{"id":40325,"date":"2016-10-05T23:41:54","date_gmt":"2016-10-06T04:41:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-noviembre-de-2000-jubileo-del-apostolado-de-los-laicos\/"},"modified":"2016-10-05T23:41:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:41:54","slug":"26-de-noviembre-de-2000-jubileo-del-apostolado-de-los-laicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-noviembre-de-2000-jubileo-del-apostolado-de-los-laicos\/","title":{"rendered":"26 de noviembre de 2000, Jubileo del apostolado de los laicos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\"> <b>J<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\">UBILEO DEL APOSTOLADO DE LOS LAICOS<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<br \/> <\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/> Domingo 26 de noviembre&nbsp; de 2000<br \/> Solemnidad de Cristo, Rey del universo<br \/> <\/font> <\/i> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/> 1.&nbsp;<i>&quot;T&uacute; lo dices:&nbsp; soy Rey&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 18, 37).<\/p>\n<p> As&iacute; respondi&oacute; Jes&uacute;s a Pilato en un dram&aacute;tico di&aacute;logo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo. Esta fiesta, situada al final del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, nos presenta a Jes&uacute;s, Verbo eterno del Padre, como <i>principio y fin de toda la creaci&oacute;n<\/i>, como Redentor del hombre y Se&ntilde;or de la historia. En la primera lectura el profeta Daniel afirma:&nbsp; &quot;Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendr&aacute; fin&quot; (<i>Dn<\/i> 7, 14).<\/p>\n<p> <i>&iexcl;S&iacute;, Cristo, t&uacute; eres Rey!<\/i> Tu realeza se manifiesta parad&oacute;jicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, &quot;que -como escribe el ap&oacute;stol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redenci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados&quot; (<i>Col<\/i> 1, 13-14). Primog&eacute;nito de los que resucitan de entre los muertos, t&uacute;, Jes&uacute;s, eres <i>el Rey de la humanidad nueva<\/i>, a la que has restituido su dignidad originaria.<\/p>\n<p> &iexcl;T&uacute; eres Rey! Pero tu reino <i>no es de este mundo<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 18, 36); no es fruto de conquistas b&eacute;licas, de dominaciones pol&iacute;ticas, de imperios econ&oacute;micos, de hegemon&iacute;as culturales. Tu reino es un &quot;reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz&quot; (cf. <i>Prefacio de Jesucristo, Rey del universo<\/i>), que se manifestar&aacute; en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 28). La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir:&nbsp; &quot;&iexcl;Venga tu reino!&quot;, &quot;Adveniat regnum tuum!&quot; (<i>Mt<\/i> 6, 10).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&iexcl;Venga tu reino! As&iacute; rezan, en todas las partes del mundo, los fieles que se re&uacute;nen hoy en torno a sus pastores para el <i>jubileo del apostolado de los laicos<\/i>. Y yo me uno con alegr&iacute;a a este coro universal de alabanza y oraci&oacute;n, celebrando con vosotros, queridos fieles, la santa misa junto a la tumba del ap&oacute;stol san Pedro.<\/p>\n<p> Doy las gracias al cardenal James Francis Stafford, presidente del Consejo pontificio para los laicos, y a vuestros dos representantes, que al comienzo de la santa misa han interpretado los sentimientos de todos. Saludo a los venerados hermanos en el episcopado, as&iacute; como a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas presentes. En particular, extiendo mi saludo a vosotros, hermanos y hermanas laicos, &quot;christifideles laici&quot;, dedicados activamente a la causa del Evangelio:&nbsp; al contemplaros, pienso tambi&eacute;n en todos los miembros de comunidades, asociaciones y