{"id":40294,"date":"2016-10-05T23:40:33","date_gmt":"2016-10-06T04:40:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-abril-de-1999-canonizacion-de-marcelino-b-champagnat-juan-calabria-y-agustina-l-pietrantoni\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:33","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:33","slug":"18-de-abril-de-1999-canonizacion-de-marcelino-b-champagnat-juan-calabria-y-agustina-l-pietrantoni","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-abril-de-1999-canonizacion-de-marcelino-b-champagnat-juan-calabria-y-agustina-l-pietrantoni\/","title":{"rendered":"18 de abril de 1999, Canonizaci\u00f3n de Marcelino B. Champagnat, Juan Calabria y Agustina L. Pietrantoni"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS MARCELINO CHAMPAGNAT,<br \/>JUAN CALABRIA Y AGUSTINA LIVIA PIETRANTONI<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p><i>Domingo 18 de abril de 1999<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">1. &laquo;Tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 30-31). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Acabamos de escuchar estas palabras del evangelio de san Lucas, que narran el encuentro de Jes&uacute;s con dos de sus disc&iacute;pulos en camino hacia la aldea de Ema&uacute;s, el mismo d&iacute;a de su resurrecci&oacute;n. Ese encuentro inesperado alegra el coraz&oacute;n de los dos viandantes desconsolados, y les devuelve la esperanza. El evangelio dice que, despu&eacute;s de reconocerlo, &laquo;al momento se volvieron a Jerusal&eacute;n&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 33). Sent&iacute;an necesidad de comunicar a los Ap&oacute;stoles &laquo;lo que les hab&iacute;a pasado por el camino y c&oacute;mo lo hab&iacute;an reconocido al partir el pan&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 35). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Del encuentro personal con Jes&uacute;s brota, en el coraz&oacute;n de los creyentes, el deseo de dar testimonio de &eacute;l. Es lo que sucedi&oacute; en la vida de los tres nuevos santos, a quienes hoy tengo la alegr&iacute;a de elevar a la gloria de los altares: Marcelino Benito Champagnat, Juan Calabria y Agustina Livia Pietrantoni. Abrieron sus ojos a los signos de la presencia de Cristo: lo adoraron y acogieron en la Eucarist&iacute;a, lo amaron en sus hermanos m&aacute;s necesitados, y reconocieron las huellas de su designio de salvaci&oacute;n en los acontecimientos de la existencia diaria. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Escucharon las palabras de Jes&uacute;s y cultivaron su compa&ntilde;&iacute;a, sintiendo arder su coraz&oacute;n en el pecho. &iexcl;Qu&eacute; fascinaci&oacute;n tan indescriptible ejerce la presencia misteriosa del Se&ntilde;or en los que lo acogen! Es la experiencia de los santos. Es la misma experiencia espiritual que podemos hacer nosotros, peregrinos por los caminos del mundo hacia la patria celestial. El Resucitado tambi&eacute;n sale a nuestro encuentro con su palabra, revel&aacute;ndonos su amor infinito en el sacramento del Pan eucar&iacute;stico, partido para la salvaci&oacute;n de toda la humanidad. Que los ojos de nuestro esp&iacute;ritu se abran a su verdad y a su amor, como sucedi&oacute; con Marcelino\u2022Benito Champagnat, Juan Calabria y Agustina Livia Pietrantoni. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">2. &laquo;&iquest;No ard&iacute;a nuestro coraz&oacute;n mientras nos explicaba las Escrituras?&raquo;. Este deseo ardiente de Dios que ten&iacute;an los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s se manifest&oacute; vivamente en Marcelino Champagnat, que fue un sacerdote conquistado por el amor de Jes&uacute;s y de Mar&iacute;a. Gracias a su fe inquebrantable, permaneci&oacute; fiel a Cristo, incluso en medio de las dificultades, en un mundo a menudo sin el sentido de Dios. Tambi&eacute;n nosotros estamos llamados a fortalecernos con la contemplaci&oacute;n de Cristo resucitado, siguiendo el ejemplo de la Virgen Mar&iacute;a. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">San Marcelino anunci&oacute; el Evangelio con un coraz&oacute;n ardiente. Fue sensible a las necesidades espirituales y educativas de su &eacute;poca, especialmente a la ignorancia religiosa y a las situaciones de abandono que viv&iacute;a particularmente la juventud. Su sentido pastoral es ejemplar para los sacerdotes: llamados a proclamar la buena nueva, tambi&eacute;n deben ser verdaderos educadores para los j&oacute;venes, que buscan un sentido a su existencia, acompa&ntilde;ando a cada uno en su camino y explic&aacute;ndoles las Escrituras. El padre Champagnat es, asimismo, un modelo para los padres y los educadores: les ayuda a contemplar con esperanza a los j&oacute;venes y a amarlos con un amor total, que favorece una verdadera formaci&oacute;n humana, moral y espiritual. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Marcelino Champagnat nos invita, adem&aacute;s, a ser misioneros, para dar a conocer y hacer amar a Jesucristo, como lo hicieron los Hermanos Maristas incluso en Asia y Ocean&iacute;a. Con Mar&iacute;a como gu&iacute;a y Madre, el cristiano es misionero y servidor de los hombres. Pidamos al Se&ntilde;or un coraz&oacute;n tan ardiente como el de Marcelino Champagnat, para reconocerlo y ser sus testigos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">3. &laquo;Dios resucit&oacute; a este Jes&uacute;s, y todos nosotros somos testigos&raquo; (<i>Hch<\/i> 2, 32). