tambi&eacute;n en m&iacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 1). En la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acabamos de proclamar hemos escuchado estas palabras de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos, que ten&iacute;an necesidad de aliento. En efecto, la menci&oacute;n de su pr&oacute;xima partida los hab&iacute;a desalentado. Tem&iacute;an ser abandonados y quedarse solos, pero el Se&ntilde;or los consuela con una promesa concreta: &laquo;Me voy a prepararos sitio&raquo; y despu&eacute;s &laquo;volver&eacute; y os llevar&eacute; conmigo, para que donde estoy yo est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 2-3).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">En nombre de los Ap&oacute;stoles replica a esta afirmaci&oacute;n Tom&aacute;s: &laquo;Se&ntilde;or, no sabemos a d&oacute;nde vas. &iquest;C&oacute;mo podemos saber el camino?&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 5). La observaci&oacute;n es oportuna y Jes&uacute;s capta la petici&oacute;n que lleva impl&iacute;cita. La respuesta que da permanecer&aacute; a lo largo de los siglos como luz l&iacute;mpida para las generaciones futuras. &laquo;Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por m&iacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 6).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">El &laquo;sitio&raquo; que Jes&uacute;s va a preparar est&aacute; en &laquo;la casa del Padre&raquo;; el disc&iacute;pulo podr&aacute; estar all&iacute; eternamente con el Maestro y participar de su misma alegr&iacute;a. Sin embargo, para alcanzar esa meta s&oacute;lo hay un camino: Cristo, al cual el disc&iacute;pulo ha de ir conform&aacute;ndose progresivamente. La santidad consiste precisamente en esto: ya no es el cristiano el que vive, sino que Cristo mismo vive en &eacute;l (cf. <i>Ga<\/i> 2, 20). Horizonte atractivo, que va acompa&ntilde;ado de una promesa igualmente consoladora: &laquo;El que cree en m&iacute;, tambi&eacute;n har&aacute; las obras que yo hago, e incluso mayores. Porque yo me voy al Padre&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 12).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">3. Escuchamos estas palabras de Cristo y nuestro pensamiento se dirige al humilde fraile capuchino del Gargano. &iexcl;Con cu&aacute;nta claridad se han cumplido en el beato P&iacute;o de Pietrelcina!<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&laquo;No se turbe vuestro coraz&oacute;n; cre&eacute;is en Dios&#8230;&raquo;. La vida de este humilde hijo de san Francisco fue <i>un constante ejercicio de fe<\/i>, corroborado por la esperanza del cielo, donde pod&iacute;a estar con Cristo.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&laquo;Me voy a prepararos sitio (&#8230;) para que donde estoy yo est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&raquo;. &iquest;Qu&eacute; otro objetivo tuvo la dur&iacute;sima ascesis a la que se someti&oacute; el padre P&iacute;o desde su juventud, sino la <i>progresiva identificaci&oacute;n con el divino Maestro<\/i>, para estar &laquo;donde est&aacute; &eacute;l&raquo;?<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Quien acud&iacute;a a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse, descubr&iacute;a en &eacute;l una imagen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del padre P&iacute;o resplandec&iacute;a la luz de la resurrecci&oacute;n. Su cuerpo, marcado por los &laquo;estigmas&raquo;, mostraba la &iacute;ntima conexi&oacute;n entre la muerte y la resurrecci&oacute;n que caracteriza el misterio pascual. Para el beato de Pietrelcina la <i>participaci&oacute;n en la Pasi&oacute;n<\/i> tuvo notas de especial intensidad: los dones singulares que le fueron concedidos y los consiguientes sufrimientos interiores y m&iacute;sticos le permitieron vivir una experiencia plena y constante de los padecimientos del Se&ntilde;or, convencido firmemente de que &laquo;el Calvario es el monte de los santos&raquo;. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">4. No menos dolorosas, y humanamente tal vez a&uacute;n m&aacute;s duras, fueron las pruebas que tuvo que soportar, por decirlo as&iacute;, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la <i>obediencia<\/i> es para &eacute;l un <i>crisol de purificaci&oacute;n<\/i>, un camino de progresiva identificaci&oacute;n con Cristo y un fortalecimiento de la aut&eacute;ntica santidad. A este respecto, el nuevo beato escrib&iacute;a a uno de sus superiores: &laquo;Act&uacute;o solamente para obedecerle, pues Dios me ha hecho entender lo que m&aacute;s le agrada a &eacute;l, que para m&iacute; es el &uacute;nico medio de esperar la salvaci&oacute;n y cantar victoria&raquo; (<i>Epist<\/i>. I, p. 807). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Cuando sobre &eacute;l se abati&oacute; la &laquo;tempestad&raquo;, tom&oacute; como regla de su existencia la exhortaci&oacute;n de la primera carta de san Pedro, que acabamos de escuchar: <i>Acercaos a Cristo, la piedra viva<\/i> (cf. <i>1 P<\/i> 2, 4). De este modo, tambi&eacute;n &eacute;l se hizo &laquo;piedra viva&raquo;, para la construcci&oacute;n del edificio espiritual que es la Iglesia. Y por esto hoy damos gracias al Se&ntilde;or. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">5. &laquo;<i>Tambi&eacute;n vosotros, como piedras vivas, entr&aacute;is en la construcci&oacute;n del templo del Esp&iacute;ritu&raquo;<\/i> (<i>1 P<\/i> 2, 5). