{"id":40340,"date":"2016-10-05T23:42:06","date_gmt":"2016-10-06T04:42:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-2000-solemnidad-de-todos-los-santos-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:06","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:06","slug":"1-de-noviembre-de-2000-solemnidad-de-todos-los-santos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-2000-solemnidad-de-todos-los-santos-2\/","title":{"rendered":"1 de noviembre de 2000, Solemnidad de Todos los Santos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS<\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\">CONMEMORACI&Oacute;N DEL 50 ANIVERSARIO<br \/> DE LA DEFINICI&Oacute;N DOGM&Aacute;TICA DE LA ASUNCI&Oacute;N<\/font><\/p>\n<\/p>\n<p><center><br \/>\n <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/> &nbsp;1 de noviembre de 2000 <br \/><\/font><\/i><br \/>\n<\/center><br \/>\n<font face=\"Times\" size=\"3\">. <\/p>\n<p align=\"left\"> 1.&nbsp;&quot;La alabanza y la gloria y la sabidur&iacute;a y la acci&oacute;n de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Se&ntilde;or, por los siglos de los siglos&quot; (<i>Ap<\/i> 7,&nbsp;12).<\/p>\n<p>Con actitud de profunda adoraci&oacute;n a la sant&iacute;sima Trinidad nos unimos a todos los santos que celebran perennemente la liturgia celestial para repetir con ellos la acci&oacute;n de gracias a nuestro Dios por las maravillas que ha realizado en la historia de la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p><i>Alabanza y acci&oacute;n de gracias a Dios<\/i> por haber suscitado en la Iglesia una multitud inmensa de santos, que nadie puede contar (cf. <i>Ap<\/i> 7, 9). <i>Una multitud inmensa<\/i>:&nbsp; no s&oacute;lo lo santos y los beatos que festejamos durante el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, sino tambi&eacute;n <i>los santos an&oacute;nimos, <\/i>que solamente Dios conoce. Madres y padres de familia que, con su dedicaci&oacute;n diaria a sus hijos, han contribuido eficazmente al crecimiento de la Iglesia y a la construcci&oacute;n de la sociedad; sacerdotes, religiosas y laicos que, como velas encendidas ante el altar del Se&ntilde;or, se han consumido en el servicio al pr&oacute;jimo necesitado de ayuda material y espiritual; misioneros y misioneras, que lo han dejado todo por llevar el anuncio evang&eacute;lico a todo el mundo. Y la lista podr&iacute;a continuar.<\/p>\n<p>2<i>.&nbsp;<\/i>&iexcl;<i>Alabanza y acci&oacute;n de gracias a Dios<\/i>, de modo particular, <i>por la m&aacute;s santa de entre todas las criaturas, Mar&iacute;a,<\/i> amada por el Padre, bendecida a causa de Jes&uacute;s, fruto de su seno, y santificada y hecha nueva criatura por el Esp&iacute;ritu Santo! Modelo de santidad por haber puesto su vida a disposici&oacute;n del Alt&iacute;simo, &quot;precede con su luz al peregrinante pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo&quot; (<i>Lumen gentium<\/i>, 68).<\/p>\n<p>Precisamente hoy se celebra el quincuag&eacute;simo aniversario del acto solemne con el que mi venerado predecesor el Papa P&iacute;o XII, en esta misma plaza, defini&oacute; el dogma de la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a al cielo en cuerpo y alma. Alabamos al Se&ntilde;or por haber glorificado a su Madre, asoci&aacute;ndola a su victoria sobre el pecado y la muerte.<\/p>\n<p>A nuestra alabanza han querido unirse hoy, de modo especial, <i>los fieles de Pompeya<\/i>, que, en gran n&uacute;mero, han venido en peregrinaci&oacute;n, guiados por el arzobispo prelado del santuario, monse&ntilde;or Francesco Saverio Toppi, y acompa&ntilde;ados por el alcalde de la ciudad. Su presencia recuerda que fue precisamente el beato Bartolo Longo, fundador de la nueva Pompeya, quien comenz&oacute;, en 1900, el movimiento promotor de la definici&oacute;n del dogma de la Asunci&oacute;n.<\/p>\n<p>3.<i>&nbsp;Toda la liturgia de hoy habla de santidad.