{"id":40308,"date":"2016-10-05T23:40:54","date_gmt":"2016-10-06T04:40:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-a-san-luis-estados-unidos-rezo-de-visperas-en-la-catedral-de-san-luis-27-de-enero-de-1999\/"},"modified":"2016-10-05T23:40:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:40:54","slug":"viaje-a-san-luis-estados-unidos-rezo-de-visperas-en-la-catedral-de-san-luis-27-de-enero-de-1999","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-a-san-luis-estados-unidos-rezo-de-visperas-en-la-catedral-de-san-luis-27-de-enero-de-1999\/","title":{"rendered":"Viaje a San Luis, Estados Unidos: Rezo de V\u00edsperas en la catedral de San Luis (27 de enero de 1999)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\"> &nbsp;<font color=\"#663300\">VIAJE PASTORAL A SAN LUIS<\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE EL REZO DE V&Iacute;SPERAS<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><i>Mi&eacute;rcoles 27 de enero de 1999<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i><b>&laquo;Oh Dios, que te alaben los pueblos,<br \/>que todos los pueblos te alaben&raquo;<\/b><\/i> (<i>Sal<\/i> 67, 4).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Estamos aqu&iacute; reunidos, en esta espl&eacute;ndida catedral bas&iacute;lica, para alabar a Dios y hacer que nuestras oraciones suban hasta &eacute;l como el incienso. Al alabar a Dios, <i>recordamos y reconocemos el dominio de Dios sobre la creaci&oacute;n y sobre nuestra vida<\/i>. La oraci&oacute;n de esta tarde nos recuerda que nuestra aut&eacute;ntica lengua materna es la alabanza a Dios, la lengua del cielo, nuestra verdadera casa.<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos reunidos en la que ya es <i>la<\/i> <i>v&iacute;spera de un nuevo milenio<\/i>, una coyuntura decisiva para el mundo desde todos los puntos de vista. Cuando observamos el siglo que estamos a punto de concluir, vemos que el orgullo humano y la fuerza del pecado han hecho que muchas personas tuvieran dificultad para hablar su lengua materna. Para poder alabar a Dios, debemos aprender de nuevo la lengua de la humildad y de la confianza, la lengua de la integridad moral y del compromiso sincero en favor de todo lo que es verdaderamente bueno a los ojos del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Acabamos de escuchar una conmovedora lectura en la que el profeta Isa&iacute;as habla de un pueblo que vuelve del exilio, agobiado y abatido. Tambi&eacute;n nosotros experimentamos a veces el &aacute;rido desierto: nuestras manos son d&eacute;biles, nuestras rodillas vacilan y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; asustado. &iexcl;Cu&aacute;n a menudo la alabanza a Dios muere en nuestros labios y en su lugar brota un lamento! El mensaje del profeta es <i>una exhortaci&oacute;n a la confianza<\/i>, una exhortaci&oacute;n a la valent&iacute;a, una exhortaci&oacute;n a la esperanza en la salvaci&oacute;n que viene del Se&ntilde;or. &iexcl;Cu&aacute;n urgente es hoy para todos nosotros esta exhortaci&oacute;n: &laquo;&iexcl;&Aacute;nimo, no tem&aacute;is! Mirad que vuestro Dios viene (&#8230;) a salvaros&raquo;! (<i>Is<\/i> 35, 3-4).<\/p>\n<p align=\"left\">3. Nuestro amable anfitri&oacute;n, el arzobispo monse&ntilde;or Rigali, ha invitado al rezo de las V&iacute;speras a representantes de numerosos y diversos grupos religiosos y de sectores de la sociedad civil. Saludo al vicepresidente de Estados Unidos, y a las dem&aacute;s autoridades civiles y a los l&iacute;deres de las comunidades aqu&iacute; presentes. Saludo a mis hermanos y hermanas en la fe cat&oacute;lica: <i>a los miembros del laicado<\/i>, que desean vivir su dignidad bautismal cada vez con mayor intensidad, esforz&aacute;ndose para que el Evangelio influya en las realidades de la vida diaria de la sociedad.