{"id":40343,"date":"2016-10-05T23:42:10","date_gmt":"2016-10-06T04:42:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-octubre-de-2000-jornada-mundial-de-las-misiones-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:10","slug":"22-de-octubre-de-2000-jornada-mundial-de-las-misiones-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-octubre-de-2000-jornada-mundial-de-las-misiones-2\/","title":{"rendered":"22 de octubre de 2000, Jornada mundial de las misiones"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES<\/font><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/p>\n<p><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Domingo 22 de octubre de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;El &nbsp;Hijo &nbsp;del &nbsp;hombre &nbsp;no &nbsp;ha &nbsp;venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por muchos&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 10, 45).<\/p>\n<p> Estas palabras del Se&ntilde;or, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, resuenan hoy, Jornada mundial de las misiones, como <i>buena nueva para toda la humanidad<\/i> y como programa de vida para la Iglesia y para cada cristiano. Lo ha recordado al inicio de la celebraci&oacute;n el cardenal Jozef Tomko, prefecto de la Congregaci&oacute;n para la evangelizaci&oacute;n de los pueblos, informando de que se hallan presentes, esta ma&ntilde;ana, en esta plaza, delegados de 127 naciones que han participado en el Congreso misionero internacional, y estudiosos de varias confesiones que han venido para el Congreso misionol&oacute;gico internacional. Agradezco al cardenal Tomko las palabras de felicitaci&oacute;n que me ha dirigido y todo el trabajo que, juntamente con los miembros de la Congregaci&oacute;n que preside, lleva a cabo al servicio del anuncio del Evangelio en el mundo.<\/p>\n<p> &quot;El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por muchos&quot;. Estas palabras constituyen la autopresentaci&oacute;n del Maestro divino. Jes&uacute;s afirma de s&iacute; mismo que vino para servir y que precisamente en el servicio y en la entrega total de s&iacute; hasta la cruz revela el amor del Padre. Su rostro de &quot;siervo&quot; no disminuye su grandeza divina; m&aacute;s bien, la ilumina con una nueva luz.<\/p>\n<p> Jes&uacute;s es el &quot;Sumo Sacerdote&quot; (<i>Hb<\/i> 4, 14); es el Verbo que &quot;estaba en el principio en Dios:&nbsp; todo fue hecho por &eacute;l, y sin &eacute;l no se hizo nada de cuanto existe&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 2). Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or, que &quot;a pesar de su condici&oacute;n divina, no hizo alarde de su categor&iacute;a de Dios; al contrario, se despoj&oacute; de su rango, y tom&oacute; la condici&oacute;n de esclavo&quot; (<i>Flp<\/i> 1, 6-7); Jes&uacute;s es el Salvador, al que &quot;podemos acercarnos con plena confianza&quot;. Jes&uacute;s es &quot;el camino, la verdad y la vida&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 6), el pastor que ha dado la vida por las ovejas (cf.<i> Jn<\/i> 10, 11), el jefe que nos lleva a la vida (cf. <i>Hch<\/i> 3, 15).<\/p>\n<p> 2.<i>&nbsp;El compromiso misionero brota como fuego de amor de la contemplaci&oacute;n de Jes&uacute;s<\/i> y del atractivo que posee. El cristiano que ha contemplado a Jesucristo no puede menos de sentirse arrebatado por su esplendor (cf. <i>Vita consecrata<\/i>, 14) y testimoniar su fe en Cristo, &uacute;nico Salvador del hombre. &iexcl;Qu&eacute; gran gracia es esta fe que hemos recibido como don de lo alto, sin ning&uacute;n m&eacute;rito por nuestra parte! (cf. <i>Redemptoris missio,<\/i> 11).