{"id":40302,"date":"2016-10-05T23:40:46","date_gmt":"2016-10-06T04:40:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-marzo-de-1999-beatificacion-de-vicente-soler-y-sus-seis-companeros-manuel-martin-nicolas-barre-ana-schaffer\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:46","slug":"7-de-marzo-de-1999-beatificacion-de-vicente-soler-y-sus-seis-companeros-manuel-martin-nicolas-barre-ana-schaffer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-marzo-de-1999-beatificacion-de-vicente-soler-y-sus-seis-companeros-manuel-martin-nicolas-barre-ana-schaffer\/","title":{"rendered":"7 de marzo de 1999, Beatificaci\u00f3n de Vicente Soler y sus seis compa\u00f1eros, Manuel Mart\u00edn, Nicol\u00e1s Barr\u00e9, Ana Sch\u00e4ffer"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNE CEREMONIA DE BEATIFICACI&Oacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/p>\n<p><i>Domingo 7 de marzo de 1999<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i> &laquo;El que beba del agua que yo le dar&eacute;, no tendr&aacute; m&aacute;s sed&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 4, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">En este tercer domingo de Cuaresma, el encuentro de Jes&uacute;s con la samaritana junto al pozo de Jacob constituye una extraordinaria catequesis sobre la fe. A los catec&uacute;menos que se preparan para recibir el bautismo, y a todos los creyentes en camino hacia la Pascua, el evangelio les muestra hoy el &laquo;agua viva&raquo; del Esp&iacute;ritu Santo, que regenera interiormente al hombre, haci&eacute;ndolo renacer &laquo;de lo alto&raquo; a una vida nueva.<\/p>\n<p align=\"left\">La existencia humana es un &laquo;&eacute;xodo&raquo; de la esclavitud a la tierra prometida, de la muerte a la vida. A lo largo de este camino experimentamos a veces la aridez y la fatiga de la existencia: la miseria, la soledad, la p&eacute;rdida de sentido y de esperanza, hasta el punto de que tambi&eacute;n nosotros podemos llegar a preguntarnos, como los jud&iacute;os en camino: &laquo;&iquest;Est&aacute; o no el Se&ntilde;or en medio de nosotros?&raquo; (<i>Ex<\/i> 17, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n aquella mujer de Samar&iacute;a, tan probada por la vida, habr&aacute; pensado muchas veces: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Se&ntilde;or?&raquo;. Hasta que un d&iacute;a encuentra a un hombre que le revela a ella, mujer y adem&aacute;s samaritana, es decir, doblemente despreciada, toda la verdad. En un sencillo di&aacute;logo, le ofrece el don de Dios: el Esp&iacute;ritu Santo, fuente de agua viva para la vida eterna. Se manifiesta a s&iacute; mismo como el Mes&iacute;as esperado, y le anuncia al Padre, que quiere ser adorado en esp&iacute;ritu y verdad.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Los santos son los &laquo;verdaderos adoradores del Padre&raquo;: hombres y mujeres que, como la samaritana, han encontrado a Cristo y han descubierto, gracias a &eacute;l, el sentido de la vida. Han experimentado personalmente lo que dice el ap&oacute;stol Pablo en la segunda lectura: &laquo;El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Esp&iacute;ritu Santo que se nos ha dado&raquo; (Rm 5, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n en los nuevos beatos la gracia del bautismo dio plenamente su fruto. Hasta tal punto bebieron en la fuente del amor de Cristo, que fueron transformados &iacute;ntimamente, y se convirtieron a su vez en manantiales desbordantes para la sed de muchos hermanos y hermanas suyos que encontraron a lo largo del camino de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;Hemos recibido la justificaci&oacute;n por la fe, estamos en paz con Dios (&#8230;) y nos gloriamos apoyados en la esperanza de los hijos de Dios&raquo; (<i>Rm<\/i> 5, 1-2). Hoy la Iglesia, al proclamar beatos a los m&aacute;rtires de Motril, pone en sus labios estas palabras de san Pablo. En efecto, Vicente Soler y sus seis compa&ntilde;eros agustinos recoletos, y Manuel Mart&iacute;n, sacerdote diocesano, obtuvieron por el testimonio heroico de su fe el acceso a la &laquo;gloria de los hijos de Dios&raquo;. Ellos no murieron por una ideolog&iacute;a, sino que entregaron libremente su vida por Alguien que ya hab&iacute;a muerto antes por ellos. As&iacute; devolvieron a Cristo el don que de &eacute;l hab&iacute;an recibido.<\/p>\n<p align=\"left\">Por la fe, estos sencillos hombres de paz, alejados del debate pol&iacute;tico, trabajaron durante a&ntilde;os en territorios de misi&oacute;n, sufrieron multitud de penalidades en Filipinas, regaron con su sudor los campos de Brasil, Argentina y Venezuela, fundaron obras sociales y educativas en Motril y en otras partes de Espa&ntilde;a. Por la fe, llegado el momento supremo del martirio, afrontaron la muerte con &aacute;nimo sereno, confortando a los dem&aacute;s condenados y perdonando a sus verdugos. &iquest;C&oacute;mo es posible esto? -nos preguntamos-, y san Agust&iacute;n nos responde: &laquo;Porque el que reina en el cielo reg&iacute;a la mente y la lengua de sus m&aacute;rtires, y por medio de ellos en la tierra venc&iacute;a&raquo; (<i>Serm&oacute;n<\/i> 329, 1-2).