movimientos de acci&oacute;n apost&oacute;lica; pienso en los padres y en las madres que, con generosidad y esp&iacute;ritu de sacrificio, cuidan la educaci&oacute;n de sus hijos con la pr&aacute;ctica de las virtudes humanas y cristianas; pienso en cuantos brindan a la evangelizaci&oacute;n la contribuci&oacute;n de sus sufrimientos, aceptados y vividos en uni&oacute;n con Cristo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Os saludo de modo especial a vosotros, queridos participantes en el <i>Congreso del laicado cat&oacute;lico<\/i>, que se inserta muy bien en el &aacute;mbito del jubileo del apostolado de los laicos. Vuestro encuentro tiene como tema:&nbsp; &quot;Testigos de Cristo en el nuevo milenio&quot;. Contin&uacute;a la tradici&oacute;n de los congresos mundiales del apostolado de los laicos, que empez&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os bajo el impulso fecundo de la conciencia m&aacute;s viva que la Iglesia hab&iacute;a adquirido tanto de su naturaleza de misterio de comuni&oacute;n como de su intr&iacute;nseca responsabilidad misionera en el mundo.<\/p>\n<p> En la maduraci&oacute;n de esta conciencia, <i>el concilio ecum&eacute;nico Vaticano II marc&oacute; una etapa decisiva<\/i>. Con el Concilio, en la Iglesia lleg&oacute; verdaderamente <i>la hora del laicado<\/i>, y numerosos fieles laicos, hombres y mujeres, han comprendido con mayor claridad su vocaci&oacute;n cristiana, que, <i>por su misma naturaleza, es vocaci&oacute;n al apostolado<\/i> (cf. <i>Apostolicam actuositatem<\/i>, 2). Treinta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su conclusi&oacute;n, yo os digo:&nbsp; <i>es necesario volver al Concilio<\/i>. Hay que volver a leer los documentos del Vaticano II para redescubrir su gran riqueza de est&iacute;mulos doctrinales y pastorales.<\/p>\n<p> En particular, deb&eacute;is releer esos documentos <i>vosotros, laicos,<\/i> a quienes el Concilio abri&oacute; extraordinarias perspectivas de participaci&oacute;n y compromiso en la misi&oacute;n de la Iglesia. &iquest;No os record&oacute; el Concilio vuestra participaci&oacute;n en la funci&oacute;n sacerdotal, prof&eacute;tica y real de Cristo? Los padres conciliares os confiaron, de modo especial, la misi&oacute;n de &quot;buscar el reino de Dios ocup&aacute;ndoos de las realidades temporales y orden&aacute;ndolas seg&uacute;n Dios&quot; (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 31).<\/p>\n<p> Desde entonces se ha producido <i>un gran florecimiento de asociaciones, <\/i>en el que, adem&aacute;s de los grupos tradicionales, han surgido nuevos movimientos, asociaciones y comunidades (cf. <i>Christifideles laici<\/i>, 29). Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, <i>vuestro apostolado hoy es m&aacute;s indispensable que nunca <\/i>para que el Evangelio sea luz, sal y levadura de una nueva humanidad.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Pero &iquest;qu&eacute; implica esta misi&oacute;n? <i>&iquest;Qu&eacute; significa ser cristianos hoy, aqu&iacute; y ahora?<\/i><br \/> Ser cristianos jam&aacute;s ha sido f&aacute;cil, y tampoco lo es hoy. Seguir a Cristo exige valent&iacute;a para hacer opciones radicales, a menudo yendo contra corriente. &quot;&iexcl;Nosotros somos Cristo!&quot;, exclamaba san Agust&iacute;n. Los <i>m&aacute;rtires y los testigos de la fe de ayer y de hoy, entre los cuales se cuentan numerosos fieles laicos<\/i>, demuestran que, si es necesario, ni siquiera hay que dudar en dar la vida por Jesucristo.<\/p>\n<p> A este prop&oacute;sito, el jubileo invita a todos a un serio examen de conciencia y a una continua renovaci&oacute;n espiritual, para realizar una acci&oacute;n misionera cada vez m&aacute;s eficaz. Quisiera citar aqu&iacute; las palabras que, hace ya veinticinco a&ntilde;os, casi al t&eacute;rmino del A&ntilde;o santo de 1975, mi venerado predecesor, el Papa Pablo&nbsp;VI, escribi&oacute; en la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i>Evangelii nuntiandi<\/i>:&nbsp; &quot;El hombre contempor&aacute;neo escucha m&aacute;s a gusto a los testigos que a los maestros (&#8230;), o si escucha a los maestros es porque son testigos&quot; (n. 41).