{"id":40326,"date":"2016-10-05T23:41:54","date_gmt":"2016-10-06T04:41:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-diciembre-de-2000-jubileo-de-las-personas-discapacitadas-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:41:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:41:54","slug":"3-de-diciembre-de-2000-jubileo-de-las-personas-discapacitadas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-diciembre-de-2000-jubileo-de-las-personas-discapacitadas-2\/","title":{"rendered":"3 de diciembre de 2000, Jubileo de las personas discapacitadas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JUBILEO DE LAS PERSONAS DISCAPACITADAS<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Domingo 3 de diciembre de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><font face=\"Times\" size=\"3\"><i><\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberaci&oacute;n&quot;<\/i> (<i>Lc<\/i> 21, 28).<\/p>\n<p> San Lucas, en el texto evang&eacute;lico presentado a nuestra meditaci&oacute;n en este primer domingo de Adviento, destaca <i>el miedo que &nbsp;angustia a los hombres<\/i> frente a los fen&oacute;menos finales. Pero, en contraste, el evangelista presenta con mayor relieve <i>la perspectiva gozosa de la espera cristiana<\/i>:&nbsp; &quot;Entonces -dice- ver&aacute;n al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;21, 27). Este es el anuncio que da esperanza al coraz&oacute;n del creyente; el Se&ntilde;or vendr&aacute; &quot;con gran poder y majestad&quot;. Por eso, se invita a los disc&iacute;pulos a no tener miedo, sino a levantarse y alzar la cabeza, &quot;porque se acerca vuestra liberaci&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 28).<\/p>\n<p> Cada a&ntilde;o la liturgia nos vuelve a recordar, al comienzo del Adviento, esta &quot;buena nueva&quot;, que resuena con extraordinaria elocuencia en la Iglesia. Es la buena nueva de nuestra salvaci&oacute;n; es el anuncio de que el Se&ntilde;or est&aacute; cerca; m&aacute;s a&uacute;n, de que ya est&aacute; con nosotros.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, siento vibrar en el esp&iacute;ritu esta invitaci&oacute;n a la serenidad y a la esperanza sobre todo hoy, celebrando junto con vosotros el <i>jubileo de las personas discapacitadas<\/i>. Lo celebramos en el d&iacute;a dedicado a vosotros por la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas, que, precisamente hace veinticinco a&ntilde;os, public&oacute; la &quot;Declaraci&oacute;n sobre los derechos de la persona discapacitada&quot;.<\/p>\n<p> Os saludo con afecto, queridos amigos, que ten&eacute;is una o m&aacute;s formas de minusvalidez, y que hab&eacute;is querido venir a Roma para este encuentro de fe y fraternidad. Agradezco a vuestros representantes y al director de la C&aacute;ritas italiana las palabras que me han dirigido al comienzo de la santa misa.<br \/>Extiendo mi saludo cordial a todos los discapacitados, a sus familiares y a los voluntarios que, en este mismo d&iacute;a, celebran con sus pastores, en las diversas Iglesias particulares, su jubileo.<\/p>\n<p> En vuestro cuerpo y en vuestra vida, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, sois portadores de una fuerte esperanza de liberaci&oacute;n. &iquest;No implica esto una espera impl&iacute;cita de la &quot;liberaci&oacute;n&quot; que Cristo nos obtuvo con su muerte y su resurrecci&oacute;n? En efecto, toda persona marcada por una discapacidad f&iacute;sica o ps&iacute;quica vive una especie de &quot;adviento&quot; existencial, la espera de una &quot;liberaci&oacute;n&quot; que se manifestar&aacute; plenamente, para ella como para todos, s&oacute;lo al final de los tiempos. Sin la fe, esta espera puede transformarse en desilusi&oacute;n y desconsuelo; por el contrario, sostenida por la palabra de Cristo, se convierte en esperanza viva y activa.