<\/i> Pero para saber cu&aacute;l es el camino de la santidad, debemos subir con los Ap&oacute;stoles a la monta&ntilde;a de las bienaventuranzas, acercarnos a Jes&uacute;s y ponernos a la escucha de las palabras de vida que salen de sus labios. Tambi&eacute;n hoy nos repite:&nbsp; <i>Bienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu, porque de ellos es el reino de los cielos<\/i>. El Maestro divino proclama &quot;bienaventurados&quot; y, podr&iacute;amos decir, &quot;canoniza&quot; ante todo a los <i>pobres de esp&iacute;ritu, <\/i>es decir, a quienes tienen el coraz&oacute;n libre de prejuicios y condicionamientos y, por tanto, est&aacute;n dispuestos a cumplir en todo la voluntad divina. La adhesi&oacute;n total y confiada a Dios supone el desprendimiento y el desapego coherente de s&iacute; mismo.<\/p>\n<p><i>Bienaventurados los que lloran<\/i>. Es la bienaventuranza no s&oacute;lo de quienes sufren por las numerosas miserias inherentes a la condici&oacute;n humana mortal, sino tambi&eacute;n de cuantos aceptan con valent&iacute;a los sufrimientos que derivan de la profesi&oacute;n&nbsp;sincera&nbsp;de la moral evang&eacute;lica.<\/p>\n<p><i>Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n<\/i>. Cristo proclama bienaventurados a los que no se contentan con la pureza exterior o ritual, sino que buscan la absoluta rectitud interior que excluye toda mentira y toda doblez.<\/p>\n<p><i>Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia<\/i>. La justicia humana ya es una meta alt&iacute;sima, que ennoblece el alma de quien aspira a ella, pero el pensamiento de Jes&uacute;s se refiere a una justicia m&aacute;s grande, que consiste en la b&uacute;squeda de la voluntad salv&iacute;fica de Dios:&nbsp; es bienaventurado sobre todo quien tiene hambre y sed de esta justicia. En efecto, dice Jes&uacute;s:&nbsp; &quot;Entrar&aacute; en el reino de los cielos el que cumpla la voluntad de mi Padre&quot; (<i>Mt<\/i> 7, 21).<\/p>\n<p><i>Bienaventurados los misericordiosos<\/i>. Son felices cuantos vencen la dureza de coraz&oacute;n y la indiferencia, para reconocer concretamente el primado del amor compasivo, siguiendo el ejemplo del buen samaritano y, en definitiva, del Padre &quot;rico en misericordia&quot; (<i>Ef<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p><i>Bienaventurados los que trabajan por la paz<\/i>. La paz, s&iacute;ntesis de los bienes mesi&aacute;nicos, es una tarea exigente. En un mundo que presenta tremendos antagonismos y obst&aacute;culos, es preciso promover una convivencia fraterna inspirada en el amor y en la comuni&oacute;n, superando enemistades y contrastes. Bienaventurados los que se comprometen en esta nobil&iacute;sima empresa.<\/p>\n<p>4.&nbsp;Los santos se tomaron en serio estas palabras de Jes&uacute;s. Creyeron que su &quot;felicidad&quot; vendr&iacute;a de traducirlas concretamente en su existencia. Y comprobaron su verdad en la confrontaci&oacute;n diaria con la experiencia:&nbsp; a pesar de las pruebas, las sombras y los fracasos gozaron ya en la tierra de la alegr&iacute;a profunda de la comuni&oacute;n con Cristo. En &eacute;l descubrieron, presente en el tiempo, el germen inicial de la gloria futura del reino de Dios.<\/p>\n<p>Esto lo descubri&oacute;, de modo particular, Mar&iacute;a sant&iacute;sima, que vivi&oacute; una comuni&oacute;n &uacute;nica con el Verbo encarnado, entreg&aacute;ndose sin reservas a su designio salv&iacute;fico. Por esta raz&oacute;n se le concedi&oacute; escuchar, con anticipaci&oacute;n respecto al &quot;serm&oacute;n de la monta&ntilde;a&quot;, <i>la bienaventuranza que resume todas las dem&aacute;s:&nbsp; <\/i> &quot;&iexcl;Bienaventurada t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;!&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p>5.&nbsp;La profunda fe de la Virgen en las palabras de Dios se refleja con nitidez en el c&aacute;ntico del <i>Magnificat<\/i>:&nbsp; &quot;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or; se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 46-48).<\/p>\n<p>Con este canto Mar&iacute;a muestra lo que constituy&oacute; el fundamento de su santidad:&nbsp; <i>su profunda humildad<\/i>. Podr&iacute;amos preguntarnos en qu&eacute; consist&iacute;a esa humildad. A este respecto, es muy significativa la &quot;turbaci&oacute;n&quot; que le caus&oacute; el saludo del &aacute;ngel:&nbsp; &quot;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 28). Ante el misterio de la gracia, ante la experiencia de una presencia particular de Dios que fij&oacute; su mirada en ella, Mar&iacute;a experimenta un impulso natural de humildad (literalmente de &quot;humillaci&oacute;n&quot;). Es la reacci&oacute;n de la persona que tiene plena conciencia de su peque&ntilde;ez ante la grandeza de Dios. Mar&iacute;a se contempla en la verdad a s&iacute; misma, a los dem&aacute;s y el mundo.