{"id":40314,"date":"2016-10-05T23:41:02","date_gmt":"2016-10-06T04:41:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1999-solemnidad-de-la-epifania\/"},"modified":"2016-10-05T23:41:02","modified_gmt":"2016-10-06T04:41:02","slug":"6-de-enero-de-1999-solemnidad-de-la-epifania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1999-solemnidad-de-la-epifania\/","title":{"rendered":"6 de enero de 1999, Solemnidad de la Epifan\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A<\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/p>\n<p><i>Bas&iacute;lica de San Pedro, 6 de enero de 1999<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>&laquo;La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 1, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Toda la liturgia habla hoy de la <i>luz de Cristo<\/i>, de la luz que se encendi&oacute; en la noche santa. La misma luz que gui&oacute; a los pastores hasta el portal de Bel&eacute;n indic&oacute; el camino, el d&iacute;a de la Epifan&iacute;a, a los Magos que fueron desde Oriente para adorar al Rey de los jud&iacute;os, y resplandece para todos los hombres y todos los pueblos que anhelan encontrar a Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">En su b&uacute;squeda espiritual, el ser humano ya dispone naturalmente de una luz que lo gu&iacute;a: es la raz&oacute;n, gracias a la cual puede orientarse, aunque a tientas (cf. <i>Hch<\/i> 17, 27), hacia su Creador. Pero, dado que es f&aacute;cil perder el camino, Dios mismo vino en su ayuda con la luz de la revelaci&oacute;n, que alcanz&oacute; su plenitud en la encarnaci&oacute;n del Verbo, Palabra eterna de verdad.<\/p>\n<p align=\"left\">La Epifan&iacute;a celebra la aparici&oacute;n en el mundo de esta luz divina, con la que Dios sali&oacute; al encuentro de la d&eacute;bil luz de la raz&oacute;n humana. As&iacute;, en la solemnidad de hoy, se propone la &iacute;ntima relaci&oacute;n que existe entre la raz&oacute;n y la fe, las dos alas de que dispone el esp&iacute;ritu humano para elevarse hacia la contemplaci&oacute;n de la verdad, como record&eacute; en la reciente enc&iacute;clica<i> Fides et ratio<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Cristo no es s&oacute;lo luz que ilumina el camino del hombre. <i>Tambi&eacute;n se ha hecho camino<\/i> para sus pasos inciertos hacia Dios, fuente de vida. Un d&iacute;a dijo a los Ap&oacute;stoles: &laquo;Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por m&iacute;. Si me conoc&eacute;is a m&iacute;, conocer&eacute;is tambi&eacute;n a mi Padre; desde ahora lo conoc&eacute;is y lo hab&eacute;is visto&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 6-7). Y, ante la objeci&oacute;n de Felipe, a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;El que me ha visto a m&iacute;, ha visto al Padre. (&#8230;) Yo estoy en el Padre y el Padre est&aacute; en m&iacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 9. 11). <i>La epifan&iacute;a del Hijo es la epifan&iacute;a del Padre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No es &eacute;ste, en definitiva, el objetivo de la venida de Cristo al mundo? &Eacute;l mismo afirm&oacute; que hab&iacute;a venido para &laquo;dar a conocer al Padre&raquo;, para &laquo;explicar&raquo; a los hombres qui&eacute;n es Dios y para revelar su rostro, su &laquo;nombre&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 17, 6). La vida eterna consiste en el encuentro con el Padre (cf. <i>Jn<\/i> 17, 3). Por eso, &iexcl;cu&aacute;n oportuna es esta reflexi&oacute;n, especialmente durante el a&ntilde;o dedicado al Padre!<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia prolonga en los siglos la misi&oacute;n de su Se&ntilde;or: su compromiso principal consiste en dar a conocer a todos los hombres el rostro del Padre, reflejando la luz de Cristo, <i>lumen gentium<\/i>, luz de amor, de verdad y de paz. Para esto el divino Maestro envi&oacute; al mundo a los Ap&oacute;stoles, y env&iacute;a continuamente, con el mismo Esp&iacute;ritu, a los obispos, sus sucesores.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Siguiendo una significativa tradici&oacute;n, en la solemnidad de la Epifan&iacute;a, el Obispo de Roma confiere la ordenaci&oacute;n episcopal a algunos prelados, y hoy tengo la alegr&iacute;a de consagraros a vosotros, amad&iacute;simos hermanos, para que, con la plenitud del sacerdocio, llegu&eacute;is a ser ministros de la epifan&iacute;a de Dios entre los hombres. A cada uno de vosotros se conf&iacute;an misiones espec&iacute;ficas, diferentes una de otra, pero todas encaminadas a difundir el &uacute;nico Evangelio de salvaci&oacute;n entre los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">T&uacute;, monse&ntilde;or <b>Alessandro D&#8217;Errico<\/b>, como nuncio apost&oacute;lico en Pakist&aacute;n; t&uacute;, monse&ntilde;or <b>Salvatore