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Dichosos vosotros, m&aacute;rtires de Cristo! Que todos se alegren por el honor tributado a estos testigos de la fe. Dios los ayud&oacute; en sus tribulaciones y les dio la corona de la victoria. &iexcl;Ojal&aacute; que ellos ayuden a quienes hoy trabajan en Espa&ntilde;a y en el mundo en favor de la reconciliaci&oacute;n y de la paz!<\/p>\n<p align=\"left\">4. El pueblo que estaba acampado en el desierto ten&iacute;a sed, como nos lo recuerda la primera lectura, tomada del libro del <i> &Eacute;xodo<\/i> (cf. 17, 3). El espect&aacute;culo del pueblo espiritualmente sediento tambi&eacute;n estaba ante la mirada de Nicol&aacute;s Barr&eacute;, de la orden de los M&iacute;nimos. Su ministerio le pon&iacute;a continuamente en contacto con personas que, viviendo en el desierto de la ignorancia religiosa, corr&iacute;an el riesgo de beber en la fuente corrompida de algunas ideas de su tiempo. Por eso sinti&oacute; el deber de convertirse en maestro espiritual y educador de aquellos a quienes llegaba con su acci&oacute;n pastoral. Con el fin de ampliar su radio de acci&oacute;n, fund&oacute; una nueva familia religiosa, las <i> Hermanas del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s<\/i>, con el deber de evangelizar y educar a la juventud abandonada, para revelarle el amor de Dios, comunicarle plenamente la vida divina y contribuir a la edificaci&oacute;n de las personas.<\/p>\n<p align=\"left\">El nuevo beato enraizaba su misi&oacute;n en la contemplaci&oacute;n del misterio de la Encarnaci&oacute;n, ya que Dios colma la sed de los que viven en intimidad con &eacute;l. Mostr&oacute; que una acci&oacute;n realizada por Dios no puede menos de unir a Dios, y que la santificaci&oacute;n pasa tambi&eacute;n por el apostolado. Nicol&aacute;s Barr&eacute; invita a cada uno a confiar en el Esp&iacute;ritu Santo, que gu&iacute;a a su pueblo por el camino del abandono en Dios, del desapego, de la humildad y de la perseverancia incluso en las pruebas m&aacute;s duras. Esta actitud abre a la alegr&iacute;a del camino hacia la experiencia de la acci&oacute;n poderosa de Dios vivo.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Cuando finalmente dirigimos nuestra mirada a la beata Ana Sch&auml;ffer, leemos su vida precisamente como un comentario viviente de lo que san Pablo escribi&oacute; a los romanos: &laquo;La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Esp&iacute;ritu Santo que se nos ha dado&raquo; (<i>Rm<\/i> 5, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Cuanto m&aacute;s se transformaba su vida en un calvario, tanto m&aacute;s fuerte era en ella la convicci&oacute;n de que la enfermedad y la debilidad pod&iacute;an ser las l&iacute;neas en las que Dios escrib&iacute;a su evangelio. Llamaba a su habitaci&oacute;n de enferma &laquo;taller del dolor&raquo;, para conformarse cada vez m&aacute;s con la cruz de Cristo. Hablaba de tres llaves, que Dios le hab&iacute;a concedido: &laquo;La m&aacute;s grande es de hierro y muy pesada, son mis sufrimientos. La segunda es la aguja, y la tercera, la pluma. Con todas estas llaves quiero trabajar d&iacute;a tras d&iacute;a, para poder abrir la puerta del cielo&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre atroces dolores, Ana Sch&auml;ffer tomaba conciencia de la responsabilidad que cada cristiano tiene de la santidad de su pr&oacute;jimo. Por eso utiliz&oacute; su pluma. Su lecho de enferma se convierte en la cuna de un apostolado epistolar muy amplio. Las pocas fuerzas que le quedan las emplea en el bordado, para de esta forma dar a los dem&aacute;s un poco de alegr&iacute;a. Pero, tanto en sus cartas como en sus labores manuales, su raz&oacute;n de vida es el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, s&iacute;mbolo del amor divino. As&iacute;, representa las llamas del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s no como lenguas de fuego, sino como espigas de trigo. La Eucarist&iacute;a, que Ana Sch&auml;ffer recib&iacute;a diariamente de su p&aacute;rroco, es sin duda, su punto de referencia. Por ello, esa representaci&oacute;n del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s ser&aacute; caracter&iacute;stica de la nueva beata.<\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, demos gracias a Dios por el don de estos nuevos beatos. Ellos, a pesar de las pruebas de la vida, no endurecieron su coraz&oacute;n, sino que escucharon la voz del Se&ntilde;or, y el Esp&iacute;ritu Santo los colm&oacute; del amor de Dios. As&iacute;, pudieron experimentar que &laquo;la esperanza no defrauda&raquo; (<i>Rm<\/i> 5, 5). Fueron como &aacute;rboles plantados junto a corrientes de agua, que a su tiempo dieron abundantes frutos (cf. <i> Sal<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">Por eso, hoy, al admirar su testimonio, toda la Iglesia aclama: &iexcl;Se&ntilde;or, t&uacute; eres de verdad el salvador del mundo, t&uacute; eres la roca de la que brota el agua viva para la sed de la humanidad!<\/p>\n<p align=\"left\">Danos siempre, Se&ntilde;or, esta agua, para que conozcamos al Padre y lo adoremos en esp&iacute;ritu y verdad. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE CEREMONIA DE BEATIFICACI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 7 de marzo de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;El que beba del agua que yo le dar&eacute;, no tendr&aacute; m&aacute;s sed&raquo; (Jn 4, 14). 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