{"id":40339,"date":"2016-10-05T23:42:06","date_gmt":"2016-10-06T04:42:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-octubre-de-2000-jubileo-de-los-deportistas\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:06","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:06","slug":"29-de-octubre-de-2000-jubileo-de-los-deportistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-octubre-de-2000-jubileo-de-los-deportistas\/","title":{"rendered":"29 de octubre de 2000, Jubileo de los deportistas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JUBILEO DE LOS DEPORTISTAS<\/font><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p><center><br \/>\n <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;<br \/> <\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/> Domingo 29 de octubre de 2000 <br \/> <\/font> <\/i><br \/>\n<\/center><br \/>\n<font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1.&nbsp;<i>&quot;Ya sab&eacute;is que en el estadio todos los atletas corren, aunque uno solo se lleva el premio. Corred as&iacute;:&nbsp; para ganar&quot;<\/i> (<i>1 Co<\/i> 9, 24).<\/p>\n<p>En Corinto, a donde san Pablo hab&iacute;a llevado el anuncio del Evangelio, hab&iacute;a un estadio muy importante, en el que se disputaban los &quot;juegos &iacute;stmicos&quot;. Por eso, muy oportunamente el Ap&oacute;stol, para estimular a los cristianos de aquella ciudad a comprometerse a fondo en la &quot;carrera&quot; de la vida, alude a las competiciones atl&eacute;ticas. En el estadio -dice- todos corren, aunque s&oacute;lo uno gana:&nbsp; corred as&iacute; tambi&eacute;n vosotros&#8230; Mediante la met&aacute;fora de una sana competici&oacute;n deportiva, pone de relieve el valor de la vida, compar&aacute;ndola con una carrera hacia una meta no s&oacute;lo terrena y pasajera, sino tambi&eacute;n eterna. Una carrera en la que todos, y no s&oacute;lo uno, pueden ganar.<\/p>\n<p>Escuchamos hoy estas palabras del Ap&oacute;stol, reunidos en este estadio Ol&iacute;mpico de Roma, que una vez m&aacute;s se transforma en un gran templo al aire libre, como sucedi&oacute; con ocasi&oacute;n del Jubileo internacional de los deportistas, en 1984, A&ntilde;o santo de la Redenci&oacute;n. Entonces, como hoy, es Cristo, &uacute;nico Redentor del hombre, quien nos acoge y con su palabra de salvaci&oacute;n ilumina nuestro camino.<\/p>\n<p>A todos vosotros, amad&iacute;simos atletas y deportistas de todo el mundo, que celebr&aacute;is vuestro jubileo, dirijo mi afectuoso saludo. Expreso mi gratitud m&aacute;s cordial a los responsables de los organismos deportivos internacionales e italianos, y a todos los que han colaborado en la organizaci&oacute;n de esta cita singular con el mundo del deporte y con sus diversas secciones.<\/p>\n<p>Agradezco las palabras que me ha dirigido el presidente del Comit&eacute; ol&iacute;mpico internacional, se&ntilde;or Juan Antonio Samaranch, y el presidente del Comit&eacute; ol&iacute;mpico nacional italiano, se&ntilde;or Giovanni Petrucci, as&iacute; como el se&ntilde;or Antonio Rossi, medalla de oro en Sydney y en Atlanta, que ha interpretado los sentimientos de todos vosotros, amad&iacute;simos atletas. Al veros reunidos con gran orden en este estadio, me vienen a la memoria muchos recuerdos de mi vida relacionados con experiencias deportivas. Queridos amigos, gracias por vuestra presencia y, sobre todo, gracias por el entusiasmo con que est&aacute;is viviendo esta cita jubilar.<\/p>\n<p>2.&nbsp;Con esta celebraci&oacute;n el mundo del deporte se une, como un grandioso coro, para expresar con la oraci&oacute;n, el canto, el juego y el movimiento un himno de alabanza y acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or. Es la ocasi&oacute;n propicia para <i>dar gracias a Dios por el don del deporte<\/i>, con el que el hombre ejercita su cuerpo, su inteligencia y su voluntad, reconociendo que estas capacidades son dones de su Creador.