<\/p>\n<p>Su pregunta:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso, pues no conozco var&oacute;n?&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 34) fue ya un signo de humildad. Acababa de o&iacute;r que concebir&iacute;a y dar&iacute;a a luz un ni&ntilde;o, el cual reinar&iacute;a sobre el trono de David como Hijo del Alt&iacute;simo. Desde luego, no comprendi&oacute; plenamente el misterio de esa disposici&oacute;n divina, pero percibi&oacute; que significaba un cambio total en la realidad de su vida. Sin embargo, no pregunt&oacute;:&nbsp; &quot;&iquest;Ser&aacute; realmente as&iacute;? &iquest;Debe suceder esto?&quot;. Dijo simplemente:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso?&quot;. Sin dudas ni reservas acept&oacute; la intervenci&oacute;n divina que cambiaba su existencia. Su pregunta expresaba la <i>humildad de la fe<\/i>, la disponibilidad a poner su vida al servicio del misterio divino, aunque no comprendiera <i>c&oacute;mo<\/i> deb&iacute;a suceder.<\/p>\n<p>Esa humildad de esp&iacute;ritu, esa sumisi&oacute;n plena en la fe se expres&oacute; de modo especial en su <i>fiat<\/i>:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38). Gracias a la humildad de Mar&iacute;a pudo cumplirse lo que cantar&iacute;a despu&eacute;s en el<i> Magnificat<\/i>:&nbsp; &quot;Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;:&nbsp; su nombre es santo&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 48-49).<\/p>\n<p><i>A la profundidad de la humildad corresponde la grandeza del don<\/i>. El Poderoso realiz&oacute; por ella &quot;grandes obras&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 49), y ella supo aceptarlas con gratitud y transmitirlas a todas las generaciones de los creyentes. Este es el camino hacia el cielo que sigui&oacute; Mar&iacute;a, Madre del Salvador, precediendo en &eacute;l a todos los santos y beatos de la Iglesia.<\/p>\n<p>6.<i>&nbsp;Bienaventurada eres t&uacute;, Mar&iacute;a, elevada al cielo en cuerpo y alma<\/i>. El Papa P&iacute;o XII defini&oacute; esta verdad &quot;para gloria de Dios omnipotente (&#8230;), para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumento de la gloria de la misma augusta Madre, y gozo y regocijo de toda la Iglesia&quot; (<i>Munificentissimus Deus<\/i>:&nbsp; AAS 42 [1950] 770).<\/p>\n<p>Y nosotros nos regocijamos, oh Mar&iacute;a elevada al cielo, en la contemplaci&oacute;n de tu persona glorificada y, en Cristo resucitado, convertida en colaboradora del Esp&iacute;ritu Santo para la comunicaci&oacute;n de la vida divina a los hombres. En ti vemos la meta de la santidad a la que Dios llama a todos los miembros de la Iglesia. En tu vida de fe vemos la clara indicaci&oacute;n del camino hacia la madurez espiritual y la santidad cristiana.<\/p>\n<p><i>Contigo y con todos los santos<\/i> glorificamos a Dios trino, que sostiene nuestra peregrinaci&oacute;n terrena y vive y reina por los siglos de los siglos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS CONMEMORACI&Oacute;N DEL 50 ANIVERSARIO DE LA DEFINICI&Oacute;N DOGM&Aacute;TICA DE LA ASUNCI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;1 de noviembre de 2000 . 1.&nbsp;&quot;La alabanza y la gloria y la sabidur&iacute;a y la acci&oacute;n de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Se&ntilde;or, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-2000-solemnidad-de-todos-los-santos-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de noviembre de 2000, Solemnidad de Todos los Santos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40340","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40340","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40340"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40340\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40340"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40340"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40340"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}