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar a todo lo que est&aacute; por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre&quot; (<i>Lc<\/i> 21, 36). La liturgia de hoy nos habla de la <i>segunda venida<\/i> del Se&ntilde;or; es decir, nos habla de la vuelta gloriosa de Cristo, que coincidir&aacute; con la que, con palabras sencillas, se llama &quot;el fin del mundo&quot;. Se trata de un acontecimiento misterioso que, en el lenguaje apocal&iacute;ptico, presenta por lo general la apariencia de un inmenso cataclismo. Al igual que el fin de la persona, es decir, la muerte, el fin del universo suscita angustia ante lo desconocido y temor al sufrimiento, adem&aacute;s de interrogantes turbadores sobre el m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p> El tiempo de Adviento, que empieza precisamente hoy, nos insta a prepararnos para acoger al Se&ntilde;or que vendr&aacute;. Pero &iquest;c&oacute;mo prepararnos? La significativa celebraci&oacute;n que estamos realizando nos muestra que un modo concreto para disponernos a ese encuentro es <i>la proximidad y la comuni&oacute;n con quienes, por cualquier motivo, se encuentran en dificultad<\/i>. Al reconocer a Cristo en el hermano, nos disponemos a que &eacute;l nos reconozca cuando vuelva definitivamente. As&iacute; la <i>comunidad cristiana se prepara para la segunda venida del Se&ntilde;or<\/i>:&nbsp; poniendo en el centro a las personas que Jes&uacute;s mismo ha privilegiado, las personas que la sociedad a menudo margina y no considera.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Esto es lo que hemos hecho hoy, reuni&eacute;ndonos en esta bas&iacute;lica para vivir la gracia y la alegr&iacute;a del jubileo junto con vosotros, que os encontr&aacute;is en condiciones de discapacidad, y con vuestras familias. Con este gesto queremos <i>hacer nuestras vuestras inquietudes y expectativas, vuestros dones y problemas<\/i>.<\/p>\n<p> En nombre de Cristo, la Iglesia se compromete a ser para vosotros cada vez m&aacute;s &quot;casa acogedora&quot;. Sabemos que el discapacitado -persona &uacute;nica e irrepetible en su dignidad igual e inviolable- no s&oacute;lo requiere atenci&oacute;n, sino ante todo amor que se transforme en reconocimiento, respeto e integraci&oacute;n:&nbsp; desde el nacimiento, pasando por la adolescencia y hasta la edad adulta y el momento delicado, vivido con conmoci&oacute;n por muchos padres, en que se separan de sus hijos, el momento del &quot;despu&eacute;s de nosotros&quot;. Queridos hermanos, queremos compartir vuestras pruebas y vuestros inevitables momentos de desaliento, para iluminarlos con la luz de la fe y con la esperanza de la solidaridad y del amor.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Con vuestra presencia, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, reafirm&aacute;is que <i>la minusvalidez no es s&oacute;lo necesidad, sino tambi&eacute;n y sobre todo impulso y est&iacute;mulo<\/i>. Ciertamente, es petici&oacute;n de ayuda, pero ante todo es desaf&iacute;o frente a los ego&iacute;smos individuales y colectivos; es invitaci&oacute;n a formas siempre nuevas de fraternidad. Con vuestra realidad, cuestion&aacute;is las concepciones de la vida vinculadas &uacute;nicamente a la satisfacci&oacute;n, la apariencia, la prisa y la eficiencia.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n la comunidad eclesial se pone respetuosamente a la escucha; siente <i>la necesidad de dejarse interpelar<\/i> por la vida de muchos de vosotros, marcados misteriosamente por el sufrimiento y por el malestar de enfermedades cong&eacute;nitas o adquiridas. Quiere estar <i>m&aacute;s cerca de vosotros y de vuestras familias<\/i>, consciente de que la falta de atenci&oacute;n agrava el sufrimiento y la soledad, mientras que la fe testimoniada mediante el amor y la gratuidad da fuerza y sentido a la vida.