{"id":40328,"date":"2016-10-05T23:41:56","date_gmt":"2016-10-06T04:41:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-militares-y-de-la-policia\/"},"modified":"2016-10-05T23:41:56","modified_gmt":"2016-10-06T04:41:56","slug":"19-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-militares-y-de-la-policia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-militares-y-de-la-policia\/","title":{"rendered":"19 de noviembre de 2000, Jubileo de los militares y de la polic\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JUBILEO DE LOS MILITARES Y POLIC&Iacute;AS<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Domingo 19 de noviembre de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;<i>Entonces ver&aacute;n al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad<\/i>&quot; (<i>Mc<\/i> 13, 26).<\/p>\n<p> En este pen&uacute;ltimo domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos habla de la <i>segunda venida de Cristo<\/i>. El Se&ntilde;or vendr&aacute; sobre las nubes revestido de majestad y poder. Es el mismo Hijo del hombre, misericordioso y compasivo, que los disc&iacute;pulos conocieron durante su itinerario terreno. Cuando llegue el momento de su manifestaci&oacute;n gloriosa, vendr&aacute; a consumar definitivamente la historia humana.<\/p>\n<p> A trav&eacute;s del simbolismo de fen&oacute;menos c&oacute;smicos, el evangelista san Marcos recuerda que Dios pronunciar&aacute;, en el Hijo, <i>su juicio sobre la historia de los hombres<\/i>, poniendo fin a un universo corrompido por la mentira y desgarrado por la violencia y la injusticia.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Amad&iacute;simos militares y miembros de las fuerzas de polic&iacute;a, muchachos y muchachas, &iquest;qui&eacute;n mejor que vosotros puede <i>dar testimonio sobre la violencia<\/i> y las fuerzas disgregadoras del mal presentes en el mundo? Vosotros luch&aacute;is a diario contra ellas. En efecto, est&aacute;is llamados a defender a los d&eacute;biles, proteger a los honrados y favorecer la convivencia pac&iacute;fica de los pueblos. Cada uno de vosotros tiene <i>la misi&oacute;n de centinela<\/i>, que mira a lo lejos para evitar el peligro y promover por doquier la justicia y la paz.<\/p>\n<p> Os saludo a todos con gran afecto, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, que hab&eacute;is venido a Roma desde todos los rincones de la tierra para celebrar vuestro jubileo especial. Sois los representantes de ej&eacute;rcitos que se han enfrentado a lo largo de la historia. Hoy os dais cita ante la tumba del ap&oacute;stol san Pedro <i>para celebrar a Cristo, &quot;nuestra paz<\/i>, que de dos pueblos hizo uno solo, derribando el muro que los separaba:&nbsp; el odio&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 14). A &eacute;l, presente misteriosa y realmente en el Eucarist&iacute;a, hab&eacute;is venido a ofrecerle vuestros prop&oacute;sitos y vuestro compromiso diario de constructores de paz.<\/p>\n<p> A cada uno de vosotros expreso mi profundo aprecio por su entrega y su generoso compromiso.<br \/>Dirijo, con fraterna estima, mi saludo ante todo a monse&ntilde;or Jos&eacute; Manuel Estepa Llaurens, que ha interpretado vuestros sentimientos comunes. Mi saludo se extiende a los amad&iacute;simos arzobispos y obispos ordinarios militares, con quienes me congratulo por la entrega con que cumplen su misi&oacute;n pastoral entre vosotros. Saludo, asimismo, a los capellanes militares, que comparten generosamente los ideales y el esfuerzo de vuestra ardua actividad diaria. Tambi&eacute;n saludo cordialmente a los oficiales de las Fuerzas armadas, a los jefes de las Fuerzas de polic&iacute;a y a los responsables de los diversos organismos de seguridad, as&iacute; como a las autoridades civiles, que han querido compartir la alegr&iacute;a y la gracia de esta solemne celebraci&oacute;n jubilar.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Vuestra experiencia diaria os lleva a afrontar <i>situaciones dif&iacute;ciles y, a veces, dram&aacute;ticas<\/i>, que ponen en peligro las seguridades humanas. Pero el Evangelio nos consuela, present&aacute;ndonos la figura victoriosa de <i>Cristo, juez de la historia<\/i>. &Eacute;l, con su presencia, ilumina la oscuridad e incluso la desesperaci&oacute;n del hombre, y da a quien conf&iacute;a en &eacute;l la certeza consoladora de su asistencia constante.<\/p>\n<p> En el Evangelio que acabamos de proclamar hemos escuchado una significativa referencia a la higuera que, con los primeros brotes de sus ramas, anuncia que la primavera est&aacute; cerca. Con estas palabras, Jes&uacute;s anima a los Ap&oacute;stoles a no rendirse frente a las dificultades y las incertidumbres del tiempo presente. M&aacute;s bien, los exhorta a <i>saber esperar<\/i> y a <i>prepararse<\/i> para acogerlo cuando vuelva. Tambi&eacute;n a vosotros, queridos hermanos y hermanas, hoy la liturgia os invita a escrutar los &quot;signos de los tiempos&quot;, como dec&iacute;a mi venerado predecesor el Papa Juan XXIII, recientemente proclamado beato.