{"id":40336,"date":"2016-10-05T23:42:03","date_gmt":"2016-10-06T04:42:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-gobernantes-parlamentarios-y-politicos\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:03","slug":"5-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-gobernantes-parlamentarios-y-politicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-noviembre-de-2000-jubileo-de-los-gobernantes-parlamentarios-y-politicos\/","title":{"rendered":"5 de noviembre de 2000, Jubileo de los Gobernantes, Parlamentarios y Pol\u00edticos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><b><font size=\"4\" color=\"#663300\">JUBILEO DE LOS GOBERNANTES, <br \/>PARLAMENTARIOS Y POL&Iacute;TICOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"ES-TRAD\" style=\"mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA\"><i>Domingo, 5 de noviembre de 2000<\/i><\/span><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">1. <i>&quot;&iexcl;Escucha, Israel!&quot;<\/i> (<i>Dt<\/i> 6,3.4) <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">La palabra de Dios, solemne y al mismo tiempo afectuosa, nos ha dirigido, hace un momento, la invitaci&oacute;n a &quot;<i>escuchar<\/i>&quot;. A escuchar &quot;<i>hoy<\/i>&quot;, &quot;<i>ahora<\/i>&quot;; y a hacerlo no individualmente o privadamente, sino <i>juntos<\/i>: &quot;&iexcl;Escucha, Israel!&quot;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Esta apelaci&oacute;n os afecta esta ma&ntilde;ana de modo particular, Gobernantes, Parlamentarios, Pol&iacute;ticos, Administradores, llegados a Roma para celebrar vuestro Jubileo. Saludo a todos cordialmente, especialmente a los Jefes de Estado presentes entre nosotros. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">En la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica se actualiza, aqu&iacute; y ahora, el acontecimiento de la Alianza con Dios. &iquest;Qu&eacute; respuesta espera Dios de nosotros?. La indicaci&oacute;n recibida ahora mismo en la proclamaci&oacute;n del texto b&iacute;blico es apremiante: es preciso ante todo <i>ponerse a la escucha<\/i>. No una escucha pasiva y desentendida. Los Israelitas comprendieron bien que Dios esperaba de ellos una respuesta activa y responsable. Por esto prometieron a Mois&eacute;s: &quot;Nos dir&aacute;s todo lo que el Se&ntilde;or nuestro Dios te haya dicho y nosotros lo escucharemos y lo pondremos en pr&aacute;ctica&quot; (<i>Dt<\/i> 5,27). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Al asumir este compromiso, sab&iacute;an lo que ten&iacute;an que hacer con un Dios del cual pod&iacute;an fiarse. Dios amaba a su pueblo y quer&iacute;a su felicidad. En cambio, <i>&Eacute;l ped&iacute;a el amor.<\/i> En el <i>&quot;Shema Israel&quot;<\/i>, que hemos o&iacute;do en la primera Lectura, junto a la petici&oacute;n de fe en el &uacute;nico Dios, se manifiesta <i>el mandamiento fundamental<\/i>, el del amor a &Eacute;l: &quot;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas&quot; (<i>DT<\/i> 6,5). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">2. La relaci&oacute;n del hombre con Dios no es una relaci&oacute;n de temor, de esclavitud o de opresi&oacute;n; al contrario, es una relaci&oacute;n de serena confianza, que brota de una libre elecci&oacute;n motivada por el amor. El amor que Dios espera de su pueblo es la respuesta a aquel amor fiel y diligente que &Eacute;l le ha manifestado primeramente a trav&eacute;s de las distintas etapas de la historia de la salvaci&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Precisamente por esto los <i>Mandamientos<\/i>, antes que como un c&oacute;digo legal y una regulaci&oacute;n jur&iacute;dica, han sido comprendidos por el pueblo elegido <i>como un acontecimiento de gracia<\/i>, como signo de la privilegiada y exclusiva pertenencia al Se&ntilde;or. Es significativo que Israel no hable nunca de la ley como de un fardo, de una imposici&oacute;n, sino como de un don y de un favor, &quot;Felices nosotros, Israel, -exclama el profeta-, porque lo que agrada a Dios nos ha sido revelado&quot; (<i>BAR<\/i> 4,4). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">El pueblo sabe que el Dec&aacute;logo es un compromiso obligatorio, pero sabe tambi&eacute;n que es <i>la condici&oacute;n para la vida<\/i>: Mira, dice el Se&ntilde;or, yo pongo ante ti la vida y la muerte, es decir el bien y el mal; te prescribo cumplir mis mandamientos, <i>para que tengas vida <\/i>(cfr <i>Dt<\/i> 30,15). Con su Ley Dios no quiere coartar la voluntad del hombre, sino liberarlo de todo aquello que puede comprometer su aut&eacute;ntica dignidad y plena realizaci&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">3. Me he detenido, ilustres Gobernantes, Parlamentarios y Pol&iacute;ticos, a reflexionar <i>sobre el sentido y sobre el valor de la Ley divina,<\/i> porque &eacute;ste es un argumento que os toca de cerca. &iquest;No es quiz&aacute;s, vuestra tarea cotidiana, la de elaborar leyes justas y hacerlas aprobar y aplicarlas?. Al hacer esto est&aacute;is convencidos de rendir un importante servicio al hombre, a la sociedad, a la libertad misma. Y justamente. La ley humana en efecto, si es justa, no est&aacute; nunca <i>contra<\/i>, sino <i>al servicio<\/i> de la libertad. Esto lo hab&iacute;a intuido ya el sabio pagano, cuando sentenciaba: <i>&quot;Legum servi sumus, ut liberi esse possimus&quot;<\/i>&#8211; &quot;Somos siervos de la ley, para poder ser libres&quot; (Cic.,<i> De legibus<\/i>, II,13). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">La libertad a la que hace referencia Cicer&oacute;n, todav&iacute;a, se sit&uacute;a principalmente al nivel de las relaciones externas entre los ciudadanos. Como tal, esa corre el peligro de reducirse a un equilibrio congruente de intereses respectivos, y tal vez de ego&iacute;smos contrapuestos. La libertad a la que hace referencia la palabra de Dios, al contrario, <i>se enra&iacute;za en el coraz&oacute;n del hombre<\/i>, un coraz&oacute;n que Dios puede liberar del ego&iacute;smo, haci&eacute;ndolo capaz de abrirse al amor desinteresado. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">No en vano, en la p&aacute;gina evang&eacute;lica escuchada anteriormente, al escriba que le pregunta cu&aacute;l es el primero de todos los mandamientos, Jes&uacute;s le responde citando el <i>&quot;Shema&quot;<\/i>: &quot;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu mente, con toda tu fuerza&quot; (<i>Mt<\/i> 12,30). El acento est&aacute; puesto en el &quot;todo&quot;: el amor de Dios no puede m&aacute;s que ser &quot;total&quot;. Pero s&oacute;lo Dios tiene la facultad de purificar el coraz&oacute;n humano del ego&iacute;smo y &laquo;liberarlo&raquo; para dotarlo con plena capacidad de amar. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Un hombre con el coraz&oacute;n as&iacute; &laquo;enriquecido&raquo; puede abrirse al hermano y hacerse cargo de &eacute;l con la misma solicitud con la que se preocupa de s&iacute; mismo. Por esto Jes&uacute;s a&ntilde;ade: &quot;El segundo (mandamiento) es este: Amar&aacute;s al pr&oacute;jimo como a ti mismo&quot; (<i>Mc<\/i> 12,31). Quien ama a Dios con todo el coraz&oacute;n y lo reconoce como &laquo;&uacute;nico Dios&raquo;, y por tanto como Padre de todos, no puede ver a cuantos se encuentran en su camino m&aacute;s que como otros hermanos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">4. <i>Amar al pr&oacute;jimo como a s&iacute; mismo<\/i>. Estas palabras encuentran seguramente eco en vuestras almas, queridos Gobernantes, Parlamentarios, Pol&iacute;ticos y Administradores. Os plantean hoy a cada uno, con ocasi&oacute;n de vuestro Jubileo, una cuesti&oacute;n central: &iquest;de qu&eacute; manera, en vuestro delicado y comprometido servicio al estado y a los ciudadanos, pod&eacute;is dar cumplimiento a este mandamiento?. La respuesta es clara: <i>viviendo el compromiso pol&iacute;tico como un servicio<\/i>. &iexcl;Perspectiva tan obvia como exigente!. Esa no puede, en efecto, reducirse a una reafirmaci&oacute;n gen&eacute;rica de principios o a la declaraci&oacute;n de buenas intenciones. El servicio pol&iacute;tico pasa a trav&eacute;s de un diligente y cotidiano compromiso, que exige una gran competencia en el desarrollo del propio deber y <i>una moralidad a toda prueba<\/i> en la gesti&oacute;n desinteresada y transparente del poder. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Por otra parte, la coherencia personal del pol&iacute;tico ha de expresarse tambi&eacute;n en una <i>correcta concepci&oacute;n de la vida social y pol&iacute;tica <\/i>a la que &eacute;l est&aacute; llamado a servir. Bajo este punto de vista, un pol&iacute;tico cristiano no puede dejar de hacer constante referencia a aquellos principios que la <i>doctrina social de la Iglesia<\/i> ha desarrollado a lo largo de tiempo. Esos, como es sabido, no constituyen una &quot;ideolog&iacute;a&quot; y menos un &quot;programa pol&iacute;tico&quot;, sino que ofrecen las l&iacute;neas fundamentales para una comprensi&oacute;n del hombre y de la sociedad a la luz de la ley &eacute;tica universal presente en el coraz&oacute;n de todo hombre e iluminada por la revelaci&oacute;n evang&eacute;lica (cfr <i>Sollicitudo rei socialis<\/i>, 41). A vosotros