<\/p>\n<p> Esta gracia se transforma, a su vez, en <i>fuente de responsabilidad<\/i>. Es una gracia que nos convierte en heraldos y ap&oacute;stoles:&nbsp; precisamente por eso dec&iacute;a yo en la enc&iacute;clica <i>Redemptoris missio<\/i> que &quot;la misi&oacute;n es un problema de fe, es el &iacute;ndice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros&quot; (n. 11). Y tambi&eacute;n:&nbsp; &quot;El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo cre&iacute;ble&quot; (<i>ib., <\/i>91).<\/p>\n<p> Fijando nuestra mirada en Jes&uacute;s, el misionero del Padre y el sumo sacerdote, el autor y perfeccionador de nuestra fe (cf. <i>Hb<\/i> 3, 1; 12, 2), es como aprendemos el sentido y el estilo de la misi&oacute;n.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&Eacute;l no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida por todos. Siguiendo las huellas de Cristo, la entrega de s&iacute; a todos los hombres constituye <i>un imperativo fundamental para la Iglesia <\/i>y a la vez <i>una indicaci&oacute;n de m&eacute;todo para su misi&oacute;n<\/i>.<\/p>\n<p> Entregarse significa, ante todo, <i>reconocer al otro en su valor<\/i> y en sus necesidades. &quot;La actitud misionera comienza siempre con un sentimiento de profunda estima frente a lo que &quot;en el hombre hab&iacute;a&quot;, por lo que &eacute;l mismo, en lo &iacute;ntimo de su esp&iacute;ritu, ha elaborado respecto a los problemas m&aacute;s profundos e importantes; se trata de respeto por todo lo que en &eacute;l ha obrado el Esp&iacute;ritu, que &quot;sopla donde quiere&quot;&quot; (<i>Redemptor hominis,<\/i> 12).<\/p>\n<p> Como Jes&uacute;s revel&oacute; la solidaridad de Dios con la persona humana asumiendo totalmente su condici&oacute;n, excepto el pecado, as&iacute; la Iglesia quiere ser solidaria con &quot;el gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo,&nbsp;sobre todo&nbsp;de los&nbsp;pobres y de todos los afligidos&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>, 1). Se acerca a la persona humana con la discreci&oacute;n y el respeto de quien quiere prestar un servicio y cree que <i>el servicio primero y mayor es el de anunciar el Evangelio de Jes&uacute;s<\/i>, dar a conocer al Salvador, a Aquel que ha revelado al Padre y a la vez ha revelado el hombre al hombre.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La Iglesia quiere anunciar a Jes&uacute;s, el Cristo, hijo de Mar&iacute;a, <i>siguiendo el camino que Cristo mismo recorri&oacute;<\/i>:&nbsp; el servicio, la pobreza, la humildad y la cruz. Por tanto, debe resistir con fuerza a las tentaciones que el pasaje evang&eacute;lico de hoy nos permite entrever en el comportamiento de los dos hermanos, los cuales quer&iacute;an sentarse &quot;uno a la derecha y otro a la izquierda&quot; del Maestro, y tambi&eacute;n de los dem&aacute;s disc&iacute;pulos, que se dejaron llevar del esp&iacute;ritu de rivalidad y competencia. La palabra de Cristo traza una <i>neta l&iacute;nea de divisi&oacute;n<\/i> entre el esp&iacute;ritu de dominio y el de servicio. Para un disc&iacute;pulo de Cristo ser el primero significa ser &quot;servidor de todos&quot;.<\/p>\n<p> Es una alteraci&oacute;n radical de valores, que s&oacute;lo se comprende dirigiendo la mirada al Hijo del hombre &quot;despreciado y abandonado de los hombres, var&oacute;n de dolores y familiarizado con el sufrimiento&quot; (<i>Is<\/i> 53, 3). Son las palabras que el Esp&iacute;ritu Santo har&aacute; comprender a su Iglesia con respecto al misterio de Cristo. S&oacute;lo en Pentecost&eacute;s los Ap&oacute;stoles recibir&aacute;n la capacidad de creer en la &quot;fuerza de la debilidad&quot;, que se manifiesta en la cruz.