<\/p>\n<p> Esas palabras tienen validez tambi&eacute;n hoy para una humanidad rica en potencialidades y expectativas, pero amenazada por m&uacute;ltiples insidias y peligros. Basta pensar, entre otras cosas, en las conquistas sociales y en la revoluci&oacute;n en el campo gen&eacute;tico; en el progreso econ&oacute;mico y en el subdesarrollo existente en vastas &aacute;reas del planeta; en el drama del hambre en el mundo y en las dificultades existentes para tutelar la paz; en la extensa red de las comunicaciones y en los dramas de la soledad y de la violencia que registra la cr&oacute;nica diaria.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, como testigos de Cristo, est&aacute;is llamados, especialmente vosotros, a <i>llevar la luz del Evangelio a los sectores vitales de la sociedad<\/i>. Est&aacute;is &nbsp;llamados a ser profetas de la esperanza cristiana y ap&oacute;stoles de aquel &quot;que es y era y viene, el Omnipotente&quot; (<i>Ap<\/i> 1, 4).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;La santidad es el adorno de tu casa&quot; (<i>Sal<\/i> 92, 5). Con estas palabras nos hemos dirigido a Dios en el Salmo responsorial. <i>La santidad<\/i> sigue siendo para los creyentes <i>el mayor desaf&iacute;o.<\/i> Debemos estar agradecidos al concilio Vaticano II, que nos record&oacute; que <i>todos los cristianos est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana<\/i> y a la perfecci&oacute;n de la caridad.<br \/> Queridos hermanos, <i>no teng&aacute;is miedo de aceptar este desaf&iacute;o:&nbsp; ser hombres y mujeres santos<\/i>. No olvid&eacute;is que los frutos del apostolado dependen de la profundidad de la vida espiritual, de la intensidad de la oraci&oacute;n, de una formaci&oacute;n constante y de una adhesi&oacute;n sincera a las directrices de la Iglesia. Os repito hoy a vosotros lo que dije a los j&oacute;venes durante la reciente Jornada mundial de la juventud:&nbsp; si sois lo que deb&eacute;is ser, es decir, si viv&iacute;s el cristianismo sin componendas, podr&eacute;is incendiar el mundo.<\/p>\n<p> Os esperan tareas y metas que pueden pareceros desproporcionadas a las fuerzas humanas. No os desanim&eacute;is. &quot;El que comenz&oacute; entre vosotros la obra buena, la llevar&aacute; adelante&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 6). Mantened siempre fija la mirada en Jes&uacute;s. <i>Haced de&nbsp;&eacute;l el coraz&oacute;n del mundo<\/i>.<\/p>\n<p> Y t&uacute;, Mar&iacute;a, Madre del Redentor, su primera y perfecta disc&iacute;pula, ay&uacute;danos a ser sus testigos en el nuevo milenio. Haz que tu Hijo, Rey del universo y de la historia, reine en nuestra vida, en nuestras comunidades y en el mundo entero.<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Alabanza y honor a ti, oh Cristo!&quot;. Con tu cruz has redimido el mundo. Te encomendamos, al comienzo del nuevo milenio, nuestro compromiso de servir a este mundo que t&uacute; amas y que tambi&eacute;n nosotros amamos. Sostennos con la fuerza de tu gracia. Am&eacute;n.<br \/> <\/font><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DEL APOSTOLADO DE LOS LAICOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Domingo 26 de noviembre&nbsp; de 2000 Solemnidad de Cristo, Rey del universo 1.&nbsp;&quot;T&uacute; lo dices:&nbsp; soy Rey&quot; (Jn 18, 37). As&iacute; respondi&oacute; Jes&uacute;s a Pilato en un dram&aacute;tico di&aacute;logo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo. 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