<\/p>\n<p align=\"left\">Con afecto <i>saludo a mis hermanos en el sacerdocio<\/i>, que representan a todos los numerosos, celosos y generosos sacerdotes de San Luis y de las dem&aacute;s di&oacute;cesis. Deseo que goc&eacute;is diariamente durante vuestro encuentro, en la oraci&oacute;n y en la Eucarist&iacute;a, con Jesucristo vivo, cuyo sacerdocio compart&iacute;s. Saludo con alegr&iacute;a a los <i>di&aacute;conos de la Iglesia<\/i>, y os aliento en vuestro ministerio lit&uacute;rgico, pastoral y caritativo. Expreso mi agradecimiento en especial a vuestras esposas y a vuestras familias, por el apoyo que os brindan en este ministerio.<\/p>\n<p align=\"left\">Los numerosos <i>religiosos<\/i> que est&aacute;n aqu&iacute; esta tarde representan a los miles de hombres y mujeres que han trabajado en la archidi&oacute;cesis desde el comienzo. Segu&iacute;s a Cristo, imitando su entrega total al Padre y a la causa de su reino. Os expreso a cada uno mi estima y mi gratitud.<\/p>\n<p align=\"left\">Con gusto quiero dedicar unas palabras de aliento a los <i>seminaristas<\/i>. Ser&eacute;is los sacerdotes del nuevo milenio, trabajando con Cristo en la nueva evangelizaci&oacute;n; ayudando a la Iglesia, bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, a afrontar las exigencias del nuevo siglo. Pido todos los d&iacute;as al Se&ntilde;or que os transforme en &laquo;pastores seg&uacute;n su coraz&oacute;n&raquo; (<i>Jr<\/i> 3, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Me complace en particular que <i>distinguidos miembros de otras Iglesias y comunidades eclesiales<\/i> se hayan unido a la comunidad cat&oacute;lica de San Luis en esta celebraci&oacute;n de V&iacute;speras. Con esperanza y confianza sigamos trabajando juntos para que se cumpla el deseo del Se&ntilde;or: &laquo;Que todos sean uno, (&#8230;) para que el mundo crea&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 21). Expreso, asimismo, mi amistad y mi estima a <i>los miembros de las dem&aacute;s tradiciones religiosas<\/i>. En particular, quiero recordar la relaci&oacute;n que mantengo desde hace mucho tiempo con los creyentes de fe jud&iacute;a, y mis encuentros en muchas partes del mundo con mis hermanos y hermanas musulmanes. Hoy, la divina Providencia nos ha congregado y permitido orar: &laquo;Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben&raquo;. Ojal&aacute; que esta oraci&oacute;n exprese nuestro compromiso com&uacute;n en favor de una comprensi&oacute;n y colaboraci&oacute;n cada vez mayores.<\/p>\n<p align=\"left\">5. Tambi&eacute;n deseo manifestar mi aprecio a la comunidad civil de toda el &aacute;rea metropolitana, a todas las personas de la ciudad de San Luis que trabajan por su bienestar humano, cultural y social. Vuestra determinaci&oacute;n para afrontar los numerosos desaf&iacute;os urbanos que tiene planteados la comunidad ayudar&aacute; a suscitar un renovado &laquo;Esp&iacute;ritu de San Luis&raquo;, a fin de servir a la causa de la ciudad, que es la causa de su pueblo y de sus necesidades. Es preciso prestar atenci&oacute;n especial a la formaci&oacute;n de los j&oacute;venes, para que participen de forma positiva en la comunidad. A este respecto, comparto la esperanza de la archidi&oacute;cesis de que el <i>Colegio Cardenal Ritter<\/i>, de ense&ntilde;anza preparatoria, sostenido por el esfuerzo com&uacute;n de todos los sectores, pueda seguir ofreciendo a un gran n&uacute;mero de j&oacute;venes la oportunidad de gozar de una educaci&oacute;n cualificada y aspirar a una genuina realizaci&oacute;n humana.