<\/p>\n<p> A cuantos tienen responsabilidades pol&iacute;ticas en todos los niveles, quisiera pedirles, en esta solemne circunstancia, que traten de asegurar condiciones de vida y oportunidades en las que <i>vuestra dignidad<\/i>, queridos hermanos y hermanas discapacitados, <i>sea reconocida y tutelada efectivamente. <\/i>En una sociedad rica en conocimientos cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos, es posible y obligatorio hacer mucho m&aacute;s, seg&uacute;n los diversos modos que exige la convivencia civil:&nbsp; en la investigaci&oacute;n biom&eacute;dica para prevenir la minusvalidez, en la atenci&oacute;n, en la asistencia, en la rehabilitaci&oacute;n y en la nueva integraci&oacute;n social.<\/p>\n<p> Se deben tutelar vuestros <i>derechos civiles, sociales y espirituales<\/i>; pero es m&aacute;s importante a&uacute;n salvaguardar las <i>relaciones humanas<\/i>:&nbsp; relaciones de ayuda, de amistad y de comuni&oacute;n. Por eso hay que promover formas de asistencia y rehabilitaci&oacute;n que tengan en cuenta la visi&oacute;n integral de la persona humana.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;Que el Se&ntilde;or os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos&quot; (<i>1 Ts<\/i> 3, 12).<br \/> San Pablo nos indica hoy <i>el camino de la caridad como camino real<\/i> para ir al encuentro del Se&ntilde;or que vendr&aacute;. Subraya que s&oacute;lo amando de modo sincero y desinteresado <i>podremos encontrarnos preparados<\/i> &quot;cuando Jes&uacute;s nuestro Se&ntilde;or vuelva acompa&ntilde;ado de todos sus santos&quot; (<i>1 Ts<\/i> 3, 13). Una vez m&aacute;s, el amor es el criterio decisivo, hoy y siempre.<\/p>\n<p> En la cruz, entreg&aacute;ndose a s&iacute; mismo como rescate por nosotros, Jes&uacute;s realiz&oacute; el juicio de la salvaci&oacute;n, revelando el designio de misericordia del Padre. &Eacute;l anticipa este juicio en el tiempo presente:&nbsp; al identificarse con &quot;el m&aacute;s peque&ntilde;o de los hermanos&quot;, Jes&uacute;s nos pide que lo acojamos y le sirvamos con amor. El &uacute;ltimo d&iacute;a nos dir&aacute;:&nbsp; &quot;Tuve hambre, y me diste de comer&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 25, 35), y nos preguntar&aacute; si hemos anunciado, vivido y testimoniado el evangelio de la caridad y de la vida.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;&iexcl;Cu&aacute;n elocuentes son hoy para nosotros estas palabras tuyas, Se&ntilde;or de la vida y de la esperanza! En ti todo l&iacute;mite humano se rescata y se redime. Gracias a ti, la minusvalidez no es la &uacute;ltima palabra de la existencia. <i>El amor es la &uacute;ltima palabra;<\/i> es tu amor lo que da sentido a la vida.<\/p>\n<p> Ay&uacute;danos a orientar nuestro coraz&oacute;n hacia ti; ay&uacute;danos a reconocer tu rostro que resplandece en toda criatura humana, aunque est&eacute; probada por la fatiga, la dificultad y el sufrimiento.<\/p>\n<p> Haz que comprendamos que &quot;la gloria de Dios es el hombre que vive&quot; (san Ireneo de Lyon<i>, Adv. haer.<\/i>, IV, 20, 7), y que un d&iacute;a podamos gustar, en la visi&oacute;n divina, junto con Mar&iacute;a, Madre de la humanidad, <i>la plenitud de la vida redimida por ti<\/i>. Am&eacute;n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LAS PERSONAS DISCAPACITADAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 3 de diciembre de 2000 1.&nbsp;&quot;Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberaci&oacute;n&quot; (Lc 21, 28). 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