corresponde, queridos Hermanos y Hermanas comprometidos en pol&iacute;tica, haceros int&eacute;rpretes convencidos y activos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Ciertamente, en la aplicaci&oacute;n de estos principios a la compleja realidad pol&iacute;tica, ser&aacute; frecuentemente inevitable encontrarse con &aacute;mbitos, problemas y circunstancias que pueden dar leg&iacute;timamente lugar a diversas valoraciones concretas. Al mismo tiempo, sin embargo, no se puede justificar un pragmatismo que, tambi&eacute;n respecto a los valores esenciales y b&aacute;sicos de la vida social, reduzca la pol&iacute;tica a pura mediaci&oacute;n de los intereses o, a&uacute;n peor, a una cuesti&oacute;n de demagogia o de c&aacute;lculos electorales. Si el derecho no puede y no debe cubrir todo el &aacute;mbito de la ley moral, se debe tambi&eacute;n recordar que no puede ir &quot;contra&quot; la ley moral. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">5. Esto adquiere particular relieve en esta fase de transformaciones intensas, que ve surgir <i>una nueva dimensi&oacute;n de la pol&iacute;tica<\/i>. El declive de las ideolog&iacute;as se acompa&ntilde;a de una crisis de formaciones partidistas, que reta a comprender de modo nuevo la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y el papel de las instituciones. Es necesario <i>redescubrir el sentido de la participaci&oacute;n<\/i>, implicando en mayor medida a los ciudadanos en la b&uacute;squeda de v&iacute;as oportunas para avanzar hacia una realizaci&oacute;n siempre m&aacute;s satisfactoria del bien com&uacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">En tal tarea el cristiano evitar&aacute; ceder a la tentaci&oacute;n de la oposici&oacute;n violenta, fuente, a menudo, de grandes sufrimientos para la comunidad. <i>El di&aacute;logo se presenta siempre como instrumento insustituible<\/i> de toda confrontaci&oacute;n constructiva, sea en las relaciones internas de los Estados como en las internacionales. &iquest;Y qui&eacute;n podr&aacute; asumir esta &laquo;tarea&raquo; del di&aacute;logo mejor que el pol&iacute;tico cristiano, que cada d&iacute;a debe confrontarse con aquello que Cristo ha denominado como &laquo;el primero&raquo; de los mandamientos, el mandamiento del amor?. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">6. Ilustres Gobernantes, Parlamentarios, Pol&iacute;ticos, Administradores, son numerosas y exigentes las tareas que esperan, al comienzo del nuevo siglo y del nuevo milenio, a los responsables de la vida p&uacute;blica. Precisamente pensando en esto, en el contexto del Gran Jubileo, he querido, como sab&eacute;is, ofreceros la protecci&oacute;n de un <i>Patrono<\/i> especial: el santo m&aacute;rtir <i>Tom&aacute;s Moro.<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Su figura es verdaderamente ejemplar para quienquiera que est&eacute; llamado a servir al hombre y a la sociedad en el &aacute;mbito civil y pol&iacute;tico. Su elocuente testimonio es m&aacute;s que nunca actual en un momento hist&oacute;rico que presenta retos cruciales para la conciencia de quien tiene la responsabilidad directa en la gesti&oacute;n p&uacute;blica. Como estadista, &eacute;l se puso siempre <i>al servicio de la persona,<\/i> especialmente del d&eacute;bil y del pobre; los honores y las riquezas no hicieron mella en &eacute;l, guiado como estaba de un distinguido sentido de la equidad. Sobre todo, &eacute;l no acept&oacute; nunca ir contra la propia conciencia, llegando hasta el sacrificio supremo con tal de no deso&iacute;r su voz. &iexcl;Invocadlo, seguidlo, imitadlo!. Su intercesi&oacute;n no os faltar&aacute; para obtener, tambi&eacute;n en las situaciones m&aacute;s arduas, fortaleza, buen humor, paciencia y perseverancia. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font size=\"3\">Es el auxilio que queremos corroborar con la fuerza del sacrificio eucar&iacute;stico, en el cual una vez m&aacute;s Cristo se hace alimento y orientaci&oacute;n para nuestra vida. Que el Se&ntilde;or os conceda ser pol&iacute;ticos seg&uacute;n su Coraz&oacute;n, imitadores de San Tom&aacute;s Moro, testigo valiente de Cristo e &iacute;ntegro servidor del Estado.<br \/> <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LOS GOBERNANTES, PARLAMENTARIOS Y POL&Iacute;TICOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo, 5 de noviembre de 2000 &nbsp; 1. &quot;&iexcl;Escucha, Israel!&quot; (Dt 6,3.4) La palabra de Dios, solemne y al mismo tiempo afectuosa, nos ha dirigido, hace un momento, la invitaci&oacute;n a &quot;escuchar&quot;. 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