<\/p>\n<p align=\"left\">En nombre de la Iglesia, doy las gracias a todos, incluida la comunidad econ&oacute;mica, por su continuo apoyo a los numerosos y valiosos servicios caritativos, sociales y educativos promovidos por la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">6. &laquo;Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben&raquo; (<i>Sal<\/i> 67, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">Al final de este siglo, caracterizado a la vez por un progreso sin precedentes y por un tr&aacute;gico costo de sufrimientos humanos, los <i>cambios radicales en la pol&iacute;tica mundial llevan a Estados Unidos a asumir la gran responsabilidad<\/i> de ser para el mundo un ejemplo de sociedad aut&eacute;nticamente libre, democr&aacute;tica, justa y humana. El c&aacute;ntico tomado del libro del Apocalipsis, que acabamos de proclamar, ofrece una lecci&oacute;n a toda naci&oacute;n poderosa. En realidad, alude al <i>canto de liberaci&oacute;n<\/i>, que Mois&eacute;s elev&oacute; despu&eacute;s de haber guiado al pueblo a trav&eacute;s del mar Rojo, salv&aacute;ndolo de la ira del fara&oacute;n. Toda la historia de la salvaci&oacute;n ha de leerse desde la perspectiva de este &Eacute;xodo: <i>Dios se revela a s&iacute; mismo en sus acciones para defender a los humildes de la tierra y liberar a los oprimidos<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">De la misma manera, en su c&aacute;ntico del <i>Magn&iacute;ficat<\/i>, Mar&iacute;a, la Madre del Redentor, nos da la clave para comprender la intervenci&oacute;n de Dios en la historia humana cuando dice: el Se&ntilde;or &laquo;dispers&oacute; a los soberbios de coraz&oacute;n (&#8230;) <i>y enalteci&oacute; a los humildes<\/i>&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 51-52). La historia de la salvaci&oacute;n nos ense&ntilde;a que el <i>poder es responsabilidad<\/i>; es servicio, no privilegio. Su ejercicio se justifica moralmente cuando se ordena al bien de todos, cuando es sensible a las necesidades de los pobres y los indefensos.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay una segunda lecci&oacute;n aqu&iacute;: Dios nos ha dado una ley moral para guiarnos y evitar que volvamos a caer en la esclavitud del pecado y de la mentira. No estamos solos con nuestra responsabilidad por el gran don de la libertad. Los diez mandamientos son la Carta de la verdadera libertad, tanto para las personas como para la sociedad entera.<\/p>\n<p align=\"left\">Estados Unidos proclam&oacute; su independencia, ante todo, bas&aacute;ndose en verdades morales evidentes. Estados Unidos seguir&aacute; siendo un faro de libertad para el mundo siempre que se mantenga fiel a esas verdades morales que son el n&uacute;cleo mismo de su experiencia hist&oacute;rica. Por eso, Estados Unidos: si quieres la paz, <i>trabaja por la justicia<\/i>. Si quieres la justicia, <i>defiende la vida<\/i>. Si quieres la vida, <i>abraza la verdad<\/i>, la verdad revelada por Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">De este modo, la alabanza a Dios, la lengua del cielo, estar&aacute; siempre en los labios de este pueblo: &laquo;El Se&ntilde;or es Dios, el todopoderoso. (&#8230;) <i>Venid, postr&eacute;monos ante &eacute;l y ador&eacute;moslo<\/i>&raquo;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;VIAJE PASTORAL A SAN LUIS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE EL REZO DE V&Iacute;SPERAS Mi&eacute;rcoles 27 de enero de 1999 &nbsp; &laquo;Oh Dios, que te alaben los pueblos,que todos los pueblos te alaben&raquo; (Sal 67, 4). Queridos hermanos y hermanas: 1. 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