{"id":40307,"date":"2016-10-05T23:40:53","date_gmt":"2016-10-06T04:40:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/iii-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-del-santo-padre-2-de-febrero-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:53","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:53","slug":"iii-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-del-santo-padre-2-de-febrero-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/iii-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-del-santo-padre-2-de-febrero-de-1999\/","title":{"rendered":"III Jornada Mundial de la Vida Consagrada, Homil\u00eda del Santo Padre (2 de febrero de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"><i><br \/>III Jornada de la vida consagrada<br \/>Martes 2 de febrero de 1999<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>&laquo;Luz para alumbrar a las naciones&raquo;<\/i> (<i>Lc<\/i> 2, 32).<\/p>\n<p align=\"left\">El pasaje evang&eacute;lico que acabamos de escuchar, tomado del relato de san Lucas, nos recuerda el acontecimiento que tuvo lugar en Jerusal&eacute;n el d&iacute;a cuadrag&eacute;simo despu&eacute;s del nacimiento de Jes&uacute;s: su presentaci&oacute;n en el templo. Se trata de uno de los casos en que el tiempo lit&uacute;rgico refleja el hist&oacute;rico, pues hoy se cumplen cuarenta d&iacute;as desde el 25 de diciembre, solemnidad de la Navidad del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">Este hecho tiene su significado. Indica que la fiesta de la Presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo constituye una especie de bisagra, que separa y a la vez une la etapa inicial de su vida en la tierra, su nacimiento, de la que ser&aacute; su coronaci&oacute;n: su muerte y resurrecci&oacute;n. Hoy concluimos definitivamente el tiempo navide&ntilde;o y nos acercamos al tiempo de Cuaresma, que comenzar&aacute; dentro de quince d&iacute;as con el mi&eacute;rcoles de Ceniza.<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras prof&eacute;ticas que pronunci&oacute; el anciano Sime&oacute;n ponen de relieve la misi&oacute;n del Ni&ntilde;o que los padres llevan al templo: &laquo;&Eacute;ste ni&ntilde;o est&aacute; puesto para ca&iacute;da y elevaci&oacute;n de muchos en Israel, y para ser se&ntilde;al de contradicci&oacute;n, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 34-35). Sime&oacute;n dice a Mar&iacute;a: &laquo;A ti una espada te atravesar&aacute; el alma&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 35). Acaban de apagarse los cantos de Bel&eacute;n y ya se perfila la cruz del G&oacute;lgota, y esto acontece en el templo, el lugar donde se ofrecen los sacrificios. El evento que hoy conmemoramos constituye, por consiguiente, casi un puente entre los dos tiempos fuertes del a&ntilde;o de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">2 La segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos, ofrece un comentario interesante a este acontecimiento. El autor hace una observaci&oacute;n que nos invita a reflexionar: comentando el sacerdocio de Cristo, destaca que el Hijo de Dios &laquo;se ocupa (&#8230;) de la descendencia de Abraham&raquo; (<i>Hb<\/i> 2, 16). Abraham es el padre de los creyentes. Por tanto, todos los creyentes, de alg&uacute;n modo, est&aacute;n incluidos en esa &laquo;descendencia de Abraham&raquo; por la que el Ni&ntilde;o, que est&aacute; en los brazos de Mar&iacute;a, es presentado en el templo. El acontecimiento que se realiza ante los ojos de esos pocos testigos privilegiados constituye un primer anuncio del sacrificio de la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">El texto b&iacute;blico afirma que el Hijo de Dios, solidario con los hombres, comparte su condici&oacute;n de debilidad y fragilidad hasta el extremo, es decir, hasta la muerte, con la finalidad de llevar a cabo una liberaci&oacute;n radical de la humanidad, derrotando de una vez para siempre al adversario, al diablo, que precisamente en la muerte tiene su punto de fuerza sobre los seres humanos y sobre toda criatura (cf. <i>Hb<\/i> 2, 14-15).<\/p>\n<p align=\"left\">Con esta admirable s&iacute;ntesis, el autor inspirado expresa toda la verdad sobre la redenci&oacute;n del mundo. Pone de relieve la importancia del sacrificio sacerdotal de Cristo, el cual &laquo;tuvo que asemejarse en todo a sus hermanos, para ser misericordioso y sumo sacerdote fiel en lo que toca a Dios, en orden a expiar los pecados del pueblo&raquo; (<i>Hb<\/i> 2, 17).