<\/p>\n<p><i>Gran importancia cobra hoy la pr&aacute;ctica del deporte<\/i>, porque puede favorecer en los j&oacute;venes la afirmaci&oacute;n de valores importantes como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la comuni&oacute;n y la solidaridad. Precisamente por eso, durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os ha ido desarroll&aacute;ndose cada vez m&aacute;s como uno de los fen&oacute;menos t&iacute;picos de la modernidad, casi como un &quot;signo de los tiempos&quot; capaz de interpretar nuevas exigencias y nuevas expectativas de la humanidad. El deporte se ha difundido en todos los rincones del mundo, superando la diversidad de culturas y naciones.<\/p>\n<p>A causa de la dimensi&oacute;n planetaria que ha adquirido esta actividad, es grande <i>la responsabilidad de los deportistas en el mundo<\/i>. Est&aacute;n llamados a convertir el deporte en ocasi&oacute;n de encuentro y de di&aacute;logo, superando cualquier barrera de lengua, raza y cultura. En efecto, el deporte puede dar una valiosa aportaci&oacute;n al entendimiento pac&iacute;fico entre los pueblos y contribuir a que se consolide en el mundo la nueva civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p>3.&nbsp;El gran jubileo del a&ntilde;o 2000 invita a todos y a cada uno a emprender un serio camino de reflexi&oacute;n y conversi&oacute;n. &iquest;Puede el mundo del deporte eximirse de este providencial dinamismo espiritual? No. Al contrario, precisamente la importancia que el deporte tiene hoy invita a cuantos participan en &eacute;l a aprovechar esta oportunidad para hacer un <i>examen de conciencia<\/i>. Es importante constatar y promover los numerosos aspectos positivos del deporte, pero tambi&eacute;n es necesario captar las diferentes situaciones negativas en las que puede caer.<\/p>\n<p>Las potencialidades educativas y espirituales del deporte deben llevar a que los creyentes y los hombres de buena voluntad <i>se unan y contribuyan a superar cualquier desviaci&oacute;n <\/i>que pudiera producirse en &eacute;l, consider&aacute;ndola un fen&oacute;meno contrario al desarrollo pleno de la persona y a su alegr&iacute;a de vivir. Hay que proteger con esmero el cuerpo humano de cualquier atentado contra su integridad y de toda forma de explotaci&oacute;n e idolatr&iacute;a.<\/p>\n<p>Es preciso estar dispuestos a pedir perd&oacute;n por lo que en el mundo del deporte se ha hecho o se ha omitido, en contraste con los grandes compromisos asumidos en el jubileo anterior. Estos compromisos ser&aacute;n reafirmados en el &quot;Manifiesto del deporte&quot;, que se presentar&aacute; dentro de poco. Quiera Dios que esta verificaci&oacute;n ofrezca a todos -directivos, t&eacute;cnicos y atletas- la ocasi&oacute;n de encontrar un nuevo impulso creativo y estimulante, para que el deporte responda, sin desnaturalizarse, a las exigencias de nuestro tiempo:&nbsp; un deporte que tutele a los d&eacute;biles y no excluya a nadie, libere a los j&oacute;venes del riesgo de la apat&iacute;a y de la indiferencia, y suscite en ellos un sano esp&iacute;ritu de competici&oacute;n; un deporte que sea factor de emancipaci&oacute;n de los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a construir un mundo m&aacute;s fraterno y solidario; un deporte que contribuya a hacer que se ame la vida y que eduque para el sacrificio, el respeto y la responsabilidad, llevando a una plena valorizaci&oacute;n de toda persona humana.<\/p>\n<p>4.&nbsp;&quot;Los que sembraban con l&aacute;grimas cosechan entre cantares&quot; (<i>Sal<\/i> 125, 5). El Salmo responsorial nos ha recordado que <i>para tener &eacute;xito en la vida es preciso perseverar en el esfuerzo.<\/i> Quien practica el deporte lo sabe muy bien:&nbsp; s&oacute;lo a costa de duros entrenamientos se obtienen resultados significativos. Por eso el deportista est&aacute; de acuerdo con el salmista cuando afirma que el esfuerzo realizado en la siembra halla su recompensa en la alegr&iacute;a de la cosecha:&nbsp; &quot;Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas&quot; (<i>Sal<\/i> 125, 6).