Pennacchio<\/b>, como mi representante en Ruanda; y t&uacute;, monse&ntilde;or <b>Alain Lebeaupin<\/b>, como nuncio apost&oacute;lico en Ecuador, ser&eacute;is testigos de la unidad y la comuni&oacute;n entre las Iglesias particulares y la Sede apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\">A ti, monse&ntilde;or <b>Cesare Mazzolari<\/b>, te ha sido encomendada la di&oacute;cesis de Rumbek, en Sud&aacute;n, una tierra cuya poblaci&oacute;n, que desde hace a&ntilde;os vive en medio de grandes sufrimientos, espera una paz justa, en el respeto a los derechos humanos de todos, comenzando por los m&aacute;s d&eacute;biles; y t&uacute;, monse&ntilde;or <b>Pierre Tran Dinh Tu<\/b>, est&aacute;s llamado a ser mensajero de esperanza en la di&oacute;cesis de Ph&uacute; Cuong, en Vietnam, entre hermanos y hermanas en la fe, probados por muchas dificultades.<\/p>\n<p align=\"left\">T&uacute;, monse&ntilde;or <b>Diarmuid Martin<\/b>, secretario del Consejo pontificio Justicia y paz; y t&uacute;, monse&ntilde;or <b>Jos&eacute; Luis Redrado Marchite<\/b>, secretario del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios, continuar&eacute;is vuestro apreciado servicio en la Curia romana, teniendo ante vuestros ojos el vasto horizonte de la Iglesia entera.<\/p>\n<p align=\"left\">Tu misi&oacute;n, monse&ntilde;or <b>Rafael Cob Garc&iacute;a<\/b>, vicario apost&oacute;lico de Puyo, Ecuador, es rica en expectativas; y tambi&eacute;n lo es la tuya, monse&ntilde;or <b>Mathew Moolakkattu<\/b>, auxiliar del obispo de Kottayam de los siro-malabares en la India: vuestras personas me traen a la memoria Asia y Am&eacute;rica, continentes para los que celebramos recientemente dos Asambleas especiales del S&iacute;nodo de los obispos.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios quiera que cada uno de vosotros, nuevos obispos a quienes voy a imponer hoy las manos, lleve por doquier, con las palabras y las obras, el anuncio gozoso de la Epifan&iacute;a, en la que el Hijo revel&oacute; al mundo el rostro del Padre rico en misericordia.<\/p>\n<p align=\"left\">4. El mundo, en el umbral del tercer milenio, tiene gran necesidad de <i>experimentar la bondad divina<\/i>; de sentir el amor de Dios a toda persona.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n a nuestra &eacute;poca se puede aplicar el or&aacute;culo del profeta Isa&iacute;as, que acabamos de escuchar: &laquo;La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Se&ntilde;or y su gloria sobre ti aparece&raquo; (Is 60, 2-3). En el paso, por decirlo as&iacute;, del segundo al tercer milenio, la Iglesia est&aacute; llamada a revestirse de luz (cf. Is 60, 1), para resplandecer como una ciudad situada en la cima de un monte: la Iglesia no puede permanecer oculta (cf. <i>Mt<\/i> 5, 14), porque los hombres necesitan recoger su mensaje de luz y esperanza, y glorificar al Padre que est&aacute; en los cielos (cf. <i>Mt<\/i> 5, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">Conscientes de esta tarea apost&oacute;lica y misionera, que compete a todo el pueblo cristiano, pero especialmente a cuantos el Esp&iacute;ritu Santo ha puesto como obispos para pastorear la Iglesia de Dios (cf. <i>Hch<\/i> 20, 28), vamos como peregrinos a Bel&eacute;n, a fin de unirnos a los Magos de Oriente, mientras ofrecen dones al Rey reci&eacute;n nacido.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero el verdadero don es &eacute;l: Jes&uacute;s, el don de Dios al mundo. Debemos acogerlo a &eacute;l, para llevarlo a cuantos encontremos en nuestro camino. &Eacute;l es para todos la epifan&iacute;a, la manifestaci&oacute;n de Dios, <i>esperanza del hombre<\/i>, de Dios, <i>liberaci&oacute;n del hombre<\/i>, de Dios, <i>salvaci&oacute;n del hombre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Cristo naci&oacute; en Bel&eacute;n por nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Venid, ador&eacute;moslo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro, 6 de enero de 1999 &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. &laquo;La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron&raquo; (Jn 1, 5). Toda la liturgia habla hoy de la luz de Cristo, de la luz que se encendi&oacute; en la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-1999-solemnidad-de-la-epifania\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de enero de 1999, Solemnidad de la Epifan\u00eda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40314","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40314","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40314"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40314\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40314"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40314"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40314"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}