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&laquo;Todos nosotros somos testigos&raquo;: el que habla es Pedro, en nombre de los Ap&oacute;stoles. En su voz reconocemos la de los innumerables disc&iacute;pulos, que a lo largo de los siglos han hecho de su vida un testimonio del Se&ntilde;or muerto y resucitado. A este coro se unen los santos canonizados hoy. Se une don Juan Calabria, testigo ejemplar de la Resurrecci&oacute;n. En &eacute;l resplandecen la fe ardiente, la caridad genuina, el esp&iacute;ritu de sacrificio, el amor a la pobreza, el celo por las almas y la fidelidad a la Iglesia. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">En este a&ntilde;o dedicado al Padre, que nos introduce en el gran jubileo del a&ntilde;o 2000, estamos invitados a dar el m&aacute;ximo relieve a la virtud de la caridad. Toda la vida de Juan Calabria fue un evangelio vivo, rebosante de caridad: caridad hacia Dios y caridad hacia sus hermanos, especialmente hacia los m&aacute;s pobres. La fuente de su amor al pr&oacute;jimo eran la confianza ilimitada y el abandono filial con respecto al Padre celestial. A sus colaboradores sol&iacute;a repetir las palabras evang&eacute;licas: &laquo;Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo dem&aacute;s se os dar&aacute; por a&ntilde;adidura&raquo; (<i>Mt<\/i> 6, 33). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">4. El ideal evang&eacute;lico de la caridad hacia el pr&oacute;jimo, especialmente hacia los humildes, los enfermos y los abandonados, impuls&oacute; tambi&eacute;n a Agustina Livia Pietrantoni a las cumbres de la santidad. Sor Agustina, formada en la escuela de santa Juana Antida Thouret, comprendi&oacute; que el amor a Jes&uacute;s exige el servicio generoso a los hermanos. En efecto, en su rostro, especialmente en el de los m&aacute;s necesitados, resplandece el rostro de Cristo. &laquo;S&oacute;lo Dios&raquo; fue la &laquo;br&uacute;jula&raquo; que orient&oacute; todas sus opciones de vida. &laquo;Amar&aacute;s&raquo;, el mandamiento primero y fundamental, puesto al comienzo de la &laquo;Regla de vida de las Hermanas de la Caridad&raquo;, fue la fuente inspiradora de los gestos de solidaridad de la nueva santa, el impulso interior que la sostuvo en su entrega a los dem&aacute;s. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">En la primera carta de san Pedro, que acabamos de escuchar, leemos que fuimos rescatados &laquo;no con bienes ef&iacute;meros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha&raquo; (<i>1 P<\/i> 1, 19). La certeza del valor infinito de la sangre de Cristo, derramada por nosotros, indujo a santa Agustina Livia Pietrantoni a responder al amor de Dios con un amor igualmente generoso e incondicional, manifestado mediante el servicio humilde y fiel a los &laquo;queridos pobres&raquo;, como sol&iacute;a repetir. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Dispuesta a cualquier sacrificio, testigo heroica de la caridad, pag&oacute; con su sangre el precio de la fidelidad al Amor. Que su ejemplo y su intercesi&oacute;n obtengan al instituto de las Hermanas de la Caridad, que celebra este a&ntilde;o el bicentenario de su fundaci&oacute;n, un nuevo impulso apost&oacute;lico. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">5. &laquo;Qu&eacute;date con nosotros porque atardece y el d&iacute;a va de ca&iacute;da&raquo; (<i>Lc<\/i> 24, 29). Los dos viandantes, cansados, pidieron a Jes&uacute;s que se quedara con ellos en su casa para compartir su mesa. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Qu&eacute;date con nosotros, Se&ntilde;or resucitado. &Eacute;sta es tambi&eacute;n nuestra aspiraci&oacute;n diaria. Si t&uacute; te quedas con nosotros, nuestro coraz&oacute;n est&aacute; en paz. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Acomp&aacute;&ntilde;anos, como hiciste con los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, en nuestro camino personal y eclesial. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">&Aacute;brenos los ojos, para que sepamos reconocer los signos de tu presencia inefable. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Haz que seamos d&oacute;ciles a las inspiraciones de tu Esp&iacute;ritu. Alim&eacute;ntanos todos los d&iacute;as con tu Cuerpo y tu Sangre, pues as&iacute; sabremos reconocerte y te serviremos en nuestros hermanos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">Mar&iacute;a, Reina de los santos, ay&uacute;danos a poner en Dios nuestra fe y nuestra esperanza (cf. <i>1 P<\/i> 1, 21). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">San Marcelino Benito Champagnat, san Juan Calabria y santa Agustina Livia Pietrantoni, &iexcl;rogad por nosotros! <\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS MARCELINO CHAMPAGNAT,JUAN CALABRIA Y AGUSTINA LIVIA PIETRANTONI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 18 de abril de 1999 &nbsp;&nbsp; 1. &laquo;Tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron&raquo; (Lc 24, 30-31). Acabamos de escuchar estas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-abril-de-1999-canonizacion-de-marcelino-b-champagnat-juan-calabria-y-agustina-l-pietrantoni\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de abril de 1999, Canonizaci\u00f3n de Marcelino B. Champagnat, Juan Calabria y Agustina L. 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