<\/p>\n<p>En las recientes Olimp&iacute;adas de Sydney hemos admirado las haza&ntilde;as de grandes atletas, que, para alcanzar esos resultados, se sacrificaron durante a&ntilde;os, d&iacute;a a d&iacute;a. Esta es <i>la l&oacute;gica del deporte<\/i>, especialmente del deporte ol&iacute;mpico; y es tambi&eacute;n <i>la l&oacute;gica de la vida<\/i>:&nbsp; sin sacrificio no se obtienen resultados importantes,&nbsp;y tampoco aut&eacute;nticas satisfacciones.<\/p>\n<p>Nos lo ha recordado una vez m&aacute;s el ap&oacute;stol san Pablo:&nbsp; &quot;Los atletas se privan de todo; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita&quot; (<i>1 Co<\/i> 9, 25). Todo cristiano est&aacute; llamado a convertirse en un buen <i>atleta de Cristo<\/i>, es decir, en un testigo fiel y valiente de su Evangelio. Pero para lograrlo, es necesario que persevere en la oraci&oacute;n, se entrene en la virtud y siga en todo al divino Maestro.<\/p>\n<p>En efecto, <i>&eacute;l es el verdadero atleta de Dios<\/i>; Cristo es el hombre &quot;m&aacute;s fuerte&quot; (cf. <i>Mc<\/i> 1, 7), que por nosotros afront&oacute; y venci&oacute; al &quot;adversario&quot;, Satan&aacute;s, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, inaugurando el reino de Dios. &Eacute;l nos ense&ntilde;a que para entrar en la gloria es necesario pasar a trav&eacute;s de la pasi&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 24, 26 y 46), y nos precedi&oacute; por este camino, para que sigamos sus pasos.<\/p>\n<p>Que el gran jubileo nos ayude a afianzarnos y fortalecernos para afrontar los desaf&iacute;os que nos esperan en esta alba del tercer milenio.<\/p>\n<p>5.&nbsp;<i>&quot;&iexcl;Jes&uacute;s, Hijo de David, ten compasi&oacute;n de m&iacute;!&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 10, 47).<\/p>\n<p>Estas son las palabras del ciego de Jeric&oacute; en el episodio narrado en la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acabamos de proclamar. Ojal&aacute; que las hagamos nuestras:&nbsp; &quot;&iexcl;Jes&uacute;s, Hijo de David, ten compasi&oacute;n de m&iacute;!&quot;.<\/p>\n<p>Fijamos, oh Cristo, nuestra mirada en ti, que ofreces a todo hombre la plenitud de la vida. Se&ntilde;or, t&uacute; curas y fortaleces a quien, confiando en ti, cumple tu voluntad.<\/p>\n<p>Hoy, en el &aacute;mbito del gran jubileo del a&ntilde;o 2000, est&aacute;n reunidos aqu&iacute; espiritualmente los deportistas de todo el mundo, ante todo para renovar su fe en ti, &uacute;nico Salvador del hombre.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n los que, como los atletas, est&aacute;n en la plenitud de sus fuerzas, reconocen que <i>sin ti, oh Cristo, son interiormente como ciegos<\/i>, o sea, incapaces de conocer la verdad plena y de comprender el sentido profundo de la vida, especialmente frente a las tinieblas del mal y de la muerte. Incluso el campe&oacute;n m&aacute;s grande, ante los interrogantes fundamentales de la existencia, se siente indefenso y necesitado de tu luz para vencer los arduos desaf&iacute;os que un ser humano est&aacute; llamado a afrontar.<\/p>\n<p>Se&ntilde;or Jesucristo, ayuda a estos atletas a ser tus amigos y testigos de tu amor. Ay&uacute;dales a poner en la ascesis personal el mismo &nbsp;empe&ntilde;o &nbsp;que &nbsp;ponen &nbsp;en &nbsp;el deporte; ay&uacute;dales a realizar una armoniosa y coherente unidad de cuerpo y alma.<\/p>\n<p>Que sean, para cuantos los admiran, modelos a los que puedan imitar. Ay&uacute;dales a ser siempre atletas del esp&iacute;ritu, para alcanzar tu inestimable premio:&nbsp; una corona que no se marchita y que dura para siempre. Am&eacute;n. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LOS DEPORTISTAS HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp; Domingo 29 de octubre de 2000 1.&nbsp;&quot;Ya sab&eacute;is que en el estadio todos los atletas corren, aunque uno solo se lleva el premio. Corred as&iacute;:&nbsp; para ganar&quot; (1 Co 9, 24). 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