<\/p>\n<p> Por m&aacute;s complejas y problem&aacute;ticas que sean las situaciones, no perd&aacute;is la confianza. <i>En el coraz&oacute;n del hombre jam&aacute;s debe morir el germen de la esperanza<\/i>. M&aacute;s bien, estad siempre atentos a descubrir y fomentar todo signo positivo de renovaci&oacute;n personal y social. Estad dispuestos a favorecer con todos los medios la valiente construcci&oacute;n de la justicia y de la paz.<\/p>\n<p> 4.<i>&nbsp;La paz es un derecho fundamental de todo hombre<\/i>, que es preciso promover continuamente, teniendo en cuenta que &quot;en la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza, y les amenazar&aacute; hasta la venida de Cristo, el peligro de la guerra&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>,&nbsp;78). A veces esta tarea, como ha demostrado tambi&eacute;n la experiencia reciente, requiere iniciativas concretas para desarmar al agresor. Quiero referirme aqu&iacute; a la as&iacute; llamada &quot;injerencia humanitaria&quot;, que, despu&eacute;s del fracaso de los esfuerzos de la pol&iacute;tica y &nbsp;de los medios de defensa no violentos, representa el &uacute;ltimo recurso para detener la mano del agresor injusto.<\/p>\n<p> Queridos hermanos, gracias por vuestra valiente labor de pacificaci&oacute;n en pa&iacute;ses devastados por guerras absurdas; gracias por la ayuda que prest&aacute;is, sin preocuparos por los riesgos que ello implica, a poblaciones afectadas por calamidades naturales. &iexcl;Cu&aacute;n numerosas son <i>las misiones humanitarias<\/i> que hab&eacute;is llevado a cabo durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os! Al cumplir vuestro dif&iacute;cil deber, os expon&eacute;is a menudo a peligros y grandes sacrificios. En todas vuestras intervenciones mostrad siempre vuestra verdadera vocaci&oacute;n de &quot;servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos&quot;, que &quot;contribuyen realmente al establecimiento de la paz&quot;, seg&uacute;n la feliz expresi&oacute;n del concilio Vaticano II (<i>Gaudium et spes<\/i>, 79).<\/p>\n<p> Sed <i>hombres y mujeres de paz<\/i>. Y, para poder serlo plenamente, acoged en vuestro coraz&oacute;n a Cristo, autor y garante de la paz verdadera. &Eacute;l os dar&aacute; la fortaleza evang&eacute;lica con la que se puede vencer las atractivas tentaciones de la violencia. Os ayudar&aacute; a poner la fuerza al servicio de los grandes valores de la vida, la justicia, el perd&oacute;n y la libertad.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Quisiera aqu&iacute; <i>rendir homenaje a tantos amigos vuestros que han pagado con su vida la fidelidad a su misi&oacute;n<\/i>. Olvid&aacute;ndose de s&iacute; mismos, desafiando el peligro, han prestado a la comunidad un servicio inestimable. Y hoy, durante la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, <i>los encomendamos al Se&ntilde;or<\/i> con gratitud y admiraci&oacute;n.<\/p>\n<p> Pero &iquest;de d&oacute;nde han sacado la fuerza necesaria para cumplir a fondo su misi&oacute;n, sino de su <i>adhesi&oacute;n total a los ideales profesados<\/i>? Muchos de ellos cre&iacute;an en Cristo, y su palabra ilumin&oacute; su existencia y dio valor ejemplar a su sacrificio. Tomaron el Evangelio como su c&oacute;digo de conducta. Que os aliente el ejemplo de esos compa&ntilde;eros vuestros que, cumpliendo fielmente su deber, alcanzaron la cumbre del hero&iacute;smo y, a veces, de la santidad.<\/p>\n<p> Como ellos, tambi&eacute;n vosotros contemplad a Cristo, que os llama &quot;a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n de la caridad&quot;. Os llama a ser santos. Y, para realizar vuestra vocaci&oacute;n, seg&uacute;n la conocida expresi&oacute;n del ap&oacute;stol san Pablo, &quot;tomad las armas de Dios. (&#8230;) Estad firmes, abrochaos el cintur&oacute;n de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar la noticia de la paz. (&#8230;) Tened embrazado el escudo de la fe. (&#8230;) Tomad por casco la salvaci&oacute;n y por espada la del Esp&iacute;ritu, toda palabra de Dios&quot; (<i>Ef<\/i> 6, 13-17). Sobre todo, &quot;orad constantemente&quot; (<i>Ef<\/i> 6, 18).<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, la <i>Virgo Fidelis<\/i>, os sostenga y ayude en vuestra ardua actividad. <i>Que vuestro coraz&oacute;n no se turbe jam&aacute;s<\/i>; al contrario, que est&eacute; siempre pronto, vigilante y arraigado firmemente en la promesa de Jes&uacute;s, que en el evangelio de hoy nos&nbsp;ha asegurado su&nbsp;ayuda y&nbsp;su protecci&oacute;n:&nbsp; &quot;El cielo y la tierra pasar&aacute;n, pero mis palabras&nbsp;no pasar&aacute;n&quot; (<i>Mc<\/i>&nbsp;13,&nbsp;31).<\/p>\n<p> Invocando a Cristo, seguid cumpliendo con generosidad vuestro deber. Innumerables personas os contemplan y conf&iacute;an en vosotros, con la esperanza de poder disfrutar de una vida marcada por la serenidad, el orden y la paz. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LOS MILITARES Y POLIC&Iacute;AS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 19 de noviembre de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Entonces ver&aacute;n al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad&quot; (Mc 13, 26). En este pen&uacute;ltimo domingo del tiempo ordinario, la liturgia nos habla de la segunda venida de Cristo. 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