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&iexcl;Qu&eacute; oportunas resultan estas palabras si las aplicamos a la <i>extraordinaria experiencia eclesial<\/i> surgida en torno al nuevo beato! Muchos, encontr&aacute;ndose directa o indirectamente con &eacute;l, han recuperado la fe; siguiendo su ejemplo, se han multiplicado en todas las partes del mundo los &laquo;grupos de oraci&oacute;n&raquo;. A quienes acud&iacute;an a &eacute;l les propon&iacute;a la santidad, dici&eacute;ndoles: &laquo;Parece que Jes&uacute;s no tiene otra preocupaci&oacute;n que santificar vuestra alma&raquo; (<i>Epist<\/i>. II, p. 155).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Si la Providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi &laquo;plantado&raquo; al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un d&iacute;a, en un momento de gran prueba, el Maestro divino lo consol&oacute;, dici&eacute;ndole que &laquo;junto a la cruz se aprende a amar&raquo; (<i>Epist<\/i>. I, p. 339). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, la cruz de Cristo es la <i>insigne escuela del amor<\/i>; m&aacute;s a&uacute;n, el &laquo;manantial&raquo; mismo del amor. El amor de este fiel disc&iacute;pulo, purificado por el dolor, atra&iacute;a los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Al mismo tiempo, su caridad <i>se derramaba como b&aacute;lsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos<\/i>. El padre P&iacute;o, adem&aacute;s de su celo por las almas, se interes&oacute; por el dolor humano, promoviendo en San Giovanni Rotondo un hospital, al que llam&oacute;: &laquo;Casa de alivio del sufrimiento&raquo;. Trat&oacute; de que fuera un hospital de primer rango, pero sobre todo se preocup&oacute; de que en &eacute;l se practicara una <i>medicina verdaderamente &laquo;humanizada&raquo;<\/i>, en la que la relaci&oacute;n con el enfermo estuviera marcada por la m&aacute;s sol&iacute;cita atenci&oacute;n y la acogida m&aacute;s cordial. Sab&iacute;a bien que quien est&aacute; enfermo y sufre no s&oacute;lo necesita una correcta aplicaci&oacute;n de los medios terap&eacute;uticos, sino tambi&eacute;n y sobre todo un clima humano y espiritual que le permita encontrarse a s&iacute; mismo en la experiencia del amor de Dios y de la ternura de sus hermanos.<\/p>\n<p align=\"left\">Con la &laquo;Casa de alivio del sufrimiento&raquo; quiso mostrar que los &laquo;milagros ordinarios&raquo; de Dios <i>pasan a trav&eacute;s de nuestra caridad<\/i>. Es necesario estar disponibles para compartir y para servir generosamente a nuestros hermanos, sirvi&eacute;ndonos de todos los recursos de la ciencia m&eacute;dica y de la t&eacute;cnica.<\/p>\n<p align=\"left\">7. El eco que esta beatificaci&oacute;n ha suscitado en Italia y en el mundo es un signo de que la fama del padre P&iacute;o, hijo de Italia y de san Francisco de As&iacute;s, ha alcanzado un horizonte que abarca todos los continentes. Me complace saludar a cuantos han venido, comenzando por las autoridades italianas que han querido estar presentes: el se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica, el se&ntilde;or presidente del Senado, el se&ntilde;or presidente del Gobierno, que encabeza la delegaci&oacute;n oficial, as&iacute; como numerosos ministros y personalidades. Italia est&aacute; ciertamente bien representada. Pero tambi&eacute;n se hallan presentes numerosos fieles de otras naciones, que han venido para honrar al padre P&iacute;o.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos los que han venido, de cerca o de lejos, y en especial a los padres capuchinos, les dirijo un afectuoso saludo. A todos, gracias de coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Quisiera concluir con las palabras del Evangelio proclamado en esta misa: &laquo;No se turbe vuestro coraz&oacute;n; cre&eacute;is en Dios&raquo;. Esa exhortaci&oacute;n de Cristo la recogi&oacute; el nuevo beato, que sol&iacute;a repetir: &laquo;Abandonaos plenamente en el coraz&oacute;n divino de Cristo, como un ni&ntilde;o en los brazos de su madre&raquo;. Que esta invitaci&oacute;n penetre tambi&eacute;n en nuestro esp&iacute;ritu como fuente de paz, de serenidad y de alegr&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; tener miedo, si Cristo es para nosotros <i>el camino, la verdad y la vida<\/i>? &iquest;Por qu&eacute; no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Santa Mar&iacute;a de las gracias&raquo;, a la que el humilde capuchino de Pietrelcina invoc&oacute; con constante y tierna devoci&oacute;n, nos ayude a tener los ojos fijos en Dios. Que ella nos lleve de la mano y nos impulse a buscar con tes&oacute;n la caridad sobrenatural que brota del costado abierto del Crucificado.<\/p>\n<p align=\"left\">Y t&uacute;, beato padre P&iacute;o, dirige desde el cielo tu mirada hacia nosotros, reunidos en esta plaza, y a cuantos est&aacute;n congregados en la plaza de San Juan de Letr&aacute;n y en San Giovanni Rotondo. Intercede por aquellos que, en todo el mundo, se unen espiritualmente a esta celebraci&oacute;n, elevando a ti sus s&uacute;plicas. Ven en ayuda de cada uno y concede la paz y el consuelo a todos los corazones.<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA MISA DE BEATIFICACI&Oacute;NDEL PADRE P&Iacute;O DE PIETRELCINA Domingo 2 de mayo de 1999 &nbsp;&nbsp; 1. &laquo;&iexcl;Cantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo!&raquo;. 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