<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente porque pone de manifiesto el v&iacute;nculo profundo que une el misterio de la Encarnaci&oacute;n con el de la Redenci&oacute;n, la carta a los Hebreos constituye un comentario adecuado al evento lit&uacute;rgico que hoy celebramos. Pone de relieve la misi&oacute;n redentora de Cristo, en la que participa todo el pueblo de la nueva alianza.<\/p>\n<p align=\"left\">En esta misi&oacute;n particip&aacute;is de modo particular vosotros, amad&iacute;simas personas consagradas, que llen&aacute;is la bas&iacute;lica vaticana y a quienes saludo con gran afecto. Esta fiesta de la Presentaci&oacute;n es, de manera especial, vuestra fiesta, pues celebramos la III Jornada de la vida consagrada.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Doy las gracias al se&ntilde;or cardenal Eduardo Mart&iacute;nez Somalo, prefecto de la Congregaci&oacute;n para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost&oacute;lica, que preside esta eucarist&iacute;a. En su persona saludo y expreso mi gratitud a los que, en Roma y en el mundo, trabajan al servicio de la vida consagrada.<\/p>\n<p align=\"left\">En este momento mi pensamiento va, con especial afecto, a todos los consagrados en todas las partes de la tierra: se trata de hombres y mujeres que han elegido seguir de modo radical a Cristo en la pobreza, en la virginidad y en la obediencia. Pienso en los hospitales, en las escuelas, en los oratorios, donde trabajan en actitud de completa entrega al servicio de sus hermanos por el reino de Dios; pienso en los miles de monasterios, donde se vive la comuni&oacute;n con Dios en un intenso ritmo de oraci&oacute;n y trabajo; y pienso en los laicos consagrados, testigos discretos en el mundo, y en los muchos que trabajan en la vanguardia con los m&aacute;s pobres y los marginados.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;C&oacute;mo no recordar aqu&iacute; a los religiosos y religiosas que, tambi&eacute;n recientemente, han derramado su sangre mientras realizaban un servicio apost&oacute;lico a menudo dif&iacute;cil y fatigoso! Fieles a su misi&oacute;n espiritual y caritativa, han unido el sacrificio de su vida al de Cristo por la salvaci&oacute;n de la humanidad. A toda persona consagrada, pero especialmente a ellos, est&aacute; dedicada hoy la oraci&oacute;n de la Iglesia, que da gracias por el don de esta vocaci&oacute;n y ardientemente lo invoca, pues las personas consagradas contribuyen de forma decisiva a la obra de la evangelizaci&oacute;n, confiri&eacute;ndole la fuerza prof&eacute;tica que procede del radicalismo de su opci&oacute;n evang&eacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">4. La Iglesia vive del evento y del misterio. En este d&iacute;a vive del evento de la Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or en el templo, tratando de profundizar en el misterio que encierra. En cierto sentido, sin embargo, la Iglesia ahonda en este acontecimiento de la vida de Cristo cada d&iacute;a, meditando en su sentido espiritual. En efecto, cada tarde, en las iglesias y en los monasterios, en las capillas y en las casas, resuenan en todo el mundo las palabras del anciano Sime&oacute;n que acabamos de proclamar:<\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\">&laquo;Ahora Se&ntilde;or, seg&uacute;n tu promesa<br \/>puedes dejar a tu siervo irse en paz.<br \/>&nbsp;Porque mis ojos han visto<br \/>a tu Salvador, <br \/>a quien has presentado<br \/>ante todos los pueblos:<br \/>luz para alumbrar a las naciones<br \/>y gloria de tu pueblo, Israel&raquo;<br \/>(<i>Lc<\/i> 2, 29-32).<\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"left\">As&iacute; or&oacute; Sime&oacute;n, a quien le fue concedido llegar a ver el cumplimiento de las promesas de la antigua alianza. As&iacute; ora la Iglesia, que, sin escatimar energ&iacute;as, se prodiga para llevar a todos los pueblos el don de la nueva alianza.<\/p>\n<p align=\"left\">En el misterioso encuentro entre Sime&oacute;n y Mar&iacute;a se unen el Antiguo Testamento y el Nuevo. Juntamente el anciano profeta y la joven Madre dan gracias por esta Luz, que ha impedido que las tinieblas prevalecieran. Es la luz que brilla en el coraz&oacute;n de la existencia humana: Cristo, el Salvador y Redentor del mundo, &laquo;luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIIII Jornada de la vida consagradaMartes 2 de febrero de 1999 &nbsp; 1. &laquo;Luz para alumbrar a las naciones&raquo; (Lc 2, 32). 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