<\/p>\n<p> Y aqu&iacute; <i>mi pensamiento va a los numerosos misioneros<\/i> que, d&iacute;a tras d&iacute;a, en silencio y sin el apoyo de fuerzas humanas, anuncian y, antes a&uacute;n, testimonian su amor a Jes&uacute;s, a menudo hasta dar su vida, como ha acontecido tambi&eacute;n recientemente. &iexcl;Qu&eacute; espect&aacute;culo contemplan los ojos del coraz&oacute;n! &iexcl;Cu&aacute;ntos hermanos y hermanas consumen generosamente sus energ&iacute;as en las avanzadillas &nbsp;del &nbsp;reino de Dios! Son obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que nos representan a Cristo, lo muestran concretamente como Se&ntilde;or que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida por amor al Padre y a los hermanos. A todos va mi aprecio y mi gratitud, as&iacute; como un afectuoso est&iacute;mulo a perseverar con confianza. &iexcl;&Aacute;nimo, hermanos y hermanas:&nbsp; Cristo est&aacute; con vosotros!<\/p>\n<p> Pero todo el pueblo de Dios debe colaborar con quienes trabajan en la vanguardia de la misi&oacute;n &quot;ad gentes&quot;, dando cada uno su contribuci&oacute;n, como intuyeron y subrayaron muy bien los fundadores de las Obras misionales pontificias:&nbsp; todos pueden y deben participar en la evangelizaci&oacute;n, incluso los ni&ntilde;os, incluso los enfermos, incluso los pobres con su &oacute;bolo, como el de la viuda cuyo ejemplo se&ntilde;al&oacute; Jes&uacute;s (cf. <i>Lc<\/i> 21, 1-4). <i>La misi&oacute;n es obra de todo el pueblo de Dios<\/i>, cada uno en la vocaci&oacute;n a la que ha sido llamado por la Providencia.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Las palabras de Jes&uacute;s sobre el servicio son tambi&eacute;n <i>profec&iacute;a de un nuevo estilo de relaciones<\/i> que es preciso promover no s&oacute;lo en la comunidad cristiana, sino tambi&eacute;n en la sociedad. No debemos perder nunca la esperanza de construir un mundo m&aacute;s fraterno. La competencia sin reglas, el af&aacute;n de dominio sobre los dem&aacute;s a cualquier precio, la discriminaci&oacute;n realizada por algunos que se creen superiores a los dem&aacute;s y la b&uacute;squeda desenfrenada de la riqueza, est&aacute;n en la ra&iacute;z de las injusticias, la violencia y las guerras.<\/p>\n<p> Las palabras de Jes&uacute;s se convierten, entonces, en <i>una invitaci&oacute;n a pedir por la paz<\/i>. La misi&oacute;n es anuncio de Dios, que es Padre; de Jes&uacute;s, que es nuestro hermano mayor; y del Esp&iacute;ritu, que es amor. La misi&oacute;n es colaboraci&oacute;n, humilde pero apasionada, en el designio de Dios, que quiere una humanidad salvada y reconciliada. En la cumbre de la historia del hombre seg&uacute;n Dios se halla un proyecto de comuni&oacute;n. Hacia ese proyecto debe llevar la misi&oacute;n.<\/p>\n<p> A la Reina de la paz, Reina de las misiones y Estrella de la evangelizaci&oacute;n le pedimos el don de la paz. Invocamos su maternal protecci&oacute;n sobre todos los que generosamente colaboran en la difusi&oacute;n del nombre y del mensaje de Jes&uacute;s. Que ella nos obtenga una fe tan viva y ardiente que haga resonar con fuerza renovada a los hombres de nuestro tiempo la proclamaci&oacute;n de la verdad de Cristo, &uacute;nico Salvador del mundo.<\/p>\n<p> Al final deseo recordar las palabras que pronunci&eacute;, hace veintid&oacute;s a&ntilde;os, en esta misma plaza. &quot;&iexcl;No teng&aacute;is miedo! Abrid las puertas a Cristo!&quot;. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 22 de octubre de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El &nbsp;Hijo &nbsp;del &nbsp;hombre &nbsp;no &nbsp;ha &nbsp;venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por muchos&quot; (Mc 10, 45). 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